😱🔥 “A sus 36 años, Cristina Porta rompe el silencio y deja al mundo en shock 💔🎙️ — la confesión más impactante de su carrera 🌹💭” 🌪️✨

Mira, la idea del retiro se me complica.

Así empieza Cristina Porta, visiblemente más sincera que nunca, entre risas nerviosas y silencios incómodos, confiesa lo que nunca había dicho públicamente.

Dicen que no hagas cosas buenas que parezcan malas, pero a veces el amor te empuja a hacerlo igual.

por primera vez habla sin filtro sobre la traición de Alesca Génesis, una historia que asegura la marcó más de lo que dejó ver ante cámaras, pero no se queda ahí.

También revela su versión sobre el distanciamiento con un reconocido conductor español y lo que realmente ocurrió la noche en que decidió alejarse de la televisión.

Con su característico Tempel, Cristina reflexiona, “Si esa persona pudo, yo también puedo, porque lo que yo quiero no está afuera, está aquí en mí.

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” Ganadora de Top Chef Pipi, periodista de profesión, hoy confiesa que el mayor reto no fue cocinar, fue reconstruirse emocionalmente en medio de la tormenta mediática.

También gané una competencia en pareja con mi mejor amigo en España e hice lo mismo, manifestarlo.

Es algo que he aprendido.

No es magia, es darte seguridad a ti misma.

Es creerlo tanto que el universo no tiene opción más que conspirar contigo.

Y ahí está, frente a las cámaras la periodista española que se transformó en una de las figuras más comentadas de la televisión latina.

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Desde sus inicios en la sexta y Sálvame hasta cubrir un mundial en Rusia, Cristina rompió el molde para lanzarse al mundo de los realities.

Fue un salto sin red, pero lo necesitaba.

A veces hay que dejar de hacer lo correcto para hacer lo que te mueve.

En su paso por la casa de los famosos, confiesa que no conocía a nadie del elenco.

Yo venía del corazón español, me sabía todos los nombres allá, pero aquí nada.

Ni idea quién era Maripili Rivera, ni Lupillo, ni Alesca Génesis.

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Y claro, eso me pasó factura, porque en los realities de aquí se juega distinto y yo lo aprendí a golpes.

Entre risas que disimulan viejas heridas, Cristina sabe que el público espera lo inevitable, su versión.

Sí, tuve una relación con Luca Onestini y sí, terminó de la manera más catastrófica posible, pero de eso te hablaré más adelante.

Y también de Alesca, porque lo que pasó ahí no lo sabe nadie y es hora de contarlo.

Ahora, después de polémicas, traiciones y reinvenciones, Cristina vuelve a sentarse frente a las cámaras, no como concursante, sino como mujer.

Yo nací en Jeida, cerquita de Barcelona.

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Desde niña quería ser periodista.

Soñaba con contar historias, con estar frente a la cámara, pero nunca imaginé que la historia más intensa que terminaría contando sería la mía.

Yo estuve 2 años en Real Madrid Televisión y un día de repente me llaman y me dicen, “¿Quieres cubrir el Mundial?” Imagínate, era el sueño de cualquier periodista deportivo, pero también significaba dejar mi puesto en el Real Madrid, que para mí era como mi casa.

Soy madridista desde niña, lo digo siempre.

Y siendo catalana, ya te puedes imaginar las guerras que tenía en clase.

Ganaba el Madrid y yo iba con mi camiseta blanca rodeada de culés.

Siempre fui la que iba contra la corriente y eso se me quedó grabado.

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Por eso, cuando dicen, “Ella fuerza las cosas para tener protagonismo o para generar show”, yo pienso, “No, no es show.

Yo ya era así desde el colegio.

Esa rebeldía viene de fábrica, pero te voy a ser sincera, esa parte que muchos ven como controversial, no la planeo, no hay guion, no hay cálculo.

A veces simplemente soy yo y a la gente le gusta o le molesta, pero nunca es fingido.

Y claro, todo el mundo piensa que tengo algún enchufe, algún padrino en televisión.

Nada que ver.

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Mi padre es electricista, mi madre trabaja en una tienda, mis hermanas son médicas.

En mi familia nadie, absolutamente nadie, trabaja en los medios.

Todo lo conseguí a base de tocar puertas, insistir y no rendirme.

Mis padres siempre fueron muy claros conmigo.

Tienes que estudiar, tienes que tener una carrera, no vas a depender de nadie.

Y así lo hice.

Estudié periodismo y también publicidad y relaciones públicas por insistencia de mi madre.

Y te digo algo, esa segunda carrera, aunque no la ejercí, me ayudó a venderme muy bien, porque en este medio o te sabes vender o te borran.

Y mira qué curioso, cuando llegué a hacer mis prácticas en Sálvame, el programa más visto del corazón en España, yo le dije al director, “¿No me puedes poner en un programa más serio?” Y él me miró y me dijo, “Cristina, tú no eres seria, a ti te va esto.

” Tenía razón, no porque no fuera profesional, sino porque me encantaba la intensidad, la emoción, el contacto con la gente.

Después de eso, pasé a trabajar con Risto Mejide, otro gran comunicador y publicista en España.

Y ahí entendí algo.

En televisión, ser buena no basta.

Hay que tener carácter, presencia y verdad.

Mira, hubo un momento en mi vida en el que me quedé sin trabajo y me pongo a trabajar en una zapatería en pleno centro de Madrid.

Yo lloraba todos los días.

No me lo podía creer.

Decía, “No puede ser que esté aquí sabiendo todo lo que valgo, sabiendo el talento que tengo.

” Entonces, un día me armé de valor, entré en la página ristomejide.

com y le escribí directamente.

Le dije, “Oye, Risto, tú vas a las universidades a decir que la gente con talento siempre encuentra trabajo y yo no lo tengo.

Ponme a prueba.

” Y me llamó al día siguiente, así de loco.

me dijo, “Si de verdad quieres ser mi redactora, tienes 24 horas para entregarme un informe completo sobre este político.

No dormí esa noche, pero lo hice y al día siguiente estaba trabajando con él en el rincón de pensar.

Y así empezó todo.

Nada me lo regalaron.

Todo fue a base de tocar puertas, insistir y creer que podía.

Después vino el periodismo deportivo.

Buscaban a una chica con experiencia en el Real Madrid y yo, sin pensarlo, dije, “Sí.

Sí, yo tengo experiencia.

Cuando me senté frente al director, me preguntó, “¿Qué experiencia tienes?” Y le dije, “No la tengo, pero la voy a tener.

” Esa seguridad, esa forma de lanzarme sin miedo me abrió muchísimas puertas, pero también me trajo críticas.

En los realities la confunden con soberbia, con prepotencia, pero no es eso.

A mí me gusta la gente que cree en sí misma y yo soy así.

Sí, totalmente.

Yo me gané ese sí y no fue suerte, fue decisión, porque si yo no hubiera tenido el valor de escribir ese correo, no estaría aquí.

No fue atrevimiento, fue fe en mí.

Y sí, llegué a un lugar donde no sabía todo, pero tenía algo que para mí vale más que cualquier experiencia, las ganas de aprender.

Siempre lo digo, a mí nadie me ha regalado nada.

He llegado donde estoy por trabajo, por insistencia, por demostrar lo que valgo con hechos.

Y si me preguntas cómo hago para no bloquearme, creo que es porque no me doy el lujo de hacerlo.

No sé hacer pelota, no sé calentar el oído a nadie.

Por esta zona es muy común eso de tener relaciones con los altos cargos para subir y yo no sirvo para eso.

Soy más de demostrar con mi trabajo incansablemente, por ejemplo, en Top Chef, la noche antes de la final, dormí una hora y media llorando porque el postre no me salía, pero ahí estaba a las 3 de la mañana practicando una y otra vez.

Y así soy en todo.

Si gano o no gano, no lo sé, pero me voy a dormir orgullosa de haberlo dado todo.

He ganado competencias de cosas para las que no tengo talento natural.

Gané un programa de baile y canto siendo un palo y cantando fatal.

Pero esa semana contraté un coach, invertí más de lo que gané y lo hice igual.

Porque lo mío es eso, intentarlo hasta que salga.

No tengo tiempo de bloquearme, tengo tiempo de hacerlo, de seguir y sí, también he tenido mis límites claros.

Cuando trabajaba en Sálvame me ofrecieron un polígrafo sobre un tema delicado y les dije, “No voy a hablar de la mujer de mi amigo ni de eso.

” Y esa misma noche en directo anuncian que iban a incluir esas tres preguntas.

se fue a publicidad y yo dije, “Lo siento, pero no, no pasa nada, no cobro, no me importa, pero eso no lo voy a contestar.

” Y había una cámara oculta, lo sacaron y claro, mucha gente lo tomó como prepotencia.

Mira qué altiva, qué diva y no.

Lo que tengo son no negociables, muy caros, cosas que no se compran.

No tiene nada que ver con el dinero, tiene que ver con respeto, con coherencia.

Yo pongo condiciones en mis trabajos, no porque me crea más que nadie, sino porque necesito hacer las cosas convencida.

Si no lo siento, no lo hago.

Mira, yo contacté con un representante porque me hacía muchísima ilusión ir a Supervivientes.

Desde siempre me llamaban la atención los retos físicos, la competencia, la adrenalina.

Soy deportista, me gusta exigirme y claro, Supervivientes es como el serí americano, pero en España te llevan a una isla sin comida, sin nada y que Dios reparta suerte.

Hice todo el proceso del casting y llegué hasta la fase final, pero me dijeron, “Mira, la verdad eres periodista deportiva, pero no muy conocida.

Al final han decidido que no.

” Y yo dije, “Perfecto, no pasa nada.

” A los meses, el mismo representante me llama y me dice, “Oye, quiero presentar tu candidatura para Gran Hermano VIP.

” Y yo le contesto, “Vamos a ver, si me han dicho que no a Supervivientes, menos me van a decir que sí a un VIP.

” Pero bueno, fui igual.

Hice el casting, hablé tal y como soy, sin filtros, con mi carácter.

Les dije que me encantaban los realities desde pequeña, que mi madre me hizo fan de eso y que no lo veía como algo menor.

La gente dice que es telebasura, pero no tiene nada que ver.

Puedes ver un dialey y también leer un libro o ver un partido de Champions.

No te quita nivel intelectual.

Lo curioso es que en España entrar a un diality te resta valor.

No es como en Latinoamérica o Estados Unidos donde un conductor o un artista puede participar y seguir trabajando en televisión sin problema.

En España, si entras a un reality es muy difícil volver al periodismo serio, pero yo lo hice igual porque si algo me llama lo intento y al final me dijeron que sí.

Entré en Gran Hermano VIP, que al final se llamó Secret Story y ahí estaba, rodeada de famosos, cada uno con su historia, sus egos y sus estrategias.

Y te soy sincera, fui la protagonista de la edición.

Quedé segunda, pero la gente se quedó con mi nombre.

Nadie me conocía al entrar y eso fue lo que más me motivó.

Era periodista deportiva, una desconocida total, pero en cuestión de semanas la gente conectó conmigo, con mi forma de ser, con mi energía.

Y me acuerdo que muchos me preguntaban lo mismo que tú le dijiste a Luca Onestini.

¿Cómo es posible que sin ser conocida llegues tan lejos? Y yo siempre digo lo mismo.

O eres tú misma y la gente lo siente o haces teatro.

Y yo no sé actuar.

Yo simplemente fui yo con mis aciertos, mis errores, mis impulsos, mis lágrimas y mi carácter.

Y parece que la gente al final siempre se queda con eso, con lo auténtico.

Mira, yo fui con todo, sin máscara.

No te voy a decir ya que hacen otros, pero yo fui como soy completamente.

Y creo que esa inocencia del primer reality, de no saber muy bien cómo va la cosa, me jugó a favor, porque cuando hay un 24 horas, la gente que conecta contigo lo hace de verdad.

No puedes fingir tanto tiempo si no tienes experiencia.

Si ya tienes tablas, puedes jugar más.

Pero yo en ese momento era totalmente transparente.

Ahora, claro, ya tengo más experiencia, muchísima más.

aunque a veces no lo parezca, pero en aquel momento era todo nuevo para mí.

Y sí, tuve varios encontronazos con Adames.

Fue real, fue genuino, no hay libreto, no hay guion, simplemente hubo un choque de personalidades enorme.

Somos muy distintos y cuando metes a dos personas intensas en una casa cerrada, o conectas o explotas y nosotros explotamos.

Mucha gente piensa que esas discusiones son por show, pero no.

El real Leti saca lo mejor y lo peor de ti y si tienes carácter, se nota.

De hecho, después me invitaron a participar en la siguiente temporada de la casa de los famosos y dije que no, ya pasé esa etapa, lo viví, lo disfruté, lo sufrí y aprendí muchísimo.

Fue una etapa dura, pero también muy buena.

En un día Letí descubres cosas de ti que no conocías.

Te ves reaccionar de formas que ni imaginabas.

Es un espejo brutal.

Y sí, hay momentos en los que te sobrepasa, hay días en los que dices, “No puedo más.

” Recuerdo que cuando salí y empecé a verme en pantalla, uf, fue como ver un accidente a cámara lenta.

Decía, “¿Qué dije ahí? ¿Por qué reaccioné así?” Y sí, claro que me arrepentí, pero no de lo que todos creen.

Me arrepentí de no haber hecho más, más locuras, más maldades, más de todo, porque al final los realities son eso, pura intensidad.

Y aunque hay momentos duros, también hay un equipo de psicólogos detrás que te sostiene.

Gracias a Dios, si no hubieran estado ahí, sinceramente creo que me habría ido.

En un punto mentalmente estaba muy mal.

Me desbordé y por eso siempre digo, un dialet no es para todo el mundo.

Desde fuera parece divertido, pero ahí dentro el tiempo no pasa.

Las emociones se multiplican por 10.

Yo admiro a quien lo aguanta de verdad.

Yo misma, después de todo, lo pienso y digo, no sé si podría volver a hacerlo.

¿Sabes qué? Al final hay un síndrome de la casa que no te quieres ir.

A mí me ha pasado con las dos casas.

No volvería ahora mismo, eso lo tengo clarísimo, pero cuando estás dentro, llega un momento en que esa se convierte en tu realidad.

Te olvidas completamente del mundo de fuera.

Obviamente echas de menos a tu familia, pero te sientes como protegida.

Es tu rutina, tus personas, tu burbuja.

Y lo peor es cuando sales, porque de repente, pum, una patada a la puerta y todo el mundo afuera comenta lo que has vivido, lo que dijiste, lo que hiciste, lo que sentiste.

Es muy extraño, de verdad.

Te sientes como un pollito saliendo del cascarón, vulnerable, confundida.

Y sí, es un poco síndrome de Estocolmo.

La casa termina siendo tu secuestrador y tú ni te das cuenta.

Yo lo he sentido así completamente.

Y entonces, ¿cuándo conoces a Luca? En Secret Story, el primer reality.

Bueno, en realidad fue ahí donde lo conocí, pero ninguno de los dos sabía quién era el otro.

No tenía ni idea de quién era él ni el de quién era yo.

Todo fue muy natural, muy de dentro.

Y sí, hubo un acercamiento.

Tuvimos un rollo.

Sí, fue un romance.

Pero, ¿sabes qué pasa? Me cuesta hablar de ese tema, no porque me duela, sino porque lo veo tan pasado ya.

Y como periodista, no me gusta caer en él.

No voy a hablar de esto porque al final se vio.

Sería absurdo fingir que no pasó.

Estábamos en un reality.

Hubo cámaras exclusivas, portadas, entrevistas.

O sea, negarlo sería mentir y yo no soy mentirosa.

Formó parte de mi pasado.

No es algo que destaque en mi vida hoy.

No me representa.

Lo viví, aprendí y seguí adelante.

Hablé del tema hace poco cuando estaba participando en All Stars porque trabajaba en Telemundo y tenía que comentar lo que pasaba dentro del diality y claro, conocía a esa persona igual que conocía a Alesca.

Pero más allá de eso, ya no hay emoción, ya no hay historia y entiendo que haya curiosidad porque fue algo muy mediático, muy visible, pero para mí es algo cerrado y depende mucho de cada quien.

Hay quienes juegan, quienes calculan, quienes crean estrategias.

Yo no, yo soy exactamente igual dentro y fuera de los realities.

Y te digo algo, ojalá pudiera hacer un personaje, porque si lo hiciera no me dolería tanto cuando me atacan, cuando me juzgan.

Pero no soy así.

Aunque me veas fuerte, directa, a veces confrontativa, he sufrido mucho después de los realities.

Me habría encantado ponerme un impermeable emocional que nada me afectara, pero no puedo.

Soy sensible y cuando conecto, conecto de verdad.

Eso sí, todo lo que sufrí en Secret Story ya lo viví mucho más liviano en la casa de los famosos.

Y hoy te digo sinceramente, lo que digan de mí en un reality ya no me afecta.

Me vacuné emocionalmente y hablando de eso, yo sé que esta pregunta no es cómoda, pero tengo que hacerla porque aquí también estuvo Pablo Quebedo y él habló de la situación sentimental y emocional que vivió contigo, que según sus palabras afectó su matrimonio.

Mira, en la vida todo depende del enfoque con el que mires las cosas.

Toda mujer quiere verse bella, sentirse segura, ser ella misma.

Y en los realities esa conexión puede confundirse, intensificarse o malinterpretarse, pero la verdad no.

No me siento responsable.

Y te lo voy a explicar con una metáfora muy simple.

¿Ves este lunar? Se nota un poquito, ¿no? Pero si me acerco lo ves más.

Pues así pasa en la vida.

Hay personas que fueron solo un punto en tu historia, algo mínimo, momentáneo, sin mayor trascendencia.

Y claro, depende del lugar emocional en el que esté cada uno.

Eso puede sentirse de una forma distinta.

Para mí fue algo super temporal, algo que se vivió en su momento y quedó ahí.

Yo no niego nada, pero tampoco lo sobredimensiono.

Yo no entiendo la obsesión desmedida hacia mi persona.

De verdad no la entiendo.

Pero bueno, cada uno vive las cosas a su manera y te juro que aunque a veces parezca fría, no lo soy.

Soy muy humana, solo que aprendí a protegerme porque cuando has pasado por ciertas cosas tienes que poner límites emocionales.

Y claro, lo que tú dices tiene sentido.

Para mí no significó más que lo que fue.

Pero para la otra persona probablemente sí.

Todo depende del momento emocional en el que cada uno esté.

Y justo me sacas dos nombres, dos nombres que casualmente tienen algo en común.

Los dos son mentirosos.

Así de claro, cada uno que cuente su versión, yo cuento la mía y el público elige la que quiera creer, eso está bien.

Pero la realidad es que ese rasgo, la manipulación, el ego, la mentira es lo que los une.

Y lo digo sin rencor, simplemente es así, porque al final mentir y negar cosas que todos vimos solo para dañar a la otra persona es un rasgo narcisista y quien quiera entenderlo lo va a entender.

Yo no me identifico en absoluto con eso.

No tengo nada que esconder ni necesidad de limpiar mi imagen porque ya lo he contado todo en su momento.

Esos temas me quedan muy lejos emocionalmente hablando.

Lo único que tenemos en común es que coincidimos en dialectis nada más.

No fueron personas importantes en mi vida ni lo serán.

Y para cerrar este tema, tranquilo, no me da apuro.

Yo contesto lo que quiero contestar y punto.

No tengo ningún problema con eso, aunque prefiera no hablar de estas personas, pero entiendo que tú tengas que hacer las preguntas.

Es tu trabajo.

Y sí, claro, estos realities tienen un seguimiento enorme.

A veces parece que la gente no distingue la pantalla de la vida real.

Por eso también surgió esa historia con Paco en Top Chef Pip.

Y claro, ya se sabe, me dicen que parezco marinera, un amor en cada reality, pero no, no es así.

Simplemente al público le encanta el amor.

No hay nada que guste más a los espectadores de un diale que ver a dos personas conectar, enamorarse, discutir, reconciliarse.

El amor vende y si no lo tienes, te lo inventan.

Mira, yo no suelo hablar de estas cosas, pero como se ha dicho tanto, prefiero que quede claro de una vez.

Todo el mundo habla de la traición de Alesca como si fuera una historia de telenovela.

Y sí, fue una traición, pero no solo personal, también humana.

Porque cuando tú compartes techo, trabajo y confianza con alguien y luego esa persona usa eso para obtener protagonismo, eso no es estrategia, eso es falta de valores.

A mí me sorprende como algunas personas pueden vender una versión de víctima después de jugar sucio.

Y no lo digo desde el rencor porque ya superé eso, sino desde la decepción.

No me dolió perder una amistad, me dolió darme cuenta de que nunca existió.

Y sí, sé que se ha hablado de mi carácter, que si soy fría, que si tengo ego, que si me gusta el show, pero no, lo que pasa es que cuando una mujer habla claro y no se deja manipular, enseguida la etiquetan.

A mí me han llamado soberbia y, sin embargo, a ellos los aplauden por mentir con carisma.

Yo no necesito inventar historias para seguir vigente.

Mi carrera no se ha construido sobre escándalos, sino sobre trabajo.

Pero también soy humana y cuando me atacan, respondo, no me escondo detrás de un personaje.

Lo de Alesca fue la gota que me hizo abrir los ojos.

Entendí que en este medio hay gente que se disfraza muy bien y que no todos los que se te acercan quieren conocerte.

Algunos solo quieren copiarte o usarte.

Y lo peor es que después de todo eso todavía se atreven a manipular el discurso.

Yo no miento, no necesito hacerlo.

Las evidencias están ahí.

Quien quiera creer lo contrario, perfecto.

Pero el tiempo pone a todos en su lugar.

Y sobre los otros nombres que se han mencionado, solo diré esto.

No todo lo que brilla es oro.

Y no todos los que sonríen frente a cámara son buenas personas.

Algunos viven de crear titulares.

Yo, en cambio, prefiero vivir tranquila.

Ya he aprendido que en este mundo hay amores de dialety, amistades de conveniencia y verdades que duelen.

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