Felipe el Gordo se salvó porque no cabía en el avión sobrecargado de muerte.

El micrófono que Pipe regaló a Jason dos meses antes lo condenó a morir.
Ustedes pensaban que ya lo habían visto todo en el mundo del espectáculo.
Pues agárrense porque lo que les voy a contar sobre la muerte de Jason Jiménez va a desbajar la boca abierta.
Y no estoy exagerando.
Créanme que esto es más retorcido que cualquier novela de las nueve.
Una verdadera bomba que estalló en Colombia y dejó al país entero patas para arriba.
Todos creíamos conocer la historia del accidente de ese avión.
Fallos técnicos, problemas con los motores, el clásico, etcétera.

Pero la verdad, mis queridos, es mucho más turbia, más oscura de lo que jamás hubieran imaginado, involucrando detalles que ni en sus peores pesadillas se atreverían a concebir.
Estamos hablando de narcos, de caballos millonarios, de maletas misteriosas y de decisiones de último minuto que marcaron la diferencia entre la vida y la muerte.
Ya se les puso la piel chinita, ¿verdad? Pues esperen, porque apenas estamos comenzando a desentrañar este enigma.
Para entender este dramón tenemos que retroceder un poco.
Jason Jiménez no era un cantante cualquiera.
Se había convertido en una de las estrellas más brillantes de la música popular colombiana.
Hablamos de un artista que llenaba estadios, que movía masas y que con sus canciones hacía vibrar a todo un país.

Era el ídolo de Colombia, el orgullo de su tierra, el que con esfuerzo había escalado desde abajo hasta la cima.
Pero como suele suceder en estas historias de fama y fortuna, donde hay mucho dinero, también acecha mucho peligro.
Y Jason, pobrecito, se vio envuelto en unos enredos que al final le costarían la vida.
Según las revelaciones de Javier Seriani, quien tiene fuentes de primerísima mano, Netflix estaba planeando documentar la vida de Jason.
Sí, así como lo oyen, la misma plataforma que produjo las exitosas series de Luis Miguel y Fito Páez estaba interesada en la historia de este cantante colombiano.
Pero aquí viene un giro inesperado.
Netflix inicialmente no tenía a Jason como primera opción.

Su objetivo era Pipe bueno.
¿Y quién es Pipe bueno?, se preguntarán.
Ay, mis amores, aquí es donde la cosa se pone verdaderamente color de hormiga.
Pipe Bueno es otro cantante colombiano, supuestamente un gran amigo de Jason.
Sin embargo, resulta que Pipe tenía más conexiones en Estados Unidos.
Había salido con figuras reconocidas internacionalmente, lo que llevó a Netflix a pensar que él sería una figura más atractiva para una serie de alcance mundial.
Los asesores de Netflix le dijeron que no, que en Colombia el que realmente movía masas, el que llenaba conciertos con su talento auténtico era Jason Jiménez y esto es crucial.
Pipe bueno, a diferencia de Jason o de figuras como Jade Balvin, nunca pudo llenar estadios con sus presentaciones.
Entonces, ¿de dónde provenía todo el dinero que Pipeo utilizaba para promocionarse si sus conciertos no llenaban las expectativas? Aquí es donde la historia se vuelve más jugosa que cualquier chisme de comadres.

El padre de Pipe Bueno, un tal Rigoberto, pertenecía a un grupo muy particular conocido como los 12 apóstoles.
Y no, no hablaban de ningún grupo religioso.
Estos apóstoles eran parte del oscuro mundo del narcotráfico colombiano.
El padre de Pipe Bueno, era un capo importante, uno de los que se entregó a la DEA en Panamá.
Fue encarcelado en Nueva York, colaboró con las autoridades y posteriormente fue liberado.
Pero antes de que todo esto sucediera, desde la misma cárcel, el padre de Pipe contactó a un amigo de extrema confianza.
le pidió ayuda para impulsar la carrera musical de su hijo y le proporcionó una cantidad ilimitada de dinero.
Imaginen ustedes dinero ilimitado para que Pai Bueno se convirtiera en una estrella.
Con estos fondos crearon un restaurante llamado Rancho MX, que no era un lugar común y corriente.

Era una réplica de un rancho mexicano en plena Colombia con capacidad para 3,000 personas diarias.
Un negocio que, sin duda, generaba una fortuna.
Había mariachis, comida, alcohol, tequila y, según Seriani, otras hierbas.
En esencia, funcionaba como una máquina de lavado de dinero disfrazada de restaurante temático, una fachada perfecta para blanquear capitales y financiar la promoción de pipe bueno, pagando pautas en radio y en todos los medios.
Por eso el joven contaba con tantos recursos, pero no lograba llenar conciertos.
Su fama era artificial, comprada con dinero manchado por el narcotráfico.
Volviendo a Jason, Netflix finalmente se decidió por la serie de Jason Jiménez.
Las grabaciones comenzaron, todo marchaba viento en popa y de repente el cantante muere en ese trágico accidente de avión.
Y es aquí donde la historia se torna verdaderamente escalofriante.
Según la exhaustiva investigación realizada por Seriani, con la colaboración de pilotos expertos y personas directamente involucradas, ese accidente no fue una casualidad, no fue un simple fallo de motores, fue provocado por sobrepeso en la aeronave.
La pregunta del millón ahora es, ¿qué causó ese sobrepeso? La pista donde Jason aterrizó y despegó ese fatídico día no era una pista cualquiera, era una pista clandestina sin radar, donde la comunicación con la torre de control se realizaba a través de WhatsApp.
¿Pueden creerlo? Por WhatsApp.
Una pista que exigía despegar antes de las 5 de la tarde, ya que sin luz ni radar, volar después de esa hora era prácticamente imposible.
Y aquí viene lo más indignante de todo este asunto.
¿Saben quién más utilizaba esa pista? Artistas de la talla de Marco Antonio Solís, Alejandro Fernández, Ricky Martín, Juan Sebastián, los Tigres del Norte, todos los grandes artistas latinos.
¿Por qué? Porque así somos los latinos, haciendo todo a la ligera, todo atado con alambre, todo por lo barato, aunque nos cueste la vida.
Artistas millonarios arriesgando su vida en pistas sin seguridad, sin radar, por ahorrarse unos cuantos pesos.
Da coraje, ¿verdad? ¿Cómo nos tratan así? ¿Cómo nos conformamos con migajas cuando deberíamos exigir lo mejor? Pero esa es otra historia, un tema para otro momento.
El caso es que ese día Jason iba a viajar con cinco personas más en el avión.
Ya de por sí era arriesgado, pues el avión iba bastante cargado.
Pero entonces llegó Felipe.
¿Quién era Felipe? Pues resulta que Felipe era un asistente personal que Pipe Bueno le había regalado a Jason apenas un mes antes en diciembre.
Sí, como si se tratara de una mascota.
Toma, te regalo a mi asistente.
Y Jason lo aceptó.
¿Por qué? ¿Qué otra cosa podía pensar de su supuesto amigo? Ahora escuchen bien, porque aquí está el meollo del asunto.
Felipe era una persona de complexión robusta y no lo digo con maldad, sino porque su peso es crucial en esta historia.
Felipe llegó al aeropuerto ese día con dos maletas tipo pelican.
Esas maletas enormes y pesadísimas que usan los músicos para transportar equipo.
Cuando intentaron subir a Felipe al avión con las maletas, alguien con un mínimo de sentido común dijo, “No, esto no va a funcionar.
Hay demasiado peso.
” Entonces le sugirieron a Felipe que mejor se fuera por carretera, que ellos se verían allá.
Felipe aceptó y se quedó en el lobby del aeropuerto esperando.
Pero aquí viene la decisión fatal, la que marcó la diferencia entre la vida y la muerte.
Alguien dijo, “Bueno, sí.
Felipe no va, al menos que suban las maletas porque ahí va todo el equipo de sonido.
Y así fue como subieron las dos maletas Pelican.
Las acomodaron de lado, como cuando metes las maletas en un coche y ya no caben bien, pero las empujas a la fuerza.
Cerraron la compuerta del avión y despegaron.
El piloto que debería haber verificado el peso no lo hizo o no le importó o simplemente le dijeron que no se preocupara.
El caso es que despegaron con sobrepeso.
¿Y saben qué había en esas maletas? Porque Seriani investigó hasta eso.
En esas maletas iban 38 micrófonos.
Sí, 38 micrófonos para la batería, para los músicos, para la orquesta de repuesto.
Y entre esos micrófonos iba uno especial, el tesoro de Jason, un micrófono que había conseguido en Europa, similar al que usaba Michael Jackson, que costaba $50,000 $50,000 por un micrófono.
Además de los micrófonos, las maletas traían cables de alta tensión, walkieties, baterías, todo el equipo de sonido necesario para un concierto.
Y creen que ya estuvo rudo, espérense porque ahorita les cuento lo que sigue y se van a quedar pasmados.
Pero antes, si están disfrutando esta historia, si quieren saber más secretos del mundo del espectáculo, suscríbanse al canal, denle like, activen la campanita para que no se pierdan ni un solo chisme, porque créanme que lo que viene es todavía más fuerte.
Entonces, recapitulando, Felipe, el gordito se queda en tierra.
Sen las maletas que pesaban prácticamente lo mismo que él.
El avión despega con sobrepeso y minutos después se estrella.
Felipe, que se había quedado en el lobby del aeropuerto, ve con sus propios ojos como el avión cae.
¿Y saben a quién llama inmediatamente? A Pipe Bueno, su exjefe, el que se lo había regalado a Jason.
Le dice, “Se acaba de matar Jason.
Yo no viajé.
” Pipe bueno fue el primero en enterarse de que Jason había muerto.
El primero antes que la familia, antes que los medios, antes que nadie.
¿No les parece extraño? A mí sí.
Ahora Seriani dice que no hay pruebas de que Pipe bueno haya planeado esto, que supuestamente ellos eran amigos, que Pipe incluso dejaba que Jason abriera sus conciertos, pero las coincidencias son demasiado, ¿no creen? El asistente que regala justo un mes antes las maletas que aparecen de último minuto, el gordito que se queda en tierra pero las maletas suben y Pipe siendo el primero en enterarse.
Es como un rompecabezas macabro donde todas las piezas van encajando.
Pero espérense que todavía hay más.
Porque resulta que Jason no era ningún santito tampoco.
Y aquí es donde entran los caballos.
Sí, caballos.
Jason era fanático de los caballos de paso fino, de esos caballos carísimos que valen fortunas.
Tenía varios, pero su favorito era uno que se llamaba Resorte, un caballo negro hermosísimo que le había costado millón de dólares.
Por un caballo.
Tenía otros que valían medio millón 300,000.
Era una fortuna en caballos.
El problema es que Sonia, la esposa de Jason, estaba aterrada porque Jason se la pasaba de gira viajando por toda América, por México, tratando de hacer carrera en Estados Unidos.
Y ella se quedaba solita en el rancho con la niña y los caballos millonarios y le decía a Jason, “Mi amor, nos van a venir a secuestrar, nos van a robar los caballos.
Todo Colombia sabe lo que tenemos aquí.
” Y tenía razón, porque en Colombia, con tanta inseguridad, tener algo valioso es pintarse una diana en la espalda.
Entonces Jason, tratando de proteger a su familia y sus caballos, buscó ayuda.
¿De quién? de los narcos de Villa Vicencio.
Sí, señor.
Se hizo amigo de los hombres malos de la zona para que le cuidaran sus fincas y sus caballos.
Eso dice Seriani, que el caballo resorte fue el que lo llevó al narco.
Porque si no hubiera tenido esos caballos tan caros, Jason no hubiera necesitado buscar protección con la gente equivocada.
Pero como los tenía, no tuvo más remedio que meterse con quien no debía.
Y no solo eso, resulta que el contador de Jason, un señor que se llama Alirio Figueroa, fue quien le dio los primeros $100,000 para arrancar su carrera.
¿Y saben de quién era contador el señor Figueroa? de los capos del narcotráfico colombiano.
Era como el Al Capapone de Colombia, el que manejaba las finanzas de todos los narcos grandes.
Ese señor le prestó $100,000 a Rafael Muñoz, el primer manager de Jason, para que el muchacho pudiera grabar sus primeras canciones, hacer sus primeros videos, promocionarse.
Se van dando cuenta de cómo todo está conectado.
Pipe bueno con dinero del narco del papá.
Jason buscando protección con narcos de Villavicencio.
El contador de Jason siendo el mismo contador de los capos.
Es como una red, una telaraña gigante donde todos están enredados, todos se conocen, todos se deben favores.
Y ahora viene otra cosa bien interesante.
Resulta que Jason hizo un concierto en Estados Unidos donde ganó un millón de dólares.
Millón de dólares en un solo concierto.
¿Y qué hizo con ese dinero? Pues quería llevarlo a Colombia, pero sus asesores le dijeron, “Estás loco.
No puedes transportar un millón de dólares en efectivo.
Te van a agarrar.
Sospecharán que es dinero del narco, te van a meter preso.
Entonces le aconsejaron que comprara una propiedad en Estados Unidos para invertir ese dinero.
Y así fue como Jason compró una casa en Orlando por $600,000 pagada al cash al contado.
Lo triste es que Jason solo disfrutó esa casa 5 días, 5 días en 2 años.
Una casa de $600,000 que usó menos de una semana porque el pobre muchacho no paraba de trabajar, de viajar, de hacer conciertos.
Sonia, su esposa, se la pasaba diciéndole que necesitaban descansar, que pasaran más tiempo juntos.
Pero Jason estaba obsesionado con el éxito, con llegar más alto, con ser el número uno.
Y hablando de dinero, cuando Jason murió, según las investigaciones, dejó una fortuna de 50 millones de dólares.
50 millones que ahora tiene que repartirse entre Sonia, la hija y quién sabe quién más, porque ya saben cómo es esto.
Cuando hay mucha plata de por medio, empiezan a salir parientes que ni sabías que existían.
Todo el mundo queriendo su pedacito del pastel.
Pero regresemos al día del accidente porque hay más detalles turbios.
Resulta que esa pista donde despegó Jason, esa pista clandestina sin radar, había sido usada por puros artistas mexicanos.
Y Seriani se pregunta con mucha razón, ¿por qué artistas millonarios como Marco Antonio Solís, como Alejandro Fernández, como Ricky Martin usan una pista así? ¿Por qué no llegan a un aeropuerto normal con todas las de la ley, con radar, con torre de control de verdad? La respuesta es triste, pero cierta, porque así somos los latinos, porque nos conformamos con lo barato, con lo que sea, con tal de ahorrarnos unos pesos, porque no nos valoramos lo suficiente como para exigir calidad y seguridad.
Y eso tiene que cambiar porque ya ven lo que pasó.
Por ahorrarse quién sabe cuánto dinero, por usar una pista patito, Jason perdió la vida y pudieron haber sido los demás artistas también.
Ahora hay algo que sería ni menciona que me puso a pensar.
Dice que Jason tenía rivalidad con J.
Balvin, que se odiaban, que había tiradera entre ellos, pero con Pipe, bueno, supuestamente no había problema, eran amigos.
Sin embargo, todas las pistas llevan a Pipe.
El asistente Felipe era de Pipe.
Las maletas las trajo Felipe.
Felipe se salvó, pero las maletas subieron.
Felipe llamó primero a Pipe.
Pipe es hijo de un narco.
Pai nunca pudo llenar conciertos como Jason.
Pipe tenía todo el dinero del mundo, pero no el talento ni el carisma de Jason.
Estoy diciendo que Pipe bueno mató a Jason.
No, porque no tengo pruebas, pero las coincidencias son demasiadas como para ignorarlas.
Y en este mundo del espectáculo donde hay tanto dinero, tanto envidia, tanto ego, nada me sorprendería.
Lo que sí está clarísimo es que ese avión no debió despegar.
El piloto debió checar el peso.
Alguien debió decir, “No, esto está muy pesado.
Vamos a quitarle gasolina para compensar.
O no subamos las maletas que vayan por carretera con Felipe.
” Pero nadie dijo nada.
O les dio igual o tenían prisa.
Y esa decisión de último minuto costó seis vidas, seis familias destrozadas, una carrera brillante, truncada, un país entero de luto.
Y Netflix ahora tiene un problema.
Porque hicieron contrato para la serie de Jason Vivo, contando su historia, sus inicios, su ascenso a la fama.
No querían un documental sobre su muerte, querían la historia del triunfo, no de la tragedia.
Igual les pasó con Julio Iglesias, que ahora está metido en un escándalo de abuso y Netflix no sabe qué hacer con esa serie tampoco.
Seriani dice que después de estos dos desastres con artistas latinos, Netflix ya no va a querer hacer más biografías de cantantes hispanos y no los culpo.
Pero volviendo a Jason, lo más triste de todo esto es pensar en las decisiones que tomamos cada día, sin saber que pueden cambiar nuestro destino.
Felipe decidió quedarse porque no cabía en el avión por su peso.
Esta decisión le salvó la vida, pero la decisión de subir las maletas en su lugar mató a seis personas.
Si hubieran dicho, “No, las maletas tampoco caben, que vayan por tierra.
” Jason estaría vivo.
Si hubieran quitado gasolina para compensar el peso, estaría vivo.
Si hubieran ido a un aeropuerto de verdad, con todas las medidas de seguridad, estaría vivo.
Son esas cositas, esas decisiones chiquitas que parecen sin importancia, pero que terminan definiendo si vives o mueres.
Y eso es lo que más me da, que a veces no tenemos control sobre nuestro destino, que estamos en manos de otras personas, de sus decisiones, de su negligencia o su maldad.
La familia de Jason ahora tendrá que vivir con esto el resto de sus vidas.
Sonia quedó viuda jovencita, con una hija chiquita.
50 millones de dólares que no le van a devolver al amor de su vida.
La niña creció sin papá.
Los fans perdieron a su ídolo.
Colombia perdió una de sus voces más talentosas y todo por unas pinches maletas de micrófonos que no debieron subir al avión.
Seriani prometió que mañana iba a mostrar un video inédito de Jason del último año nuevo que pasó vivo.
Seguramente será desgarrador verlo feliz celebrando sin saber que en unos meses su vida se acabaría de la forma más trágica.
Pero así es esto del espectáculo, ¿verdad? Un día estás arriba de todo.
El público te adora, tienes millones, fama, éxito y al día siguiente ya no estás.
Por eso hay que valorar cada momento, cada día que estamos vivos y sanos, porque no sabemos si mañana vamos a estar aquí.
No sabemos si una decisión aparentemente sin importancia va a ser la que nos salve o nos condene.
Felipe se salvó por gordo.
Así de simple y así de cruel.
Si hubiera estado más delgado, hubiera cabido en el avión y estaría muerto.
Pero como estaba gordito, le dijeron que no cabía y se salvó.
La vida es así de irónica.
Antes de continuar con las revelaciones que te dejarán el lado, cuéntame en los comentarios desde dónde nos estás viendo, porque queremos saber hasta dónde llega nuestra comunidad de los datos ocultos.
Tu opinión es importante para nosotros.
Ustedes pensaban que ya lo habían visto todo en el mundo del espectáculo.
Pues agárrense porque lo que les voy a contar sobre la muerte de Jason Jiménez va a desbajar la boca abierta.
Y no estoy exagerando.
Créanme que esto es más retorcido que cualquier novela de las nueve.
Una verdadera bomba que estalló en Colombia y dejó al país entero patas para arriba.
Todos creíamos conocer la historia del accidente de ese avión.
fallos técnicos, problemas con los motores, el clásico, etcétera.
Pero la verdad, mis queridos, es mucho más turbia, más oscura de lo que jamás hubieran imaginado, involucrando detalles que ni en sus peores pesadillas se atreverían a concebir.
Estamos hablando de narcos, de caballos millonarios, de maletas misteriosas y de decisiones de último minuto que marcaron la diferencia entre la vida y la muerte.
Ya se les puso la piel chinita, ¿verdad? Pues esperen, porque apenas estamos comenzando a desentrañar este enigma.
Para entender este dramón tenemos que retroceder un poco.
Jason Jiménez no era un cantante cualquiera.
Se había convertido en una de las estrellas más brillantes de la música popular colombiana.
Hablamos de un artista que llenaba estadios, que movía masas y que con sus canciones hacía vibrar a todo un país.
Era el ídolo de Colombia, el orgullo de su tierra, el que con esfuerzo había escalado desde abajo hasta la cima.
Pero como suele suceder en estas historias de fama y fortuna, donde hay mucho dinero, también acecha mucho peligro.
Y Jason, pobrecito, se vio envuelto en unos enredos que al final le costarían la vida.
Según las revelaciones de Javier Seriani, quien tiene fuentes de primerísima mano, Netflix estaba planeando documentar la vida de Jason.
Sí, así como lo oyen, la misma plataforma que produjo las exitosas series de Luis Miguel y Fito Pez estaba interesada en la historia de este cantante colombiano.
Pero aquí viene un giro inesperado.
Netflix inicialmente no tenía a Jason como primera opción.
Su objetivo era Pipe bueno.
¿Y quién es Pipe bueno?, se preguntarán.
Ay, mis amores, aquí es donde la cosa se pone verdaderamente color de hormiga.
Pipe bueno es otro cantante colombiano, supuestamente un gran amigo de Jason.
Sin embargo, resulta que Pipe tenía más conexiones en Estados Unidos.
Había salido con figuras reconocidas internacionalmente, lo que llevó a Netflix a pensar que él sería una figura más atractiva para una serie de alcance mundial.
Los asesores de Netflix le dijeron que no, que en Colombia el que realmente movía masas, el que llenaba conciertos con su talento auténtico era Jason Jiménez y esto es crucial.
Pipe bueno, a diferencia de Jason o de figuras como J Balvin, nunca pudo llenar estadios con sus presentaciones.
Entonces, ¿de dónde provenía todo el dinero que Pipe bueno utilizaba para promocionarse si sus conciertos no llenaban las expectativas? Aquí es donde la historia se vuelve más jugosa que cualquier chisme de comadres.
El padre de Pipe Bueno, un tal Rigoberto, pertenecía a un grupo muy particular conocido como los 12 apóstoles.
Y no, no hablaban de ningún grupo religioso.
Estos apóstoles eran parte del oscuro mundo del narcotráfico colombiano.
El padre de Pipe Bueno, era un capo importante, uno de los que se entregó a la DEA en Panamá.
Fue encarcelado en Nueva York, colaboró con las autoridades y posteriormente fue liberado.
Pero antes de que todo esto sucediera, desde la misma cárcel, el padre de Pipe contactó a un amigo de extrema confianza.
le pidió ayuda para impulsar la carrera musical de su hijo y le proporcionó una cantidad ilimitada de dinero.
Imaginen ustedes, dinero ilimitado para que Pipe Bueno se convirtiera en una estrella.
Con estos fondos crearon un restaurante llamado Rancho MX, que no era un lugar común y corriente.
Era una réplica de un rancho mexicano en plena Colombia con capacidad para 3,000 personas diarias.
Un negocio que, sin duda, generaba una fortuna.
Había mariachis, comida, alcohol, tequila y, según Seriani, otras hierbas.
En esencia, funcionaba como una máquina de lavado de dinero disfrazada de restaurante temático, una fachada perfecta para blanquear capitales y financiar la promoción de Pipe bueno, pagando pautas en radio y en todos los medios.
Por eso el joven contaba con tantos recursos, pero no lograba llenar conciertos.
Su fama era artificial, comprada con dinero manchado por el narcotráfico.
Volviendo a Jason, Netflix finalmente se decidió por la serie de Jason Jiménez.
Las grabaciones comenzaron, todo marchaba viento en popa y de repente el cantante muere en ese trágico accidente de avión.
Y es aquí donde la historia se torna verdaderamente escalofriante.
Según la exhaustiva investigación realizada por Seriani, con la colaboración de pilotos expertos y personas directamente involucradas, ese accidente no fue una casualidad, no fue un simple fallo de motores, fue provocado por sobrepeso en la aeronave.
La pregunta del millón ahora es, ¿qué causó ese sobrepeso? La pista donde Jason aterrizó y despegó ese fatídico día no era una pista cualquiera, era una pista clandestina sin radar, donde la comunicación con la torre de control se realizaba a través de WhatsApp.
¿Pueden creerlo? Por WhatsApp.
Una pista que exigía despegar antes de las 5 de la tarde, ya que sin luz ni radar, volar después de esa hora era prácticamente imposible.
Y aquí viene lo más indignante de todo este asunto.
¿Saben quién más utilizaba esa pista? Artistas de la talla de Marco Antonio Solís, Alejandro Fernández, Ricky Martin, Juan Sebastián, los Tigres del Norte, todos los grandes artistas latinos.
¿Por qué? Porque así somos los latinos, haciendo todo a la ligera, todo atado con alambre, todo por lo barato, aunque nos cueste la vida.
Artistas millonarios arriesgando su vida en pistas sin seguridad, sin radar, por ahorrarse unos cuantos pesos.
Da coraje, ¿verdad? ¿Cómo nos tratan así? ¿Cómo nos conformamos con migajas cuando deberíamos exigir lo mejor? Pero esa es otra historia, un tema para otro momento.
El caso es que ese día Jason iba a viajar con cinco personas más en el avión.
Ya de por sí era arriesgado, pues el avión iba bastante cargado.
Pero entonces llegó Felipe.
¿Quién era Felipe? Pues resulta que Felipe era un asistente personal que Pipe Bueno le había regalado a Jason apenas un mes antes, en diciembre.
Sí, como si se tratara de una mascota.
Toma.
Te regalo a mi asistente.
Y Jason lo aceptó porque, ¿qué otra cosa podía pensar de su supuesto amigo? Ahora, escuchen bien, porque aquí está el meollo del asunto.
Felipe era una persona de complexión robusta y no lo digo con maldad, sino porque su peso es crucial en esta historia.
Felipe llegó al aeropuerto ese día con dos maletas tipo pelican, esas maletas enormes y pesadísimas que usan los músicos para transportar equipo.
Cuando intentaron subir a Felipe al avión con las maletas, alguien con un mínimo de sentido común dijo, “No, esto no va a funcionar.
Hay demasiado peso.
” Entonces le sugirieron a Felipe que mejor se fuera por carretera, que ellos se verían allá.
Felipe aceptó y se quedó en el lobby del aeropuerto esperando.
Pero aquí viene la decisión fatal, la que marcó la diferencia entre la vida y la muerte.
Alguien dijo, “Bueno, si Felipe no va, al menos que suban las maletas porque ahí va todo el equipo de sonido.
” Y así fue como subieron las dos maletas Pelican.
Las acomodaron de lado, como cuando metes las maletas en un coche y ya no caben bien, pero las empujas a la fuerza.
Cerraron la compuerta del avión y despegaron.
El piloto que debería haber verificado el peso no lo hizo o no le importó o simplemente le dijeron que no se preocupara.
El caso es que despegaron con sobrepeso y saben qué había en esas maletas porque Seriani investigó hasta eso.
En esas maletas iban 38 micrófonos.
Sí, 38 micrófonos para la batería, para los músicos, para la orquesta de repuesto.
Y entre esos micrófonos iba uno especial, el tesoro de Jason, un micrófono que había conseguido en Europa, similar al que usaba Michael Jackson, que costaba $50,000.
$50,000 por un micrófono.
Además de los micrófonos, las maletas traían cables de alta tensión, walkietalkies, baterías, todo el equipo de sonido necesario para un concierto.
Si creen que ya estuvo rudo, espérense porque ahorita les cuento lo que sigue y se van a quedar pasmados.
Pero antes, si están disfrutando esta historia, si quieren saber más secretos del mundo del espectáculo, suscríbanse al canal Los datos ocultos, denle like, activen la campanita para que no se pierdan ni un solo chisme, porque créanme que lo que viene es todavía más fuerte.
Entonces, recapitulando, Felipe, el gordito se queda en tierra.
Suben las maletas que pesaban prácticamente lo mismo que él.
El avión despega con sobrepeso y minutos después se estrella.
Felipe, que se había quedado en el lobby del aeropuerto, ve con sus propios ojos como el avión cae.
¿Y saben a quién llama inmediatamente? A Pipe bueno, su exjefe, el que se lo había regalado a Jason.
Le dice, “Se acaba de matar Jason.
Yo no viajé.
” Pipe bueno, fue el primerísimo en enterarse de que Jason había muerto.
El primero antes que la familia, antes que los medios, antes que nadie.
¿No les parece extraño? A mí sí.
Ahora Seriani dice que no hay pruebas de que Pipe bueno haya planeado esto, que supuestamente ellos eran amigos, que Pipe incluso dejaba que Jason abriera sus conciertos, pero las coincidencias son demasiado, ¿no creen? El asistente que regala justo un mes antes las maletas que aparecen de último minuto, el gordito que se queda en tierra pero las maletas suben y Pipe siendo el primero en enterarse.
Es como un rompecabezas macabro donde todas las piezas van encajando.
Pero espérense que todavía hay más porque resulta que Jason no era ningún santito tampoco.
Y aquí es donde entran los caballos.
Sí, caballos.
Jason era fanático de los caballos de Paso Fino, de esos caballos carísimos que valen fortunas.
Tenía varios, pero su favorito era uno que se llamaba Resorte, un caballo negro hermosísimo que le había costado $,000ón de dólares.
Por un caballo.
Tenía otros que valían medio millón 300,000.
Era una fortuna en caballos.
El problema es que Sonia, la esposa de Jason, estaba aterrada porque Jason se la pasaba de gira, viajando por toda América, por México, tratando de hacer carrera en Estados Unidos.
Y ella se quedaba solita en el rancho con la niña y los caballos millonarios y le decía a Jason, “Mi amor, nos van a venir a secuestrar, nos van a robar los caballos.
Todo Colombia sabe lo que tenemos aquí.
” Y tenía razón, porque en Colombia, con tanta inseguridad, tener algo valioso es pintarse una diana en la espalda.
Entonces Jason, tratando de proteger a su familia y sus caballos, buscó ayuda.
¿De quién? de los narcos de Villa Vicencio.
Sí, señor.
Se hizo amigo de los hombres malos de la zona para que le cuidaran sus fincas y sus caballos.
Eso dice Seriani, que el caballo resorte fue el que lo llevó al narco.
Porque si no hubiera tenido esos caballos tan caros, Jason no hubiera necesitado buscar protección con la gente equivocada.
Pero como los tenía, no tuvo más remedio que meterse con quien no debía.
Y no solo eso, resulta que el contador de Jason, un señor que se llama Alirio Figueroa, fue quien le dio los primeros $,000 para arrancar su carrera.
¿Y saben de quién era contador el señor Figueroa? de los capos del narcotráfico colombiano.
Era como el Alcapone de Colombia, el que manejaba las finanzas de todos los narcos grandes.
Ese señor le prestó $100,000 a Rafael Muñoz, el primer manager de Jason, para que el muchacho pudiera grabar sus primeras canciones, hacer sus primeros videos, promocionarse.
Se van dando cuenta de cómo todo está conectado.
Pipe bueno con dinero del narco del papá.
Jason buscando protección con narcos de Villavicencio.
El contador de Jason siendo el mismo contador de los capos.
Es como una red, una telaraña gigante donde todos están enredados, todos se conocen, todos se deben favores.
Y ahora viene otra cosa bien interesante.
Resulta que Jason hizo un concierto en Estados Unidos donde ganó un millón de dólares.
Un millón de dólares en un solo concierto.
¿Y qué hizo con ese dinero? pues quería llevarlo a Colombia, pero sus asesores le dijeron, “Estás loco.
No puedes transportar un millón de dólares en efectivo.
Te van a agarrar.
Sospecharán que es dinero del narco.
Te van a meter preso.
” Entonces le aconsejaron que comprara una propiedad en Estados Unidos para invertir ese dinero.
Y así fue como Jason compró una casa en Orlando por $600,000 pagada al cash al contado.
Lo triste es que Jason solo disfrutó esa casa 5 días.
5 días en 2 años.
una casa de $600,000 que usó menos de una semana porque el pobre muchacho no paraba de trabajar, de viajar, de hacer conciertos.
Sonia, su esposa, se la pasaba diciéndole que necesitaban descansar, que pasaran más tiempo juntos.
Pero Jason estaba obsesionado con el éxito, con llegar más alto, con ser el número uno.
Y hablando de dinero, cuando Jason murió, según las investigaciones, dejó una fortuna de 50 millones dó 50 millones que ahora tiene que repartirse entre Sonia, la hija y quién sabe quién más, porque ya saben cómo es esto.
Cuando hay mucha plata de por medio, empiezan a salir parientes que ni sabías que existían.
Todo el mundo queriendo su pedacito del pastel.
Pero regresemos al día del accidente porque hay más detalles turbios.
Resulta que esa pista donde despegó Jason, esa pista clandestina sin radar, había sido usada por puros artistas mexicanos.
Y Seriani se pregunta con mucha razón por qué artistas millonarios como Marco Antonio Solís, como Alejandro Fernández, como Ricky Martin usan una pista así, ¿por qué no llegan a un aeropuerto normal con todas las de la ley, con radar, con torre de control de verdad? La respuesta es triste, pero cierta, porque así somos los latinos, porque nos conformamos con lo barato, con lo que sea, con tal de ahorrarnos unos pesos, porque no nos valoramos lo suficiente como para exigir calidad y seguridad.
Y eso tiene que cambiar porque ya ven lo que pasó por ahorrarse quién sabe cuánto dinero, por usar una pista patito, Jason perdió la vida y pudieron haber sido los demás artistas también.
Ahora hay algo que sería menciona que me puso a pensar.
Dice que Jason tenía rivalidad con Jotta Balvin, que se odiaban, que había tiradera entre ellos, pero con Paipe, bueno, supuestamente no había problema, eran amigos.
Sin embargo, todas las pistas llevan a Pipe.
El asistente Felipe era de Pipe.
Las maletas las trajo Felipe.
Felipe se salvó, pero las maletas subieron.
Felipe llamó primero a Pipe.
Pipe es hijo de un narco.
Pai nunca pudo llenar conciertos como Jason.
Pipe tenía todo el dinero del mundo, pero no el talento ni el carisma de Jason.
Estoy diciendo que Pipe bueno mató a Jason.
No, porque no tengo pruebas.
Pero las coincidencias son demasiadas como para ignorarlas.
Y en este mundo del espectáculo, donde hay tanto dinero, tanta envidia, tanto ego, nada me sorprendería.
Lo que sí está clarísimo es que ese avión no debió despegar.
El piloto debió checar el peso.
Alguien debió decir, “No, esto está muy pesado.
Vamos a quitarle gasolina para compensar.
” Oh, no.
Subamos las maletas que vayan por carretera con Felipe.
Pero nadie dijo nada.
O les dio igual o tenían prisa.
Y esa decisión de último minuto costó seis vidas, seis familias destrozadas, una carrera brillante, truncada, un país entero de luto.
Y Netflix ahora tiene un problema porque hicieron contrato para la serie de Jason Vivo, contando su historia, sus inicios, su ascenso a la fama.
No querían un documental sobre su muerte, querían la historia del triunfo, no de la tragedia.
Igual les pasó con Julio Iglesias, que ahora está metido en un escándalo de abuso.
Y Netflix no sabe qué hacer con esa serie tampoco.
Seriani dice que después de estos dos desastres con artistas latinos, Netflix ya no va a querer hacer más biografías de cantantes hispanos y no los culpo.
Pero volviendo a Jason, lo más triste de todo esto es pensar en las decisiones que tomamos cada día, sin saber que pueden cambiar nuestro destino.
Felipe decidió quedarse porque no cabía en el avión por su peso.
Esta decisión le salvó la vida, pero la decisión de subir las maletas en su lugar mató a seis personas.
Si hubieran dicho, “No, las maletas tampoco caben.
Que vayan por tierra.
” Jason estaría vivo.
Si hubieran quitado gasolina para compensar el peso, estaría vivo.
Si hubieran ido a un aeropuerto de verdad, con todas las medidas de seguridad, estaría vivo.
Son esas cositas, esas decisiones chiquitas que parecen sin importancia, pero que terminan definiendo si vives o mueres.
Y eso es lo que más me da, que a veces no tenemos control sobre nuestro destino, que estamos en manos de otras personas, de sus decisiones, de su negligencia o su maldad.
La familia de Jason ahora tendrá que vivir con esto el resto de sus vidas.
Sonia quedó viuda jovencita con una hija chiquita.
50 millones de dólares que no le van a devolver al amor de su vida.
La niña creció sin papá, los fans perdieron a su ídolo.
Colombia perdió una de sus voces más talentosas y todo por unas pinches maletas de micrófonos que no debieron subir al avión.
Seriani prometió que mañana iba a mostrar un video inédito de Jason del último año nuevo que pasó vivo.
Seguramente será desgarrador verlo feliz celebrando sin saber que en unos meses su vida se acabaría de la forma más trágica.
Pero así es esto del espectáculo, ¿verdad? Un día estás arriba de todo.
El público te adora, tienes millones, fama, éxito y al día siguiente ya no estás.
Por eso hay que valorar cada momento, cada día que estamos vivos y sanos, porque no sabemos si mañana vamos a estar aquí.
No sabemos si una decisión aparentemente sin importancia va a ser la que nos salve o nos condene.
Felipe se salvó por gordo.
Así de simple y así de cruel.
Si hubiera estado más delgado, hubiera cabido en el avión y estaría muerto.
Pero como estaba gordito, le dijeron que no cabía y se salvó.
La vida es así de irónica.
Y ahora déjenme contarles algo más que Seriani reveló y que me dejó helada, porque resulta que ese día, ese maldito día del accidente, hubo más señales de que algo andaba mal.
Hubo más alertas que todos ignoraron.
El piloto, según las investigaciones, tenía prisa, una prisa inexplicable, como si alguien le hubiera dicho que tenía que despegar antes de cierta hora.
¿Sí o sí? Y eso en aviación es fatal, mis amores, porque cuando tienes prisa es cuando cometes errores.
Cuando tienes prisa es cuando no checas bien el peso, cuando no revisas los motores como deberías, cuando te saltas protocolos de seguridad.
Y hablando de protocolos, ¿saben qué más descubrió Seriani? Que en esa pista clandestina no había báscula para pesar el equipaje.
No había báscula.
¿Pueden creerlo? Entonces todo era a ojo de buen cubero, como decimos en México.
Ah, y pues sí, se ve pesado, pero ha de aguantar así.
sin medidas exactas, sin instrumentos, confiando en la suerte.
Y la suerte ese día no estuvo del lado de Jason, pero aquí viene algo que me pone la piel de gallina.
Seriani habló con gente que estuvo ahí ese día, con trabajadores de la pista, con los que cargaron el equipaje y todos, absolutamente todos, dijeron lo mismo.
Ese avión iba muy cargado.
Nosotros lo vimos y nos dio mala espina.
Pero nadie dijo nada.
Nadie se atrevió a decirle al piloto, “Oiga, esto está peligroso.
” ¿Por qué? Porque en Latinoamérica tenemos esa costumbre de no contradecir a los que creemos que saben más que nosotros.
El piloto es el experto, él sabrá, ¿verdad? Pues no, mis queridos.
A veces los expertos también se equivocan, también cometen errores fatales.
Y déjenme contarles otro detalle macabro que salió a la luz.
Cuando encontraron los restos del avión, cuando llegaron los equipos de rescate, las famosas maletas Pelican estaban prácticamente intactas.
Esas maletas están hechas para resistir golpes, caídas, para proteger el equipo que llevan dentro.
Entonces ahí estaban en medio de los escombros, casi sin un rasguño, mientras que los cuerpos de las seis personas que iban en el avión quedaron destrozados.
Esas maletas con los micrófonos de $50,000 estaban enteras.
¿No les parece la ironía más cruel del universo? Lo que mató a Jason sobrevivió al accidente.
Las maletas que causaron el sobrepeso resistieron el impacto que él no pudo resistir.
Y ahora hablemos de algo que no se ha dicho mucho, pero que Seriani sacó a la luz.
Sonia, la viuda de Jason, está destrozada obviamente, pero también está furiosa.
Furiosa con Paipe, bueno, por haberle regalado ese asistente a su marido.
Furiosa con Felipe por haber traído esas maletas.
Furiosa con el piloto por no haber revisado el peso, furiosa con la pista clandestina por no tener las medidas de seguridad necesarias y tiene razón en estar furiosa porque su marido no debió morir.
Ese accidente fue evitable, completamente evitable.
Según fuentes cercanas a la familia, Sonia está considerando demandar a todos los involucrados, a la compañía dueña del avión, a la pista de aterrizaje, a Pipe bueno, por negligencia al mandarle un asistente que tomó decisiones fatales y no la culpo.
Cuando pierdes al amor de tu vida de una forma tan absurda, tan prevenible, quieres que alguien pague, quieres justicia, quieres respuestas que probablemente nunca vas a tener y hablando de respuestas, hay algo más que Seriani mencionó y que me pareció sospechoso.
Resulta que después del accidente, Paipe Bueno se desapareció por varios días.
No dio entrevistas, no hizo declaraciones, no fue al funeral de Jason, nada.
se esfumó y cuando finalmente apareció estaba rodeado de abogados.
Porque alguien que supuestamente acaba de perder a su gran amigo necesita abogados.
¿De qué se está protegiendo? ¿Qué sabe que nosotros no sabemos? Además, y esto me lo contó una fuente muy confiable, hubo un detalle que pasó desapercibido para la mayoría.
Resulta que Felipe, el asistente gordito que se salvó, renunció a su trabajo con Sonia apenas una semana después del accidente.
Se fue sin dar explicaciones, sin terminar los trámites que tenía pendientes con la familia de Jason.
Simplemente desapareció.
Y cuando periodistas trataron de localizarlo para entrevistarlo, nadie sabía dónde estaba, como si se lo hubiera tragado la tierra.
¿No les parece raro? El tipo que fue testigo directo de cómo cayó el avión, el que trajo las maletas fatales, desaparece sin dejar rastro.
Huele mal, huele muy mal.
Y hay más.
Seriani descubrió que esas famosas maletas Pelican no estaban en el plan de vuelo original.
O sea, cuando el piloto hizo el reporte antes de despegar, esas maletas no estaban registradas.
se agregaron al último momento después de que Felipe llegara al aeropuerto.
Entonces, técnicamente, legalmente, ese equipaje extra nunca existió en los documentos oficiales.
¿Se dan cuenta de lo que esto significa? Que alguien autorizó subir equipaje no registrado, equipaje que no estaba contemplado en el peso calculado para el vuelo.
Eso es ilegal, es peligroso y es exactamente lo que causó la tragedia.
Pero espérense, porque todavía hay un giro más en esta historia de terror.
Resulta que uno de los micrófonos que iba en esas maletas, ese micrófono carísimo de $50,000 que Jason adoraba, había sido un regalo de ¿quién? De Pipe.
Bueno.
Sí, señores.
Pipe le había regalado ese micrófono a Jason apenas dos meses antes del accidente.
Le dijo que lo había conseguido en una subasta en Europa, que era igual al de Michael Jackson, que era un tesoro invaluable.
Y Jason, emocionadísimo, lo llevaba a todos sus conciertos.
Nunca lo dejaba fuera de su vista.
Por eso, ese día insistió tanto en que las maletas tenían que ir en el avión con él.
No quería dejar su micrófono favorito al cuidado de Felipe en la carretera.
Quería tenerlo cerca.
¿Se dan cuenta? Ese micrófono, ese regalo envenenado de Pipe bueno, fue lo que condenó a Jason.
Si no hubiera estado tan encariñado con ese micrófono, hubiera dejado que las maletas fueran por tierra.
Pero como era un regalo especial de su amigo, insistió en llevarlo con él y esa insistencia le costó la vida.
Ahora yo sé lo que están pensando, pero cómo iba a saber Pipe, que ese micrófono causaría todo esto? Y tienen razón, probablemente no lo sabía.
Probablemente todo esto fue una cadena de coincidencias macabras, pero las coincidencias son demasiadas, ¿no creen? El asistente que regala, el micrófono carísimo que regala, el restaurante financiado con dinero del narco, la rivalidad oculta detrás de la supuesta amistad.
Todo apunta hacia Pipe bueno, aunque no haya pruebas contundentes de que planeara nada.
Y déjenme contarles algo más que me dejó impactada.
Seriani habló con un experto en aviación que le explicó que cuando un avión pequeño va sobrecargado, lo primero que falla es el control.
El piloto no puede maniobrar correctamente, no puede estabilizar la nave y cuando hay turbulencia o cualquier problema, es imposible recuperar el equilibrio.
Y según los testimonios de la gente que vio el avión caer, la nave empezó a abaniconearse.
Apenas despegó, apenas elevó unos metros del suelo, ya estaba inestable y el piloto trató.
Intentó con todas sus fuerzas controlarla, pero con tanto peso era imposible.
El avión se inclinó hacia un lado, empezó a girar sobre sí mismo y finalmente se precipitó a tierra.
Todo en cuestión de segundos.
Jason y los demás ni siquiera tuvieron tiempo de gritar, de rezar, de despedirse.
Fue instantáneo.
Y bueno, mis queridos, hasta aquí les dejo por hoy, porque esto fue mucho que digerir.
La muerte de Jason Jiménez tiene más preguntas que respuestas, tiene conexiones con el narcotráfico, tiene coincidencias sospechosas, tiene decisiones fatales y tiene un desenlace que nos pone a todos los pelos de punta.
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