😱🕯️💔 El presentimiento que no se explica, el corazón de una madre en alerta y las horas previas que hoy estremecen con el nombre de Yeison Jiménez 🌪️🎶

Unas horas antes de que Jason Jiménez viviera el accidente que estuvo a punto de arrebatarnos su vida, yo ya tenía el corazón inquieto, como si algo me estuviera avisando.

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Soy Luz Mery Galeano, su mamá, y hay cosas que una madre siente sin necesidad de explicaciones.

Aquella mañana me desperté con una sensación extraña.

Recordé cuando Jason era niño y yo no lo dejaba salir a jugar porque algo dentro de mí me decía que no era buen día y casi siempre tenía razón.

Con él siempre fue igual.

Mi hijo tenía apenas 34 años, una carrera bendecida, un público que lo amaba y tantos sueños por cumplir, pero desde hacía meses yo sentía que una sombra lo rondaba.

Él mismo me confesó que soñaba seguido con aviones, con caídas, con su nombre apareciendo en las noticias después de una tragedia.

Y aunque lo decía tratando de restarle importancia, yo sabía que esos sueños no nacen del aire.

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Cada vez que iba a volar en avioneta, mi pecho se apretaba y lo llamaba para decirle que tuviera cuidado, que no forzara nada, que escuchara las señales.

Ese día, antes de que pasara todo, lo llamé y le dije lo mismo de siempre, pero con más miedo que nunca.

Él, con su forma tan noble, me calmó.

Me dijo que confiara en Dios y me prometió que iba a estar bien.

Lo abracé con palabras, como solo una madre sabe hacerlo, sin imaginar que minutos después la vida nos pondría frente a una prueba que jamás olvidaríamos.

Esa corazonada no me abandonó nunca y desde entonces entendí que el amor de una madre también es una forma de advertencia.

Ese día Jason salió como siempre con su manager y su equipo rumbo a cumplir con su trabajo, porque él era así, muy responsable y muy entregado a su música.

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Cuenta Luz Mary Galeano en medio de la entrevista con la voz todavía cargada de emoción.

Jamás pensamos que ese viaje marcaría un antes y un después en nuestras vidas.

Cuando a mí me avisaron lo que había pasado, sentí que el mundo se me apagó por unos segundos, como si el tiempo se hubiera detenido y todo aquello que yo venía sintiendo en el corazón se hubiera vuelto realidad.

La mamá del cantante recuerda que Jason no era solo el artista que la gente veía en el escenario, sino un hijo profundamente sensible que hablaba de la muerte con una madurez que a ella siempre le impresionó.

Antes de muchos vuelos me llamaba, no para hablar de conciertos ni de contratos, sino para oírme, para que yo le dijera, “Dios lo bendiga, hijo.

” Y colgaba más tranquilo.

Era como si buscara esa protección de mamá.

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Hoy, mientras las autoridades siguen investigando lo ocurrido, Luz M asegura que en su corazón quedó la certeza de que algo se estaba anunciando.

Yo hice lo que pude advertirlo, amarlo y acompañarlo desde el amor.

También recuerda como desde muy joven Jason entendió que la música popular no era solo cantar, sino contar verdades que dolían y sanaban al mismo tiempo.

Por eso conectó con tanta gente.

A mí siempre me decían que él no se parecía a nadie, que tenía carácter y valentía.

Y yo lo confirmaba cada vez que lo veía en una tarima.

Jason no subía a lucirse, subía a entregarse por completo como lo hacía en la vida.

Yo me acuerdo perfectamente de los primeros pasos de Jason cuando todo era incertidumbre y ganas, relata Luz Mary Galeano durante la conversación.

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Grababa sus primeras canciones casi a ciegas, sin saber si alguien las iba a escuchar, pero con una fe enorme.

Te deseo lo mejor.

fue apenas la puerta de entrada a un camino que él construyó con sacrificio, disco tras disco, aprendiendo a los golpes, cayéndose y volviéndose a levantar sin perder la humildad.

Su madre cuenta que fue testigo de cómo pasó de cantar en espacios pequeños, donde muchas veces el público cabía en una sola mesa, a pararse en escenarios que jamás se había atrevido a soñar.

Nunca se le subió nada a la cabeza.

siempre mantuvo los pies en la tierra y el corazón agradecido.

Cuando llegó el día de mi promesa y Jason llenó él solo el estadio El Campín, Luz Mary entendió la magnitud de lo que estaba viviendo.

Ahí supe que ese niño de pueblo estaba haciendo historia, no solo por él, sino por la música popular que durante años fue tan menospreciada.

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Recuerda que esa noche él la abrazó fuerte y le dijo que todo había valido la pena, que cada sacrificio tenía sentido.

Sin embargo, detrás del éxito, la vida seguía siendo dura.

Jason vivía viajando, pensando en nuevas canciones, en proyectos, en cómo sorprender a su gente.

Muchas veces llegaba cansado, callado y se sentaba conmigo como cuando era chiquito.

Me decía que la fama no lo hacía sentirse invencible, que también tenía miedos, inquietudes, cosas que no le contaba a nadie más.

Conmigo se permitía ser solo mi hijo.

Yo lo escuchaba con atención y le hablaba desde el amor de madre.

Cuenta Luz Mary Galeano en la entrevista con la mirada perdida en los recuerdos.

Siempre le decía que se cuidara, que no todo podía ser trabajo, que el cuerpo y el alma también se cansan, aunque uno no lo quiera aceptar.

Para ella, el día en que Jason se fue, todo ocurrió de una manera tan rápida que todavía le cuesta asimilarlo.

Mientras el país trataba de entender que había pasado y las autoridades hacían su trabajo, yo no podía dejar de pensar en su sonrisa, en esa forma tan suya de decirme mamá, en los planes que todavía tenía guardados.

Recuerda que cuando cayó la tarde, la oscuridad no fue solo del cielo.

Fue una tristeza que se metió en el corazón de millones de personas que crecieron con sus canciones.

Porque Jason no solo cantaba, él acompañaba historias.

Hoy sus melodías duelen distinto, sus letras suenan como despedidas, pero también como consuelo.

Mi hijo nació del pueblo y llegó muy alto, sin perder su esencia, sin dejar de ser humilde.

Con el paso de las horas, mientras el dolor se iba asentando en el pecho, Lu Mary empezó a comprender que todo sucedió en cuestión de instantes.

Ese viaje que él emprendió con la ilusión de cumplirle a su gente terminó de forma inesperada en un lugar silencioso, lejos de los aplausos que tanto amaba.

Para ella, Jason no es la noticia que recorrió el país, sino el hombre disciplinado y apasionado que se hizo a pulso, el artista que se ganó el cariño del público porque jamás fingió ser alguien distinto.

Jason venía de días muy fuertes, de presentaciones una tras otra, de horas en carretera junto a su equipo, que para él no eran solo compañeros de trabajo, eran casi familia, relata Luz Mery Galeano durante la entrevista.

Con ellos compartía el cansancio, las risas, los sueños y también las preocupaciones.

Recuerda que esa noche tenía otro compromiso más, otro encuentro con su público, porque su hijo era así, cumplido hasta el final, incapaz de fallarle a la gente que lo esperaba con tanta ilusión.

Cuando llegó la confirmación oficial, sentí que el tiempo se me paró en seco, pero también entendí que más allá de cualquier explicación quedaba un vacío que nadie podía llenar, el de un hijo que vivía para cantar.

que se subía a un vehículo pensando en la próxima canción, en el próximo abrazo con su público, sin imaginar que ese trayecto sería el último.

Hoy, dice Luqueras que él ya no recorrerá y escenarios que todavía parecen guardar su eco.

Hay corazones que no entienden como una vida tan intensa, tan entregada y tan luminosa pudo apagarse de repente.

Para ella, detrás del nombre que el país aprendió a corear, siempre estuvo el niño inquieto que encontró en la música una forma de resistir.

Desde muy pequeño buscó cómo ayudar en la casa, cómo hacerse escuchar y en ese camino aprendió que nada llegaba fácil.

Esa lucha temprana fue la que lo convirtió en el hombre y el artista que el país conoció.

Jason creció aprendiendo a madrugar y a esforzarse el doble, porque desde muy joven entendió que nada le iba a llegar regalado, dice Luigaleano durante la entrevista con una mezcla de orgullo y nostalgia.

Escuchaba historias ajenas con una atención que me sorprendía.

Se quedaba callado oyendo a la gente y después, en silencio, las transformaba en versos.

Su madre recuerda que muchas de sus canciones nacieron de ahí, de charlas sencillas en la calle, de trayectos largos después del cansancio, de observar a la gente común y ponerle palabras a sus alegrías y a sus dolores.

Jason no escribía para impresionar a nadie, escribía para decir la verdad y por eso su música terminó siendo tan cercana.

Cada logro, asegura, fue fruto de una disciplina que se formó en la adversidad de no rendirse cuando parecía que nadie lo estaba mirando.

En los últimos tiempos vivía con el ritmo acelerado de quien siente que su momento había llegado, viajaba, componía, soñaba con nuevos proyectos, sin imaginar que uno de esos recorridos de siempre marcaría un final tan doloroso.

Hoy se habla de procedimientos y de escenas difíciles, agrega Luz Mary.

Pero yo prefiero quedarme con la imagen de mi hijo perseverante, del compositor incansable que convirtió su historia en canciones.

Mientras todo ocurría lejos de ella, solo podía imaginar movimientos apresurados y rostros serios, personas haciendo su trabajo con respeto, tratando de poner orden en medio de una tragedia que ya no tenía vuelta atrás.

En ese lugar no solo terminó un trayecto, ahí quedó suspendida una vida entera construida con sacrificio y con sueños alcanzados a pulso.

Con el pasar de las horas, el país fue entendiendo que Jason no había llegado a su destino, que ese compromiso más, uno de tantos que asumía con una responsabilidad admirable, ya no se iba a cumplir.

Sonia recuerda que él vivía con una agenda exigente, con días interminables y noches cortas, porque era plenamente consciente de que estaba atravesando uno de los momentos más importantes de su carrera y no quería desaprovecharlo.

Por eso el impacto fue tan fuerte.

No se fue solo un cantante, se fue un referente, un hombre que trascendió el escenario y se convirtió en ejemplo, en jurado, en guía para muchos jóvenes que veían en su historia una posibilidad real de salir adelante.

Para ella, Jason fue desde niño un soñador incansable, convencido de que la música era su camino, atreviéndose a competir, a mostrarse y a creer, incluso cuando otros dudaban.

Con los años rompió límites que parecían imposibles para su género.

Logró cosas que antes no existían y dejó canciones que hoy siguen vivas en la memoria y en el corazón de la gente.

Nada de lo que Jason logró fue casualidad”, dijo Sonia Restrepo en sus declaraciones.

Todo fue el resultado de un trabajo constante, de una disciplina silenciosa y de una conexión honesta con el público que lo sentía como alguien cercano, como propio.

Para ella, aunque hoy todo parezca envuelto en un silencio difícil de aceptar, la huella que dejó sigue intacta porque fue sembrada desde la verdad y no desde la apariencia.

Sonia recuerda con claridad ese día pensando en la gente que lo esperaba sin saber lo que estaba ocurriendo.

Yo no podía dejar de imaginar esos rostros llenos de ilusión.

Personas que habían organizado su día para ir a verlo cantar como tantas otras veces.

En algún lugar, dice, había familias completas, jóvenes y adultos reunidos por la música y de repente todo quedó suspendido en una espera que nunca tuvo respuesta.

No hubo anuncio alegre ni prueba de sonido, solo una sensación rara que empezó a recorrer el ambiente hasta que el silencio lo ocupó todo.

A Sonia le dolía imaginar los escenarios vacíos, las luces encendidas sin sentido, porque Jason vivía para cumplir, para llegar, para no fallarle a nadie.

Mientras el país empezaba a entender lo que estaba pasando, yo sentía que lo imposible poco a poco se iba volviendo real.

“Mi hijo estaba viviendo un momento muy pleno”, expresó Sonia Restrepo en la entrevista con la voz firme pero cargada de emoción.

Tenía proyectos nuevos, presentaciones seguidas y esa energía intacta de quien ama profundamente lo que hace.

Cuenta que días antes habían hablado de planes, de canciones que quería grabar, de todo lo que venía más adelante y por eso aceptar lo ocurrido ha sido tan difícil.

Nada hacía pensar que la vida podía detenerse así, sin aviso, en medio de un trayecto que parecía uno más.

No fue una despedida anunciada, fue una pausa brutal que nadie esperaba.

Luego llegaron imágenes imposibles de borrar, de esas que se quedan grabadas aunque uno cierre los ojos.

Para Colombia fue un golpe seco, para mí fue el momento en que el mundo se partió en dos.

Sonia recuerda que Jason se fue siendo joven, cercano, convertido en una voz que muchos sentían propia, dejando un dolor que no distingue edades ni lugares.

Hoy quedan canciones que ya no suenan igual, tarimas que lo recuerdan en silencio y un país entero tratando de entender como una vida tan llena de sueños, trabajo y amor por la gente pudo apagarse de forma tan inesperada.

Para ella, su historia siempre empieza mucho antes de la fama.

Jason venía de abajo, de una vida sencilla, de aprender desde temprano el valor del trabajo y la disciplina.

Nada le fue regalado y por eso defendía su camino con tanto orgullo.

La música lo habitaba desde niño, no como un pasatiempo, sino como una certeza profunda que lo acompañó hasta el final.

Yo fui testigo de todo ese camino desde el principio, cuenta Luz Mary, la mamá de Jason, durante la entrevista.

Lo vi subirse a escenario siendo casi un niño, pararse frente al público sin miedo y volver a la casa con los ojos brillantes como si ya supiera que ese era su lugar.

Con el paso del tiempo, recuerda, mientras él crecía, también lo hacían sus responsabilidades.

Ayudaba en lo que podía, componía en silencio, soñaba despierto y trabajaba sin descanso.

Cuando llegó la adolescencia, ya tenía claro que su voz no era solo un talento, era su herramienta y su destino.

Luz Mary explica que Jason escribía desde lo que vivía y observaba, desde lo que dolía y por eso sus canciones siempre sonaron tan reales.

Hoy su partida deja un vacío que no se puede medir en giras ni en números, sino en el silencio que quedó donde antes había esperanza y música.

Para ella se fue un capítulo irrepetible.

Se fue mi hijo, un artista y un ejemplo de que los sueños se pueden cumplir, pero también pueden doler cuando se apagan demasiado pronto.

Con los años, dice, Jason fue encontrando su propia voz, no solo la que cantaba, sino la que decía lo que muchos callaban.

Cada canción hacía de vivencias reales, de momentos duros y de aprendizajes que la vida le fue imponiendo, y por eso la gente sentía que él hablaba por ellos.

Sin buscar atajos, fue construyendo un camino sólido en un género que durante mucho tiempo fue subestimado, logrando que su música cruzara fronteras invisibles y llegara a lugares donde antes no era común escucharla.

Yo vi como las letras de Jason empezaron a meterse en la vida de la gente sin que él siquiera se diera cuenta.

Dice Luz Mary, su mamá, en medio de la entrevista.

Me contaban que sus canciones acompañaban madrugadas largas, viajes silenciosos, jornadas duras de trabajo y para mí eso era la mayor bendición.

Con el tiempo, todo lo que vino fue consecuencia de esa constancia.

Escenarios que parecían imposibles, públicos inmensos cantando sus canciones de principio a fin y un cariño que superó cualquier expectativa.

Jason entendió que ya no estaba contando solo su historia, sino la de muchos que se vieron reflejados en la suya.

La tecnología ayudó a que su voz llegara más lejos de lo que jamás imaginó, cruzando fronteras y conectando con personas de otros países que encontraron en su música un espejo de sus propias vidas.

Hoy al mirar atrás, Luz Mary siente que su trayectoria pesa distinto.

No fue solo una carrera exitosa, fue un legado construido desde abajo con paciencia y con verdad.

Aunque su voz ya no esté, sus canciones siguen vivas, recordando que los sueños pueden abrirse camino incluso en los terrenos más difíciles.

A mí me duele pensar que sin saberlo Jason se estaba despidiendo a su manera.

Horas antes había estado haciendo lo que más amaba, entregándose completo, sonriendo con esa alegría que solo le daba la música y la gente.

Nada en su mirada anunciaba un final, al contrario, se veía lleno, agradecido, profundamente vivo.

Después de ese momento, todo cambió de una forma tan rápida que todavía cuesta entenderlo.

Relata Luz Mary, la mamá de Jason, durante la entrevista.

Fue como si la vida se hubiera cerrado de golpe, sin avisar y sin dar tiempo a asimilar nada.

Ella recuerda que su hijo nunca se detuvo ni bajó el ritmo porque así era él, fiel a su camino, a su responsabilidad y a ese sueño que defendió hasta el final.

Jason siguió adelante como siempre lo hizo y así se fue en movimiento con el corazón puesto en lo que amaba.

Para Luz Mary, mientras para muchos fue solo un instante, para ella fue el momento en que el tiempo se rompió por completo.

Mi hijo dejó su historia escrita en canciones, en recuerdos, en la emoción de quienes lo escucharon.

Y aunque su partida fue repentina, su amor por la música quedó sembrado para siempre.

Con voz serena, pero cargada de dolor, confiesa que solo puede imaginar ese instante como una lucha silenciosa, un segundo breve en el que todo quedó suspendido en algo que nadie pudo controlar.

Sé que no iba solo, que estaba acompañado por personas que habían caminado a su lado durante años, compañeros de ruta con los que compartió madrugadas, cansancio y la misma ilusión de llevar su música a cada rincón.

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No.

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