María tiene 80 años y es profesora de baile.
Para ella el flamenco lo es todo.
Por este motivo considera muy importante que a su futura pareja le guste bailar.
Nada más entrar al restaurante de First Dates saludaba muy emocionada a Carlos Sobera.
El presentador le preguntaba por su vida sentimental.
Antes de presentarle a su cita, Pedro de 83 años.


La soltera le confesaba al presentador que lleva 25 años sin tener pareja.
Aunque le ha salido algún que otro pretendiente.
Ella no se ha interesado por conocer a ninguno.
María tiene muy claro lo que busca en un hombre.
Primero, que sea limpio.
Segundo, que sea ordenado.


Y tercero, que le guste pasear y bailar.
María cenaría con Pedro.
Un maestro industrial jubilado.
Nada más verla se mostraba satisfecho con su físico.
“La he visto sexy”, confesaba ante las cámaras.
Destacaba su cara y su figura.


Por su parte, a María no le hizo mucha gracia que su cita fuera mayor que ella.
Durante la cena, Pedro sorprendió con una confesión inesperada.
Le preguntó si alguna vez había visto un ovni.
Y comenzó a relatar una experiencia paranormal.
Aseguró haber visto una bola roja sobre el mar.
Que desapareció de repente.


María reaccionó muy sorprendida ante la historia.
Le aseguró que los ovnis no son reales.
Dijo que a veces se ven sombras.
Pero que eso no existe.
Pedro escuchaba sin cambiar su versión.
La conversación dejó momentos tensos.


María le reveló que llevaba más de 20 años sin estar con un hombre.
Pedro se mostró incrédulo ante esta confesión.
Aseguró que creía que había tenido alguna relación.
Él, aunque divorciado, sí había tenido encuentros esporádicos.
Incluso confesó que su última relación fue hace tres meses.
Esto no gustó nada a María.

“Me parece que eres un mujeriego”, le dijo ella.
Aunque también valoró su sinceridad.
Antes de terminar la cita fueron a la sala de intimidad total.
Allí María dejó a Pedro sin palabras.
Realizó una espectacular actuación de flamenco.
Pedro la observó con la boca abierta.


Llegó el momento de la decisión final.
Pedro respondió que sí quería una segunda cita.
María tampoco dudó en aceptar.
“¡Claro que sí!”, exclamó con entusiasmo.
Para ir a bailar donde haga falta.
El flamenco volvió a unirlos.