🔥👑💸 El contraste que indigna al mundo: los hijos de Maduro y la vida de excesos mientras Venezuela se apagaba de hambre 💸👑🔥

Mientras una madre venezolana hacía cola desde las 5 de la mañana para conseguir 1 kil de harina, el hijo del presidente bailaba bajo una lluvia de dólares.

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Hay video.

Billetes verdes cayendo sobre su cabeza como confeti.

Él sonriendo y ella a 40 minutos de ahí volviendo a su casa con las manos vacías.

Ese joven se llama Nicolás Ernesto Maduro Guerra.

el único hijo del dictador.

Y hace unas horas sus padres fueron arrestados por fuerzas especiales de Estados Unidos, sacados de su cama a la 1 de la mañana, esposados, trasladados a Nueva York, enfrentan cadena perpetua por narcotráfico, pero él sigue libre, sus hermanos siguen libres, sus primos, que fueron condenados por traficar 800 kg de cocaína, también están libres.

Los liberaron y según el Departamento del Tesoro ya volvieron a traficar.

Esta es la historia que nadie te ha contado, no sobre el dictador, sobre sus hijos, los que robaron 350 millones de dólares del programa de comida para pobres.

Los que metieron presa a una mujer por tomarles una foto.

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Los que negociaron con guerrilleros.

para traficar cocaína a Estados Unidos, los que vivían mejor que Pablo Escobar, mientras 9 millones de venezolanos pasaban hambre, y los que están vinculados a muertes que nunca se investigaron.

Dos testigos clave en el caso de narcotráfico aparecieron muertos.

Uno de los hijastros fue conectado a un asesinato que no prosperó.

Miles murieron de hambre mientras ellos robaban la comida.

Y hay una frase que Maduro dijo en 2018 que explica todo.

El que se meta con mi familia se seca.

Se seca.

En Venezuela esa frase no es metáfora.

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Es lo que le pasó a una mujer por tomar una foto.

Es lo que le pasó a un policía por denunciar una fiesta.

Es lo que le pasa a cualquiera que se cruce con esta familia, pero esta vez alguien se metió y los que se secaron fueron ellos.

Hoy vas a descubrir cuatro cosas.

Primero, ¿qué le hicieron a Rita Morales? Una mujer sin conexión política, cuyo único crimen fue tomar una foto de Nicolasito en una fiesta.

Lo que pasó después te va a revolver el estómago.

Segundo, la grabación que hundió a los narcosobrinos.

800 kg de cocaína, pasaportes diplomáticos y las palabras exactas que dijeron cuando les preguntaron para qué querían 20 millones de dólares.

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Tercero, como los chamos, los hijastros de Maduro robaron 350 millones de dólares del programa de comida para pobres.

Mientras las familias abrían cajas con arroz podrido y harina con mo y cuarto, lo que la DEA documentó sobre una reunión de Nicolasito en Medellín con las FARC para negociar 6 años de tráfico de cocaína y armas.

Te voy a avisar cuando llegue cada una, pero antes necesitas entender quién es realmente Nicolasito, porque lo que dicen de él, las personas que lo conocen, explica todo lo que vino después.

Nicolás Ernesto Maduro, Guerra, nació el 21 de junio de 1990 en Caracas.

Es el único hijo de Nicolás Maduro con su primera esposa, Adriana Guerra Angulo.

Se divorciaron en 1994 cuando Nicolasito tenía 4 años.

De esa infancia se sabe poco.

Creció entre el divorcio de sus padres y el ascenso político de su padre.

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Para cuando Hugo Chávez llegó al poder en 1999, Nicolás Maduro ya era una figura importante del partido y su hijo, de 9 años ya vivía en un mundo muy diferente al del resto de los venezolanos.

A los 15 años, Nicolasito ya era padre.

15 años se casó joven.

Tuvo su primera hija en 2007, cuando él tenía 17.

Después vino otra hija en 2012.

Según reportes, ha tenido seis hijas en total de dos matrimonios diferentes.

Padre a los 15, seis hijas, dos matrimonios.

Y mientras tanto, su carrera política avanzaba, no por mérito, por apellido.

Una mujer que estudió con él en el liceo Urbaneja Helpol, el mismo liceo donde estudió su padre, habló con el medio español Newus, bajo condición de anonimato.

Esto es lo que dijo textual.

Siempre fue un bobo, como lento.

Tiene reacciones lentas, no es inteligente.

Siempre fue un poco gafo.

Gafo es una palabra venezolana, significa pardillo, tonto, alguien que no se entera de nada.

La misma fuente agregó que desde la secundaria Nicolasito ya tenía guardaespaldas que lo acompañaban hasta la puerta del liceo.

Aunque en ese momento su padre solo era canciller, no presidente.

Ya entonces era intocable.

Otra fuente que compartió reuniones de líderes juveniles del chavismo con él le dijo a Infobae algo parecido.

No es una persona muy brillante intelectualmente.

Su escala dentro del chavismo es por su papá, no por mérito propio.

Imita mucho el liderazgo y la personalidad del papá.

Es el bufón del salón.

Era el que aportaba menos cosas, pero era el de los chistes.

El bufón del salón.

Eso dicen quienes lo conocen.

Pero hay algo más que esa fuente reveló, algo sobre lo que Nicolasito realmente quería.

Desde su círculo más cercano cuentan que al principio hablaba mucho del estado Vargas.

Quería ser gobernador, pero según les confió ya no aspira a esa gobernación, porque siendo el hijo del presidente puede estar en mejores y más negocios.

Y después la frase que lo resume todo, que gobernar no es un negocio tan lucrativo como él aspira.

Líe eso otra vez.

Gobernar no es tan lucrativo, esas son sus palabras.

No quiere servir, quiere lucrar.

Y así empezó su carrera de cargos inventados y títulos falsos.

A los 23 años en 2013 su padre acababa de heredar la presidencia de Hugo Chávez y le crearon un cargo que no existía antes.

Jefe del cuerpo de inspectores especiales de la presidencia.

su trabajo oficial, vigilar los recursos del Estado.

Un joven de 23 años, sin experiencia, sin formación, vigilando los recursos de un país petrolero.

Eso no fue un nombramiento, fue un chiste, pero nadie se rió porque en Venezuela nadie se ríe de la familia del presidente.

Un año después, en 2014, lo nombraron coordinador de la Escuela Nacional de Cine, sin ninguna formación cinematográfica, ninguna película, nada, pero estaba a cargo de la escuela de cine del país.

En 2017, con 27 años, fue elegido miembro de la Asamblea Nacional Constituyente.

Esa asamblea que la comunidad internacional consideró ilegítima, esa asamblea que se creó para quitarle poder a la oposición.

Ahí estaba Nicolasito sentado votando como si entendiera algo de lo que estaba pasando.

Y en julio de 2023 le dieron un doctorado honoris causa de la Universidad Rafael María Baralt, sin publicaciones, sin investigación, sin ningún mérito, solo por ser quién es.

Pero mientras acumulaba títulos que no merecía y cargos que no entendía, vivía como nadie en ese país podía siquiera imaginar.

En marzo de 2022, el portal Infobae publicó una investigación sobre un viaje de Nicolasito a Tailandia.

Las fotos lo muestran llegando al aeropuerto de Bangkok.

Un chóer con traje negro, camisa blanca, corbata al tono y guantes.

Lo esperaba con un cartel con sus iniciales.

El chóer pertenecía a The Oriental Trans and Ancar Serviceco, un servicio de transporte VIP que solo tiene vehículos alemanes de último modelo.

Lo subieron a un Mercedes-Benz Vito acondicionado para transportar solo tres pasajeros.

Eso es lo que significa ser hijo de Maduro.

Mientras tu pueblo camina por selvas para escapar del hambre, tú llegas a Tailandia en primera clase y te recoge un Mercedes.

Mientras las madres venezolanas saltan comidas para que coman sus hijos, tú viajas por el mundo en jets privados.

Mientras los niños se desmayan de hambre en las escuelas, tú bailas bajo lluvia de dólares.

Una fuente consultada por Infobae, alguien que conoce el funcionamiento interno del régimen, lo describió así: “Los testaferros tienen una vida similar a la de los jerarcas.

La vida de estos señores es mejor que la de Pablo Escobar.

Incluso tienen muchísimo más lujo, muchísima más tecnología.

Se manejan de ese estilo al estilo Pablo Escobar.

Mejor que Pablo Escobar.

Lee eso otra vez.

Mejor que el narcotraficante más rico de la historia.

El mismo Pablo Escobar que tenía zoológicos privados y quemaba billetes para calentarse.

Los hijos de Maduro viven mejor que él.

Mientras los hospitales no tenían medicinas y los niños morían por enfermedades que en cualquier otro país se curan con una pastilla, el bufón del salón, el que todos describían como lento y poco brillante, viviendo mejor que el narcotraficante más famoso de la historia.

¿Cómo es posible? por su apellido.

Solo por su apellido.

Y porque su padre lo protegía con una amenaza que todo Venezuela conocía.

El que se meta con mi familia se seca.

Esa amenaza no era vacía.

Lo que voy a contarte ahora lo demuestra.

Aquí viene lo primero que te prometí.

La historia de Rita Morales.

El sábado 3 de junio de 2017 en el club Creol de Maracaibo se celebraba una fiesta de primera comunión.

El club Creol, también conocido como Lago Maracaibo Club, es un lugar exclusivo de familias con dinero, de la élite de la ciudad.

La fiesta era para uno de los miembros de la familia Morón, una familia de la zona con negocios en construcción.

Rita Morales estaba entre los invitados.

No era cualquier persona.

Es hija de David Morales, socio principal de la clínica Falcón de Maracaibo.

Una familia conocida, respetada, sin ninguna participación política, solo una familia de Maracaibo que fue a una fiesta de primera comunión un sábado por la tarde.

En algún momento de la tarde, Rita se dio cuenta de que uno de los invitados era diferente.

llegó rodeado de guardaespaldas.

Se mantuvo apartado del resto de los invitados.

Había un perímetro a su alrededor.

Nadie podía acercarse sin que lo pararan.

Era Nicolasito.

Estaba ahí como invitado de la familia Morón.

Los Morón tenían conexiones con el poder.

Uno de ellos, Santiago Morón.

Después sería sancionado por Estados Unidos por sus vínculos con Nicolasito en el negocio del oro.

Pero ese día, en esa fiesta, Rita Morales no sabía nada de eso.

Solo vio al hijo del presidente en una fiesta de primera comunión y hizo lo que cualquiera habría hecho.

Sacó su teléfono, le tomó una foto.

Lo que pasó después cambió su vida para siempre.

Los guardaespaldas se dieron cuenta.

Según testigos del hecho que hablaron con el pitazo, se acercaron a ella de inmediato.

Le exigieron que les entregara el teléfono, que borrara la imagen.

Rita se negó.

La situación se puso tensa.

Los guardaespaldas fueron poco prudentes en el trato con la invitada, según describió el cronista social del club.

atrajeron la atención de todos los presentes.

Rita se fue de la fiesta.

Pensó que ahí terminaba todo.

Qué equivocada estaba.

La foto había empezado a circular.

Pasó de teléfono a teléfono, de grupo de WhatsApp en grupo de WhatsApp.

Se viralizó en Maracaibo.

Eso no podían borrarlo y eso no lo iban a perdonar.

Días después del incidente, funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional, el Sevín, llegaron a la casa de Rita Morales.

El Sevín es la policía política de Venezuela, el equivalente a la Gestapo, según sus críticos, el organismo que desaparece a opositores, que tortura presos políticos, que hace el trabajo sucio del régimen y llegaron a la casa de una mujer cuyo único crimen había sido tomar una foto.

Le rompieron el teléfono.

Según algunos reportes, ella misma lo estrelló contra la pared antes de que se lo quitaran.

Según otros, fueron los funcionarios quienes lo destruyeron.

El resultado fue el mismo.

El teléfono quedó inservible.

Su hermano David, que es abogado, intervino.

Intentó calmar la situación, pero el daño ya estaba hecho.

La foto ya estaba en internet y el régimen quería venganza.

Rita y su esposo decidieron salir del país.

Sabían que no estaban a salvo.

Sabían que el régimen no iba a olvidar.

Sabían que cada día que pasaba el riesgo aumentaba.

No por un vuelo comercial, por un charter privado.

Destino Aruba, una isla a solo 30 minutos de vuelo, un lugar donde estarían fuera del alcance del Sevín, o eso creían.

El jueves 8 de junio de 2017, a primera hora de la mañana, llegaron al aeroclub del aeropuerto de la Chinita.

Presentaron sus pasaportes.

El avión estaba listo.

El piloto esperaba.

La libertad estaba a 30 minutos y en ese momento una comisión del Sevín apareció de la nada.

Les quitaron los documentos, los subieron a un avión, no a Aruba, a Caracas.

Rita Morales fue fichada y detenida.

La llevaron a Elcoide.

Elide es un edificio brutalista que se empezó a construir en los años 50 como centro comercial.

iba a ser el más moderno de América Latina.

Una espiral de concreto con tiendas, restaurantes, estacionamientos.

Nunca se terminó.

Durante décadas fue una ruina abandonada, un monumento al fracaso, un esqueleto de concreto donde no entraba nadie y después el gobierno lo convirtió en la sede del Sevín.

Los mismos pasillos que iban a tener vitrinas con ropa, ahora tienen celdas.

Las mismas rampas que iban a subir autos, ahora suben presos políticos.

Es conocido por torturas, desapariciones, presos que entran y no salen.

Celdas sin ventanas, sin luz, donde no sabe si es de día o de noche.

Ahí llevaron a Rita Morales, una mujer que había ido a una fiesta de primera comunión.

Una mujer cuyo único crimen fue tomar una foto por una foto.

Imagina eso.

Imagina que vas a la fiesta de un conocido, ves a alguien famoso, le tomas una foto con tu teléfono y terminas en un centro de tortura.

Eso es Venezuela.

Eso es la familia Maduro.

El periodista del Pitazo, que cubrió el caso, escribió: “Rita Morales engrosa la lista de detenidos en Venezuela por publicar contenidos e imágenes que pudieran ser catalogadas como críticas al gobierno de Maduro en las redes sociales.

no pertenece a ningún partido político, ni se le conoce participación en las protestas antigobierno que comenzaron el pasado primero de abril.

Ni siquiera se le podría considerar una guerrera del teclado, como llaman en redes a los twitteros opositores catalogados de radicales.

Pero sin duda es una presa política del gobierno.

Una presa política 2.

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Una presa política 2.

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Por una foto del hijo del presidente en una fiesta.

El que se meta con mi familia se seca.

No es una metáfora, es literal.

Le tomas una foto a Nicolasito y terminas en el helicoide.

Pero Rita no fue la única que pagó por cruzarse con esta familia.

En junio de 2020, Nicolasito cumplió 30 años.

Venezuela estaba en cuarentena radical por el coronavirus.

11 estados del país estaban en confinamiento estricto.

Nadie podía salir, nadie podía reunirse.

Los hospitales colapsaban, la gente moría.

sin poder despedirse de sus familias.

Pero Nicolasito no iba a privarse de su celebración.

Según fuentes policiales que confirmaron la información al medio español News, esa noche hubo una fiesta en la urbanización Los Naranjos en el municipio Elatillo, al este de Caracas.

Una fiesta multitudinaria con el patriarca presente, con casa militar, el séquito de seguridad del palacio de Miraflores.

Javier Gorriño era el jefe de seguridad de Elatillo.

Hizo su trabajo.

Denunció públicamente la fiesta.

¿Sabes dónde está Javier Gorriño hoy? En prisión domiciliaria.

El que denunció terminó preso.

El que violó la cuarentena sigue libre.

Así funciona Venezuela.

Así funciona la familia Maduro.

El que se meta con mi familia se seca.

Rita Morales, presa por una foto.

Javier Gorriño, preso por una denuncia.

¿Cuántos más habrá que nunca salieron a la luz? ¿Cuántas personas pagaron el precio de cruzarse en el camino de esta familia? Hay una fuente cercana que le dijo a Infobae algo que resume todo.

Nicolasito es un intocable en Venezuela.

Intocable, esa es la palabra.

Y mientras era intocable, mientras nadie podía ni fotografiarlo sin ir a prisión, otro escándalo estaba creciendo.

Uno que involucraba a la esposa de su padre, a los sobrinos de ella y a 800 kg de cocaína.

Aquí viene lo segundo que te prometí, la historia de los narcosobrinos.

El 10 de noviembre de 2015, dos hombres jóvenes aterrizaron en Puerto Príncipe, Haití.

Viajaban en un jet privado, un Cesna Citation 500.

Ese avión pertenecía a empresarios venezolanos cercanos a Dios Cabello, uno de los hombres más poderosos del chavismo.

Los dos jóvenes no viajaban solos.

Los acompañaban dos guardias presidenciales de honor, dos militares venezolanos.

Llevaban pasaportes diplomáticos.

¿Entiendes lo que eso significa? Pasaportes diplomáticos.

No eran pasaportes normales, eran documentos que dicen, “Este hombre representa al gobierno de Venezuela.

Documentos que te dan inmunidad en casi cualquier país del mundo.

Documentos que te permiten pasar aduana sin que te revisen.

Documentos que se supone que solo tienen embajadores y funcionarios de alto nivel.

Y estos dos los tenían para ir a negociar un cargamento de cocaína.

El gobierno de Venezuela les había dado pasaportes diplomáticos a narcotraficantes.

Se llamaban Efraín Antonio Campo Flores y Franky Francisco Flores de Freitas.

Eran sobrinos de Cilia Flores, la esposa de Nicolás Maduro, la primera dama de Venezuela.

Pero Efraín no era solo sobrino, era aijado de maduro.

Había crecido en su casa después de que muriera su madre.

El dictador lo había criado como a un hijo.

Esa noche, en un restaurante de hotel cerca del aeropuerto de Puerto Príncipe, los sobrinos se reunieron con dos hombres que creían ser narcotraficantes mexicanos interesados en hacer negocios.

No lo eran.

eran agentes encubiertos de la DEA, la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos.

Llevaban meses siguiendo a los sobrinos.

Habían tendido una trampa perfecta y los sobrinos cayeron.

Venían a cerrar un trato.

800 kg de cocaína de alta pureza desde Venezuela hasta Honduras.

En el hangar presidencial del aeropuerto de Caracas.

en un avión privado desde Honduras hasta Estados Unidos a cambio de 20 millones de dólares.

La conversación quedó grabada en video, en audio, todo documentado.

Los agentes encubiertos les preguntaron detalles.

Los sobrinos hablaron sin filtro.

Se sentían seguros, intocables, protegidos por su apellido.

Y cuando los agentes preguntaron para qué querían el dinero, los sobrinos respondieron.

Querían financiar la campaña de su tía Cilia Flores al Congreso.

20 millones de dólares de cocaína para la campaña política de la esposa del presidente.

El fiscal Jun H.

Kim lo declaró durante el juicio.

El presidente Maduro dio el visto bueno a la actividad de los sobrinos de su esposa.

El visto bueno.

El presidente de Venezuela aprobó que sus sobrinos políticos traficaran cocaína para financiar la campaña de su esposa.

Eso es lo que dijo el fiscal federal de Estados Unidos.

Pero lo que encontraron en los teléfonos de los sobrinos fue peor de lo que esperaban.

Correos electrónicos sobre requisitos para el porte de armas, fotos de dos subfusiles, uno de ellos con mira láser, un lanzacohetes y algo más, una foto de una cabeza decapitada, un cuerpo desmembrado.

Los investigadores intercambiaron miradas cuando vieron esas imágenes.

Estos no eran dos jóvenes ingenuos que se metieron en algo que no entendían.

Estos eran hombres peligrosos.

Durante el interrogatorio, uno de ellos dijo una frase que los fiscales usaron en el juicio.

Estamos en guerra contra Estados Unidos.

Guerra.

Esa es la palabra que usó el sobrino de la primera dama.

La noche de la captura, cuando los agentes de la DEA consideraron que tenían suficiente evidencia, dieron la señal.

La brigada de operaciones especiales haitiana irrumpió en el restaurante.

Los sobrinos fueron arrestados en cuestión de minutos.

Según el pitazo, el procedimiento fue tan rápido que los poderosos aliados que tiene el presidente Nicolás Maduro en Haití no pudieron reaccionar, no pudieron salvarlos.

Estados Unidos solicitó formalmente la extradición.

Los sobrinos fueron trasladados a Nueva York y comenzó el juicio.

El 18 de noviembre de 2016, después de 9 días, el jurado los declaró culpables por unanimidad.

12 personas, ninguna duda, culpables.

Conspiración para importar cinco o más kilogramos de cocaína a Estados Unidos.

El 14 de diciembre de 2017, el juez Paul Crotty dictó sentencia.

18 años de prisión para cada uno.

El juez dijo algo durante la sentencia que se quedó grabado.

No eran los traficantes de drogas más astutos que han existido.

Perdieron la cabeza.

Perdieron la cabeza.

Se creyeron intocables, se creyeron protegidos por su apellido y se equivocaron al menos por un tiempo.

Según la periodista Maybor Petit, que estuvo presente en el tribunal, los narcosobrinos lloraron al escuchar la sentencia.

Lloraron los mismos que tenían fotos de decapitados en sus teléfonos.

Los mismos que viajaban con pasaportes diplomáticos y guardias presidenciales, los mismos que dijeron, “Estamos en guerra contra Estados Unidos.

” Lloraron cuando les dijeron que iban a pagar por lo que hicieron.

“Hay algo que pasó durante el juicio que te va a dar escalofríos.

” Dos testigos clave aparecieron muertos.

Uno de ellos era un venezolano conocido como Hamudi.

Fue él quien presentó a los sobrinos con el primer contacto de la DEA.

Dos semanas antes de la captura de los sobrinos, Hamudi asesinado por proveedores de las FARC.

El otro testigo identificado en los documentos como CW1 fue asesinado semanas después del arresto de los sobrinos en diciembre de 2015.

Dos testigos muertos.

Nadie investigó, nadie pagó.

Los investigadores sospechan que la operación de narcotráfico era mucho mayor de lo que inicialmente parecía y que alguien no quería que esos testigos hablaran.

El que se meta con mi familia se seca.

Tal vez esos testigos se secaron por eso.

Pero aquí viene algo que nadie esperaba.

En octubre de 2022, 7 años después de la captura, el presidente Joe Biden tomó una decisión que todavía hoy cuesta entender.

Los liberó.

Un canje de prisioneros con el gobierno de Venezuela.

Los narcosobrinos habían cumplido 7 años de 18, menos de la mitad.

Salieron libres, volvieron a Venezuela.

¿Sabes qué hicieron cuando llegaron? No pidieron perdón, no se escondieron, no intentaron cambiar de vida.

Según el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, en una declaración de diciembre de 2025, Campo y Flores de Freitas regresaron a Venezuela y hasta 2025 han continuado con sus actividades de tráfico de drogas.

Le eso otra vez, continúan traficando.

7 años de cárcel no les enseñaron nada.

El juicio no les enseñó nada.

La condena no les enseñó nada porque saben que son intocables.

Porque saben que en Venezuela nadie los va a tocar.

Porque saben que el que se mete con la familia se seca, pero espera.

Porque lo que viene ahora es peor, mucho peor.

Los narcosobrinos al menos traficaban con extraños, con mexicanos, con colombianos, con gente de afuera.

Lo que voy a contarte ahora es diferente porque hay una forma de robar que es más cruel que todas las demás.

Robarle a alguien que no tiene nada.

Robarle a alguien que depende de ti para sobrevivir.

Robarle a alguien mientras le dices que lo estás ayudando.

Eso es lo que hicieron los chamos y lo hicieron durante años.

Aquí viene lo tercero que te prometí.

Los chamos.

Walter Jacob Gavidia Flores, 47 años.

Joser Daniel Gavidia Flores, 36 años.

Josual Alexander Gavidia Flores, 34 años.

Son los tres hijos de Cilia Flores con su primer esposo, los hijastros de Maduro y según el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, son parte de una vasta red de corrupción que ha permitido a Maduro y a su régimen beneficiarse significativamente de la importación y distribución de alimentos en Venezuela.

Distribución de alimentos.

Esa frase suena inocente, pero estamos hablando del programa Clap, los comités locales de abastecimiento y producción, un programa creado en 2016 para distribuir comida subsidiada a familias venezolanas que no podían comprar nada más.

Cajas con arroz, con frijoles, con harina, con aceite, con pasta, con atún.

Lo básico para sobrevivir.

Millones de personas dependían de esas cajas.

Millones de familias que no tenían otra forma de alimentarse.

Familias que hacían cola durante horas bajo el sol para recibir una caja que a veces llegaba y a veces no.

Una madre venezolana le dijo a BBC Mundo en 2018.

Abrí la caja y el arroz tenía bichos.

La harina olía a podrido.

Mis hijos me miraban esperando comer.

Tuve que decirles que no había nada.

¿Sabes lo que es ver la cara de tus hijos cuando les dices que no hay comida? familias que abrían esas cajas con esperanza y encontraban comida podrida, comida vencida, arroz con gorgojos, harina con mo familias que no podían quejarse porque si te quejabas te quitaban de la lista.

Familias que dependían de la buena voluntad del gobierno para no morirse de hambre.

Y de ese programa, de esas cajas, de esa desesperación, los chamos robaron.

No robaron de una empresa, no robaron de un banco, robaron de la comida de los pobres.

Te voy a explicar exactamente cómo funcionaba el esquema, porque el Departamento del Tesoro lo documentó todo.

En 2011, un empresario colombiano llamado Alex Nin Saab Moran hizo contacto con la familia de Cilia Flores.

Alex Sahab no era cualquier empresario, era un hombre con conexiones, con ambición, con la capacidad de mover dinero por todo el mundo sin dejar rastro.

Les dio un contrato a los chamos, un contrato pequeño, casi insignificante, pero era la entrada.

A cambio de ese contrato, los chamos le dieron a Alex Sahab algo mucho más valioso que dinero.

Acceso.

Acceso a su madre Cilia Flores.

Acceso a Nicolás Maduro.

Acceso al poder.

En Venezuela el acceso lo es todo.

El Departamento del Tesoro lo explicó así.

La relación de Sahab con Flores, Los Chamos y Malpica fue clave para el acceso de Sahab a los funcionarios del gobierno de Venezuela, lo que les permitió pagar los sobornos necesarios para obtener contratos gubernamentales.

Sobornos a los chamos a cambio de acceso.

Y cuando se creó el programa Clap en 2016, Alex Sahab ya estaba adentro.

El esquema era simple pero devastador.

Un kilo de arroz que costaba un dó en el mercado internacional, Alex Sahab, se lo vendía al gobierno venezolano a 3.

La diferencia por kilo se repartía.

Una parte para Alex Sa, una parte para sus socios, una parte para los chamos, una parte para los funcionarios que firmaban los contratos.

Multiplica eso por millones de kilos de arroz, por millones de kilos de frijoles, por millones de litros de aceite, por años y años de contratos.

Y entiendes cómo se robaron cientos de millones de dólares del programa para alimentar a los pobres.

El secretario del tesoro de Estados Unidos, Steven Nuchin, lo dijo el 25 de julio de 2019.

Alex Sahab, el hombre que hizo negocio con el hambre, se comprometió con los cercanos a Maduro para dirigir una red de corrupción a gran escala que utilizaron cruelmente para explotar a la población hambrienta de Venezuela.

Cruelmente, esa es la palabra que usó el gobierno de Estados Unidos, cruelmente.

Y siguió.

La red de corrupción que opera el programa Clap ha permitido a Maduro y a sus familiares robarle al pueblo venezolano.

Utilizan los alimentos como una forma de control social para recompensar a los partidarios políticos y castigar a los opositores mientras se embolsan cientos de millones de dólares.

Cientos de millones del programa para alimentar a los pobres.

Mientras familias venezolanas abrían esas cajas clap y encontraban comida podrida, comida vencida, comida de mala calidad, arroz que olía mal, harina con bichos, aceite rancio, atún que nadie se atrevía a probar y no podían quejarse porque si te quejabas te quitaban de la lista y si te quitaban de la lista no tenías nada, nada Dependías completamente de la buena voluntad del gobierno, del mismo gobierno que te estaba robando.

Las madres abrían esas cajas con esperanza, rezando para que esta vez la comida estuviera bien, para que esta vez pudieran darle algo decente a sus hijos.

Y cuando encontraban comida podrida, no podían llorar delante de los niños.

Tenían que sonreír y decir que todo estaba bien porque no había alternativa, era eso o nada.

Y mientras esas madres abrían cajas con comida podrida, los chamos recibían sobornos.

Mientras esas familias hacían cola bajo el sol durante horas, los chamos viajaban en jets privados.

Mientras esos niños se iban a dormir con hambre, los chamos vivían mejor que Pablo Escobar.

Eso es lo más cruel de todo.

No solo te robaban.

Te robaban mientras fingían que te estaban ayudando.

Te robaban mientras decían que estaban salvando a los pobres.

Te robaban del único programa que tenías para sobrevivir.

Porque lo que importaba no era alimentar a nadie.

Lo que importaba era el negocio.

Y hay algo más sobre cada uno de los chamos que necesitas saber.

Walter, el mayor, tiene 47 años.

Es abogado.

Fue juez titular del Tribunal de Primera Instancia del Circuito Judicial Penal del Área Metropolitana de Caracas entre 2012 y 2013.

Tenía 27 años cuando lo nombraron juez.

27 años.

En 2014 lo nombraron presidente de la Fundación Propatria 2000, un organismo que administra proyectos de infraestructura.

Pero hay algo más sobre Walter.

Según las declaraciones de Eleamsi Salazar, exescolta de Hugo Chávez y Diosdado Cabello, Walter usaba aviones pequeños de PDVSA para transportar drogas en colaboración con Nicolasito.

Eso declaró un exescolta presidencial, aviones de la empresa petrolera del estado para transportar cocaína.

Joser, el del medio, tiene 36 años.

Es el más misterioso de los tres.

Es abogado.

Estudió en la Universidad Santa María de Caracas.

No hay imágenes públicas de él.

No se le conocen estridencias.

Mantiene un perfil bajo, pero está sancionado igual que sus hermanos, vinculado a los mismos esquemas de corrupción.

Y después está Josual, el menor, 34 años.

El que más ha dado de qué hablar.

Josh Wall, el de las motos de lujo, y las carreras a las 3 de la mañana mientras el país se apagaba.

Motos de alto cilindraje, carreras en las autopistas a las 3 de la mañana, autos de lujo que cuestan más que lo que una familia venezolana gana en toda su vida.

motos de agua, fiestas en yates, viajes en jets privados por el mundo.

La periodista de investigación venezolana, Mybard Petit lo ha documentado durante años.

Pero hay algo más sobre Josh Wall, algo que no llegó a juicio, algo que no prosperó.

Según reportes de investigación, cuando Jos Wall tenía 23 años fue vinculado al asesinato de un hombre llamado Jorman Liendo.

Georman Liendo era un delincuente.

Formaba parte de una banda llamada Los Piratas del Mar.

Los detalles del caso nunca se hicieron públicos.

Nadie sabe exactamente qué pasó.

Nadie sabe quién dio la orden, nadie sabe quién apretó el gatillo.

El caso no prosperó.

En Venezuela, los casos contra la familia del presidente nunca prosperan.

El que se meta con mi familia se seca.

Tal vez Georman Liendo se secó por eso.

No lo sabemos y probablemente nunca lo vamos a saber.

El 25 de julio de 2019, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos sancionó a los tres hermanos, a Walter, a Joser, a Joswal, a Alex Sahab, a 10 personas más, a 13 empresas, todo el aparato de corrupción del programa Clap.

El monto total del robo según las investigaciones, más de 350 millones de dólares.

350 millones del programa para alimentar a los pobres.

En ese mismo periodo, según en COVID, 9.

3 millones de venezolanos no podían cubrir sus necesidades alimentarias básicas.

9 millones de personas pasando hambre, 350 millones robados.

Haz la cuenta.

Con ese dinero se podían comprar más de 100 millones de cajas.

Clap 100 millones de cajas.

Pero los chamos prefirieron quedárselo.

Ese día el embajador de Juan Guaidó en Estados Unidos, Carlos Becho, escribió: “Quienes han saqueado a nuestro pueblo aprovechándose y burlándose del dolor de millones de familias, generando una crisis humanitaria sin precedentes, donde miles han muerto de inanición y 4 millones han migrado para sobrevivir.

deben pagar.

Nuestro pueblo tendrá justicia.

Mailes han muerto de inanición, 4 millones han migrado y los chamos siguen libres.

Siguen en Venezuela.

Siguen viviendo mejor que Pablo Escobar, mientras el pueblo que robaron sigue sin poder comer tres veces al día.

Eso es lo que no se puede perdonar.

Esto es el punto donde la tristeza se convierte en rabia, donde ya no sientes pena, donde sientes que algo tiene que cambiar.

No es solo el dinero que robaron, es el sufrimiento que causaron.

Son las familias que destruyeron.

Son los niños que pasaron hambre para que ellos vivieran como reyes.

Son las madres que dejaron de comer para que comieran sus hijos.

Son los abuelos que murieron desnutridos mientras los chamos, los hijastros de Maduro, viajaban en jets privados mientras recibían sobornos del único programa que tenían esas familias para sobrevivir.

350 millones de dólares robados de la comida de los pobres.

Mientras 9 millones de personas pasaban hambre, el que se meta con mi familia se seca.

Durante años esa amenaza funcionó.

Rita Morales se secó por una foto.

Javier Gorriño se secó por una denuncia.

Millones de venezolanos se secaron de hambre mientras la familia robaba.

Pero alguien estaba mirando, alguien estaba documentando, alguien estaba esperando el momento.

Aquí viene lo último que te prometí, lo que Nicolasito hizo en Medellín.

En 2020, según la acusación formal del Departamento de Justicia de Estados Unidos publicada este fin de semana, Nicolás Maduro Guerra se reunió en Medellín, Colombia, con dos representantes de las FARC.

Las fuerzas armadas revolucionarias de Colombia, la guerrilla más antigua y más violenta de América Latina, una organización que durante décadas secuestró a miles de personas, que reclutó niños soldado, que puso bombas en centros comerciales, que masacró pueblos enteros, que financió sus operaciones con cocaína, una organización que el mundo entero considera terrorista una organización responsable de más de 200,000 muertes en Colombia y el hijo del presidente de Venezuela se reunió con ellos no en una selva escondida, no en una frontera remota, en Medellín, una ciudad de casi 3 millones de personas, como si fuera una reunión de negocios normal, como si estuviera cerrando un contrato de importaciones, como si no estuviera negociando con terroristas.

La reunión no fue casual, no fue un encuentro accidental, fue una negociación de negocios, de un negocio que involucraba cocaína y armas, de un negocio que iba a durar 6 años, de un negocio diseñado para destruir comunidades enteras.

El documento del Departamento de Justicia dice textualmente: “Maduro Guerra discutió acuerdos para mover grandes cantidades de cocaína y armas a través de Colombia hacia Estados Unidos durante los próximos 6 años hasta 2026.

6 años de tráfico de cocaína hasta 2026, justamente el año en que capturaron a su padre.

coincidencia.

Tal vez o tal vez Estados Unidos esperó hasta tener toda la información, hasta que el plan estuviera documentado, hasta que no hubiera forma de negarlo.

Y hay más.

También habló sobre pagar a las FARC con armas en conexión con los cargamentos de cocaína.

Pagar con armas, no con dinero, con armas.

el hijo del presidente de Venezuela ofreciendo armas a una guerrilla a cambio de ayuda para traficar cocaína hacia Estados Unidos.

Eso no lo digo yo, lo dice el Departamento de Justicia de Estados Unidos.

Está en el documento de acusación.

Cargo dos, conspiración para importar cocaína.

Cargo tres, posesión de ametralladoras y aparatos destructivos.

Cargo 4.

Conspiración para poseer ametralladoras y aparatos destructivos.

Nicolás Maduro Guerra está formalmente acusado junto a su padre, junto a Cilia Flores, junto a Dios Cabello.

La acusación describe algo que llaman el cartel de los soles.

El nombre no es casualidad.

viene de las insignias de sol que portan los generales de alto rango en sus uniformes venezolanos.

Cuantas más estrellas de sol tienes en el hombro, más alto es tu rango.

Y según la investigación de la DEA, cuantas más estrellas tienes, más profundo estás metido en el narcotráfico.

Es un sistema de patronazgo, dice el documento.

Los beneficios de la actividad ilegal fluyen hacia los corruptos en la cúspide, hacia los generales, hacia los ministros, hacia el presidente y hacia su hijo.

Durante años, Nicolasito fue el enlace, el testaferro, el que movía dinero sin dejar rastro, el que firmaba documentos con nombres falsos, el que viajaba por el mundo llevando y trayendo.

El documento de acusación lo describe así: Testaferro y censor, sancionado por Estados Unidos desde 2019, ha ocupado cargos creados a su medida.

Se le atribuye el control del aparato de propaganda y la censura de medios, así como la gestión de una red de testaferros para ocultar la fortuna familiar en el extranjero.

Testaferro, censor, lavador de dinero.

Eso es nicolasito.

No el bufón del salón que todos describían.

algo mucho más peligroso.

Según la investigación, Maduro Padre lideró este cartel no solo para enriquecerse, sino para hacer daño.

El documento dice textualmente que el objetivo de la organización era inundar a Estados Unidos con cocaína para infligir el mayor daño posible a la sociedad norteamericana.

Liee eso otra vez.

No era solo negocio, era intencional.

Querían hacer daño a Estados Unidos, querían destruir comunidades americanas con cocaína.

Querían que los jóvenes estadounidenses se volvieran adictos.

Querían que las familias americanas sufrieran lo que las familias colombianas y mexicanas han sufrido durante décadas.

Querían venganza por las sanciones, querían venganza por la presión internacional, querían venganza por cada declaración contra el régimen y estaban dispuestos a destruir miles de vidas para conseguirla.

Y el hijo del presidente era parte de eso.

Nicolasito no era solo un heredero incompetente que bailaba bajo lluvia de dólares.

Era parte activa de una organización criminal diseñada para hacer daño.

Un daño calculado, un daño intencional, un daño que iba a durar 6 años.

Manuel Christopher Figuera fue jefe del Sevín.

La misma policía política que encarceló a Rita Morales.

El mismo organismo que tortura presos políticos.

El mismo que hace desaparecer opositores.

Figuera lo dirigía.

Era parte del sistema hasta que dejó de serlo.

En abril de 2019, Figuera participó en un intento de levantamiento contra Maduro junto a Juan Guaidó.

El intento fracasó.

Figuera tuvo que huir.

Hoy está en Estados Unidos y desde allá habla.

Cuenta lo que vio desde adentro, lo que nadie más se atreve a contar.

Y una de las cosas que contó tiene que ver directamente con Nicolasito.

Figuera acusó públicamente al hijo de Maduro de llevar la batuta en el saqueo del oro del Banco Central de Venezuela.

El oro de las reservas del país, el oro que debería respaldar la moneda, el oro que pertenece al pueblo venezolano.

Según Figuera, Nicolasito manejaba compañías relacionadas con la explotación minera.

Controlaba el negocio del oro junto a sus socios más cercanos.

Uno de esos socios era Santiago Morón.

¿Te acuerdas de los Morón? La familia de la fiesta donde detuvieron a Rita Morales por tomar una foto.

Todo conecta.

Los Morón, socios de Nicolasito en el saqueo del oro, fueron sancionados por Estados Unidos en julio de 2020 y Nicolasito, según el exjefe del Sevín, lidera el saqueo de las reservas de oro del país.

No solo cocaína, también oro, toneladas de oro.

El oro que Venezuela necesitaba para comprar medicinas, para comprar comida, para pagar deudas, para salvar a su pueblo.

Ese oro desapareció.

Y según Figuera, Nicolasito sabe exactamente dónde está el bufón del salón que todos describían como lento y poco brillante.

No era tan tonto, era narcotraficante, era lavador de dinero, era saqueador del Banco Central, era parte de una organización criminal de nivel internacional.

El que se meta con mi familia se seca.

Eso dijo Maduro en 2018.

y durante años tuvo razón.

Rita Morales se secó por una foto.

Javier Gorriño se secó por una denuncia.

Dos testigos del caso de los narcosobrinos se secaron antes de poder declarar.

Millones de venezolanos se secaron de hambre mientras la familia robaba.

Nadie parecía capaz de tocarlos.

Nadie parecía dispuesto a enfrentarlos.

Parecía que iban a gobernar para siempre, que iban a robar para siempre, que iban a amenazar para siempre.

Pero el 3 de enero de 2026 a las 5:17 de la mañana todo cambió.

Fuerzas especiales de Estados Unidos entraron a territorio venezolano.

Una operación que llevaba meses planeándose, una operación que requirió coordinación entre múltiples agencias.

Una operación que nadie en Venezuela esperaba.

Bombardeos estratégicos en puntos clave de Caracas.

Helicópteros sobrevolando fuerte tiuna.

Soldados descendiendo en rapel.

Y en cuestión de horas el hombre que había gobernado Venezuela durante más de una década estaba esposado.

Lo subieron al buque USS Iguima.

Lo trasladaron a Nueva York.

a él y a Cilía Flores juntos, como habían estado durante todos esos años de robo y corrupción, ahora iban a estar juntos en la cárcel.

Es la primera vez en la historia que un presidente en ejercicio de un país latinoamericano es capturado por Estados Unidos la primera vez.

Un precedente que va a resonar durante décadas, un mensaje para todos los dictadores del continente, un aviso de que ya no hay lugares seguros.

Maduro enfrenta cargos por narcoterrorismo, tráfico de cocaína, posesión de armas, conspiración.

Cilia enfrenta cargos similares, más los cargos por sobornos, por intermediación con narcotraficantes, por participación en redes de violencia.

Si los declaran culpables, no van a salir de la cárcel en lo que les queda de vida.

El que se meta con mi familia se seca.

Pero esta vez alguien se metió y los que se secaron fueron ellos.

Maduro está en una celda en Nueva York.

Cilia está en una celda en Nueva York.

El Metropolitan Detention Center de Brooklyn.

El mismo lugar donde estuvo Didi, el mismo lugar donde estuvo R.

Kelly, un lugar frío, gris, con celdas pequeñas y comida de cárcel.

Muy lejos del hotel Grammelia, muy lejos de los Jets Privados, muy lejos de los Mercedes-Benz en Bangkok, muy lejos de las cajas clap que nunca les faltaron.

Pero Nicolasito no está con ellos, los chamos no están con ellos.

Los narcosobrinos están en Venezuela traficando otra vez según el departamento del tesoro.

El 11 de diciembre de 2025, apenas tres semanas antes de la captura de Maduro, el departamento del tesoro volvió a sancionar a los narcosobrinos y a un tercer sobrino que no habíamos mencionado, Carlos Eric Malpica Flores, otro narcotraficante de la familia.

Tres sobrinos sancionados por narcotráfico, por corrupción, por seguir haciendo exactamente lo mismo que los metió a la cárcel.

El comunicado decía, “Estas sanciones tienen como objetivo a tres sobrinos de Maduro, dos de los cuales son narcotraficantes convictos.

” Narcotraficantes convictos, esas son las palabras del gobierno de Estados Unidos.

Los capturaron, los condenaron, cumplieron menos de la mitad de la condena, los liberaron, volvieron a su país y siguieron haciendo exactamente lo mismo, como si nada hubiera pasado.

Eso es impunidad.

Eso es lo que significa ser familia de Maduro.

¿Dónde están ahora? en Caracas, escondidos en alguna casa de seguridad, en La Habana, bajo la protección de Cuba, en Moscú, donde Rusia lo recibiría con los brazos abiertos, en Turquía, en Irán, en algún país sin tratado de extradición.

¿Siguen viviendo mejor que Pablo Escobar? ¿Siguen bailando bajo lluvia de dólares mientras el pueblo que robaron sigue sin poder comer? siguen viajando en jets privados mientras las madres venezolanas se saltan comidas.

No tengo esa respuesta.

Nadie la tiene, pero alguien la va a tener que dar porque ahora todo el mundo está mirando.

Hay algo que quiero que pienses antes de que termine este video.

En Venezuela hay madres que no han visto a sus hijos en años, que los despidieron en una estación de autobús sin saber si volverían, que reciben llamadas de Colombia, de Perú, de Chile, de España, preguntando si están bien, que lloran en silencio cuando cuelgan, que miran fotos viejas a medianoche, que ponen un plato extra en Navidad, aunque saben que nadie va a sentarse Ahí hay abuelos que murieron solos porque sus nietos tuvieron que irse, que cerraron los ojos sin tener a nadie al lado.

Hay niños que crecieron sin sus padres, que solo los conocen por videollamada, que lloran en la noche porque extrañan a alguien que apenas recuerdan.

Hay familias que celebran cumpleaños por video y se enteran de muertes por mensaje de texto.

Y todo eso pasó mientras los hijos de Maduro bailaban bajo lluvia de dólares.

Todo eso pasó mientras los chamos robaban del programa de comida.

Todo eso pasó mientras los narcosobrinos negociaban cocaína con pasaportes diplomáticos.

Todo eso pasó mientras Nicolasito se reunía con las FARC para planear 6 años de tráfico.

Eso es lo que no se puede perdonar.

No son solo los millones que robaron, son las vidas que destruyeron, las familias que separaron, los años que no van a volver, porque alguien decidió que su riqueza importaba más que la vida de millones.

Tal vez tú también conoces familias así, donde los hijos destruyen lo que otros construyeron, donde los privilegiados nunca pagan las consecuencias de sus actos, donde el apellido vale más que la justicia.

Tal vez conoces a alguien que tuvo que huir de su país, que dejó todo atrás, que empezó de cero en un lugar donde no conocía a nadie, que manda dinero a su familia cada mes para que puedan comer.

Tal vez por eso esta historia duele tanto, porque no es solo Venezuela, es algo que hemos visto demasiadas veces en demasiados países, en demasiadas familias.

Y hay algo más que necesitas saber.

Cilia Flores, la mujer que está presa junto a Maduro en Nueva York, no es solo la tía de los narcosobrinos, no es solo la madre de los chamos, es la mujer que crió a Efraín Campoflores cuando su madre murió.

Efraín no era solo su sobrino, era casi su hijo.

Creció en su casa, comió en su mesa, durmió bajo su techo y cuando lo capturaron con 800 kg de cocaína, ella dio una rueda de prensa.

Esto es lo que dijo, textual.

Mis sobrinos fueron secuestrados.

Tengo las pruebas.

Las voy a presentar ante los tribunales.

Nunca presentó nada.

No dijo que estaba decepcionada, no dijo que había fallado como familia.

No dijo que su sobrino había tomado malas decisiones.

Dijo que lo habían secuestrado como si él fuera la víctima, como si la DEA hubiera inventado todo, como si los 800 kg de cocaína no existieran.

Como si las fotos de decapitados en su teléfono fueran mentira.

y después no fue a visitarlo a la cárcel.

En todos los años que estuvo preso, ni una sola vez la mujer que lo crió, que lo alimentó, que lo vio crecer, no fue a verlo.

Esa es Cilia Flores, la mujer que el chavismo presenta como la primera combatiente.

La mujer que defendió a Hugo Chávez cuando estaba preso por el golpe de 1992.

La mujer que fue presidenta de la Asamblea Nacional, la mujer que, según la acusación del distrito sur de Nueva York aceptó sobornos y actuó como intermediaria entre narcotraficantes y altos funcionarios venezolanos.

La acusación también dice que participó en redes de violencia para saldar deudas del narcotráfico.

Violencia.

la primera dama de Venezuela involucrada en violencia por deudas de drogas.

Y esta es la mujer que crió a tres hijos que robaron del programa de comida para pobres, que crió a un sobrino que intentó traficar 800 kg de cocaína para financiar su campaña política, que defendió públicamente al padre de sus hijos mientras él amenazaba con que el que se meta con la familia se seca.

Hay un refrán que dice que los hijos son el reflejo de los padres.

Si eso es verdad, ¿qué dice de Maduro y Cilia que todos sus hijos estén acusados de corrupción, narcotráfico o algo peor? ¿Qué clase de familia es esta? ¿Qué clase de ejemplo les dieron? ¿Qué les enseñaron en esa casa? La respuesta está en todo lo que te he contado.

Les enseñaron que son intocables.

Les enseñaron que el apellido lo protege todo.

Les enseñaron que pueden hacer lo que quieran sin consecuencias.

Les enseñaron que el que se mete con la familia se seca.

Y durante años tuvieron razón, pero ya no.

Porque el 94.

5% 5% de la población venezolana vive bajo la línea de pobreza.

El 76.

6% vive en pobreza extrema.

Hay niños que no saben lo que es comer tres veces al día y mientras eso pasaba, los hijos de Maduro vivían mejor que Pablo Escobar.

Esa contradicción no podía durar para siempre.

Algo tenía que romperse y se rompió.

Los padres construyen algo, los hijos lo destruyen.

Maduro llegó al poder con un discurso, sus hijos llegaron con un apellido y lo usaron para enriquecerse mientras su pueblo moría de hambre.

La revolución bolivariana no la destruyó el imperialismo ni la oposición, la destruyó la familia del líder.

Los que se suponía que iban a continuar el legado lo convirtieron en un cartel de drogas.

El que se meta con mi familia se seca.

Durante años Maduro tuvo razón.

Pero el 3 de enero de 2026 la familia Maduro descubrió algo que no esperaba.

que hay fuerzas más grandes que ellos, que hay límites que no se pueden cruzar, que puedes amenazar todo lo que quieras, pero al final nadie es intocable, que puedes robar todo lo que quieras, pero al final alguien está contando, que puedes escapar todo lo que quieras, pero al final el mundo es más pequeño de lo que crees.

Los padres están presos, los hijos siguen libres por ahora.

Pero hay algo diferente esta vez.

El mundo está mirando y la impunidad solo funciona cuando nadie está mirando.

Porque mientras haya gente contando esta historia, la impunidad tiene fecha de vencimiento.

Esta historia no ha terminado.

Los padres están en una celda.

Los hijos están en algún lugar del mundo con el dinero que robaron, pero ya no son intocables.

Ya no pueden esconderse detrás del apellido.

Y el que se meta con la familia Maduro ya no se seca.

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Compártelo con alguien que necesite saber esta historia, porque mientras más gente sepa, más difícil es que lo olviden y hay cosas que no se pueden olvidar.

La próxima semana, otra dinastía que destruyó un país.

Otra familia que creyó que podía hacer lo que quisiera sin consecuencias.

Otra historia que necesita ser contada, porque las historias que no se cuentan se olvidan y esta no se puede olvidar.

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