Nicolás Maduro escucha este clamor.

Para m es un millones buscando un poco de amor.
Nicolás Maduro poder no nos va a callar.
Pueblo unido para mí es un no.
Sí, como leíste en el título del video, Nicolás Maduro es mi padre.
¿Y por qué te presentas a Gotal? He tomado una decisión.
Voy a contar la verdad.
Voy a revelar quién soy.
Sé que es peligroso.
Sé que me pueden tildar de mentiroso, de oportunista, de enemigo.
Sé que su maquinaria puede intentar destruirme, desacreditarme, hacerme desaparecer de las redes de la vida pública o algo peor.
Pero ya no me importa porque no hago esto por venganza, no lo hago por dinero o por apellido.

Lo hago porque hay miles, millones de venezolanos que también han sido abandonados por este gobierno, que también fueron olvidados, que también merecían algo mejor y recibieron migajas, promesas vacías, discursos huecos.
Yo soy la prueba viviente de su hipocresía.
Quédate hasta el final porque lo que te voy a contar sobre Nicolás Maduro es muy fuerte.
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Me llamo Andrés, tengo 18 años y durante toda mi vida he cargado con un secreto que me ha perseguido como una sombra que no puedo borrar.
Un secreto que mi madre me susurró entre lágrimas cuando cumplí 15 años con las manos temblorosas sosteniendo una fotografía vieja y gastada.
Sí, este Nicolás Maduro, el que aparece en las noticias, el que gobierna desde el palacio de Miraflores, el que promete pan mientras el pueblo tiene hambre.
Crecí en un barrio de Caracas donde el agua llega dos veces por semana si tenemos suerte.

Mi madre trabajó como enfermera durante años.
Turnos dobles, noches sin dormir, todo para que yo pudiera comer.
Compartimos un apartamento de dos habitaciones con mi abuela y mis dos tíos.
Las paredes tienen grietas que parecen mapas de ríos secos.
Mientras tanto, él vivía en palacios.
Sus hijos reconocidos iban a colegios privados, viajaban al extranjero, publicaban fotos en redes sociales con relojes que cuentan más que todo lo que mi familia ha ganado en una década.
Yo hacía fila por horas para conseguir harina.
Estudiaba con velas cuando se iba la luz.
Usaba los zapatos de mi primo hasta que se me quedaban pequeños.
Durante años guardé silencio.
Mi madre me rogaba que no dijera nada.

“Nos destruirá”, decía.
tiene poder para borrarnos del mapa.
Tenía miedo y yo también.
Pero el miedo se fue transformando en rabia.
Una rabia que crecía cada vez que lo veía en la televisión hablando del pueblo, de los nuestros, de la patria.
¿Qué sabe él del pueblo? ¿Qué sabe de madrugar con el estómago vacío? Debed a tu madre llorar porque no alcanza para las medicinas de la abuela.
Cumplí 18 años el mes pasado.
Soy mayor de edad.
y me di cuenta de algo.
Ya no puedo seguir viviendo con esta mentira enquistada en mi pecho como una bala que no sale.
Tengo pruebas.
Cartas que él le escribió a mi madre antes de que yo naciera, fotografías donde aparecen juntos.
Mensajes.

Mi madre nunca las destruyó, creo que porque en el fondo siempre esperó que él hiciera lo correcto, que me reconociera, que fuera, aunque sea una vez un padre.
Pero los años pasaron y ese hombre nunca tocó nuestra puerta, nunca preguntó cómo estaba su hijo, nunca envió dinero para ayudar, nunca.
Y mientras tanto seguía dando discursos sobre la igualdad, la justicia social, el amor por el pueblo.
¿Qué justicia? ¿Qué amor si ni siquiera pudo amar a su propio hijo? No elegí nacer como su hijo.
No elegí cargar con este apellido que él nunca me dio.
No elegí crecer en la pobreza mientras mis hermanos de sangre vivían en la abundancia.
Pero sí elijo hablar.
Elijo pararme frente al mundo y decir, “Aquí estoy.
Soy el hijo que Nicolás Maduro abandonó.
Soy el hijo al que le negó un padre porque era políticamente inconveniente.
Soy el hijo que creció con hambre mientras él banqueteaba.
Y si me escuchan o no, si me creen o no, eso ya no está en mis manos.
Pero al menos podré dormir sabiendo que dije la verdad, que no fui cómplice de la mentira, que no me quedé callado.
Mi nombre es Andrés, tengo 18 años y soy el hijo no reconocido de Nicolás Maduro.
Esta es mi historia, esta es mi verdad y a partir de hoy el silencio se rompe.
Que cada venezolano que me escuche sepa esto.
Y él pudo abandonar a su propia sangre, ¿qué hará con un pueblo entero? Si no tuvo compasión por su hijo, ¿cómo puede tenerla por ustedes? Ya no tengo miedo, ya no me escondo.
El poder puede intentar silenciarme, pero la verdad tiene una forma de sobredimir, de filtrarse, de llegar a donde tiene que llegar.
Y mi verdad es esta.
Él nunca fue mi padre, pero ustedes, el pueblo, merecen saber quién es realmente el hombre que dice hablar en su nombre.
Ahora voy a cantarle una canción a la libertad de Venezuela.
[Aplausos] Calles vacías, sueños que se van.
Niños con hambre y nada que cenar.
El sol se oculta detrás del dolor.
El pueblo lucha, pero siente temor.
Mientras unos viven en palacios de oro, otros caminan cargando su llanto y su coraje.
Nicolás Maduro escucha este clamor.
Somos millones buscando un poco de amor.
Nicolás Maduro, tu poder no nos va a callar.
El pueblo unido quiere despertar.
Hospitales rotos, esperanzas perdidas.
La gente sueña con mejores vidas.
Luces brillan en mansiones sin fin, mientras afuera nadie tienden para vivir.
El hambre y la tristeza golpean sin parar, pero nuestra voz no la pueden apagar.
Nicolás Maduro, escucha este clamor.
Somos millones buscando un poco de amor.
Nicolás Maduro, tu poder no nos va a callar.
El pueblo unido [Aplausos] quiere despertar.
[Aplausos] Gritos que se elevan entre el viento y el mar.
El sufrimiento del pueblo nadie puede borrar.
La justicia vendrá y no se hará esperar.
El pueblo valiente no se va a rendir jamás.
Nicolás Maduro escucha este clamor.
Somos millones buscando un poco de amor.
Nicolás Maduro, tu poder no nos va a callar.
El pueblo unido quiere despertar.
[Aplausos]