CATEAN La Casa De Giselle Fernández AMANTE de Mario Pineida: Encuentran MILLONES Y DROG4

El caso dio un giro definitivo cuando las autoridades ecuatorianas allanaron la vivienda donde residían la peruana Giselle Fernández Ramírez y el futbolista Mario Pineida.

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Lo que se encontró dentro de esa casa no solo sorprendió a los investigadores, sino que explicó por qué este crimen terminó convirtiéndose en una cadena de muertes.

Durante el cateo, los agentes hallaron importantes montos de dinero en efectivo distribuidos en diferentes espacios del inmueble.

No se trataba de una cantidad menor ni de dinero guardado de forma casual.

Junto al efectivo, también se encontró un listado manuscrito con nombres, montos y fechas, donde se detallaban personas a las que se les habría prestado dinero y las cantidades que debían pagar.

Para los investigadores, este documento es clave, pero eso no fue todo.

En la vivienda también se localizaron sustancias ilegales listas para su distribución, empaquetadas y organizadas, lo que refuerza la hipótesis de que el lugar no solo era una residencia, sino también un punto de operaciones.

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Estos hallazgos están siendo analizados por unidades especializadas, pero desde ya colocan el caso en un escenario completamente distinto al que se conocía al inicio.

Las evidencias encontradas durante el cateo vinculan directamente a Giselle con actividades de microtráfico y préstamos informales y abren una conexión directa con su círculo más cercano.

Entre los nombres que aparecen relacionados en la investigación está el de Karen Juliana Grunauer Franco, la amiga asesinada tras asistir al funeral de Mario Pineida.

Para los investigadores, este punto es crucial.

Las tres personas compartían no solo una relación personal, sino también actividades económicas.

Esto explica por qué tras el asesinato en la carnicería, una segunda mujer del mismo entorno fue eliminada horas después.

No se trataría de hechos aislados, sino de una limpieza de cabos sueltos dentro de una misma red.

Con estos hallazgos surge una pregunta que ahora está en el centro de la investigación.

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Mario Pineida conocía realmente todo lo que ocurría en esa casa.

Las autoridades analizan si al convivir con Giselle el jugador estaba al tanto de estos movimientos o si terminó envuelto sin comprender el verdadero alcance de lo que lo rodeaba.

El cateo no cerró el caso, lo encendió porque lo que se encontró en esa vivienda conecta dinero, sustancias, nombres y muertes en una sola historia que todavía está lejos de terminar.

En la siguiente sección entraremos a fondo en la relación exacta entre Giselle, Mario y Karen y por qué la policía ahora los investiga como parte de una misma estructura.

Con los hallazgos del cateo sobre la mesa, la investigación empezó a mirar más allá de los crímenes y se concentró en la relación real que existía entre las tres víctimas.

Para los agentes ya no se trataba solo de vínculos personales o amistades cercanas, sino de una conexión mucho más profunda y constante.

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Según las líneas investigativas, Giselle Fernández Ramírez y Karen Juliana Grunauer Franco no solo compartían una amistad visible en eventos y reuniones sociales.

Las autoridades presumen que ambas manejaban juntas actividades económicas informales relacionadas con préstamos de dinero y microtráfico, lo que explicaría la confianza.

la cercanía y la frecuencia con la que se movían en los mismos espacios.

Este punto resulta clave porque Mario Pineida no era un actor externo en esta dinámica.

Al convivir con Giselle y compartir su día a día, los investigadores consideran poco probable que desconociera completamente a qué se dedicaba su pareja.

Esta hipótesis no busca señalarlo como responsable, sino entender qué tanto sabía y qué tanto pudo quedar expuesto.

La presencia de listados de deudas, montos elevados y nombres repetidos refuerza la idea de que no se trataba de actividades improvisadas, sino de un esquema organizado que llevaba tiempo operando.

Para la policía, esto ayuda a explicar por qué el ataque fue tan preciso y por qué tras el primer asesinato, una segunda mujer del mismo círculo fue eliminada rápidamente.

Karen, según esta línea, no solo era una amiga que asistió a un funeral, era parte del mismo entorno económico y social y posiblemente conocía información sensible.

Su asesinato ocurrido poco después del sepelio, es interpretado por los investigadores como una acción destinada a evitar filtraciones o venganzas internas.

Este escenario cambia por completo la narrativa inicial.

Ya no se habla únicamente de un futbolista víctima de la violencia urbana, sino de un entorno que arrastraba conflictos previos, deudas, amenazas y disputas que terminaron explotando de la forma más violenta.

En la siguiente sección vamos a profundizar en por qué la policía sostiene que el verdadero objetivo no era Mario, cómo se habría planificado el ataque y qué papel jugaron los seguimientos previos en esta historia.

Con la información del cateo y los vínculos ya trazados, la investigación se concentró en una pregunta clave, ¿a quién buscaban realmente? Para los agentes, cada indicio apunta a que el objetivo principal no era el futbolista, sino Gisel Fernández Ramírez.

El ataque habría sido diseñado para alcanzarla a ella y todo lo que la rodeaba quedó dentro del mismo radio de riesgo.

Los investigadores sostienen que hubo reglaje previo, seguimientos, reportes de movimientos y coordinación constante.

Esta hipótesis se refuerza con testimonios que señalan la participación de un tercero encargado de vigilar rutas y horarios, así como con la precisión del ataque en la carnicería.

Nada habría sido improvisado.

Sabían dónde estarían y cuándo.

El detalle del celular faltante de Mario Pineida también llamó la atención.

Para la policía no es un descuido menor.

Podría contener contactos, mensajes o registros que conecten directamente las actividades económicas halladas en el cateo con las amenazas previas.

Por eso, ese dispositivo se volvió una pieza clave aún no localizada.

En este escenario, Mario aparece como una extensión del objetivo, no como el origen del conflicto.

Al convivir con Giselle y compartir su rutina, quedó expuesto a un ataque que buscaba enviar un mensaje contundente.

La violencia para los investigadores no fue aleatoria, sino demostrativa.

Esta lectura explica por qué tras el primer crimen, Karen Juliana Grunauer Franco fue asesinada poco después del sepelio.

Si conocía movimientos, deudas o nombres, su eliminación habría sido parte de una misma lógica de cierre de frentes.

La conclusión provisional es dura.

No fue una noche, fue una secuencia.

Una cadena activada por conflictos económicos, vigilancias previas y decisiones tomadas mucho antes del primer disparo.

En la siguiente sección veremos cómo operó la estructura detrás del ataque, las detenciones realizadas y por qué la policía cree que los ejecutores no son el final de la historia.

Tras los crímenes, la policía ecuatoriana logró capturar a varias personas clave en el desarrollo del ataque, entre ellas dos ciudadanos de nacionalidad venezolana señalados como ejecutores directos, además de un tercer implicado que habría cumplido el rol de seguimiento y reglaje.

Sin embargo, estas detenciones no cerraron el caso, lo complicaron aún más.

Uno de los detenidos habría confesado que recibió dinero para ejecutar el ataque, mientras que otro reconoció haber sido contratado únicamente para seguir los movimientos de Gisel Fernández Ramírez y de Mario Pineida.

Para los investigadores, esto confirma que existía una estructura organizada con roles definidos y una cadena de mando.

El hallazgo de un panfleto con el mensaje Mafia 18 en el crimen posterior de Karen Juliana Grunauer Franco, reforzó la hipótesis de que los asesinatos responden a un mismo grupo o liderazgo, aunque los sicarios no hayan sido exactamente los mismos.

Para la policía esto apunta a una organización que opera por encargos y que busca enviar mensajes claros.

Otro elemento que mantiene la investigación abierta es la figura del intermediario.

Los agentes sostienen que los ejecutores no tomaron decisiones por cuenta propia.

Alguien dio la orden, alguien coordinó pagos y alguien decidió quién debía morir y en qué momento.

Esa persona hasta ahora no ha sido identificada públicamente.

Por eso, aunque hay capturas y procesos judiciales en marcha, las autoridades insisten en que los detenidos no representan la cúspide de la red, sino apenas una parte visible.

La presión se mantiene para llegar a los responsables intelectuales, aquellos que habrían conectado el dinero, las deudas, el microtráfico y la eliminación.

sistemática de personas del mismo entorno.

En la última sección cerraremos con qué significa este cateo y estas capturas para el futuro del caso.

¿Y por qué para la policía la historia aún no ha terminado.

El cateo realizado en la vivienda que compartían Mario Pineida y Gisel Fernández dejó en evidencia que este caso va mucho más allá de un ataque aislado.

Dinero en efectivo, listados de deudas y sustancias ilegales abrieron una línea de investigación que conecta directamente a las víctimas.

con un entorno marcado por conflictos económicos y actividades ilícitas que ya venían arrastrando tensiones previas.

Las capturas realizadas hasta ahora confirman que hubo planificación, pagos y seguimiento, pero también dejan claro que no todas las piezas están sobre la mesa.

Para las autoridades, todavía falta identificar a quienes movían los hilos detrás de esta estructura y entender por qué en menos de 72 horas tres personas del mismo círculo terminaron asesinadas.

Este caso sigue abierto y cada nuevo hallazgo cambia la historia.

Si quieres mantenerte informado sobre los avances, entender las conexiones y no perderte lo que pueda salir a la luz en los próximos días, suscríbete al canal y acompáñanos en el seguimiento de una investigación que aún está lejos de terminar.

Te invitamos a ver el video anterior en el cual revelamos información que los medios de comunicación están ocultando.

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