JHONNY RIVERA ES SEÑALADO DE “ESTAFADOR”! EL FAMOSO CANTANTE ASÍ RESPONDIÓ! La música popular colombiana atraviesa uno de sus momentos más visibles y comentados de los últimos años.

Con giras internacionales, millones de reproducciones en plataformas digitales y una base de seguidores cada vez más sólida, este género ha logrado romper fronteras que antes parecían inalcanzables.
Sin embargo, ese crecimiento acelerado también ha traído consigo tensiones, disputas y controversias que hoy salen a la luz pública con mayor rapidez.
En este contexto, el nombre de Jhonny Rivera se convirtió en tendencia tras ser señalado públicamente de presuntas irregularidades relacionadas con una colaboración musical del pasado.
Las acusaciones, que circularon rápidamente en redes sociales y medios digitales, despertaron un intenso debate sobre derechos de autor, regalías y las desigualdades históricas dentro de la industria musical.
El caso no solo puso en el centro de la conversación a dos artistas reconocidos, sino que también abrió una discusión más profunda sobre cómo se manejaban las colaboraciones en una época donde las plataformas digitales aún no tenían el peso actual.

El señalamiento surgió a partir de declaraciones realizadas por Francisco Gómez, conocido en el medio artístico como el “nuevo rey de la música popular”.
Durante una entrevista en un pódcast, el cantante recordó episodios complejos de su carrera antes de alcanzar reconocimiento nacional.
Entre esos recuerdos apareció la colaboración en la canción “Tomando cerveza”, un tema que, según Gómez, representó una oportunidad importante, pero también una experiencia amarga.
El artista aseguró que, pese a haber participado activamente en la grabación, las ganancias generadas por la canción quedaron exclusivamente en manos de Rivera.
Estas palabras fueron interpretadas por muchos como una acusación directa de apropiación indebida de regalías, lo que llevó a que algunos sectores calificaran a Rivera como “estafador”.
La narrativa, amplificada por fragmentos de la entrevista compartidos en redes sociales, provocó reacciones inmediatas tanto de seguidores como de colegas del gremio musical.

Para entender la dimensión del conflicto, es necesario contextualizar el momento en que se produjo dicha colaboración.
Años atrás, la música popular no contaba con la estructura digital que hoy facilita la distribución, el monitoreo de reproducciones y el pago transparente de regalías.
Muchos artistas emergentes dependían de alianzas con figuras consolidadas para obtener visibilidad en radios y eventos.
Francisco Gómez explicó que en aquel entonces carecía de un canal fuerte en YouTube y de una estrategia clara en redes sociales.
Según su versión, la canción fue subida al canal de Rivera, lo que limitó su participación directa en los ingresos generados.
El cantante reconoció que esa etapa estuvo marcada por desorganización, desconocimiento legal y una industria poco preparada para proteger a los nuevos talentos.

Ante la creciente polémica, Jhonny Rivera decidió pronunciarse públicamente para dar su versión de los hechos.
A través de sus redes sociales, el artista expresó su inconformidad por ser señalado como ladrón o estafador.
Rivera afirmó que nunca se apropió de derechos que no le correspondieran y que la autoría de la canción siempre fue respetada.
Según explicó, Francisco Gómez figura como autor del tema y cuenta con el registro correspondiente que así lo acredita.
En cuanto a las regalías, Rivera aclaró que los pagos no los realiza él directamente, sino una entidad intermediaria encargada de la distribución.

También señaló que Gómez fue registrado como intérprete por su participación vocal en la grabación, lo que le garantizaba reconocimiento dentro de los parámetros establecidos en ese momento.
El cantante pereirano profundizó en la lógica que, según él, justificó la decisión de publicar la canción en su canal de YouTube.
Explicó que, en la industria musical, es común que un artista con mayor alcance ofrezca su plataforma para dar visibilidad a un colega con menor presencia digital.
Rivera utilizó un ejemplo hipotético para ilustrar su punto, comparando la situación con una colaboración entre un artista emergente y una figura internacional.
Desde su perspectiva, subir la canción al canal con más suscriptores permitía maximizar el alcance y beneficiar a ambas partes.
Aseguró que en aquel entonces Francisco Gómez no contaba con una base sólida de seguidores, lo que habría limitado el impacto del lanzamiento si se hacía desde su canal.
Estas declaraciones buscaron desmontar la idea de una intención fraudulenta y presentar el hecho como una práctica habitual en el medio artístico.
El caso ha generado opiniones divididas entre los seguidores de ambos artistas.
Algunos respaldan la versión de Gómez, argumentando que durante años muchos músicos emergentes fueron vulnerables frente a figuras consolidadas.
Otros, en cambio, defienden a Rivera y consideran que las acusaciones desconocen el contexto histórico y las dinámicas reales de la industria en ese momento.
Más allá de las posturas individuales, la controversia ha servido para visibilizar la importancia de la educación legal y contractual dentro del ámbito musical.
Hoy, con plataformas digitales más transparentes y herramientas de autogestión, los artistas cuentan con mayores recursos para proteger su trabajo.
Sin embargo, este episodio recuerda que el camino hacia una industria más justa ha estado lleno de aprendizajes, errores y conflictos que aún resuenan en el presente.
La situación entre Jhonny Rivera y Francisco Gómez no solo es un enfrentamiento de versiones, sino un reflejo de una transformación profunda en la música popular.
El género ha evolucionado desde prácticas informales hacia modelos más estructurados y profesionalizados.
Las redes sociales y las plataformas de streaming han cambiado las reglas del juego, permitiendo que los artistas controlen mejor su contenido y sus ingresos.
Aun así, las heridas del pasado emergen cuando se revisan colaboraciones realizadas en contextos menos claros.
Este debate invita a la reflexión sobre la memoria, la responsabilidad y la necesidad de revisar con mirada crítica los procesos que marcaron el crecimiento del género.
En última instancia, el público será quien saque sus propias conclusiones, mientras la música popular continúa escribiendo su historia entre éxitos, controversias y lecciones aprendidas.