Le di cuatro cachetadas a mi madre y la agarré del cabello.

Eso dijo Cristian Castro en televisión nacional, mirando a la cámara sin pestañear, a Verónica Castro, a la mujer que lo crió sola durante 33 años.
Pero lo verdaderamente oscuro no es lo que confesó en 2008, sino lo que otros aseguran que pasó después.
En 2024, Yolanda Andrade soltó otra versión.
la agarró a patadas.
Yo la llevé al hospital.
Patadas, hospital.
Y Verónica mintió a los doctores.
Les dijo que había sido un asalto para proteger al hijo que acababa de patearla.
Y en 2025 Cristian lo negó todo.
Nunca, nunca.

Golpes.
¿Quién está mintiendo? ¿El Cristian que confesó en cámara o el Cristian que ahora se limpia las manos? Hoy Verónica tiene 72 años, vive sola en Acapulco, columna de titanio y según una fuente cercana ha confesado que ya no desea vivir.
Ya no desea vivir.
¿Cómo llegamos aquí? Hoy vas a saber cuatro cosas que nadie ha contado juntas.
Cuatro cosas que van a cambiar cómo ves a Verónica Castro para siempre.
Primera, las palabras exactas.
que Manuel el loco Valdés le dijo cuando supo que estaba embarazada la propuesta humillante que le hizo y la decisión que ella tomó que la definiría para siempre.
Segunda, ¿qué pasó realmente en 2004, arriba de ese elefante en la final de Big Brother VIP? El video existe, lo puedes ver en YouTube.
Lo que ese accidente le hizo a su cuerpo es devastador y hay algo en esa historia que nadie ha conectado.
Tercera, las dos versiones completamente contradictorias de la golpiza de 2008.

Lo que Cristian Castro admitió en televisión nacional.
Lo que cambió su versión 17 años después.
Lo que Yolanda Andrade afirma que vio con sus propios ojos y la mentira que Verónica contó en el hospital para proteger a su agresor.
Cuarta.
¿Qué está pasando ahora mismo con Verónica Castro? ¿Por qué ha alejado a sus propios hijos? ¿Por qué alejó a sus nietos? Lo que sus amigos más cercanos están diciendo sobre su estado mental.
¿Y por qué hay quienes creen que la están perdiendo? Te voy a avisar cuando llegue cada una de estas revelaciones, pero primero necesitas entender algo fundamental sobre Verónica Castro.
Verónica Castro aprendió a cargar sola desde los 8 años y nunca dejó de hacerlo.
1960, Ciudad de México.
Verónica tenía 8 años cuando su padre tomó una decisión.

Fausto Sainz era ingeniero, Socorro Castro era ama de casa.
Tenían cuatro hijos.
Vivían en la colonia San Rafael, una familia normal de clase media, hasta que Socorro descubrió que Fausto tenía otra mujer.
Hubo gritos, hubo lágrimas, hubo reclamos.
Y Fausto, en lugar de pedir perdón, en lugar de quedarse por sus hijos, en lugar de intentar arreglar las cosas, se fue, agarró sus cosas y se largó con la otra.
Y de un día para otro, cinco personas que vivían en una casa terminaron amontonadas en un cuarto de servicio.
Un cuarto, cinco personas.
Imagínate eso.
Cinco seres humanos viviendo en un espacio diseñado para guardar escobas y trapeadores, sin privacidad, sin espacio para jugar, sin lugar donde hacer la tarea, sin nada.
Verónica lo contó décadas después en Ventaneando con Patti Chapoy.

No teníamos dinero y vivíamos en un cuarto de servicio.
Mi mamá nos dejaba encerrados hasta con llave para que no se le fuera a salir ningún escule.
Encerrados con llave como prisioneros, como animales, porque Socorro no tenía con quién dejarlos.
No tenía familia que ayudara, no tenía amigas que pudieran cuidarlos unas horas.
No tenía dinero para una niñera, no tenía absolutamente nada, solo cuatro hijos y un cuarto de servicio.
Tuvo que aprender taquigrafía para conseguir trabajo.
Entró como secretaria en la UNAM.
Trabajaba todo el día.
Salía cuando los niños dormían.
Volvía cuando ya era de noche y la cena, una mamila de café con leche de chinos y un biscuit.

Esa era nuestra cena.
Diario la esperábamos ansiosamente porque de comida ni hablamos.
Café con leche, un bisquet.
Eso cenaban cuatro niños en crecimiento todos los días durante años.
¿Y quién cuidaba a los hermanos menores mientras Socorro trabajaba 12 horas? Verónica, mi mamá trabajaba y yo tenía que hacerla prácticamente de mamá de mis hermanos.
A los 8 años cocinaba lo poco que había, cambiaba a pañales, bañaba a sus hermanos, los vestía, los peinaba, los llevaba a la escuela, les hacía la tarea, los acostaba.
A los 8 años, Verónica dejó de ser niña, se convirtió en madre de sus propios hermanos.
Mientras su padre vivía feliz con otra mujer, sin mandar un peso, sin preguntar cómo estaban, sin importarle nada.
¿Sabes qué es lo más cruel de esta historia? ¿Lo más injusto de todo? Verónica venía de familia de artistas por parte de su padre, el padre que las abandonó, el padre que prefirió irse con otra mujer.
Su abuela paterna, Socorro Astol, era dueña de una compañía artística reconocida en México.
Su tío era Fernando Soto Mantequilla, uno de los comediantes más famosos de la época de oro del cine mexicano.
una leyenda, un nombre que abría puertas.
Verónica tenía sangre de artista, tenía conexiones, tenía una red familiar que podría haberla impulsado, pero como el padre las abandonó, Verónica nunca tuvo acceso a nada de eso.
Nunca conoció a esa familia, nunca pudo usar esas conexiones, nunca tuvo las puertas abiertas que su apellido debería haberle dado.
Mientras otros artistas heredaban contactos y oportunidades, ella heredó abandono.
tuvo que construir absolutamente todo desde cero, sola, desde el cuarto de servicio, desde el café con leche y el bisquet, desde los 8 años siendo madre de sus hermanos, mientras otras niñas jugaban, todo sola, sin ayuda de nadie, y aprendió algo que la destruiría después, que las mujeres cargan, que las mujeres aguantan, que las mujeres no piden ayuda, que Las mujeres sacan adelante a todos, aunque ellas se estén hundiendo.
Lo vio en su madre cada día durante 10 años.
Socorro nunca se quejó.
Socorro nunca pidió nada.
Socorro nunca dijo, “No puedo más.
” Socorro sonreía para sus hijos, aunque por dentro estuviera destrozada.
Y Verónica absorbió todo eso, cada sacrificio silencioso, cada lágrima escondida, cada estoy bien, que era mentira.
Y lo repitió el resto de su vida con el padre de su hijo, con los hombres que la usaron, con la industria que la explotó, con el hijo que la golpeó, con todos.
Pero lo que le pasó con el padre de Cristian fue solo el principio, porque lo que vino después fue peor y lo que vino después de eso fue aún peor.
Y lo que está pasando ahora es lo peor de todo.
A los 14 años, Verónica recibió una beca para estudiar actuación en la academia de Andrés Soler.
Era su salida, su oportunidad y la tomó con las dos manos.
A los 17 años empezó a trabajar en fotonovelas.
A los 19 llegó a la televisión.
Pequeños papeles, pequeños trabajos, pero estaba adentro.
Estaba construyendo algo y entonces conoció a Manuel el Loco Valdés.
Y todo cambió.
Él tenía 42 años.
Era comediante famoso, hermano de Germán Valdés, Tintán, la leyenda del cine mexicano, hermano de Ramón Valdés, el don Ramón del Chavo del Ocho que todos conocen.
Manuel el loco.
Valdés era una estrella, llenaba teatros, salía en televisión.
Las mujeres lo adoraban.
Ella tenía 19.
Venía del cuarto de servicio, del café con leche y el bisquet, de ser madre de sus hermanos desde los 8 años.
No tenía contactos, no tenía padrinos, no tenía dinero, no tenía nada más que su cara bonita y sus ganas de salir adelante.
Quedé como sonsa confesó después.
Me quedaba viéndolo y la baba se me caía.
La baba se le caía.
Era una niña, tenía 19 años y él le doblaba la edad.
Él era famoso y ella era nadie.
Él tenía poder y ella tenía hambre.
Él le prestaba atención y nadie le había prestado atención así antes.
¿Qué iba a hacer? ¿Rechazarlo? ¿Decirle que no al hombre más carismático que había conocido? Lo que ella no sabía era que Manuel estaba casado, casado con Yolanda Peña.
Y antes de Yolanda había tenido otras siete parejas, siete mujeres diferentes que también creyeron que eran especiales y con todas había tenido hijos, 12 hijos, con ocho mujeres diferentes, regados por todo México.
12 hijos que apenas conocía, 12 hijos que no mantenía.
Y Verónica no tenía la menor idea de nada de esto.
Nadie se lo dijo.
Él no se lo dijo.
Sus compañeros de trabajo no se lo dijeron.
En esa época no había internet para investigar, no había Google para buscar su nombre.
Ella solo sabía que un hombre famoso, exitoso, carismático le estaba prestando atención y eso era suficiente.
Empezaron a salir durante una gira teatral, ensalada de locos se llamaba la obra, a escondidas en secreto, en camerinos y hoteles de carretera.
Ahí empezamos a salir más juntitos, recordó ella después.
Más juntitos.
Ella pensaba que era amor, que era especial, que él iba a dejar todo por ella.
Él ya tenía 12 hijos con ocho mujeres.
Sabía exactamente lo que estaba haciendo.
Sabía exactamente cómo iba a terminar.
Y Verónica quedó embarazada.
Aquí viene lo primero que te prometí.
Cuando le dijo a Manuel que esperaba un hijo, él respondió con estas palabras exactas: “Pregúntale a tu mamá a ver qué quiere que hagamos, porque lo más que puedo ofrecerte es ponerte un lugarcito donde vivas e irte a ver de vez en cuando.
” Un lugarcito de vez en cuando.
Esa fue su propuesta.
No vamos a formar una familia.
No me voy a hacer cargo.
No voy a dejarlo todo por ti.
Un lugarcito de vez en cuando, como si ella fuera una mascota, como si el bebé fuera un estorbo.
Guarda esa frase, un lugarcito donde vivas e irte a ver de vez en cuando.
Porque 33 años después, cuando Cristian la golpeó, Verónica iba a recordar esas palabras y se iba a dar cuenta de que había repetido el mismo patrón.
Dar todo, recibir nada, proteger a quien la lastima.
Verónica lo contó años después.
Obviamente, yo creo que no le gustó porque sí se echó tiro para atrás.
Se echó para atrás.
El hombre de 42 años que sedujo a una niña de 19 se echó para atrás cuando llegaron las consecuencias.
Y entonces Verónica descubrió la verdad completa.
Me enteré de su verdadera vida.
Tenía pareja y había tenido como ocho parejas más.
Y Cristian iba a ser su hijo número 13.
Hijo número 13.
Con la novena mujer.
Verónica no era especial, no era única.
No era el amor de su vida, era un número más en una lista muy larga.
Tenía 21 años, estaba estudiando en la UNAM, estaba embarazada y estaba completamente sola.
Su padre la había abandonado a los ocho.
El padre de su hijo la estaba abandonando a los 21.
¿Ves el patrón? ¿Ves cómo se repite? Podría haberle exigido pensión.
La ley la amparaba.
podría haberlo expuesto en las revistas.
Era famoso.
El escándalo hubiera destruido.
Podría haberlo demandado.
Tenía todo el derecho.
No hizo nada de eso.
Verónica Castro tomó una decisión que la definiría para siempre.
Iba a tener a su hijo, iba a criarlo sola y no iba a pedirle nada a nadie, nada.
Su madre la apoyó sin una palabra de reproche.
Mi mamá me dijo, “¿Qué quieres hacer?” Y yo le dije, “Quiero tener a mi hijo.
” Y me respondió, “Pues ya no tengas problema.
Donde comen dos, comen tres.
Le iremos echando agüita a la sopa para que alcance.
” Echándole agua a la sopa.
Esa era la realidad.
El 8 de diciembre de 1974 nació Cristian.
Verónica lo registró solo con sus apellidos, sin padre, sin reconocimiento.
Manuel no fue al hospital, no llamó, no mandó dinero, no preguntó si el bebé estaba bien.
No me buscó, dijo Verónica.
tenía muchas mujeres y estaba ocupado.
Estaba ocupado con sus otras mujeres, con sus otros 12 hijos, muy ocupado para el número 13, muy ocupado para la mujer que había dejado embarazada, muy ocupado para el niño que crecía sin padre.
33 años, 12,000 días, 4380 noches.
Y Manuel el Loco, Valdés no apareció ni una sola vez.
¿Y sabes qué hizo Verónica? Algo que nadie le pidió.
Fue a buscar a la esposa de Manuel, a Arcelia la Rañaga, la mujer que también había sido engañada, y le pidió perdón.
A la última esposa hasta disculpas le pedí.
Le dije, “Señora, discúlpeme.
No sabía que estaba todavía casado con usted.
” La mujer engañada pidiéndole perdón a la otra mujer engañada y el hombre que las engañó a las dos.
Nunca pidió perdón a nadie.
Vivió 89 años.
murió en agosto de 2020, rodeado de homenajes, sin haber pagado un peso de manutención, sin haber pedido una sola disculpa.
Y Verónica nunca habló mal de él públicamente.
Nunca, porque así es ella.
Protege hasta quienes no lo merecen.
Cristian creció sin padre.
Verónica cargó sola durante 33 años.
33 años.
12,000 días.
Las noches sin dormir cuando el bebé lloraba y no había nadie que la relevara.
Las fiebres de madrugada cuando tenía que decidir sola si llevarlo al hospital o esperar.
Los gastos interminables, las preguntas de dónde está mi papá, que llegaban en el peor momento, todo sola.
¿Y sabes cuándo conoció Cristian a su padre? A los 33 años.
33 años.
cuando ya era famoso, cuando ya tenía dinero, cuando ya no necesitaba nada.
Manuel, el loco.
Valdés no estuvo para cambiar un pañal, pero sí estuvo para las fotos cuando Cristian llenaba estadios.
Y Verónica nunca dijo nada, nunca reclamó, nunca exigió, porque así es ella.
Y mientras cargaba con todo eso, mientras criaba sola a un niño, mientras trabajaba para mantenerlos a los dos, algo increíble pasó.
Su carrera explotó.
1979.
Los ricos también lloran.
La novela llegó a más de 100 países.
En Rusia paralizaba ciudades.
En China era fenómeno cultural.
Verónica Castro se convirtió en la mujer más famosa de la televisión latinoamericana.
1987.
Rosa Salvaje.
El papel que la definiría para siempre.
La ironía era brutal.
Rosa Salvaje era la historia de una mujer que viene de abajo, que sufre, que lucha contra todo y que al final triunfa, exactamente como Verónica, la niña del cuarto de servicio convertida en reina.
Pero aquí está lo que nadie cuenta.
Mientras llenaba estadios con 20,000 personas gritando su nombre, volvía a una casa donde no había nadie esperándola.
Mientras ganaba millones de dólares, seguía criando sola a un hijo cuyo padre nunca mandó un peso.
Mientras el mundo entero la adoraba, los hombres de su vida la usaban y se iban.
Jorge Martínez, el actor argentino.
Tuvieron un romance durante una telenovela.
Años después, Verónica lo describió con dos palabras.
Resultó abusivo y vividor.
Abusivo, vividor.
Otro hombre que tomó lo que quiso y se fue.
Otro patrón que se repetía.
Y ella siguió adelante, sonriendo, trabajando como si nada.
Porque eso es lo que hacen las mujeres como Verónica.
cargan, callan, siguen adelante.
Y entonces llegó 2004 y el accidente que la destruyó por dentro.
Pero antes de contarte qué pasó, necesitas saber algo.
Lo que vas a escuchar ahora tiene video.
Puedes buscarlo en YouTube cuando termine este video.
Puedes verlo con tus propios ojos y cuando lo veas vas a entender por qué lo que vino después fue tan devastador.
Aquí viene lo segundo que te prometí.
Era la gran final de Big Brother VIP, la cuarta temporada.
El reality show más visto de México.
Verónica era la conductora estrella, la big sister, como la llamaban, la cara del programa.
Televisa quería algo espectacular para cerrar la temporada, algo que generara titulares, algo que nadie olvidara.
La idea que Verónica entrara montada en un elefante.
Un elefante hembra, una entrada triunfal.
La conductora más famosa de México descendiendo de un paquidermo como una reina.
Espectáculo puro, rating asegurado.
Ensayaron cinco veces de día, sin público, sin luces fuertes, sin pirotecnia, todo en calma.
“La elefanta y yo nos llevamos muy bien”, contó Verónica después.
Comimos juntas, le eché de mi perfume.
Éramos reamigas.
Reamigas con un elefante de cinco toneladas.
Eso muestra cuánto confiaba Verónica en que todo iba a salir bien.
Cuánto confiaba en la producción.
Cuánto confiaba en que la gente que la rodeaba la iba a cuidar.
Cuánto estaba dispuesta a arriesgar su propio cuerpo por dar un buen show, por cumplir con lo que le pedían, por ser profesional, por no quedar mal, porque así era ella, porque así había sido siempre, siempre dando todo, siempre arriesgando por los demás, siempre poniendo las necesidades de otros antes que las suyas, siempre profesional hasta las últimas consecuencias.
Pero la noche del evento en vivo fue completamente diferente a los ensayos.
Miles de personas gritando a todo pulmón en las gradas, luces de todos los colores apuntando hacia todos lados.
Pirotecnia explotando, cohetes, música a volumen ensordecedor, aplausos, gritos, caos controlado.
El elefante no había ensayado eso.
El elefante enloqueció.
El video está en YouTube, puedes buscarlo ahora mismo si quieres.
Se llama algo así como Verónica Castro, accidente, elefante Big Brother.
Puedes verlo con tus propios ojos.
Se ve como el animal empieza a moverse errático, nervioso, asustado.
Se ve como Verónica intenta controlarlo agarrándose de donde puede.
Se ve el momento exacto donde todo se sale de control.
La elefanta se pone loca”, contó ella después con una frialdad que solo puede venir del trauma procesado.
Se da la vuelta, me rompe el cuello, luego sale disparada de estampida y salgo yo volando por los aires.
Se me tronó todo.
Se me tronó todo.
Cuatro palabras.
Toda una vida cambiada.
Pero Verónica Castro no paró.
En el mismo video, minutos después del accidente, aparece de nuevo sonriendo, saludando al público, conduciendo el programa como si nada hubiera pasado.
Gracias por acompañarnos.
Bajen su voz para que este animalito la baje también.
profesional hasta el final, con la columna fisurada, con el cuello roto, profesional hasta el final, porque así era ella, porque así le enseñaron a ser, porque mostrar dolor no era opción, porque el espectáculo tenía que continuar, aunque ella se estuviera muriendo por dentro.
Las consecuencias de esa noche no se conocieron hasta casi 20 años después.
En una entrevista con la revista Caras, Verónica finalmente reveló lo que el accidente le hizo a su cuerpo.
Tengo muchas operaciones.
Todas las cervicales las tengo postizas.
Todo el cuello es de titanio.
Perdí la médula espinal casi completa.
Hubo que reconstruir la espalda.
Líe eso otra vez.
Todas las cervicales postizas, todo el cuello de titanio, casi toda la médula espinal perdida, la espalda reconstruida.
Es un edificio construido de titanio dijo con una mezcla de resignación y humor negro.
No se me nota, pero se me siente.
No se le nota.
Eso es lo más devastador de todo.
Durante años, durante más de una década, Verónica siguió trabajando.
Siguió apareciendo en televisión.
Siguió sonriendo para las cámaras, siguió dando entrevistas y nadie sabía que por dentro estaba destrozada, que cada movimiento le costaba un esfuerzo invisible, que el dolor era su compañero constante, que las pastillas para aguantar eran parte de su rutina diaria, que su cuerpo había sido destruido por una decisión de producción que buscaba rating, por una entrada espectacular que nadie recuerda, por un momento de televisión que casi le cuesta la vida, por rating, por espectáculo, por una entrada que nadie iba a recordar al día siguiente.
¿Y sabes qué es lo que más duele de todo esto? Verónica nunca demandó a nadie, nunca exigió compensación por lo que le hicieron, nunca responsabilizó públicamente a Televisa ni a la producción de Big Brother.
Nunca les cobró el cuerpo que le destruyeron.
Nunca les cobró las cirugías.
Nunca les cobró el dolor crónico.
Nunca les cobró nada.
Cargó sola con las consecuencias, como siempre, como toda su vida.
Porque eso es lo que hacen las mujeres como Verónica.
Cargan, callan, perdonan y siguen adelante como si nada hubiera pasado.
Pero aquí viene lo que no cuadra.
En 2025, el periodista Maximiliano Lumbia dijo algo en Televisión Argentina.
Los problemas en la columna son debido a unos golpes feroces que le dio Cristian Castro hace unos años.
Según Lumbia, Cristian la tumbó al suelo y la empezó a patear salvajemente y agregó, “Le hicieron una intervención quirúrgica que duró 6 horas con riesgo de vida.
Las patadas fueron feroces y le destrozaron la columna.
6 horas de cirugía, riesgo de vida.
¿Fue solo el elefante o también fueron las patadas de su hijo? ¿Qué tanto daño le hizo Cristian Castro a su propia madre? Verónica nunca ha aclarado, porque Verónica protege siempre, aunque la estén matando.
Y eso me lleva a algo que no te he contado, algo que pasó entre el accidente del elefante y la golpiza, algo que explica por qué Cristian explotó.
En 2007, un año antes de la golpiza, Verónica le dijo algo a la revista People sobre su hijo que lo cambió todo.
Siento que Cristian es una pérdida total.
Una pérdida total.
Eso dijo una madre sobre su hijo.
En una revista públicamente Una pérdida total.
¿Cómo crees que se sintió Cristian cuando leyó eso? El hijo que ella crió sola, el hijo por el que sacrificó todo, llamado Pérdida Total en una revista internacional.
Eso no justifica la violencia, nada justifica la violencia, pero explica la tensión, explica el resentimiento, explica lo que vino después.
Aquí viene lo tercero que te prometí.
2008.
Cristian Castro estaba casado con Valeria Liberman, una abogada argentina 11 años mayor que él.
Era su segundo matrimonio.
Ya tenían dos hijos juntos, Micael y Simón.
Pero las cosas no iban bien entre ellos y la relación entre Verónica y Valeria era un desastre.
Verónica le dijo a Valeria frente a los suegros de Cristian, “No hay química entre nosotras frente a sus papás en la cara.
¿Te imaginas la tensión en esa familia? ¿Te imaginas las cenas de Navidad? ¿Te imaginas lo que era estar en medio de esas dos mujeres peleando por el mismo hombre? Y un día, en casa de doña Socorro, la mamá de Verónica, la tensión explotó.
Nadie sabe exactamente qué pasó.
Nadie sabe quién dijo qué primero.
Nadie sabe cómo empezó la discusión.
Pero todos saben cómo terminó.
lo que Cristian admitió públicamente en el gordo y la flaca ese mismo año.
Le di cuatro cachetadas a mi madre e incluso la agarré del cabello.
Cuatro cachetadas del cabello a su madre, a la mujer que lo crió sola, a la mujer que lo defendió toda su vida, a la mujer que nunca le pidió nada a cambio.
Eso dijo en 2008 frente a cámaras sin que nadie lo obligara.
Pero en 2016, 8 años después, le preguntaron si había golpeado a una mujer y respondió, “No he golpeado, pero sí la he zarandeado.
” Zarandeado.
Ya no eran cachetadas, era zarandear.
La versión estaba cambiando y en octubre de 2025, cuando le preguntaron de nuevo, esta vez en Argentina, su versión había cambiado completamente.
No sé por qué vuelven a salir las noticias de hace mucho tiempo.
No estaba de acuerdo con mi matrimonio y por eso la situación fue difícil.
Fue de empujones.
Estábamos jóvenes, la verdad que fueron jaloneos, empujones, discusiones, malas palabras, pero nunca, nunca para nada golpes, nunca golpes, nunca.
Imagínense ustedes si yo en algún momento voy a perder el control y empezar a golpear menos a mi madre.
Nunca en la vida.
Nunca en la vida.
Pero él mismo dijo, “Cuatro cachetadas en 2008.
” Él mismo dijo, “La agarré del cabello en 2008.
” ¿Cuál Cristian está mintiendo? ¿El de 2008 que admitió todo frente a cámaras o el de 2025 que niega todo como si nunca hubiera pasado? Porque las dos versiones no pueden ser verdad.
O le dio cuatro cachetadas y la agarró del cabello.
O fueron solo jaloneos y empujones.
Las dos cosas no pueden haber pasado al mismo tiempo.
Alguien está mintiendo.
Pero, ¿quién y por qué? Lo que Yolanda Andrade dice que pasó es mucho peor que cualquiera de las dos versiones de Cristian.
Yolanda fue cercana a Verónica durante años.
Muy cercana.
Algunos dicen que fueron pareja.
Yolanda lo confirma.
Verónica lo niega.
Lo que nadie niega es que vivieron juntas.
Según el periodista Gustavo Adolfo Infante, que ha seguido esta historia durante décadas, vivían juntas en un departamento en Polanco.
Eran vecinas de Joaquín López Dória y Gloria Trevi en el mismo edificio.
Cada vez que se peleaban, ahí iba Yolanda con su maletita.
Se encontraba a los vecinos y le decían, “¿Ahora qué?” Y ella decía, “No, pues me corrió.
” Y a los tres cu días regresaba porque ya se habían arreglado con su maletita.
Esa imagen lo dice todo sobre la relación que tenían.
Y Yolanda dice que ella estuvo presente esa noche de 2008, o al menos en las consecuencias inmediatas, que ella vio lo que pasó, que ella fue testigo.
En febrero de 2024, frente a las cámaras de Venga la Alegría, cuando le preguntaron sobre Cristian Castro, Yolanda fue brutalmente directa.
¿Qué puedes esperar de una persona que le pegó a su mamá? que la agarró a patadas, que yo la llevé al hospital.
Decía a mi abuelo, el que le pega a su madre se le seca la mano.
Es pecado.
Patadas, hospital, pecado.
No cachetadas, como dijo Cristian, patadas.
Y ella la llevó al hospital.
Ella vio las consecuencias.
Gustavo Adolfo Infante dio más detalles basados en sus fuentes.
Verónica terminó muy muy golpeada del cuello porque la ahorcó y la pateó en la cadera.
Estuvo hospitalizada varias horas.
La ahorcó, la pateó hospitalizada.
Y cuando llegaron al hospital, Verónica mintió.
Según las fuentes de infante, les dijo a los doctores que había sido un asalto, un asalto para proteger a su hijo, al hijo que acababa de ahorcarla y patearla.
¿Entiendes lo que estoy diciendo? Una madre de 56 años con la columna ya destruida por el accidente del elefante fue ahorcada y pateada por su propio hijo y mintió a los doctores para protegerlo.
Eso es lo que hace Verónica Castro.
Eso es lo que aprendió desde los 8 años, viendo a su madre aguantar todo, cargar, callar, proteger a todos, aunque nadie la proteja a ella.
Y cuando en agosto de 2020 resurgieron las acusaciones contra Cristian en los medios, ¿sabes qué hizo Verónica? salió a defenderlo públicamente.
“Sí, me duele que lo estén molestando”, dijo.
“¿A quién no le va a doler que le toquen a sus hijos?” diciendo tantas mentiras y cosas ilógicas.
Mentiras, cosas ilógicas.
Eso dijo la mujer que fue golpeada, la mujer que fue llevada al hospital, la mujer que tuvo que mentir a los doctores.
Que Dios bendiga a mi hijo toda la vida y que también bendiga a estas gentes que tienen la boca tan sucia.
Que Dios lo bendiga al Hijo que la pateó, al hijo que la ahorcó, que Dios lo bendiga toda la vida.
Eso dijo la mujer golpeada pidiendo bendiciones para el hijo que la golpeó.
La mujer ahorcada pidiendo bendiciones para el hijo que la ahorcó.
La mujer hospitalizada pidiendo bendiciones para el hijo que la hospitalizó.
¿Puedes imaginar algo más triste que eso? ¿Puedes imaginar algo más injusto? ¿Puedes imaginar algo más devastador? Una madre que da todo y recibe golpes y aún así bendice.
Tal vez tú conoces a una mujer así, tal vez la conoces muy bien.
Una mujer que protege a quienes la lastiman, que excusa a quienes la traicionan, que carga con todo sola sin quejarse, que nunca pide ayuda aunque se esté ahogando, que dice, “Estoy bien”, cuando claramente no lo está, que defiende a quienes debería denunciar, que bendice a quienes debería maldecir.
Tal vez esa mujer es tu madre, tal vez es tu abuela, tal vez es tu tía, tal vez es tu hermana, tal vez es tu amiga, tal vez esa mujer eres tú.
Y si eres tú, quiero que escuches esto con atención.
No tiene que ser así.
Protegerte no es egoísmo.
Pedir ayuda no es debilidad.
Denunciar a quien te lastima no es traición.
Pero Verónica nunca lo aprendió.
Nunca tuvo quien se lo enseñara, nunca tuvo un modelo diferente.
Y mira cómo terminó.
Pero antes de contarte el final, necesitas saber lo que pasó en 2019.
Porque lo que pasó en 2019 fue el golpe que la sacó de la televisión, el golpe que terminó con 53 años de carrera, el golpe que vino de alguien que decía amarla.
2019.
11 años después de la golpiza, Yolanda Andrade decidió hablar públicamente de algo que Verónica había guardado en secreto durante años.
Fue a Radio Fórmula al programa de Javier Poza y soltó una bomba que nadie esperaba.
Sí, me casé en Ámsterdam con una mujer maravillosa.
Estábamos muy enamoradas.
Fue un momento simbólico muy bonito y si ella me autoriza decirlo, pues algún día y creo que hay fotos de la boda y video.
Fue muy bonita.
Amámsterdam, boda, fotos, video.
No dijo el nombre directamente, pero cuando el entrevistador insistió preguntando si era Verónica Castro, la respuesta de Yolanda fue calculada.
En el nombre de nuestra amistad, quiero que Verónica Castro me desmienta en el nombre de nuestra amistad.
Que me desmienta.
Era un reto público, una invitación a que Verónica hablara, una forma de obligarla a responder y agregó un detalle que no dejaba ninguna duda sobre de quién estaba hablando.
Fui madrastra de dos.
Verónica tiene dos hijos, Cristian y Michelle.
Gustavo Adolfo Infante confirmó después en su programa Sale un día a mí, Yolanda me enseñó una fotografía.
Ella estaba de traje y Verónica de blanco.
Me dijo que eso había sido una ceremonia en Ámsterdam donde se habían casado.
Yolanda de traje, Verónica de Blanco, una ceremonia simbólica en Ámsterdam.
Según las fuentes, habría sido alrededor de 2003 o 2004.
Yolanda tenía 31 años, Verónica tenía 50.
Verónica negó todo rotundamente, furiosamente.
No me casé, no soy su mujer, no soy su esposa.
La quise mucho y la ayudé mucho, pero eso es todo.
Y en otra entrevista fue más directa.
No voy a casarme.
No voy a ser lesbiana en esta ocasión.
No en esta vida.
No en esta vida.
Pero el daño ya estaba hecho.
Los titulares explotaron, las redes sociales se llenaron de comentarios, todo el mundo hablaba del tema y Verónica, a los 67 años se vio expuesta de una manera que nunca había experimentado, no por un escándalo que ella hubiera provocado, sino por alguien que decía haberla amado.
El 12 de septiembre de 2019, el día de la Virgen de Guadalupe, Verónica publicó un mensaje en Instagram que cambiaría todo.
Yo no puedo con la agresión y el escarnio.
Digo adiós a lo que tanto amé.
Mi profesión por 53 años.
Entregué mi vida con todo mi amor.
Pero estoy agotada de tanto mal.
Como lo vengo diciendo hace muchos años, quiero mi paz.
53 años de carrera, más de 30 telenovelas, cientos de programas de televisión, millones de fans en todo el mundo mundo, terminados con un mensaje de Instagram.
No hubo despedida con homenajes, no hubo alfombra roja, no hubo celebración de una vida extraordinaria, fue una huida, una rendición, una mujer de 67 años que ya no podía más.
con el escrutinio público, que ya no tenía fuerzas para seguir fingiendo, que ya no quería pelear.
Yolanda Andrade respondió en sus historias de Instagram: “No hay nada más patético que una persona haciéndose la víctima y culpando a los demás de sus acciones.
Patético, haciéndose la víctima.
” le dijo eso a la mujer que supuestamente había amado.
7 meses después vino el golpe final.
El 24 de abril de 2020, en plena pandemia de COVID-19, cuando los hospitales no dejaban entrar familiares, cuando los funerales estaban prohibidos, cuando despedirse era imposible.
Murió Socorro Castro, la madre de Verónica, la mujer que dijo, “Donde comen dos, comen tres.
” Cuando su hija de 21 años le contó que estaba embarazada, la mujer que trabajó 12 horas diarias como secretaria para darles de comer.
mujer que nunca se quejó, que nunca pidió nada, que nunca dejó de sonreír para sus hijos, aunque por dentro estuviera destrozada.
La mujer que le enseñó a Verónica todo lo que sabe sobrecargar en silencio.
La roca sobre la que Verónica construyó toda su vida, su mejor amiga, su confidente, su todo.
tenía 85 años y se fue sin que Verónica pudiera despedirse como hubiera querido, sin poder estar ahí en el último momento, sin poder decirle todo lo que nunca le dijo, sin poder abrazarla una última vez.
Verónica lo contó después con palabras que rompen.
Me costó mucho trabajo.
Estuve de hospital en hospital.
Me puse mal.
No puedo decir mentiras.
Se me derramó la bilis.
Me espanté muy feo.
Me dolían todas las articulaciones, mucha artritis, muchas cosas feas.
Se le derramó la bilis de la tristeza.
El cuerpo no pudo procesar el dolor y Lemina Batacinta salió por donde pudo.
Es muy difícil, dijo también Cristian.
A veces me dice, “Mamá, ¿qué es esto? ¿Se va a acabar?” Y yo no sé qué contestarle.
Todavía no entendemos muchas cosas, pero le está costando mucho a él.
Le está costando a él, al hijo que la golpeó.
Pero Verónica seguía preocupándose por él, seguía pensando en él, seguía protegiéndolo, incluso en medio de su propio dolor, incluso mientras se le derramaba la bilis.
Y entonces confesó algo que revela dónde está su cabeza ahora.
A veces siento que mi mamá me llama.
Le digo, “Gorda, aguántame.
” “Gorda, aguántame.
” Le habla a su madre muerta.
Siente que la llama desde el otro lado como si estuviera esperándola, como si le estuviera diciendo que ya puede irse, como si ya no hubiera nada que la retenga aquí.
Aquí viene lo cuarto que te prometí.
En octubre de 2022, la revista TV Notas publicó una entrevista extensa con alguien que se identificó como amiga cercana de Verónica durante muchos años.
Lo que reveló es lo más duro de toda esta historia.
Creo que se le juntó todo.
La tristeza por la muerte de su mamá, el miedo, la depresión y, bueno, además empezó a abusar de los antidepresivos.
abusa de los antidepresivos.
Cuando fui a verla a su casa de Acapulco, te juro que no la reconocí.
Ya no era la Verónica que estaba acostumbrada a ver.
Le vi el pelo blanco, muy demacrada, triste y con cada palabra que decía lloraba.
Cada palabra lloraba.
La mujer que conquistó el mundo con su sonrisa ahora llora con cada palabra.
Siempre ha sido muy especial, pero con la edad y la vejez cree que la buscan por su dinero.
Cree que le quieren robar.
Cree que todos quieren robarle.
La mujer que nunca le pidió un centavo a nadie.
La mujer que perdonó al padre de su hijo sin exigir nada.
La mujer que mintió en el hospital para proteger al hijo que la golpeó.
Ahora piensa que todos quieren aprovecharse de ella.
La fuente explicó qué pasó con la familia después de que murió Socorro.
Cristian era más cercano a su abuelita Socorro porque ella era su confidente.
Desgraciadamente a Verónica la veía esporádicamente por su trabajo.
Pero para ellos su madre siempre fue doña Socorro.
Y bueno, al morir la matriarca de la familia, se murió la unión también entre ellos.
Cuando murió Socorro, murió la familia.
Murió el pegamento que los mantenía juntos.
Murió la razón para reunirse en Navidad.
murió la excusa para llamarse por teléfono.
Murió todo.
Sobre la relación actual entre Verónica y Cristian, la fuente dijo algo devastador.
Pasan semanas sin hablar porque Cristian cambia de número de celular como de novias.
Pero cuando pasan tres semanas, él busca a Verónica.
Hablan un minuto y basta.
Un minuto cada tres semanas.
Esa es la relación que queda entre la mujer que lo crió sola durante 33 años, la mujer que sacrificó todo por él, la mujer que mintió en el hospital para protegerlo y el hijo que la golpeó.
Un minuto de llamada y basta.
La fuente también reveló que Verónica ha alejado a casi toda su familia, a sus nietos, a las madres de sus nietos, a sus propios hijos, a todos.
Piensa que le quieren robar, piensa que la buscan solo por su dinero.
La paranoia de una mujer que ya no confía en nadie, que aprendió de la peor manera que la gente que amas puede destruirte.
Y entonces la fuente dijo algo que no he podido sacarme de la cabeza desde que lo leí.
Ha confesado que ya no desea vivir.
Ya no desea vivir.
Verónica Castro, la reina de las telenovelas, la mujer que hizo llorar a 100 países con su actuación.
La mujer que fue la voz de generaciones enteras.
La mujer que llenó estadios cantando macumba.
La mujer que fue la cara de la televisión mexicana durante cinco décadas.
La mujer que representó a México ante el mundo.
Ya no desea vivir.
¿Cómo llegamos aquí? ¿Cómo es posible que una mujer que tenía todo termine sin nada? ¿Cómo es posible que la que dio más termine más sola? Mira el recorrido completo, ponlo todo junto.
Míralo de principio a fin.
A los 8 años, su padre la abandonó.
Tuvo que ser madre de sus hermanos mientras su madre trabajaba.
Cenaba café con leche y un bisquet.
A los 21, el padre de su hijo la abandonó, le ofreció un lugarcito y se echó para atrás.
Era el hijo número 13 de sus nueve.
A los 22 nació Cristian.
Lo crió completamente sola durante 33 años, sin padre, sin pensión, sin ayuda.
A los 52, un elefante le destrozó la columna en vivo.
Siguió conduciendo el programa con el cuello roto.
Hoy tiene toda la espalda de titanio.
A los 56 su propio hijo la ahorcó y la pateó hasta hospitalizarla.
Ella mintió a los doctores para protegerlo.
A los 67 su examiga la expuso públicamente.
Tuvo que retirarse después de 1953 años de carrera con un mensaje de Instagram.
A los 68 murió su madre, la única persona que siempre estuvo ahí.
Se le derramó la bilis de la tristeza.
A los 72 vive sola en una casa de Acapulco con el pelo blanco, llorando con cada palabra, hablándole a su madre muerta, diciendo que ya no quiere vivir todo lo que dio, todo lo que cargó, todo lo que cayó, todo lo que perdonó, todo lo que protegió.
¿Para qué? para terminar sola, para terminar olvidada, para terminar llorando en una casa vacía, para terminar hablándole a una mujer que ya no puede responder.
Hay algo que dijo en una entrevista que lo resume todo.
Si tiene que hablar la artista, va a decir que todo está divino, espléndido, maravilloso.
Pero si debe hablar la mujer, ha sido el tiempo más difícil que he vivido en toda mi existencia.
En toda su existencia.
No en el último año, no en los últimos 5 años, no desde que murió su madre.
Toda su existencia.
72 años de cargar, 72 años de aguantar, 72 años de proteger a otros.
Y nadie la protegió a ella.
La artista dice que todo está bien.
La mujer dice que ha sido un infierno.
Y el mundo solo vio al artista.
A Mariana de los ricos también lloran.
A Rosa Salvaje, a la conductora sonriente, a la cantante que llenaba estadios.
Nadie vio a la mujer, a la niña de 8 años que tuvo que ser adulta, a la joven de 21 que cargó sola con un embarazo, a la madre que mintió en el hospital para proteger al hijo que la golpeó, a la mujer de 72 años que llora con cada palabra.
Nadie la vio porque ella nunca dejó que la vieran.
Porque mostrar dolor no era opción, porque pedir ayuda no estaba permitido.
Porque cargar sola era lo único que conocía, porque así le enseñaron.
Porque así vio que hacía su madre.
Porque así hacen las mujeres de su generación.
Porque así hacen millones de mujeres todavía.
Y ahora está sola en una casa vacía de Acapulco, con fotos de una madre que ya no está, con recuerdos de una carrera que terminó en vergüenza, con un teléfono que casi nunca suena, con un cuerpo de titanio que duele cada día, con una mente que ya no quiere seguir peleando y con una pregunta que tal vez nunca tenga respuesta.
¿Por qué las mujeres que más dan son las que menos reciben? ¿Por qué las que más cargan terminan más solas? ¿Por qué las que más protegen son las que nadie protege? ¿Por qué las que más aman son las más olvidadas? ¿Por qué Verónica Castro le dio todo a todos? A su madre le dio su infancia.
A los 8 años se convirtió en madre de sus hermanos para que Socorro pudiera trabajar.
cocinó, limpió, cuidó, consoló todo mientras otras niñas jugaban.
A sus hermanos les dio su juventud, los crió como si fueran sus hijos, los sacó adelante, los protegió del abandono del Padre.
Al loco Valdés le dio su dignidad.
Nunca lo expuso públicamente, nunca lo demandó, nunca le exigió la pensión que le correspondía por ley, nunca habló mal de él, incluso fue a pedirle perdón a su esposa.
A Cristian le dio su vida entera, 33 años de crianza completamente sola.
todo su dinero, todo su tiempo, todas sus oportunidades de rehacer su vida, todo su amor.
Y cuando él la golpeó, mintió en el hospital para protegerlo.
Y cuando lo acusaron públicamente, salió a defenderlo.
Y cuando todo el mundo supo la verdad, ella dijo, “Que Dios lo bendiga.
A los hombres que pasaron por su vida les dio oportunidades que no merecían.
Jorge Martínez resultó abusivo y vividor, pero ella no lo expuso, no habló, no denunció.
A la industria le dio 53 años de trabajo.
A Televisa le dio su cuerpo.
Literalmente subió a un elefante porque se lo pidieron y cuando el animal la destrozó, siguió conduciendo el programa con el cuello roto y nunca demandó y nunca exigió compensación y nunca responsabilizó a nadie.
A su público le dio millones de horas de entretenimiento, les dio lágrimas y risas, les dio a Mariana y a Rosa Salvaje, les dio música y programas y entrevistas, les dio todo lo que tenía.
A Yolanda le dio años de compañía y cuando Yolanda la expuso públicamente, Verónica no atacó, no se vengó, solo se fue todo.
Le dio todo a todos, cada gramo de energía que tenía.
cada peso que ganó, cada hora de su vida, cada pedazo de su alma, todo.
Y cuando llegó el momento de que alguien le diera algo a ella, cuando necesitó que alguien la cuidara, cuando necesitó que alguien la protegiera, cuando necesitó que alguien estuviera ahí sin pedir nada a cambio, no había nadie.
Su padre se fue cuando tenía 8 años.
El loco Valdés se fue cuando supo del embarazo.
Jorge Martínez resultó abusivo.
Cristian la golpeó.
Yolanda la expuso.
Su madre murió y ella quedó sola, completamente sola, con una casa vacía, con un teléfono mudo, con fotos de fantasmas, con recuerdos que duelen y con una madre a la que le habla, aunque ya no pueda escucharla.
Corda, aguántame.
Eso le dice, como si Socorro fuera a responder, como si fuera a aparecer en la puerta, como si fuera a decirle, “Ya no tienes que cargar sola mi hija.
” Pero nadie viene, nadie responde, nadie aparece.
Porque Verónica Castro pasó toda su vida rescatando a otros, a su madre cuando el padre las abandonó, a sus hermanos cuando eran niños.
a Cristian cuando el loco no quiso hacerse cargo, a los hombres que la usaron, a la industria que la explotó, a todos los que la necesitaron.
Y nunca aprendió a dejar que la rescataran a ella.
Nunca aprendió a decir, “Necesito ayuda.
” Nunca aprendió a decir, “Ya no puedo más.
” Nunca aprendió a poner límites.
Nunca aprendió que también merecía ser cuidada.
Y ahora tiene 72 años.
72 años.
Y está sola, completamente sola.
y dice que ya no quiere vivir, que ya no quiere seguir cargando.
Pero hay algo más que necesitas saber, algo que no te he contado todavía, algo sobre lo que está pasando ahora mismo.
Porque mientras tú estás viendo este video, Verónica Castro sigue viva, sigue en esa casa de Acapulco, sigue con el pelo blanco, sigue llorando y hay gente que está tratando de llegar a ella.
En diciembre de 2024, Yolanda Andrade dio una entrevista donde dijo algo inesperado.
Dijo que quería reconciliarse con Verónica después de todo lo que pasó, después de exponerla públicamente, después de llamarla patética, después de destruir su carrera, Yolanda dijo que quería hacer las paces.
¿Sabes qué? Respondió Verónica.
Nada.
silencio absoluto.
No quiso saber nada.
Y hay quienes dicen que hizo bien porque hay traiciones que no se perdonan, hay daños que no se reparan, hay heridas que no cierran.
Pero también hay quienes dicen que Verónica debería hablar, que debería contar su versión, que debería defenderse por una vez en su vida, que debería dejar de proteger a todos y protegerse a ella misma.
Pero Verónica no habla.
Verónica calla como siempre, como toda su vida.
Y mientras tanto, Cristian sigue con su carrera, sigue dando conciertos, sigue saliendo en televisión, sigue cambiando de novia cada 6 meses.
En 2024 se comprometió con una mujer llamada Mariela Sánchez.
Era su quinto compromiso público.
Quinto.
Y cuando le preguntaron sobre su madre, ¿sabes qué dijo? La relación con mi mamá está bien.
Nos queremos mucho.
Está bien, se quieren mucho.
Pero la fuente cercana a Verónica dice que pasan semanas sin hablar, que cuando hablan es un minuto y basta.
Que Cristian cambia de número de celular como de novias.
Eso es.
Está bien, eso es Se quieren mucho.
Un minuto cada tres semanas con la mujer que te crió sola durante 33 años.
Eso es amor.
Y hay algo más, algo que casi nadie sabe.
Verónica tiene otro hijo.
Se llama Michelle.
Nació en 1982, 8 años después de Cristian.
Michelle es hijo de un empresario llamado Enrique Niembro.
Y a diferencia de Cristian, Michelle siempre ha sido discreto.
No busca cámaras, no da entrevistas, no aparece en revistas, pero según las fuentes cercanas, Michelle es el que más está pendiente de Verónica, el que la llama más seguido, el que la visita en Acapulco, el que se preocupa de verdad.
Mientras Cristian llena estadios y cambia de novia, Michelle está ahí en silencio, sin pedir reconocimiento, sin buscar reflectores, cuidando a su madre como ella cuidó a todos.
¿No es irónico? El hijo que tuvo todo el amor público, la atención, los reflectores, es el que menos está presente y el hijo que creció en la sombra sin escándalos, sin titulares, es el que cuida.
Pero ni siquiera Michelle puede llenar el vacío que dejó Socorro, porque Socorro era más que una madre para Verónica.
Era su mejor amiga, era su confidente, era la única persona en el mundo que la conocía de verdad, la única que sabía lo que había detrás de la sonrisa, la única que la vio llorar sin cámaras, la única que nunca la juzgó.
Y ahora Socorro no está.
Y Verónica le habla de todas formas.
Gorda, aguántame.
¿Sabes qué significa eso? Significa que Verónica siente que su madre la está llamando desde el otro lado, que la está esperando, que le está diciendo, “Ya puedes venir.
” Y Verónica le pide que aguante, que todavía no, que aún no es tiempo, pero cada día que pasa la espera se hace más corta.
Cada día que pasa, el aguanta me tiene menos fuerza.
Cada día que pasa, Verónica está más cerca de reunirse con su madre.
Y eso es lo que más miedo me da de esta historia, que estamos viendo el final en tiempo real, que mientras tú estás viendo este video, Verónica Castro está en una casa de Acapulco, sola, con el pelo blanco, llorando con cada palabra, hablándole a su madre muerta.
Y nadie sabe cuánto tiempo le queda.
Nadie sabe si mañana habrá otra oportunidad.
Nadie sabe si Cristian va a llamar antes de que sea demasiado tarde.
Y eso me lleva a algo que quiero decirte directamente.
A ti que estás viendo esto, quizá no conoces a Verónica Castro, quizá solo la conoces por sus novelas, quizá ni siquiera habías nacido cuando hizo Rosa Salvaje.
Pero apuesto a que conoces a una mujer como ella, una mujer que cargó sola, una mujer que sacrificó todo por sus hijos, una mujer que nunca pidió nada, una mujer que aguantó lo que no debía aguantar, una mujer que perdonó lo que no debía perdonar, una mujer que protegió a quienes la lastimaron.
Quizá esa mujer es tu madre y quizá hace tiempo que no la llamas.
Quizá hace tiempo que no le dices que la amas.
Quizá hace tiempo que no le agradeces todo lo que hizo.
Quizá estás esperando el momento perfecto, el día perfecto, la ocasión perfecta.
Pero te voy a decir algo que nadie quiere escuchar.
El momento perfecto no existe.
El día perfecto no llega.
La ocasión perfecta es ahora.
Porque mañana puede ser demasiado tarde, porque las madres no son eternas, porque el tiempo no perdona, porque un día vas a querer llamar y no va a haber nadie que conteste.
Y ese día vas a recordar todas las veces que pudiste llamar y no lo hiciste.
Todas las veces que pudiste decir, “Te amo”, y no lo dijiste.
Todas las veces que pudiste ir a verla y no fuiste.
y ese peso te va a acompañar el resto de tu vida.
Cristian Castro va a cargar con eso.
Cuando Verónica ya no esté, Cristian va a recordar los minutos que no hablo, las visitas que no hizo, los te amo que no dijo, las disculpas que nunca pidió y va a tener que vivir con eso para siempre.
No seas como Cristian.
No esperes a que sea demasiado tarde.
Llama a tu madre hoy, ahora, cuando termine este video.
Dile que la amas, dile que la ves.
Dile que todo lo que hizo valió la pena.
Porque hay millones de madres como Verónica, millones de mujeres que dieron todo y sienten que no recibieron nada.
Millones de mujeres que cargaron solas y ahora están solas.
Millones de mujeres que se preguntan si valió la pena tanto sacrificio.
Y una llamada puede cambiar eso.
Una llamada puede ser la diferencia entre ya no deseo vivir y quiero seguir aquí.
Una llamada puede salvar una vida.
Quizá no la de Verónica, pero sí la de alguien.
Quizá la de tu madre, quizá la de tu abuela, quizá la de una mujer que conoces y que está cargando sola sin que nadie lo sepa.
Porque las Verónicas no piden ayuda.
Las Verónicas no dicen que están sufriendo.
Las Verónicas sonríen aunque se estén muriendo por dentro.
Y si tú no te acercas, ellas nunca van a buscarte.
Así que acércate tú hoy, ahorita, antes de que sea demasiado tarde.
Y si Cristian está viendo esto, Cristian, si estás viendo esto, quiero que sepas algo.
Tu madre tiene 72 años.
72.
No le quedan muchos más.
A nadie le quedan muchos más a esa edad.
Y tú tienes la oportunidad de hacer algo que nunca podrás hacer después.
Tienes la oportunidad de pedirle perdón.
De verdad, no por televisión, no para quedar bien, de verdad, en privado, mirándola a los ojos, diciéndole que sabes que la lastimaste, que sabes que ella mintió para protegerte, que sabes que ella cargó sola mientras tú brillabas y que lo sientes, que de verdad lo sientes.
Eso es lo único que ella necesita.
No dinero, no regalos, no fama.
Solo escuchar que su hijo reconoce todo lo que ella hizo.
Solo escuchar que valió la pena.
Solo escuchar un perdón sincero antes de irse.
¿Puedes darle eso? ¿Puedes darle eso antes de que sea demasiado tarde? Porque el día que Verónica Castro cierre los ojos para siempre, el día que gorda aguántame se convierta en Ya voy, mamá.
Ese día, Cristian, vas a quedarte solo con tus recuerdos y ningún concierto va a llenar ese vacío.
Ninguna novia nueva va a borrar esa culpa.
Ningún aplauso va a callar esa voz que te va a preguntar, ¿por qué no llamaste más? Hazlo ahora mientras puedes, mientras ella todavía puede escucharte, mientras todavía hay tiempo.
Quizá es demasiado tarde para Verónica, quizá no.
Quizá alguien que la conoce está viendo esto ahora mismo.
Quizá este video llega a alguien que puede hacer algo.
Quizá tú puedes hacer algo.
No por Verónica, por tu propia madre, por tu propia abuela, por alguna mujer que conoces y que está cargando sola, porque hay millones de Verónicas ahí afuera.
Millones en cada país, en cada ciudad, en cada familia.
Mujeres que dan todo y no reciben nada.
Mujeres que protegen a quienes las lastiman.
Mujeres que sonríen mientras por dentro se destrozan.
Mujeres que dicen, “Estoy bien cuando están destrozadas.
” Mujeres que cargan solas porque nadie les enseñó otra forma.
y merecen ser vistas, merecen ser escuchadas, merecen ser protegidas aunque sea una vez en su vida, aunque sea hoy, antes de que sea demasiado tarde, antes de que el estoy bien se convierta en silencio, antes de que la sonrisa se apague para siempre, antes de que gorda aguántame sea lo último que digan.
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Cuéntame si conoces a una mujer como Verónica.
Cuéntame si esta historia te hizo pensar en alguien.
Cuéntame si vas a llamar a tu madre cuando termine este video, porque quiero saber que esto sirvió de algo, que contar la historia de Verónica Castro valió la pena, que al menos una persona va a hacer algo diferente después de ver esto.
La próxima semana viene otra historia igual de fuerte, otra historia de alguien que dio todo y terminó con nada.
Otra historia que te va a hacer pensar.
No te la pierdas.
Nos vemos.