El 25 de julio de 1976, una niña de 7 años esperaba a su padre en la puerta de su casa.

No llegó.
Dos días antes lo habían detenido en plena calle de Caracas.
Lo llevaron a un calabozo y durante 48 horas le hicieron cosas que ningún ser humano debería hacerle a otro.
Le rompieron siete costillas, le quemaron la piel con cigarrillos, le aplicaron descargas eléctricas, le reventaron el hígado a golpes y lo tiraron en una celda para que muriera solo, desangrándose, sin agua, sin atención médica, mientras su hija de 7 años lo esperaba en la puerta de su casa.
Y el gobierno salió en televisión esa noche y dijo que había muerto de un infarto.
Un infarto con siete costillas rotas, con el hígado destrozado, con quemaduras por todo el cuerpo.
Un infarto.

Esa niña juró venganza y 50 años después la cumplió.
Hoy es la presidenta de Venezuela.
Se llama Delcir Rodríguez y el galán más guapo de la televisión latinoamericana dice que fue el amor de su vida.
Fernando Carrillo, el de Abigail, el que hacía suspirar a tu mamá y a tu abuela.
Hace dos días en televisión chilena le preguntaron por ella y dijo esto.
A mí los míos me comentaban que cómo podía estar yo con una tipa tan fea después de haber estado con Catherine Fullop.
tan fea.
Eso le decían sus propios amigos, pero él la defendió y dijo algo que dejó a todos en silencio.
Ha sido el gran amor de mi vida, el gran amor de su vida casi 20 años después.
Y ella nunca respondió, nunca dijo una palabra sobre él.

Esa mujer hoy gobierna Venezuela y el camino que recorrió para llegar ahí es una de las historias más brutales que vas a escuchar.
Porque a los 7 años vio cómo torturaban a su padre hasta matarlo.
Le rompieron siete costillas, le quemaron la piel con cigarrillos, le aplicaron descargas eléctricas, le reventaron el hígado a golpes y lo dejaron tirado en un calabozo para que muriera solo.
El gobierno salió a la televisión y dijo que había muerto de un infarto.
un infarto con siete costillas rotas, con el hígado destrozado, con quemaduras en todo el cuerpo, un infarto.
Esa niña de 7 años juró venganza y 50 años después la cumplió.
Pero el precio que pagó no lo conoce nadie.
Nunca se casó, nunca tuvo hijos.

El hombre que la amó la dejó después de un año y ella nunca volvió a hablar de él.
Su novio actual se hizo millonario con 413 millones de dólares en contratos del gobierno que ella controla.
La acusan de corrupción, de violación de derechos humanos, de tortura, de persecución política, los mismos crímenes que mataron a su padre y ella misma lo confesó.
En 2018, frente a las cámaras, dijo estas palabras exactas: “La Revolución Bolivariana fue nuestra venganza personal”.
Venganza personal.
Hoy vas a descubrir cuatro cosas.
Cuatro cosas que van a cambiar completamente.
¿Cómo ves a esta mujer? Primero, ¿qué le hicieron exactamente a su padre durante 48 horas en ese calabozo? los detalles que la autopsia reveló.
Siete costillas rotas, quemaduras de cigarrillo, descargas eléctricas, el hígado reventado y la mentira que el gobierno contó en televisión nacional mientras el cadáver todavía estaba caliente.

Segundo, la historia completa de su romance con Fernando Carrillo, el galán de Abigail.
las palabras exactas que él dijo sobre ella, por qué sus amigos le decían que estaba loco y por qué, casi 20 años después, él todavía la llama el amor de su vida, mientras ella nunca dijo una sola palabra sobre él, nunca confirmó la relación, nunca respondió.
Tercero, las 40 maletas, enero de 2020, 3 de la mañana, aeropuerto de Madrid.
Ella tenía prohibido pisar Europa.
Estaba sancionada.
Tenía los activos congelados.
No podía entrar, pero aterrizó con 40 maletas que nadie revisó, con el ministro de 198 empresarios que hoy están presos por corrupción recibiéndola y lo que encontraron 4 años después en la computadora de uno de ellos.
Una foto de una orden de compra de 104 barras de oro, 68 millones de dólares en oro venezolano, moviéndose en las sombras mientras el pueblo moría de hambre.

Y cuarto, lo que pasó hace tres días, la madrugada del 3 de enero de 2026, cuando Estados Unidos capturó a Maduro en una operación militar, cuando ella desapareció 13 horas y nadie sabía si estaba viva, muerta o fugada.
Y lo que Donald Trump le dijo públicamente después, que haga lo que él quiera o pague un precio mayor que Maduro, mayor que una vida en prisión.
Te voy a avisar cuando llegue cada una, pero primero necesitas entender qué le hicieron a su padre, porque todo empieza ahí, en un calabozo, en 1976, cuando ella tenía 7 años.
Y lo que pasó ahí es tan brutal que el gobierno tuvo que mentir en televisión nacional para ocultarlo.
Aquí viene lo primero que te prometí.
Jorge Antonio Rodríguez nació el 16 de febrero de 1942 en Carora, estado Lara.
Creció en una Venezuela diferente, una Venezuela de petróleo y promesas, una Venezuela donde la izquierda todavía creía que podía cambiar el mundo.
Se hizo líder estudiantil.
Fundó el Mir, el movimiento de izquierda revolucionaria.
Después fundó la Liga Socialista.
Era un hombre de convicciones, un idealista, un guerrillero de los de verdad.
Lo llamaban el maestro, no porque enseñara en escuelas, sino porque enseñaba a otros a luchar.
Y el 23 de julio de 1976, los hombres de la Disip fueron a buscarlo.
La Disip era la dirección de los servicios de inteligencia y prevención, la policía secreta de Venezuela, el brazo oscuro del gobierno, el lugar donde la gente entraba y a veces no salía.
Lo detuvieron en la avenida Sucre, frente al liceo Miguel Antonio Caro.
A plena luz del día lo subieron a un carro sin placas, lo llevaron a los chaghuaram, el centro de detención más temido del país.
Jorge Rodríguez tenía 34 años, tenía una esposa, tenía dos hijos, Jorge de 11 años, Delfí de siete, y estaba involucrado en algo que el gobierno quería desmantelar a cualquier precio.
5 meses antes, el 27 de febrero de 1976, un grupo de guerrilleros había secuestrado a William Frank Nihaouse.
House era el presidente de Owens Illinois en Venezuela, una empresa estadounidense que fabricaba botellas de vidrio.
Era un gringo rico, un ejecutivo de alto nivel, un símbolo del imperialismo yankee para los grupos de izquierda de la época.
Lo secuestraron en su propia casa en Caracas.
Drogaron a su esposa, maniataron a su familia, se lo llevaron en la noche.
Los secuestradores se identificaron como el comando revolucionario Argimiro Gabaldón.
Eran miembros de la organización revolucionaria, una facción vinculada a la Liga Socialista.
La Liga Socialista de Jorge Rodríguez.
Pedían un rescate millonario, distribución de alimentos para los pobres, la publicación de un manifiesto en periódicos internacionales.
El secuestro duraría 3 años y 4 meses.
Es considerado uno de los más largos en la historia de Venezuela.
Y cuando la disip detuvo a Jorge Rodríguez, querían información.
Querían saber dónde tenían escondido al gringo.
Querían nombres, direcciones, planes y para obtener esa información estaban dispuestos a hacer lo que fuera necesario.
Una diputada de la Asamblea Nacional lo describió años después en un homenaje oficial.
Estas fueron sus palabras exactas.
Luego de bárbaras torturas que le reventaron sus huesos, costillas, hígado y corazón, fue dejado en un calabozo tirado para morir solo.
Tirado para morir solo.
La autopsia documentó cada detalle.
Siete costillas fracturadas, el tórax hundido a golpes, quemaduras de cigarrillo en toda la piel, lesiones por descargas eléctricas en mínimo medicina múltiples partes del cuerpo, el hígado reventado por los impactos, hemorragias internas masivas, contusiones toráxicoabdominales.
Lo torturaron durante 48 horas seguidas, dos días, dos noches, sin parar.
Querían que hablara.
que delatara, que entregara a los suyos.
Pero Jorge Rodríguez no habló, no delató a nadie, no entregó ningún nombre, se llevó los secretos a la tumba y cuando terminaron con él, cuando ya no podían sacarle nada más, lo tiraron en una celda, sin agua, sin atención médica, sin nadie que lo escuchara gritar, y lo dejaron desangrarse lentamente durante horas hasta que murió.
El 25 de julio de 1976.
Tenía 34 años, una esposa que lo esperaba en casa, dos hijos que no entendían por qué papá no llegaba y un país que estaba a punto de escuchar la mentira más grande de la década.
A las 3 de la tarde, una niña de 7 años esperaba a su padre en la puerta de su casa.
No llegó.
No llegó ese día.
No llegó al siguiente, no llegó nunca.
Esa noche el ministro de Relaciones Interiores, Octavio Lepas, salió en televisión en horario estelar, cuando todo el país estaba viendo, miró a la cámara y dijo estas palabras.
El señor Jorge Rodríguez falleció de muerte natural a consecuencia de un infarto.
Un infarto.
Siete costillas rotas, quemaduras de cigarrillo, descargas eléctricas, el hígado destrozado, hemorragias internas y el ministro lo llamó infarto en televisión nacional, frente a todo el país, frente a la esposa que acababa de quedarse viuda, frente a los hijos que acababan de quedarse huérfanos, mintiendo, pero la autopsia no miente.
Y fue José Vicente Rangel, el periodista que después sería vicepresidente de Hugo Chávez, quien denunció públicamente la verdad.
Gracias a esa denuncia, el escándalo explotó.
Varios funcionarios de la DIISP fueron destituidos, incluyendo al director Aristid Slander.
Novadil loiten enjuiciaron.
Los condenaron a 20 años de prisión por tortura y homicidio.
20 años por torturar a un hombre hasta matarlo.
20 años.
Y después salieron y siguieron sus vidas.
Y nadie más pagó.
Pero la niña de 7 años no olvidó.
Esa niña vio a su madre destrozada.
La vio llorar noche tras noche.
La vio convertirse en una mujer amargada, obsesionada, consumida por la rabia.
Esa niña vio el funeral.
Vio el ataúd cerrado porque el cuerpo estaba demasiado destrozado para mostrarlo.
Esa niña vio las noticias.
escuchó al ministro mentir.
Entendió con 7 años que el gobierno había matado a su padre y después había mentido sobre cómo murió.
Esa niña vio como el país seguía adelante, como si nada hubiera pasado, como si un hombre torturado hasta la muerte en un calabozo no importara.
Y algo se rompió dentro de ella, algo que nunca se iba a reparar.
algo que la iba a definir por los próximos 50 años.
Esa niña se llamaba Delfci Elohína Rodríguez Gómez.
Nació el 18 de mayo de 1969 en Caracas.
Fue una niña normal hasta los 7 años.
Tenía un papá que la adoraba.
Tenía un hermano mayor.
Tenía una mamá.
Tenía una casa, tenía una vida.
Y el 25 de julio de 1976 todo eso terminó.
Su papá no llegó.
Y nunca más llegó.
Y el gobierno mintió sobre cómo murió.
Y los que lo mataron solo fueron a la cárcel 20 años y después salieron y siguieron sus vidas y nadie más pagó.
Piensa en eso un momento.
Torturan a tu padre hasta matarlo.
Le rompen siete costillas, le queman la piel con cigarrillos, le aplican descargas eléctricas, le revientan el hígado, lo dejan tirado en una celda para que muera solo y después salen en televisión a decir que murió de un infarto.
Y los culpables van a la cárcel 20 años y salen.
Y tú tienes que vivir con eso toda tu vida, cada día, cada noche, sabiendo que los asesinos de tu padre están libres, sabiendo que el gobierno mintió, sabiendo que nadie pagó realmente el precio.
¿Qué le hace eso a una persona? ¿Qué le hace eso a una niña de 7 años? ¿Qué queda después de algo así? Lo que quedó fue rabia.
Una rabia que no cabía en ningún lugar del mundo.
Una rabia que iba a definir los próximos 50 años de su vida y juró venganza.
Pero aquí viene algo que cambia todo, algo que explica como una niña traumatizada se convierte en la mujer más temida de un país.
Porque no fue ella quien decidió vengarse.
No fue una decisión que tomó sola, fue su madre.
Fue su madre quien la programó para esto.
Delc Gómez, la viuda, quedó destruida por esa muerte.
Era una mujer joven.
Tenía dos hijos pequeños.
tenía una vida por delante, pero todo eso murió con su esposo en ese calabozo.
Lo que quedó fue rabia, una rabia que no cabía en ningún lugar del mundo.
Y esa rabia necesitaba un propósito, necesitaba un objetivo, necesitaba herederos.
Un viejo amigo de la familia lo describió así años después en una investigación periodística.
Delc Gómez quedó marcada por ese crimen.
Ella instigó en sus hijos la obligación de ser los mejores, conquistar el poder y vengar la muerte de su padre.
Instigó.
No los consoló después del funeral.
No los dejó llorar y seguir adelante.
No les permitió tener una infancia normal después de la tragedia.
Los entrenó, los programó, los convirtió en armas.
Cada mañana, antes de ir a la escuela, les recordaba quién era su padre, un mártir, un héroe, un hombre que murió por sus ideales, un revolucionario que dio su vida por los pobres.
Cada noche, antes de dormir les recordaba a quiénes eran sus enemigos: el gobierno, la policía, el sistema, los ricos, los poderosos, todos los que habían matado a su padre y habían mentido sobre su muerte.
Todos los que dormían tranquilos mientras ellos cargaban con ese dolor y cada día, sin excepción, sin descanso, sin permitirles olvidar ni por un segundo, les recordaba cuál era su misión.
Ser los mejores, estudiar más que nadie, trabajar más que nadie, llegar al poder y vengar.
23 años desde 1976 hasta 1999.
23 años de adoctrinamiento, 23 años de preparación, 23 años esperando el momento.
Delc no tuvo infancia después de los 7 años, tuvo entrenamiento, no tuvo adolescencia, tuvo preparación, no tuvo juventud, tuvo espera.
Estudió en un colegio público de Caracas vinculado a la Universidad Central de Venezuela.
Sacaba las mejores notas, era seria.
callada, intensa.
Los que la conocieron de esa época dicen que no sonreía casi nunca, que siempre parecía estar pensando en otra cosa, que había algo duro en sus ojos.
Después entró a la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Venezuela, la misma universidad donde su padre había sido líder estudiantil.
Caminó por los mismos pasillos que él había caminado.
Se sentó en las minas de Aminda tenía mismas aulas donde él se había sentado.
Estudió las mismas leyes que él había querido cambiar, pero no fue suficiente.
Se fue a Francia, a la Universidad de París de Kisnanter, a estudiar derecho laboral y sindical, a prepararse aún más.
volvió a Venezuela con un currículum impecable, con idiomas, con títulos internacionales, con todo lo necesario para entrar al poder y esperó.
Esperó pacientemente.
Esperó mientras Venezuela se hundía en crisis.
Esperó mientras los gobiernos iban y venían.
esperó hasta que apareciera alguien que pudiera usar, alguien que pudiera llevarla al poder, alguien que le permitiera cumplir la promesa que le había hecho a su madre.
Ese alguien llegó en 1999, se llamaba Hugo Chávez.
Era un militar golpista que había intentado tumbar el gobierno en 1992.
Había fracasado, había ido preso, había salido y ahora se postulaba para presidente hablando de revolución, de justicia social, de cambio.
Hablaba como el padre de Delfcí, usaba las mismas palabras, prometía las mismas cosas y Delci vio su oportunidad.
Con Chávez llegó todo lo que había esperado durante 23 años.
En 2003 entró al gobierno, coordinadora de la vicepresidencia.
Tenía 34 años, la misma edad que tenía su padre cuando lo mataron.
En 2006 la ascendieron, ministra del despacho de la presidencia, la persona que controlaba la agenda de Chávez, la que decidía quién entraba y quién no, la que sabía todos los secretos.
Su hermano Jorge también había entrado al poder.
Era presidente del Consejo Nacional Electoral, el organismo que controla las elecciones, el que cuenta los votos, el que decide quién gana.
dos hermanos, dos posiciones de poder, un solo objetivo.
Y entonces, en ese momento, cuando Delci tenía 37 años, cuando estaba en la cima del poder, cuando todo lo que había esperado durante décadas finalmente se estaba cumpliendo, pasó algo que nadie esperaba, algo que pudo haberlo cambiado todo.
se enamoró o más bien alguien se enamoró de ella.
Aquí viene lo segundo que te prometí y esta es la parte que tu audiencia no se espera.
Fernando Carrillo la conoció en 2006 a través de amigos en común, en alguna reunión, en algún evento.
Los detalles exactos no importan.
Lo que importa es quién era él.
Fernando Carrillo tenía 40 años.
Era el galán más famoso de Venezuela, posiblemente el más famoso de toda Latinoamérica.
Era Luis Alfredo en Abigail, la telenovela que rompió todos los récords, la que veían tu mamá y tu abuela, la que ponía a millones de mujeres a suspirar frente al televisor.
Era guapo, era famoso, era rico.
Estaba acostumbrado a las mujeres más bellas del mundo.
Había estado casado con Catherine Fullop.
Una de las mujeres más hermosas de Venezuela.
Rubia, espectacular, todo lo que un hombre supuestamente quiere.
Y en 2006 conoció a Delcir Rodríguez, 37 años, ministra, seria, callada, vestía de negro, no sonreía en las fotos, no hablaba de cosas triviales, no coqueteaba, todo lo opuesto a Catherine Fullop.
todo lo opuesto a las mujeres con las que él había estado toda su vida y se enamoró de ella.
Años después, en una entrevista en el programa Lam de Argentina, le preguntaron por esa relación y él fue brutalmente honesto.
Fue una relación difícil porque tanto del lado de ella le decían que cómo podía estar con una persona como yo, y a mí los míos me comentaban que cómo podía estar yo con una tipa tan fea después de haber estado con Ctherine Fullop.
tan fea.
Esas fueron las palabras.
Sus propios amigos le decían eso.
El círculo más cercano del galán más guapo de Venezuela le preguntaba cómo podía estar con alguien así, pero él no les hizo caso.
La defendió y dijo algo que reveló lo que realmente sentía.
Del Cí es bella, brillante, es protectora y una lumbrera.
Se lee un libro de 500 páginas en una noche.
500 páginas en una noche.
No hablaba de su físico, hablaba de su mente, de su intensidad, de su inteligencia, de algo que él veía en ella y que nadie más parecía ver.
La relación duró un año, entre 2006 y 2007.
Fue discreta, sin escándalos, sin fotos en revistas, sin declaraciones públicas y terminó.
Nadie sabe exactamente por qué.
Ella nunca habló de eso, nunca lo mencionó en ninguna entrevista, nunca confirmó siquiera que la relación hubiera existido.
Pero él sí habló.
Hace apenas dos días, el 5 de enero de 2026, casi 20 años después de esa relación, Fernando Carrillo apareció en el matinal de Chilevisión contigo en la mañana.
Estados Unidos acababa de capturar a Maduro.
Del acababa de asumir la presidencia.
Todo el mundo hablaba de ella.
Y le preguntaron a Fernando si ella había traicionado a Maduro.
Y él la defendió como si todavía estuvieran juntos, como si esos 20 años no hubieran pasado.
Imposible.
Si hay alguien chavista en Venezuela es el presidente Maduro.
Y si hay alguien madurista en Venezuela es la vicepresidenta del C Rodríguez.
No he conocido una mujer más fiel, más leal, más honesta, más noble, más valiente, fiel, leal, honesta, noble, valiente, casi 20 años después, una relación de un año.
Y él la describía así y entonces dijo, “Esto ha sido el gran amor de mi vida, el gran amor de su vida.
” Los conductores del programa se quedaron en silencio.
No sabían qué decir.
El galán de Abigail casi 20 años después llamando a la presidenta de Venezuela el amor de su vida.
Pero aquí viene lo más revelador.
Ella nunca respondió, nunca confirmó la relación públicamente, nunca habló de él en ninguna entrevista, nunca dijo, “Sí, fue el amor de mi vida también.
Nunca dijo nada.
silencio.
El mismo silencio que ha mantenido toda su vida sobre cualquier cosa que no sea poder.
Quizá tú también conoces a alguien así, alguien que tuvo la oportunidad de amar, de ser feliz, de tener una vida diferente.
un hombre que la amaba de verdad, que la defendía cuando todos la criticaban, que veía en ella algo que nadie más veía y lo dejó ir por el trabajo, por el poder, por la venganza, por una promesa que le hizo a su madre cuando tenía 7 años.
Fernando Carrillo siguió su vida.
Se casó con María Gabriela Rodríguez.
Tuvo dos hijos, Ángel Gabriel y Milo.
Del Cí siguió subiendo.
De ministra a canciller, de canciller a presidenta de la Asamblea Constituyente, de ahí a vicepresidenta, siempre sola, siempre hacia arriba, siempre cumpliendo la promesa.
Y aquí te hago una pregunta, una pregunta que quizá tú también te has hecho alguna vez.
¿Cuánto vale una promesa? Vale más que el amor, vale más que la felicidad, vale más que una vida.
Delfi tenía 37 años cuando conoció a Fernando Carrillo.
Todavía podía tener hijos, todavía podía formar una familia, todavía podía elegir otro camino.
Y un hombre la amaba, un hombre que la defendía públicamente, un hombre que veía en ella algo que nadie más veía, un hombre que casi 20 años después todavía la llama el amor de su vida.
Y ella eligió la venganza, eligió el poder, eligió la promesa que le hizo a su madre cuando tenía 7 años.
Una promesa que una niña traumatizada le hizo a una madre destruida.
Una promesa que nunca debió existir, una promesa que envenenó toda su vida y hoy, a los 56 años está sola, sin hijos, sin esposo, sin el amor de su vida, con el poder de Venezuela en sus manos y nada más.
Pero mientras subía, las consecuencias de sus decisiones empezaron a acumularse.
En 2015, en una cumbre del Mercosur en Paraguay, protagonizó un enfrentamiento con Mauricio Macri, el presidente de Argentina.
Él le reclamó por los presos políticos en Venezuela.
Ella explotó, lo acusó de todo, mostró fotos, gritó, señaló.
Maduro la felicitó públicamente por mandar a las duchas a Macri.
Ese era su estilo, confrontación, ataque, sin filtro.
Y las sanciones empezaron a llegar.
En abril de 2018, México congeló sus activos.
En junio de 2018, la Unión Europea la sancionó.
Congelaron sus bienes.
Le prohibieron la entrada a Europa, la acusaron de socavar la democracia.
En julio de 2018, Suiza hizo lo mismo.
En septiembre de 2018, Estados Unidos la sancionó por corrupción y violación de derechos humanos.
En 2019, más sanciones.
Canadá, el tratado interamericano de asistencia recíproca.
Del Cir Rodríguez se convirtió en una de las mujeres más sancionadas del planeta.
No podía viajar a Europa, no podía viajar a Estados Unidos.
No podía viajar a casi ningún lado.
Su pasaporte valía menos que el papel en que estaba impreso.
Y sin embargo, en enero de 2020 aterrizó en Madrid a las 3 de la mañana con 40 maletas.
Pero antes de contarte eso, necesitas saber qué pasó en 2017.
Porque en 2017, 10 años después de que Fernando Carrillo saliera de su vida, apareció otro hombre, Jusf Abu Nasif Smiley, 36 años, venezolano de origen libanés, empresario.
O al menos eso decía en sus tarjetas de presentación, porque la historia de Jusf no es una historia de amor.
No es la historia de un hombre que la amaba.
No es la historia de alguien que veía en ella algo que nadie más veía.
Es una historia de dinero, de mucho dinero, de una cantidad de dinero que resulta obscena cuando la comparas con la miseria que vive el pueblo venezolano.
Antes de conocer a Delhi, Jusf Abuasif era un don nadie.
Trabajaba en Interbursa, una casa de bolsa en Caracas.
Era un empleado, un operador financiero más, uno entre cientos.
Nadie sabía su nombre, nadie lo invitaba a las fiestas importantes, nadie le abría puertas.
Interbursa estaba controlada por Juan Domingo Cordero y Raúl Gorrín, dos empresarios que después comprarían Globovisión, el canal de noticias que había sido crítico del gobierno y lo convertirían en vocero del régimen.
Raúl Gorrín se jactó en una entrevista con la revista.
Ganamos mucho dinero.
En Venezuela se transaban 500 millones de dólares semanales y en Interbursa aprovechamos esa bonanza.
500 millones de dólares semanales.
Yf estaba ahí aprendiendo, viendo cómo funcionaba el sistema, entendiendo cómo se hacían los negocios en la Venezuela chavista, esperando su oportunidad.
Esa oportunidad llegó en 2017 cuando empezó a salir con la vicepresidenta de Venezuela y de la noche a la mañana el empleado de casa de bolsa se convirtió en uno de los hombres más ricos del país.
Una investigación del portal Armando.
info, dirigida por el periodista Roberto Deniz reveló los números exactos.
Números que el gobierno venezolano nunca desmintió.
números que deberían hacer que cualquier persona con conciencia se indigne.
Desde 2017, las empresas controladas por Jusf y sus hermanos Omar y Jamal, obtuvieron contratos con el gobierno venezolano por al menos 413 millones de dólares.
413 millones para suministrar comida a los pobres.
Los CLAP, los comités locales de abastecimiento y producción, las cajas de comida que el gobierno reparte a los barrios, el programa social que supuestamente ayuda a los que no tienen para comer, la propaganda del régimen que dice, “Nosotros alimentamos al pueblo.
” Pero detrás de esas cajas hay un sistema de corrupción gigantesco.
Las empresas que ganan los contratos cobran precios inflados, compran productos de mala calidad en el extranjero, importan cosas que a veces llegan vencidas, se quedan con la diferencia y nadie puede protestar porque si protestas te quitan la caja y si no tienes caja no comes.
Es un sistema de control social, de chantaje, de sometimiento.
Y el novio de la vicepresidenta estaba ganando 400 millones de dólares con ese sistema.
Tenía cuatro empresas registradas en Hong Kong.
Mass Joy Industries Limited, Million Rise Industries Limited, Lock Fortune Trading Limited, Shining Capital International Limited, Cuatro Empresas Fantasma en Hong Kong, a 10,000 km de Venezuela, donde nadie podía investigar, donde el dinero desaparecía en un laberinto de cuentas.
Pero eso no fue todo.
En 2019, otra de sus empresas, Lack Fortune Trading Limited, obtuvo un contrato adicional por 145 millones de euros para importar kits de hemodiálisis, los kits que necesitan los pacientes renales para sobrevivir, los kits que limpian la sangre de las toxinas cuando los riñones ya no funcionan.
Sin esos kits la gente muere y en Venezuela esos kits escasean.
Los hospitales no tienen suficientes.
Los pacientes hacen cola durante horas.
Algunos mueren esperando.
Una enfermera en un hospital de Caracas le dijo a un paciente que buscaba diálisis.
Anótate en la lista a ver si muere o fallece algún paciente.
Es la opción que tienes.
Esa es la realidad.
esperar a que alguien muera para poder usar su máquina.
Y mientras tanto, ¿sabes cuántos pacientes renales murieron en Venezuela entre 2017 y 2019? 5,000.
5000 personas.
¿Y sabes quién dijo ese número? Carlos Rotondaro, el exministro de salud del propio gobierno chavista, un general que fue presidente del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales durante 10 años.
un hombre del régimen que tuvo que huir de Venezuela y denunciar lo que estaba pasando.
Dijo que a la cúpula del régimen no le importa que la gente se muera por falta de diálisis.
5000 muertos entre 2017 y 2019.
Y el contrato para importar esos kits se lo dieron a una empresa fantasma en Hong Kong controlada por el novio de la vicepresidenta.
145 millones de euros.
para el novio de Delfi, mientras 5000 venezolanos morían esperando diálisis.
¿Entiendes la magnitud de esto? El periodista Roberto Deniz lo resumió así en su investigación.
Del Cí y Jorge Rodríguez acumulan poder.
A la sombra de ellos crece el emporio del clan Abou Nasif.
de los contratos millonarios con Corpovex, ha pasado a controlar empresas de construcción, inmobiliarias, empaquetadoras y hasta los bodegones.
Y entonces escribió la frase que lo resume todo.
Cupido llegó con una alforja llena de contratos.
Cupido llegó con contratos, no llegó con flores, no llegó con poemas, no llegó con amor, llegó con 413 millones de dólares, mientras el pueblo no tenía para comer, mientras los hospitales no tenían medicinas, mientras los niños morían de desnutrición, mientras 8 millones de venezolanos huían del país, Cupido llegó con contratos millonarios.
Piensa en la diferencia.
Fernando Carrillo la amaba cuando ella no tenía nada que ofrecerle, cuando ella era solo una ministra, cuando estar con ella le traía críticas de sus amigos.
Cuando todos le decían que estaba loco, la amaba por quién era.
Jusf Abunasif apareció cuando ella era vicepresidenta.
Cuando estar con ella traía contratos millonarios.
cuando ser su novio abría puertas que nadie más podía abrir.
¿Eso es amor o es negocio? Fernando Carrillo, casi 20 años después todavía la llama el amor de su vida.
Jusf Abu Nasif diría lo mismo si ella perdiera el poder mañana.
Esa es la diferencia entre el amor y la conveniencia.
Esa es la diferencia entre lo que Delfí rechazó y lo que aceptó.
Rechazó al hombre que la amaba de verdad, aceptó al hombre que la convenía y hoy tiene 400 millones de dólares en contratos para su novio.
Y no tiene nada más.
Y nadie dijo nada porque en Venezuela cuestionar a Delfci Rodríguez tiene consecuencias, consecuencias muy serias.
Pero todavía faltaba algo más, algo que pasó el 20 de enero de 2020.
a las 3 de la mañana en el aeropuerto de Madrid.
Y esto es lo que te prometí que sería lo más fuerte de todo.
Prepárate porque esto es lo más cinematográfico de toda la historia.
Aquí viene lo tercero que te prometí.
3 de la mañana, 20 de enero de 2020.
Aeropuerto de Barajas, Madrid, España.
Todo el mundo duerme.
Las terminales están casi vacías.
Los vuelos comerciales no empiezan hasta dentro de unas horas.
Pero en una pista alejada, lejos de las cámaras, lejos de los pasajeros normales, un avión privado con matrícula turca aterriza.
Es un jet ejecutivo lujoso, discreto.
A bordo viene Delc Rodríguez, vicepresidenta de Venezuela.
Y con ella viene Jusph Abu Nasif, su novio, el empresario de los 400 millones.
Y viene el ministro de turismo de Venezuela, Félix Placencia.
Y viene Jorge Jiménez, que después sería presidente de la Federación Venezolana de Fútbol.
Y vienen 40 maletas.
40.
Hay un problema enorme.
Delcir Rodríguez tiene prohibido pisar territorio europeo.
Desde 2018 la Unión Europea la sancionó.
Congelaron sus activos.
Le prohibieron la entrada a cualquier país del espacio Schengen.
La acusaron de socavar la democracia y violar derechos humanos.
Si pisa suelo europeo, técnicamente deberían arrestarla.
Pero ahí está.
A las 3 de la mañana en un avión privado en el aeropuerto de la capital de España y alguien muy importante la está esperando.
José Luis Ávalos, el ministro de Transportes de España, el número dos del gobierno de Pedro Sánchez, uno de los hombres más poderosos del país.
¿Qué hace el ministro de Transportes de España recibiendo a una mujer sancionada que tiene prohibido entrar a Europa a las 3 de la mañana? Esa es la pregunta que toda España se haría después.
Con Ávalos vienen dos personas más, Coldo García, su asesor personal, su mano derecha y Víctor de Aldama, un empresario que hoy está preso por corrupción, un conseguidor, un hombre que sabía cómo mover dinero.
Los tres suben al avión.
Suben al avión de una mujer que tiene prohibido estar en Europa a las 3 de la mañana y se quedan más de una hora.
están con ella más de una hora hablando de que nadie sabe exactamente.
Después se reúnen en una sala VIP y con ella vienen 40 maletas.
40.
Nadie las revisa, nadie pregunta qué contienen, nadie las registra, nadie las abre.
Un vigilante jurado que estaba ahí esa noche declaró ante notario lo que vio.
El personal de Skybalet traslada dos carros con maletas al exterior de la zona pública para ponerlos en vehículos sin pasar ningún control de aduanas.
Sin pasar ningún control.
40 maletas que entran a Europa sin ningún control.
A las 3 de la mañana con una mujer que tiene prohibido estar ahí.
¿Y qué había en esas maletas? Víctor de Aldama, el empresario que fue a recibirla esa noche y que hoy está preso por corrupción, le confesó a un amigo lo que pasó el diario.
El español publicó esa confesión.
Aldama dijo, “Se han quedado maletas llenas de dinero en España.
” Llenas de dinero.
Y cuando su amigo le preguntó preocupado, al dama le respondió, “Eso lo sabe Pedro Sánchez, el presidente de España.
Sabía.
El caso se conoció como el Delfigate.
La oposición española pidió explicaciones, pidió investigaciones, pidió la dimisión de Ávalos.
Pero el gobierno de Pedro Sánchez cerró filas y durante 4 años intentaron enterrar el caso, pero las investigaciones siguieron y en octubre de 2024, 4 años después, la Guardia Civil Española encontró algo en la computadora de Víctor de Aldama.
Una fotografía.
Una fotografía que lo cambiaba todo, una orden de compraventa de 104 barras de oro venezolano por 68 millones y medio de dólares.
68 millones de dólares en oro.
La transacción involucraba al Fondo de Desarrollo Nacional de Venezuela, una empresa española y nombres conectados directamente con Delci Rodríguez, moviéndose entre Venezuela y España en las sombras, mientras 8 millones de venezolanos huían de su país porque no tenían que comer, mientras los hospitales no tenían medicinas, mientras los niños morían de hambre, 68 millones de dólares en barras de oro en la computadora del empresario que fue a recibir a Delcir Rodríguez a las 3 de la mañana con 40 maletas que nadie revisó.
Conecta los puntos.
Eso es lo que quedó de la niña que juró vengar a su padre.
Eso es lo que quedó de la Revolución Bolivariana.
Oro, corrupción, mentiras.
40 maletas a las 3 de la mañana y entonces llegó el fraude.
Julio de 2024, 5 meses antes de que todo estallara, Venezuela estaba a punto de votar elecciones presidenciales.
Por primera vez en años la oposición se había unido.
tenían un candidato, Edmundo González, un diplomático de carrera, 74 años, tranquilo, moderado.
María Corina Machado, la verdadera líder de la oposición, había sido inhabilitada por el régimen.
No podía participar, pero ella fue la que organizó todo, la que recorrió el país, la que movilizó a millones.
Todos los sondeos daban a González como ganador.
Por márgenes enormes.
La gente estaba harta, harta de la crisis, harta del hambre, harta de ver a sus hijos emigrar, harta de maduro.
El día de la elección, el 28 de julio de 2024, las colas empezaron desde las 5 de la mañana.
Millones de venezolanos salieron a votar, defendieron las mesas, se quedaron hasta el final, documentaron todo con sus teléfonos y cuando empezaron a contar los votos, la tendencia era clara.
González estaba ganando por una diferencia aplastante.
En las mesas que la oposición logró documentar, González tenía más del 60% de los votos.
Maduro apenas llegaba al 30%.
Era una paliza histórica, pero entonces pasó algo.
Consejo Nacional Electoral dejó de transmitir resultados.
Las horas pasaron, la medianoche llegó y nada.
Silencio.
A la 1 de la mañana, finalmente, el presidente del CNE apareció en televisión y dijo que Maduro había ganado con el 51% de los votos, sin mostrar las actas, sin pruebas, sin nada que respaldara esos números.
La oposición había documentado más del 80% de las actas electorales.
Las publicaron, las pusieron en internet para que todo el mundo las viera.
Y en esas actas, Edmundo González ganaba con más del 67% de los votos, más del 67% contra el 30% de Maduro.
Pero el gobierno no reconoció nada y Delcir Rodríguez salió a defender el fraude en cadena nacional con la cara más seria del mundo.
llamó a los opositores extremistas, los acusó de violencia, los acusó de intentar desestabilizar al país, los acusó de ser títeres del imperialismo.
La misma mujer, cuyo padre fue asesinado por un gobierno autoritario, ahora defendía un fraude electoral.
La misma mujer que hablaba de justicia pisoteaba la voluntad de millones de venezolanos.
La misma mujer que decía representar al pueblo robaba su voto.
Las protestas empezaron esa misma noche y la represión fue brutal.
Miles de personas fueron detenidas, estudiantes, trabajadores, amas de casa, gente común que salió a defender su voto.
Los metieron en cárceles, los acusaron de terrorismo, los desaparecieron.
Hubo muertos, hubo heridos, hubo familias destrozadas y Delcir Rodríguez desde el palacio de gobierno defendió cada arresto, cada golpe, cada desaparición.
Cuando me nombran a Delci Rodríguez, lo primero que pienso es en corrupción, venganza y presos políticos.
Pienso en estudiantes muertos.
Eso dijo una venezolana exiliada, estudiantes muertos por defender lo que el padre de Delfci supuestamente defendía, por luchar contra lo que ella dice combatir.
La hija del torturado se convirtió en la jefa de los torturadores.
La niña que lloró a su padre en un ataúdrado, ahora manda a cerrar ataúdes de otros.
La mujer que juró vengar la injusticia ahora es la injusticia.
Y quizá ni siquiera se da cuenta.
Quizá después de 50 años de rabia ya no sabe la diferencia entre justicia y venganza.
Quizá después de tanto tiempo odiando, ya no recuerda qué es lo que odiaba ni por qué.
Quizá la niña de 7 años que esperaba a su padre en la puerta de su casa ya murió hace mucho tiempo y lo que quedó es solo poder, solo control, solo sobrevivir.
Eso es lo que queda cuando la venganza se vuelve tu única razón de existir.
Te consume, te transforma, te convierte en lo que más odiabas.
Y cuando te das cuenta, ya es demasiado tarde.
Pero hay algo más oscuro todavía.
Algo que apareció en investigaciones del Miami Gerald.
Según testimonios de exmiembros del régimen que hoy cooperan con Estados Unidos, los hermanos Rodríguez están acusados de gestionar partes del cártel de los soles.
El cártel de los soles, la red que supuestamente vincula a militares venezolanos de alto rango con rutas internacionales de narcotráfico.
Los soles hace referencia a las estrellas que llevan los generales en sus uniformes.
Son ellos quienes controlan el dinero”, declaró una fuente al periódico.
“Ninguno de los hermanos Rodríguez ha sido acusado formalmente de narcotráfico, pero las sombras se acumulan y entonces el 3 de enero de 2026 todo explotó.
Aquí viene lo cuarto que te prometí.
La madrugada que cambió todo.
4:47 de la mañana.
Viernes 3 de enero de 2026.
Hora de Caracas.
Los venezolanos dormían.
No sabían que su país estaba a punto de cambiar para siempre.
La operación se llamó Resolución absoluta.
Bombardeos selectivos sobre instalaciones militares venezolanas.
Ataques quirúrgicos con misiles de precisión.
No contra ciudades, no contra civiles, contra bases, contra centros de comunicación, contra puntos estratégicos, fuerzas especiales estadounidenses.
Los Delta Force, las tropas más letales del mundo, entraron a Venezuela.
El objetivo era uno solo, capturar a Nicolás Maduro.
Tres horas después, a las 8 de la mañana, Maduro y su esposa Cilia Flores, estaban en un avión militar estadounidense rumbo a Nueva York.
25 años de chavismo, 11 años de maduro.
Terminaron en una noche.
El mundo se despertó con la noticia.
Estados Unidos había invadido Venezuela.
había capturado al presidente, lo había sacado del país.
Era algo sin precedentes en la historia moderna, pero Delci Rodríguez no apareció.
Durante 13 horas nadie supo dónde estaba.
Algunos decían que había huído a Moscú antes del ataque, que había tomado un avión privado días antes, que sabía lo que venía.
Otros que estaba escondida en algún lugar de Venezuela, en un búnker, en una casa segura.
otros que también la habían capturado.
13 horas de silencio, 13 horas de incertidumbre, 13 horas donde nadie sabía si la vicepresidenta estaba viva, muerta, presa o fugada.
Y entonces apareció en una conferencia de prensa en el palacio de Miraflores, con las luces de las cámaras iluminando su cara, con Dios dado cabello a su lado, el ministro del interior, el hombre más temido del chavismo después de Maduro, el que muchos dicen que controla el narcotráfico militar.
Delí llevaba un traje oscuro, el pelo recogido, la cara seria, parecía cansada, parecía tensa, pero estaba ahí, viva, libre, en el palacio de gobierno.
Y dijo estas palabras: “Nunca seremos esclavos.
Somos hijos e hijas de Bolívar.
Exigimos inmediatamente prueba de vida del presidente Nicolás Maduro y prueba de vida de la primera combatiente Cilia Flores.
Es un mensaje muy claro para nuestra patria.
Prueba de vida.
como si no supiera exactamente dónde estaban, como si no hubiera estado negociando durante meses, como si todo fuera una sorpresa.
Pero nada era una sorpresa, porque ese mismo día Donald Trump salió a dar una conferencia de prensa y reveló que su gobierno había estado hablando con Delfi durante meses, que ella estaba dispuesta a cooperar, que haría lo que Estados Unidos necesitara.
Y el Tribunal Supremo de Venezuela ordenó que Delcia asumiera la presidencia.
Así, de un día para otro, sin elecciones, sin consulta popular, la hija del guerrillero torturado se convirtió en la primera mujer presidenta de Venezuela bajo supervisión de Donald Trump, con Marco Rubio controlando cada movimiento, con Maduro en una celda esperando juicio por narcoterrorismo.
Pero había algo más, algo que el Miami Gerald había revelado meses antes de la captura.
Delfi y su hermano Jorge habían estado negociando con Estados Unidos en secreto a través de intermediarios en Qatar.
Las negociaciones empezaron en abril de 2024, 9 meses antes.
La propuesta, una transición controlada donde Delfí se quedaría en el poder.
Maduro saldría, se exiliaría y los hermanos Rodríguez mantendrían todo.
Según el periódico, Delci había escondido parte de sus activos en Qatar.
Tenía conexiones con la familia real Q Catarí.
se había estado posicionando para sobrevivir la caída de Maduro desde hacía meses.
Un miembro de la realeza Qatarí reconoció haber actuado como enlace.
Las propuestas llegaron a la Casa Blanca, pero fueron rechazadas.
No hubo acuerdo previo, pero el mensaje quedó claro.
Del Cir Rodríguez estaba dispuesta a entregar a Maduro para salvarse ella.
Un analista lo resumió así.
Delfcí Rodríguez no se está volviendo democrática.
Quiere asegurarse de seguir teniendo un puesto en la mesa.
Un puesto en la mesa.
Eso es lo que queda después de 50 años.
No justicia, no paz, no venganza cumplida, un puesto en la mesa.
Y entonces Trump habló directamente sobre ella.
en una entrevista con The Atlantic diplomático, no fue cuidadoso, no la trató como presidenta.
Amenazó públicamente frente al mundo entero.
Dijo que si no hacía lo correcto, pagaría un precio mayor que Maduro.
Un precio mayor.
Piensa en eso un momento.
Maduro está en una celda en Nueva York, en un centro de detención federal.
Enfrenta cargos de narcoterrorismo, de conspiración para importar cocaína, de delitos relacionados con armas.
Podría pasar el resto de su vida en prisión.
Nunca más va a pisar Venezuela.
Nunca más va a ver a su familia en libertad.
Y Trump le dijo a Delsey que su precio sería mayor, mayor que eso, mayor que una vida en prisión.
Eso es lo que le espera a la niña de 7 años que juró vengar a su padre.
Si no obedece, si no hace lo que Washington quiere, si intenta mantener el poder sin permiso.
50 años después de ese día de julio de 1976, está sola.
completamente sola, sin hijos que la visiten, sin nietos que la llamen abuela, sin esposo que comparta su vida, con un novio que se hizo millonario gracias a ella.
Pero eso no es amor, eso es negocio con un hermano que es su socio de poder.
Pero eso no es familia, eso es alianza con un país destrozado que algún día va a pedir cuentas con 8 millones de personas que huyeron de Venezuela.
8 millones.
Para ponerlo en perspectiva, es como si toda la población de Nueva York se fuera de un día para otro.
Es la mayor crisis migratoria en la historia de América Latina, más grande que cualquier guerra civil, más grande que cualquier terremoto, más grande que cualquier desastre natural.
8 millones de personas que no querían irse, que amaban su país, que tenían sus vidas ahí y tuvieron que huir porque no había comida, porque no había medicinas, porque no había trabajo, porque no había futuro, porque el gobierno de Delcir Rodríguez y Nicolás Maduro destruyó todo.
Hay madres venezolanas que no vieron crecer a sus hijos porque tuvieron que irse a Perú.
a Colombia, a Chile, a España, a cualquier lugar que las recibiera.
Hay padres que murieron en el exilio sin volver a ver a sus familias.
Hay abuelos que cuidan nietos mientras sus hijos trabajan a miles de kilómetros de distancia.
Hay familias rotas para siempre, vidas destruidas para siempre, sueños abandonados para siempre, todo para que un grupo de personas pudiera quedarse en el poder.
Todo para que los hermanos Rodríguez pudieran completar su venganza con 800,000 niños que crecieron sin sus padres, porque sus padres tuvieron que emigrar para poder enviar dinero.
con estudiantes muertos por protestar, con presos políticos en calabozos, con 68 millones de dólares en oro moviéndose en las sombras, con 400 millones de dólares en contratos para su novio, con Donald Trump diciéndole qué hacer o pagar el precio.
Hay una foto de Jorge Antonio Rodríguez, el padre de Delfí.
Es de los años 70, antes de que lo mataran.
Tiene el pelo oscuro, la barba cerrada, los ojos de alguien que cree en algo.
Mira a la cámara con la intensidad de quien sabe que está luchando por algo más grande que él mismo.
era un idealista, un revolucionario de verdad, un hombre que creía que el mundo podía ser mejor, que luchaba por los que no tenían voz, que estaba dispuesto a morir por sus ideas y murió a los 34 años, torturado en un calabozo por no delar a los suyos, por defender lo que creía, por mantenerse fiel hasta el final, se llevó los secretos a la tumba.
nunca traicionó a nadie.
Su hija tiene hoy 56 años.
Ha vivido 22 años más que él.
Ha tenido 22 años más de oportunidades, 22 años más de decisiones, 22 años más de caminos que podía elegir.
Y en esos 22 años, ¿qué hizo? se convirtió exactamente en lo que él murió combatiendo.
Una mujer de poder que protege a los suyos mientras el pueblo sufre.
Una mujer que acumula riqueza mientras millones huyen.
Una mujer que habla de justicia mientras encarcela opositores.
Una mujer que defiende fraudes electorales.
Una mujer cuyo novio se enriqueció con la comida que debía ir a los pobres.
Una mujer sancionada por violar derechos humanos.
Los mismos derechos humanos que le violaron a su padre.
Jorge Antonio Rodríguez murió a los 34 años creyendo en algo.
Murió con convicciones.
Murió sin traicionar a nadie.
Murió protegiendo a los suyos.
Su hija gobierna a los 56 años creyendo en nada.
solo en sobrevivir, solo en mantener el poder, solo en quedarse en la mesa.
Y según las investigaciones del Miami Gerald, estaba dispuesta a entregar a Maduro para salvarse ella, traicionar para sobrevivir exactamente lo contrario de lo que hizo su padre, solo en quedarse en la mesa.
Y esa es la tragedia más grande de esta historia, ¿no? que torturaron a su padre cuando ella tenía 7 años.
No es que su madre la crió para vengar en vez de para vivir.
No es que nunca tuvo hijos.
No es que el amor de su vida se fue hace 20 años y ella nunca respondió cuando él la llamó el amor de su vida.
No es que está sola a los 56 años, es que después de todo lo que sacrificó, después de toda la preparación, después de 23 años esperando, después de toda la venganza, después de llegar al poder absoluto, se convirtió en lo que su padre más odiaba.
Se convirtió en exactamente lo que él murió combatiendo.
Y ya es demasiado tarde para volver atrás.
Quizá tú también conoces a alguien que sacrificó todo por algo, por un trabajo que consumió su vida entera, por una familia que nunca reconoció lo que hizo por ellos, por un sueño que al final estaba vacío, por una promesa que le hicieron de niña y que nunca debió cumplir, por una venganza que envenenó cada decisión que tomó, por una obligación que otros le impusieron antes de que pudiera elegir.
Y cuando llegó al final, cuando logró lo que buscaba, cuando finalmente tuvo todo lo que se supone que quería, se dio cuenta de que estaba sola, que el precio había sido demasiado alto, que ya no había forma de recuperar lo que dejó en el camino, que los años no vuelven, que las decisiones no se borran, que el amor que rechazaste no regresa, que los hijos que no tuviste no van a aparecer.
que la familia que no formaste ya no se puede formar, que la vida pasa mientras estás ocupado vengando el pasado.
A lo mejor tú también tuviste que sacrificar algo importante por una obligación que otros te impusieron.
A lo mejor tú también dejaste ir a alguien que te amaba porque tenías otras prioridades.
A lo mejor tú también cargaste con una rabia que no era tuya, que te heredaron, que te enseñaron desde niña.
A lo mejor tú también miraste hacia atrás un día y te preguntaste si todo había valido la pena.
La diferencia es que tú probablemente no destruiste un país en el proceso.
La diferencia es que tú probablemente no tienes 8 millones de vidas rotas sobre tu conciencia.
La diferencia es que tú todavía puedes cambiar.
Delfcí Rodríguez tiene todo el poder de Venezuela en sus manos y no tiene nada más.
Tiene 56 años.
No tiene hijos que la visiten cuando sea vieja.
No tiene nietos que la llamen.
No tiene un esposo que haya compartido su vida.
Tiene un novio que se hizo rico gracias a ella.
Y eso no es amor, es negocio.
Tiene un hermano que es su socio.
Y eso no es familia, es alianza.
Tiene enemigos en todo el mundo.
Tiene sanciones de medio planeta.
Tiene a Trump diciéndole qué hacer.
Tiene a millones de venezolanos que la odian.
Tiene a un país destruido que algún día va a pedir cuentas.
y tiene el recuerdo de un padre que murió a los 34 años creyendo en algo.
Un padre que no reconocería en lo que se convirtió su hija.
Un padre que murió por los oprimidos y cuya hija ahora oprime.
Un padre que nunca delató a nadie y cuya hija estaba dispuesta a entregar a Maduro para salvarse ella.
Eso es lo que tiene Delc Rodríguez, todo el poder y nada más.
El 25 de julio de 1976, una niña de 7 años esperaba a su padre en la puerta de su casa.
No llegó.
No llegó ese día.
No llegó al siguiente.
No llegó nunca.
50 años después, esa niña gobierna Venezuela.
Tiene todo el poder.
Tiene millones de dólares.
Tiene un novio.
Tiene un hermano.
Tiene el reconocimiento de Estados Unidos.
cumplió la promesa que le hizo a su madre, llegó al poder, vengó a su padre, ¿o no? Porque los que lo mataron ya están muertos.
El sistema que lo torturó ya no existe.
Los que ordenaron su muerte ya no gobiernan.
Y ella se convirtió en lo que él combatía.
Entonces, ¿contra quién está peleando? Contra los estudiantes que protestan como su padre protestaba.
contra los millones que huyeron buscando lo mismo que él buscaba, contra los que luchan por justicia como él luchó.
La venganza se quedó sin objetivo hace mucho tiempo, pero siguió funcionando como una máquina que ya no recuerda para qué fue construida, como un tren que no puede detenerse aunque ya no hay destino, como una niña de 7 años que sigue esperando en la puerta de su casa.
esperando a un padre que nunca va a llegar, que nunca llegó y que nunca va a llegar.
Y todo lo que hizo para vengar su muerte la convirtió en alguien que él no habría reconocido.
Esto es lo que pasa cuando la venganza se vuelve el único motor de una vida.
Destruye todo lo que toca, incluyendo a quien la lleva dentro, especialmente a quien la lleva dentro.
Porque al final la persona que más sufre la venganza no es el enemigo, es quien la carga.
El enemigo muere o desaparece, pero tú sigues ahí con la rabia, con el vacío, con el padre que sigue sin llegar a los 7 años, a los 20, a los 40, a los 56.
Sigue sin llegar y ya nunca va a llegar.
Y la venganza no lo va a traer de vuelta.
Y el poder no lo va a traer de vuelta.
Y los millones de dólares no lo van a traer de vuelta.
Y destruir un país no lo va a traer de vuelta.
Y las 40 maletas de oro no lo van a traer de vuelta.
Y los 400 millones en contratos no lo van a traer de vuelta.
Y ser presidenta no lo va a traer de vuelta.
Nada lo va a traer de vuelta nunca.
Y Delcir Rodríguez va a tener que vivir con eso todos los días hasta el final, sola, con todo el poder del mundo y sin nada que realmente importe.
Si llegaste hasta aquí, gracias por quedarte.
Este video fue largo, fue duro, no tuvo final feliz, porque no hay final feliz, solo hay verdad.
Y la verdad es que Delcir Rodríguez es hoy la mujer más poderosa de Venezuela y también una de las más solas.
Y nada de lo que hizo va a traer a su padre de vuelta.
Y millones de personas pagaron el precio de su venganza.
Y ella va a tener que vivir con eso todos los días hasta el final.
La semana que viene te voy a contar otra historia.
Otra historia de una mujer que sacrificó todo por un hombre.
Una mujer que también eligió el deber sobre el amor, pero de una manera completamente diferente.
Una mujer que esperó 13 años siendo la otra, que renunció a ser madre porque él se lo pidió, que se quedó en las sombras mientras él brillaba, que aguantó humillaciones en silencio y que ahora, después de su muerte, sus propios hijastros la están destruyendo públicamente.
Le quitaron todo, la casa, los derechos, el legado.
Y ella a los 80 años tiene que defenderse sola.
Florinda Meza, la viuda de Chespirito.
La verdad que nadie ha contado.
¿Valió la pena todo lo que sacrificó? ¿O al final se quedó sin nada igual que Delci? Dos mujeres, dos historias de sacrificio, dos preguntas que no tienen respuesta fácil.
Esa es la pregunta que vamos a responder.
Nos vemos pronto.
Suscríbete si quieres ver esa historia y déjame en los comentarios qué piensas de Delci Rodríguez.
Víctima de su propia venganza o simplemente una mujer que eligió el poder sobre todo lo demás.