Tengo en mis manos información que demuestra que ese accidente de avioneta fue un sabotaje planeado.

Johnny Rivera me confirmó personalmente que Jess tengo en mis manos información que demuestra que ese accidente de avioneta fue un sabotaje planeado.
Me confirmaron personalmente que Jessie Uribe sabía detalles técnicos antes que los propios peritos.
Existe un testigo ocular que vio al equipo de seguridad de Uribe manipulando esa avioneta.
Agárrense fuerte de sus asientos porque lo que van a escuchar hoy les dejará el alma en un hilo y el corazón latiendo a 1000 por hora.
La mismísima Rocío Sánchez Asuara es la mujer que acaba de soltar una bomba informativa tan grande que tiene temblando a la industria musical de todo el continente.
Resulta que detrás de la muerte de Jason Jiménez hay una tela de araña de mentiras, traiciones y presuntos crímenes que harían palidecer hasta al guionista más retorcido de Hollywood.

Estamos hablando de acusaciones directas de testigos ocultos que están perdiendo el miedo, así como maletines desaparecidos con evidencias comprometedoras.
Se menciona un cantante que presuntamente ordenó sabotear una avioneta para evitar que se cerrara un negocio millonario que lo dejaría fuera del juego por completo.
No es cualquier persona la que está destapando esta cloaca de secretos oscuros.
Johnny Rivera, el señor que siempre ha sido más discreto y callado, decidió romper su silencio de años para defender a su compadre Giovanni Ayala.
De pasadita, señaló directamente a Jessie Uribe como el verdadero villano de esta historia.
Imagínense ustedes el tamaño de la situación, porque cuando un hombre con la trayectoria y la reputación intachable de Johnny Rivera se atreve a arriesgar todo por hablar, es porque tiene información de primera mano que lo respalda.
Es porque su conciencia ya no le permite seguir siendo testigo mudo de una injusticia monumental.

La verdad finalmente parece estar saliendo a la luz, aunque a un costo muy alto.
Para no perderse ninguna actualización de esta impactante investigación, suscríbanse ahora mismo a Los datos ocultos y activen la campanita para recibir todas nuestras notificaciones.
Rocío Sánchez Auara ha recopilado testimonios escalofriantes, ha cruzado información privilegiada y ha armado un rompecabezas.
Esto revela una realidad muy diferente a la que nos vendieron los medios tradicionales cuando ocurrió aquella tragedia del 10 de enero.
Lo que le pasó a Jason Jiménez no fue ningún accidente fortuito ni ninguna falla mecánica de mala suerte.
Fue un sabotaje planeado que se salió de control de la manera más catastrófica posible.
El presunto responsable de todo este desastre no es otro que Jessie Uribe.

Según las fuentes consultadas, Uribe estaba aterrorizado ante la posibilidad de perder el control del negocio más grande de la música popular colombiana.
Antes de meternos de lleno en los detalles más escabrosos de esta historia, déjenme ponerlos en contexto para que entiendan la magnitud de lo que estaba en juego.
Cuéntame en los comentarios qué opinas de esta impactante teoría hasta ahora y desde dónde nos estás viendo.
Resulta que Jason Jiménez no iba de paseo aquel día fatídico.
El hombre viajaba para cerrar una alianza empresarial estratégica con Giovanni Ayala, que cambiaría por completo las reglas del juego en la industria.
Estaban a punto de crear la promotora de eventos más poderosa del occidente colombiano, una empresa con el músculo financiero suficiente para controlar las ferias y fiestas de más de 10 departamentos.
Esta nueva entidad buscaría desplazar a todas las empresas intermediarias que actualmente manejan ese jugoso mercado.

Esas empresas intermediarias tienen vínculos económicos directos con la carrera de Jessie Uribe.
Uribe pasaría de ser el rey indiscutible a tener que pedir permiso y pagar comisiones a la nueva sociedad de Jiménez y Ayala para poder trabajar en las plazas más importantes.
Estamos hablando de miles de millones de pesos en juego, de poder político sobre las tarimas más codiciadas y del fin del reinado que Jessie Uribe creía tener asegurado para siempre.
Con semejante panorama enfrente, resulta mucho más fácil entender por qué alguien estaría dispuesto a hacerlo impensable para evitar que ese contrato se firmara.
El móvil económico es tan grande y tan evidente que brilla con luz propia, tan claro que hasta un ciego lo puede ver.
Johnny Rivera fue contundente en sus declaraciones y no se anduvo con rodeos ni con medias tintas.
Dijo textualmente que le parece muy imprudente que Jessie Uribe esté con esa posición de señalar a Giovanni a Yala como el responsable de la tragedia.

Según sus palabras exactas, parece que Uribe está confesando las cosas, pero echándole la culpa a otro.
Rivera remató con una frase que retumbó en toda la industria cuando afirmó que eso no es serio y eso no es de hombre.
Esta sentencia cargada de gravedad sugiere que Uribe está proyectando sus propias culpas en un chivo expiatorio.
Así busca desviar la atención de los investigadores y del público, una táctica desesperada para ocultar una verdad incómoda.
Pero espérense tantito que aquí viene el primer bombazo que los va a dejar helados.
Rocío Sánchez Auara ha revelado la existencia de un testigo clave que podría cambiar el rumbo de toda la investigación.
Se trata de un mecánico auxiliar del aeropuerto, un hombre trabajador y humilde que estaba cumpliendo su turno nocturno el 9 de enero, exactamente la víspera del accidente.

Este señor, que ha pedido mantener su identidad oculta por miedo a las represalias, asegura haber visto claramente a un miembro reconocido del equipo de seguridad personal de Jessie Uribe, merodeando cerca de la avioneta estacionada en la pista privada.
Esto ocurrió cuando ya era de noche y no había nadie supervisando esa zona del hangar.
El mecánico afirma que vio al sujeto manipulándola compuerta de acceso a los paneles de mantenimiento de la aeronave.
Aunque en ese momento pensó que se trataba de alguna inspección rutinaria ordenada por los dueños del avión.
Uno cuando trabaja de noche no anda sospechando de todo el mundo, pero cuando al día siguiente se enteró de la tragedia y vio las noticias, su mente conectó los puntos y el terror lo paralizó por completo.
Este testimonio coloca a un empleado directo de Jessie Uribe en la escena del presunto crimen.
Tenía acceso y oportunidad perfectos para ejecutar el sabotaje del que hablan las fuentes cercanas a la investigación.
Y si creen que eso es todo, agárrense porque viene algo todavía más perturbador.
Según la teoría que maneja Johnny Rivera y que Rocío Sánchez Auara ha podido corroborar con fuentes anónimas dentro del hangar, la intención original de quienes manipularon la avioneta no era necesariamente matar a Jason Jiménez.
La idea era simplemente asustarlo, provocar una falla técnica controlada que obligara al avión a aterrizar de emergencia o a regresar al aeropuerto de origen, frustrando así el encuentro donde se cerraría el trato con Giovanni Ayala.
El plan era generar un susto en el aire que se interpretara como una señal del destino o un mal augurio.
Esto le daría tiempo a Jessie Uribe para contraatacar con otras estrategias y evitar que sus rivales consolidaran su alianza comercial.
El problema es que jugar a ser Dios con una aeronave volando a miles de metros de altura es como jugar ruleta rusa con todas las balas puestas en el tambor.
La manipulación del sistema eléctrico para causar un apagón momentáneo de los instrumentos de navegación provocó una reacción en cadena que nadie calculó.
Al alterar el cableado principal se generó un cortocircuito que afectó sistemas vitales como la bomba de combustible y el sistema de presurización.
Esto convirtió lo que debía ser un simple susto en una trampa mortal de la que nadie pudo escapar.
La avioneta que fue manipulada para fallar parcialmente terminó colapsando totalmente y estrellándose contra el suelo.
Esto se llevó la vida de Jason Jiménez y transformó un acto de competencia desleal y sabotaje corporativo en un homicidio de múltiples personas.
Ahora bien, hay un detalle técnico que Johnny Rivera puso sobre la mesa y que tiene a todos los expertos rascándose la cabeza con incredulidad.
Resulta que Jessie Uribe, en su afán desesperado de culpar públicamente a Giovanni Ayala, cometió un error garrafal que podría ser su propia sentencia.
El hombre ha estado declarando ante los micrófonos que la avioneta falló porque Giovanni contrató un mantenimiento barato para ahorrarse dinero.
Una acusación que a primera vista suena como una pelea normal entre enemigos.
Pero aquí viene lo sospechoso que detectó Johnny Rivera con esa agudeza mental que lo caracteriza.
En sus declaraciones, Jessie Uribe mencionó detalles técnicos específicos sobre el fallo de la bomba de combustible, información que el informe forense oficial todavía no había revelado ni a la prensa ni al público.
Rivera planteó una pregunta demoledora que dejó temblando a más de uno.
¿Cómo diablos sabe Jessie que falló la bomba de combustible, específicamente si los peritos todavía están analizando los restos en el laboratorio y nadie ha hecho pública esa información? La única explicación lógica es que Jessie Uribe sabía de antemano cuál era la pieza que iba a fallar, porque fueron él o su gente quienes la manipularon.
Se está delatando solito sin que nadie lo obligue, afirmó Rivera.
Rivera señaló que ese conocimiento técnico prematuro es prácticamente una confesión implícita de participación en el plan.
Rocío Sánchez Auara ha sido muy clara al explicar que este tipo de desliz verbal es lo que los criminólogos llaman conocimiento culpable.
Ocurre cuando alguien revela detalles sobre un crimen que solo podría conocer si estuvo involucrado en él.
Es el clásico error del asesino que sabe demasiado sobre cómo murió la víctima antes de que se realice la autopsia, delatándose ante quienes tienen ojos para ver y oídos para escuchar.
Pero hay otro elemento escalofriante que forma parte central de esta investigación y que tiene aterrorizado a Jessie Uribe según las fuentes consultadas, se trata del famoso maletín personal de Jason Jiménez, una especie de caja fuerte portátil donde el cantante fallecido guardaba documentos sensibles, contratos importantes y borradores de negocios.
Pero lo más delicado de todo eran las evidencias de un chantaje que venía sufriendo desde hacía varios meses.
La teoría que maneja Johnny Rivera y que ha respaldado Rocío Sánchez a Suara es que Giovanni Ayala logró llegar a la zona del impacto antes que las autoridades oficiales.
Allí, entre los restos humeantes de la avioneta, recuperó ese maletín.
Si esta teoría es correcta, Giovanni Ayala tendría ahora en su poder pruebas físicas que demuestran las presiones indebidas y las amenazas veladas que Jessie Uribe había lanzado contra Jason para mantenerlo bajo su control editorial y financiero.
Esto explicaría perfectamente la desesperación de Uribe por destruir públicamente la reputación de Ayala, llamándolo mala persona, acusándolo de ser el responsable de la muerte de su supuesto amigo.
No es que Jessie esté buscando justicia, sino que está aterrorizado ante la posibilidad de que Giovanni presente el contenido de ese maletín ante un juez o ante los medios de comunicación.
Es una carrera contra el tiempo donde el atacante grita más fuerte para que nadie escuche lo que el otro tiene que decir.
Y hablando de comportamientos sospechosos, Rocío Sánchez Asuara ha revelado un detalle que pasó desapercibido para la mayoría, pero que dice muchísimo sobre el estado mental de Jessie Uribe el día de la tragedia.
Varios usuarios de redes sociales capturaron una historia de Instagram que Uribe subió y borró a los pocos minutos.
En ella aparecía escuchando una canción de despedida con un fondo negro completamente luctuoso.
Lo extraño es que esto ocurrió casi una hora antes de que los medios confirmaran oficialmente el siniestro de la aeronave.
En ese momento, la avioneta apenas estaba reportada como desaparecida y los equipos de búsqueda todavía mantenían la esperanza de encontrar sobrevivientes.
La pregunta que todos deberíamos hacernos es muy simple.
¿Cómo sabía Jessie que debía estar de luto cuando supuestamente el desenlace fatal aún no era conocido por nadie? Ese desliz en redes sociales producto de la ansiedad o de la culpa, según los expertos en comportamiento criminal, es una prueba más de que Jessie Uribe conocía el resultado final antes de que ocurriera.
Esto sugiere que era parte del guion que presuntamente él mismo ayudó a escribir.
Un oscuro secreto que se delató en el momento menos oportuno sin que nadie lo esperara.
También hay información perturbadora sobre el transmisor de localización de emergencia de la avioneta.
Ese dispositivo conocido técnicamente como ELT, todas las aeronaves deben llevarlo por ley y está diseñado para activarse automáticamente con el impacto, emitiendo una señal satelital inmediata que permite ubicar rápidamente la aeronave siniestrada.
El problema es que en el caso de la avioneta de Jason Jiménez, el dichoso aparato permaneció completamente mudo durante horas.
Fue como si alguien lo hubiera desconectado manualmente antes del vuelo.
Johnny Rivera ha sugerido que esta desconexión no fue ninguna coincidencia ni ningún error de mantenimiento, sino una acción premeditada realizada en tierra.
Su único propósito fue retrasar el hallazgo de la aeronave siniestrada, una estrategia fría y calculada para ganar tiempo.
Ese retraso de varias horas le habría dado a los responsables una ventana de tiempo crucial para llegar primero a la escena del accidente.
Allí pudieron extraer el famoso maletín con las evidencias comprometedoras y asegurarse de que todo quedara limpio antes de que llegaran los equipos de rescate oficiales.
Una maniobra que revela la mente detrás de la planificación, intentando borrar cualquier rastro de la verdad.
Rocío Sánchez Asuara también ha revelado información sobre la viuda del piloto.
Un testimonio desgarrador que ha sido silenciado por el miedo.
Según fuentes cercanas a la investigación, la esposa del capitán recibió una visita intimidante apenas dos días después del funeral de su marido.
Unos hombres que se identificaron falsamente como asesores legales de la compañía aseguradora le entregaron un sobre con una cantidad considerable de dinero en efectivo.
La condición explícita para la entrega del dinero fue no dar entrevistas a ningún medio y no permitir una segunda autopsia al cuerpo.
Johnny Rivera ha señalado con indignación que las aseguradoras legítimas no operan con maletines de efectivo en la oscuridad de la noche como si fueran criminales de película.
afirmó que ese dinero sucio provenía de las mismas manos que presuntamente financiaron el sabotaje, un intento vil de comprar el silencio.
Resulta que dentro de la investigación también han surgido indicios sobre posibles traidores en el círculo interno de Jason Jiménez.
Se ha detectado que el coordinador de agenda del cantante fallecido, quien casualmente se enfermó y no viajó ese día, recibió la aprobación de un crédito hipotecario por una cantidad exorbitante.
Esto ocurrió en un banco de dudosa reputación apenas una semana después de la tragedia, levantando serias sospechas.
Lo curioso es que este individuo no tenía ningún soporte financiero que justificara semejante préstamo, lo que sugiere que alguien le pagó muy generosamente por información privilegiada.
También pudo haber sido por hacerse el enfermo justo en el momento indicado.
Una coincidencia demasiado oportuna para ser ignorada.
Este es otro hilo en la compleja red de engaños que rodea este misterio.
Johnny Rivera también ha revelado que existen posibles comunicaciones digitales comprometedoras que podrían hundir definitivamente a Jessie Uribe.
Se habla de correos electrónicos y mensajes encriptados que presuntamente se enviaron desde direcciones IP asociadas al entorno del cantante hacia un proveedor de repuestos de aviación en el mercado negro días antes del accidente.
Esto añadiría una capa más a la verdad.
En esos mensajes supuestamente se preguntaba específicamente por esquemas eléctricos del modelo exacto de la avioneta en la que viajaría Jason Jiménez.
Si las autoridades logran rastrear y confirmar esta huella digital, la defensa de Uribe se vendría abajo como un castillo de naipes en día de ventarrón.
Es una pieza clave que de ser verificada podría cambiar todo el panorama de la investigación de forma irreversible.
Otro dato revelador tiene que ver con el registro de llamadas del celular de Jason Jiménez en los minutos previos al abordaje.
Según las fuentes consultadas por Rocío Sánchez Asuara, la última llamada que salió de ese teléfono no fue a su esposa ni a su representante como sería lo normal.
La llamada fue al mismísimo Jessie Uribe, un giro inesperado que añade más interrogantes a la historia.
La teoría es que Jason, al notar algo extraño en la pista o al tener una corazonada de esas que a veces salvan vidas, intentó confrontar a Uribe telefónicamente.
Quería preguntarle por qué había gente de su equipo rondando el avión.
Esa llamada duró apenas 40 segundos, pero podría contener las últimas palabras de un hombre que descubrió la traición cuando ya era demasiado tarde para salvarse de su fatal destino.
La respuesta de Giovanni Ayala ante todo el respaldo que ha recibido de Johnny Rivera ha sido profundamente emotiva.
Ayala manifestó públicamente su agradecimiento eterno hacia su colega y defensor, diciendo que gracias a Johnny, pronto la verdad saldrá a la luz.
También pidió disculpas si todo este escándalo ha afectado de alguna manera la memoria de Jason Jiménez, a quien consideraba un verdadero amigo y hermano de la música.
Ayala remató sus declaraciones con una frase que dejó claro que no piensa quedarse de brazos cruzados, expresando que le da mucha rabia que los verdaderos culpables sigan libres sin pagar por lo que hicieron.
Su dolor y su sed de justicia son palpables, y su voz se une a la de quienes exigen que se desvele el misterio de esta tragedia sin igual.
Rocío Sánchez Auara también ha investigado el tema del famoso concierto Homenaje que supuestamente se organizó para honrar la memoria de Jason y recaudar fondos para su familia.
Johnny Rivera, quien participó de buena fe creyendo que era una causa noble, descubrió después con horror que la empresa encargada de manejar la boletería y las donaciones estaba registrada a nombre de un testaferro con vínculos directos a negocios anteriores de Jessie Uribe.
En otras palabras, el homenaje que debía ser un acto de solidaridad hacia la familia del cantante fallecido terminó siendo presuntamente un negocio redondo para quienes supuestamente lo mandaron a matar, una traición dolorosa y un acto de cinismo insuperable.
Rivera calificó todo el manejo de este duelo como un verdadero espectáculo de mal gusto, donde no se respeta ni la memoria del difunto ni el dolor de sus seres queridos.
La situación se ha vuelto tan tensa que las amenazas ya no son solo contra Giovanni Ayala.
Johnny Rivera le ha confesado a su círculo más cercano que él mismo ha recibido advertencias veladas que involucran la seguridad de su propia familia.
Le han hecho llegar mensajes sugiriendo que los accidentes pueden ocurrir en cualquier hogar.
una táctica de terror psicológico diseñada para doblar su voluntad y obligarlo a retractarse de todo lo que ha dicho públicamente.
Pero Rivera, con una valentía admirable ha decidido que ya no hay marcha atrás y que prefiere enfrentar las consecuencias antes que convertirse en cómplice silencioso de una injusticia tan grande.
Su integridad se alza como un faro de esperanza en medio de la oscuridad.
También existe una carrera desesperada por el control de la nube digital de Jason Jiménez.
Resulta que el cantante tenía la costumbre de respaldar todas sus notas de voz, creaciones de reuniones y documentos importantes en un servidor privado protegido con contraseña.
Los expertos informáticos que trabajan con la defensa de Giovanni Ayala han detectado múltiples intentos de hackeo masivo a esa nube desde direcciones IP sospechosas.
Esto indica que alguien está desesperado por borrar o modificar las evidencias digitales antes de que lleguen a manos de las autoridades, intentando manipular la verdad.
Rocío Sánchez Asuara también ha mencionado que existen grabaciones de cámaras de seguridad perimetrales del aeropuerto que aunque no apuntan directamente hacia donde estaba estacionada la avioneta, sí muestran el ingreso de vehículos no autorizados con placas ocultas durante la madrugada del 10 de enero.
Y aquí viene lo revelador.
Esos vehículos coinciden sospechosamente con la descripción de la flota de seguridad privada que utiliza Jessie Uribe para sus desplazamientos personales.
Demasiadas casualidades juntas para que sean simples coincidencias.
Una verdad difícil de ocultar.
La comunidad de fanáticos de la música popular está completamente dividida y profundamente dolida por todo lo que está saliendo a la luz.
Muchos que antes admiraban ciegamente a ciertos artistas ahora están abriendo los ojos ante la montaña de evidencia circunstancial que se acumula.
No estamos hablando de simples chismes de vecindad ni de rumores inventados, sino de una serie de hechos inexplicables y de conocimientos técnicos que no deberían tener quienes se proclaman inocentes.
Además, hay comportamientos erráticos que gritan culpabilidad por todos lados.
La estrategia de Jessie Uribe de presentarse como la víctima dolida que solo busca justicia para su amigo se está desmoronando conforme aparecen más contradicciones en su versión de los hechos.
El conocimiento privilegiado sobre las causas técnicas del accidente.
El comportamiento extraño en redes sociales, el día de la tragedia.
Los vínculos de su equipo de seguridad con la escena del presunto sabotaje y la desesperación por destruir la credibilidad de Giovanni Ayala forman un cuadro muy difícil de ignorar para cualquier investigador serio.
Johnny Rivera ha demostrado que todavía existen personas valientes en el mundo del espectáculo, gente dispuesta a arriesgar su carrera, su reputación y hasta su seguridad personal por defender la verdad y combatir la injusticia.
Su ejemplo debería inspirar a otros que saben cosas, pero que han preferido guardar silencio por miedo o por conveniencia.
Porque cuando los buenos callan, los malos triunfan.
Y esa es una lección que la historia nos recuerda una y otra vez.
Un llamado a la acción para todos.
Rocío Sánchez Auara ha prometido seguir investigando y compartiendo información conforme vayan surgiendo nuevos datos, porque considera que este es uno de los casos más importantes que ha cubierto en toda su carrera periodística.
La presión de la opinión pública será fundamental para evitar que este escándalo termine barrido debajo de la alfombra, como tantos otros antes, donde el dinero y las influencias lograron comprar el silencio de quienes debían impartir justicia.
Finalmente, la memoria de Jason Jiménez merece respeto, merece dignidad y merece que se esclarezca la verdad completa sobre lo que ocurrió aquel 10 de enero.
Su familia necesita cerrar este capítulo doloroso con la certeza de que se hizo todo lo humanamente posible por investigar las circunstancias de su muerte.
Los millones de fanáticos que lo lloraron merecen saber qué pasó realmente, por más incómoda que sea la verdad, porque solo así se podrá honrar verdaderamente el legado que dejó este artista.
La justicia tiene ahora la responsabilidad de no dejar que este caso se enfríe y de investigar a fondo todas las denuncias que han surgido.
No bastará con un informe preliminar superficial.
Se necesita una reconstrucción forense completa, un análisis exhaustivo de todas las comunicaciones y movimientos financieros de los involucrados.
Y sobre todo, se requiere la protección efectiva de los testigos que están dispuestos a declarar, pero que temen por sus vidas.
Bueno, mi gente, hemos llegado al final de esta investigación que nos ha dejado a todos con el corazón encogido y la mente llena de preguntas.
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Entre más grande sea la presión social, más difícil será que este caso quede en la impunidad.
La justicia la construimos entre todos y juntos podemos hacer la diferencia.
Cuídense mucho y recuerden que la verdad siempre termina saliendo a flote, aunque los poderosos intenten hundirla con todas sus fuerzas.
Nos vemos en el próximo video con más información que no van a querer perderse.