📞👁️🔥 La inquietante llamada que habría salido de una celda: el contacto de Maduro con Bukele que nadie logra explicar 🔥👁️📞

Si salgo de aquí, Bukele, te faltarán dioses para rezar por tu vida.

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Estas fueron las palabras que le dijo Maduro a Nayib Bukele detrás de las rejas.

Cuando el mundo aún digería la noticia de su captura por fuerzas estadounidenses, Maduro ya estaba planeando su escape y estrategia.

Quédate hasta el final porque te voy a contar todo el mensaje completo.

¿Cómo llegó esa llamada desde una prisión de máxima seguridad en Estados Unidos? ¿Y por qué Maduro? En su desesperación, usó su única llamada permitida para amenazar de muerte al presidente salvadoreño.

Imagínate la escena desde las profundidades de una celda fría y vigilada las 24 horas en el buque USS Ioyima, donde lo trasladaron tras su detención en Caracas.

Nicolás Maduro, el hombre que gobernó Venezuela por años con mano dura, prepara un mensaje que busca resonar no solo en El Salvador, sino en toda la región.

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Maduro había construido su poder sobre la lealtad inquebrantable de sus aliados, sobre discursos apasionados y sobre el control absoluto.

Pero ahora encerrado y enfrentando cargos federales en Nueva York por narcotráfico, lavado de dinero y otros delitos graves que incluyen conspiración para importar cocaína y corrupción sistemática, su voluntad no se quebranta del todo.

Si algo aprendió en décadas de política revolucionaria era que incluso en la derrota siempre hay una grieta para contraatacar y él estaba decidido a usarla.

Maduro no era alguien que se rindiera fácilmente ante nadie, mucho menos ante Bukele, quien se había convertido en su némesis pública, burlándose de él en redes sociales y recordando viejas ofensas cada vez que podía.

Desde el momento de su captura, Maduro juró venganza en silencio.

Durante las primeras horas en custodia, sus comunicaciones estaban bloqueadas, sus movimientos limitados, pero con el tiempo, en un sistema penitenciario que a veces tiene fisuras, logró acceder a un teléfono supervisado para su única llamada autorizada.

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No la usó para hablar con su familia ni con sus abogados, no.

la destinó a algo mucho más personal y oscuro.

Una noche en medio del silencio opresivo de su confinamiento temporal.

Maduro marcó el número directo que había memorizado de la oficina presidencial en San Salvador.

Sabía que la llamada sería grabada, que llegaría a oídos de inteligencia salvadoreña, pero eso era parte del plan, sembrar miedo y caos.

El mensaje empezó con esa frase helada.

Nayib Bukele, ¿crees que me has derrotado al celebrar mi caída, pero lo único que has hecho es darme razones para no olvidar tu nombre.

Te pagaré por cada risa, por cada publicación donde me llamaste dictador, por revivir aquel video de 2019 donde yo te advertí que el que se mete con nosotros se seca.

Esto no es el fin para mí, es el comienzo de tu pesadilla.

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La amenaza era clara, no solo venganza personal, sino un recordatorio de que incluso desde el encierro Maduro conservaba influencia en las sombras.

Siguió con detalles que helaban la sangre.

¿Crees que estás seguro detrás de tus guardias y tus muros en El Salvador? Pero tus días están contados.

Nadie escapa de mi alcance y tú no serás la excepción.

Estoy tras estas rejas, pero mis palabras viajan libres y pronto mis acciones también.

He escapado de situaciones peores, de intentos de golpe, de sanciones internacionales.

Y cuando salga de aquí, porque saldré, será tu turno de mirar por encima del hombro cada noche.

Estoy dispuesto a esperar el tiempo que sea necesario, pero no por mucho.

Escapé para venir por ti, Nayib, y nadie te salvará.

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Las palabras cargadas de rabia y una determinación fría, como la de un hombre que ha perdido todo menos su odio.

Maduro sabía que esta llamada no solo llegaría a Bukele, sino que se filtraría al público.

Quería que Latinoamérica supiera que no estaba acabado, que su legado de confrontación seguía vivo.

Cuando la llamada finalmente llegó al despacho presidencial en San Salvador, Bukele estaba en una reunión de seguridad nacional.

Un asesor entró pálido, le pasó el teléfono y una transcripción parcial.

Bukele escuchó en silencio, su expresión pasando de sorpresa a una furia controlada.

Sabía que Maduro no amenazaba en vano, o al menos eso pensaba en su mente desesperada.

Golpeó la mesa fuerte.

¿Cómo rayos logró llamar desde allí? La seguridad estadounidense es impenetrable, pero Maduro encontró la forma.

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Siempre la encuentra.

ordenó inmediatamente una investigación completa, reforzar la protección presidencial, revisar cada contacto, cada posible infiltrado.

“Quiero que revisen todo.

Si hay una brecha, ciérrenla ya”, dijo con voz firme, aunque en el fondo una inquietud lo carcomía.

Lidiar con alguien como Maduro requería anticiparse.

Y hasta ahora Bukele había ganado las batallas públicas, pero esto era personal.

Mientras tanto, en su celda temporal, Maduro colgaba el teléfono con una sonrisa amarga.

sabía que su mensaje había impactado.

Los rumores ya corrían entre los custodios y su figura de resistencia crecía incluso en la derrota.

Recordemos cómo empezó todo este enfrentamiento que llevó a esta llamada brutal.

Todo se remonta a 2019 cuando Bukele, recién llegado al poder en El Salvador, rompió relaciones diplomáticas con Venezuela y expulsó a los diplomáticos maduristas, reconociendo en cambio, a la oposición liderada por Juan Guaidó, a quien más de 50 países consideraron presidente interino.

Maduro, desde un acto público en La Habana, lo llamó mequetrefe, pelele del imperialismo, y juró que nada separaría a los pueblos de Venezuela y El Salvador, terminando con esa frase icónica, “Bukele, el que se mete con nosotros seca.

” Bukele respondió con sarcasmo en redes, publicando memes y comentarios que se volvieron virales, y desde entonces las puullas no pararon.

En 2024 y 2025 con la crisis migratoria venezolana explotando, más de 7,000ones de venezolanos huyendo de la hiperinflación que alcanzó 100es por C.

La represión que dejó cientos de muertos en protestas y la escasez que afectó alimentos y medicinas para el 90% de la población.

Bukele criticó abiertamente el régimen, acogiendo deportados de Estados Unidos acusados de pertenecer a bandas como el Tren de Aragua y metiéndolos en el centro de confinamiento del terrorismo.

Una megacárcel con capacidad para 40,000 internos donde se han detenido a más de 80,000 pandilleros.

Maduro contraatacó llamándolo violador serial de derechos humanos, nazi moderno, por el trato a esos migrantes, muchos de los cuales eran humildes trabajadores, taxistas, barberos, no delincuentes probados y por detenciones masivas que Human Rights Watch estimó en más de 20,000 sin debido proceso.

Hubo propuestas de canje de presos políticos por deportados, intercambios que se concretaron parcialmente con liberaciones de estadounidenses como los Sitgo Six a cambio de Alex Sahab, un aliado clave de Maduro, pero siempre con acusaciones cruzadas.

Bukele se burlaba públicamente recordando viejos videos de Maduro insultándolo mientras el venezolano exigía fe de vida para sus connacionales y amenazaba con sanciones diplomáticas.

Y ahora con la captura de Maduro ayer ordenada por Donald Trump en su segundo mandato, quien anunció que fuerzas especiales lo sacaron de Caracas sin resistencia junto a su esposa Cilia Flores y lo trasladaron al USC Ijima antes de llevarlo a Nueva York para enfrentar cargos pendientes desde 2020.

Bukele posteó ese video antiguo de la amenaza con la bandera venezolana y un emoji de risa, celebrando la ironía y diciendo que el que ríe último ríe mejor.

Maduro, humillado ante el mundo, vio eso como la gota que colmó el vaso.

No soportaba que Bukele se riera de su caída después de todo lo que había hecho para mantenerse en el poder.

Elecciones fraudulentas denunciadas por la Organización de Estados Americanos, represión a opositores como María Corina Machado y Leopoldo López con detenciones arbitrarias de cientos de disidentes.

Disolución de la Asamblea Nacional Opositora en 2017 y creación de una constituyente paralela.

Todo mientras la economía se hundía con un PIB que cayó un 74% entre 2015 y 2019 según el Fondo Monetario Internacional, dejando a más de 20 m000000 en pobreza multidimensional sin acceso a bienes esenciales.

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Continuemos con los orígenes de Nicolás Maduro, porque para entender esta sed de venganza, hay que conocer de dónde viene este hombre.

Nacido en Caracas el 23 de noviembre de 1962.

Nicolás Maduro Moros creció en un ambiente de activismo izquierdista en el barrio Popular de los eucaliptos.

Hijo de Nicolás Maduro García, un sindicalista y líder del Movimiento de Izquierda Revolucionaria y de Teresa de Jesús Moros de origen colombiano.

Cursó estudios secundarios en el Liceo José Ávalos, pero nunca completó una educación universitaria formal.

Aunque en 1986 viajó a Cuba para recibir un año de instrucción ideológica en la Escuela Nacional de Cuadros Julio Antonio Mella, su única formación académica superior conocida.

En su juventud trabajó como conductor de autobús en el metro de Caracas desde 1980, donde se convirtió en dirigente sindical, fundando el Sindicato de Trabajadores del Metro y militando en la Liga Socialista, un grupo marxista leninista.

Allí conoció a Hugo Chávez, quien lo vio como un sucesor leal durante el intento de golpe de 1992.

Ascendió rápidamente.

En 1999 fue elegido diputado a la Asamblea Nacional Constituyente, luego presidente de la Asamblea Nacional de 2005 a 2006, canciller de 2006 a 2013 y vicepresidente de 2012 a 2013.

Tras la muerte de Chávez en marzo de 2013 por cáncer, Maduro ganó elecciones controvertidas con el 50,62% de los votos acusadas de fraude por la oposición.

Su gobierno enfrentó una crisis económica brutal con el precio del petróleo cayendo de $100 por barril a menos de 30.

Sanciones internacionales de Estados Unidos y la Unión Europea que congelaron activos por miles de millones, llevando a Venezuela de ser uno de los países más ricos en recursos petroleros con reservas probadas de 300,000 millones de barriles a uno con hiperinflación de 1,00% en 2018.

escasez de alimentos que afectó al 80% de los hogares según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida y un éxodo de más de 7 millones de venezolanos que huyeron a países como Colombia, Perú y México, donde muchos trabajan en la informalidad.

Acusado de autoritarismo.

Maduro disolvió poderes opositores.

Reprimió protestas con cientos de muertos como en 2017, donde murieron más de 100 manifestantes según Amnistía Internacional.

y en 2019 enfrentó el desafío de Juan Guaidó, reconocido por decenas de países.

Sobrevivió intentos de magnicidio, como el ataque con drones explosivos en agosto de 2018, que hirió a siete soldados, siempre culpando al imperialismo yankee y a títeres como Bukele.

Su relación con Cuba era estrecha, con dependencia de apoyo militar y médico, enviando petróleo subsidiado a cambio de miles de médicos y asesores, lo que Bukele usaba para llamarlo Pelele de la Habana.

En el plano personal, Maduro era visto como un hombre sencillo, fanático del béisbol jugando en la posición de catcher en su juventud, cantante aficionado de música llanera y salsa y devoto de Sai Baba, un gurú indio al que visitó varias veces.

Conoció a Silia Flores, su esposa desde 2013, una abogada y política poderosa que fue presidenta de la Asamblea Nacional y es conocida como la primera combatiente acusada junto a él en indictments estadounidenses por narcotráfico, involucrando a sobrinos condenados en Nueva York por conspirar para importar cocaína.

Tienen un hijo, Nicolás Maduro Guerra, diputado y músico.

El principio de su fin llegó con las elecciones de julio de 2024, denunciadas como fraudulentas por observadores internacionales con irregularidades en el 90% de las mesas según la oposición, protestas masivas reprimidas con miles de detenidos.

Y finalmente, la intervención estadounidense en 2026 que lo capturó en el Palacio de Miraflores sin resistencia mayor, extraditándolo junto a Flores y otros aliados como Diosdado Cabello.

Tras esa llamada amenazante, la vida para Bukele cambió drásticamente en cuestión de horas.

La seguridad presidencial se reforzó al máximo con patrullas adicionales en un radio de 10 km alrededor de la casa presidencial.

Drones de vigilancia volando a 100 m de altura.

revisiones exhaustivas de vehículos y personal.

Los guardias trataban cualquier sombra con sospecha y se activaron protocolos de emergencia que incluyeron simulacros de evacuación.

Pero el verdadero infierno era psicológico.

Saber que Maduro, incluso preso, podía movilizar lealtades residuales en la región con rumores de células chavistas en Centroamérica, posibles aliados dispuestos a actuar por venganza en México o Colombia, donde hay comunidades venezolanas grandes.

Bukele visitó personalmente instalaciones de seguridad, confrontó a sus asesores, cómo permitimos que esta llamada pasara.

reforzaron protocolos, pero la inquietud persistía, especialmente con reportes de inteligencia sobre posibles ciberataques o infiltrados.

En Venezuela, simpatizantes veían la llamada como acto de desafío heroico mientras opositores celebraban su encierro con fiestas en las calles de Caracas.

El cuerpo de Maduro se debilitaba en confinamiento con aislamiento parcial en una celda de 3 m por 4, raciones controladas de 15 calorías diarias que incluían pan, arroz y agua, interrogatorios constantes de agentes federales que duraban horas preguntando sobre redes de narcotráfico que movían toneladas de cocaína valoradas en miles de millones.

Pero su mente ardía con planes.

Alucinaba voces de Chávez animándolo a resistir.

Recordaba glorias pasadas como la alianza bolivariana para los pueblos de nuestra América que fundó con Cuba y Bolivia.

Negaba debilidad ante los guardias, manteniendo una postura erguida pese a perder 10 kg en las primeras semanas.

Intentaba resistir con pequeños actos, silencio ante preguntas irrelevantes, mirada fija desafiante durante revisiones o recitar himnos revolucionarios en voz baja.

Soñaba con escape imposible, imaginando un rescate por leales o un indulto diplomático.

Pero el odio a Bukele lo mantenía vivo, recordando cada burla como el post de 2025 donde Bukele lo llamó genocida por la crisis que dejó a Venezuela con una mortalidad infantil del 30 por 1000 nacidos vivos según la Organización Mundial de la Salud.

Días se volvieron semanas en traslados a cortes estadounidenses, donde enfrentaba audiencias en Manhattan con grilletes en pies y manos, cuerpo demacrado con ojeras profundas y piel pálida por falta de sol, pero chispa de rabia intacta en sus ojos.

Planeaba desde la celda su legado, escribiendo notas mentales sobre cómo sus políticas, como el plan de la patria, redujeron la pobreza del 50%.

en 2013 al 20% oficial en dos 1023 antes del colapso.

Aunque críticos lo desmienten con datos independientes, mostrando un 80% real.

Sabía que de alguna forma influiría aún quizás a través de aliados como Rusia o Irán que condenaron su captura como violación al derecho internacional.

Y así llegamos al final de esta historia inquietante que apenas empieza, porque realmente Maduro desperdició su única llamada en una amenaza vacía.

¿O hay algo más planeado.

Merecía que se rían de él por llevar a Venezuela a una crisis donde el salario mínimo es de $ mensuales mientras él vivía en lujo.

O era un líder incomprendido víctima de sanciones que bloquearon 80,000 millones en activos.

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Te deseo un gran día.

Nos vemos en la próxima.

Cuídense mucho.

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