LA VIDA Y TRISTE ACTUALIDAD DE SALVO BASILE | El italiano mas Colombiano

Salvatore Basile Ferrara es un actor, escritor, director y locutor ítalo-colombiano que, aunque no tiene sangre colombiana ni cartagenera en sus venas, se ha convertido en uno de los compatriotas más defendidos y queridos del país.

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Muchos lo consideran más colombiano que miles de nacidos en esta tierra, porque desde el día en que llegó no le permite a nadie hablar mal de Colombia.

Llegó al país con poco más de 30 años, sin intención alguna de quedarse, pero la vida, el amor y el destino tenían otros planes para él.

Hoy es reconocido como uno de los grandes hitos de la televisión y el cine colombiano, un hombre que ha dejado una huella profunda en la cultura nacional.

Su historia no solo está marcada por el arte, sino también por la guerra, el hambre, la migración y una vocación social que lo ha acompañado hasta la vejez.

Con más de ocho décadas de vida, Salvo Basile sigue siendo una voz respetada, una figura admirada y un colombiano de corazón pleno.

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Salvatore nació el 18 de mayo de 1940 en Nápoles, una de las ciudades más hermosas del mundo, ubicada al sur de Italia.

Nápoles es conocida por sus paisajes asombrosos, su historia milenaria y su riqueza cultural, pero en los años en que él nació no era un lugar fácil para vivir.

Quince días después de su nacimiento, la Segunda Guerra Mundial se tomó la ciudad y marcó para siempre su infancia.

Los primeros cinco años de su vida, fundamentales para el desarrollo de cualquier niño, estuvieron atravesados por el miedo, la escasez y la supervivencia.

No había comida suficiente, no había distinción entre ricos y pobres, todos sufrían por igual la crudeza del conflicto.

Su familia vivía en un refugio improvisado y se alimentaban de raíces de la tierra para calmar el hambre constante.

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Durante esos cinco años, la única carne que comió fue la de una oveja que su padre robó para alimentar a sus hijos.

Esa carne fue hervida solo en agua, sin sal ni aceite, con un sabor insípido, pero fue el alimento más decente que recuerda de esa época.

La guerra terminó, pero la crisis que dejó fue profunda y duradera, obligando a millones a reconstruir sus vidas desde la nada.

Aun así, Salvo creció con valores firmes, con el ejemplo de un padre honesto y trabajador, y de una madre dedicada al servicio de los demás.

Desde joven se obsesionó con la idea de hacer cine y convertirse en actor.

Empezó a producir, a actuar y a formarse en el mundo del arte dramático, sin imaginar que esa pasión lo llevaría a un pequeño pero fascinante país al sur de América.

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El idioma español no fue una gran barrera para él, pues el italiano y el castellano comparten raíces como lenguas romances.

En la década de los años setenta llegó a Colombia, específicamente a Cartagena, la ciudad que terminaría robándose su corazón.

En ese momento no pensaba quedarse, su plan era regresar a Italia y continuar su carrera junto a su esposa italiana, una reconocida actriz de teatro.

Sin embargo, durante unas grabaciones, mientras buscaba personajes de la alta sociedad para una película, su vida dio un giro inesperado.

A través del lente de su cámara vio cruzar la calle a una joven de belleza impactante, hija de un aristócrata criollo.

En ese instante supo que algo cambiaría para siempre, y así fue como conoció a Jacqueline Lemaitre.

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Salvo, fiel a su personalidad directa y sin filtros, siempre ha contado esa historia con total honestidad, incluso cuando le ha traído problemas.

Ese flechazo fue definitivo y marcó el inicio de una relación que lo anclaría para siempre a Colombia.

Jacqueline Lemaitre, hermana de la actriz Lorena Lemaitre, se convirtió en el gran amor de su vida.

Se casaron, aunque la situación no fue sencilla, pues Salvo aún estaba casado en Italia.

Un obispo le permitió casarse nuevamente, considerándolo una oveja descarriada, pero al regresar a Europa casi fue encarcelado por bigamia.

A pesar de todo, el amor prevaleció y hoy, tras más de 52 años de matrimonio, son una de las parejas más estables del mundo del entretenimiento.

Juntos tuvieron dos hijos, Alex Sandro y Jerónimo, quienes siguieron sus pasos en la dirección y producción cinematográfica.

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El día de su boda, los titulares de la prensa fueron implacables y sensacionalistas.

“Aventurero italiano se casa con rica heredera cartagenera”, decían los periódicos de la época.

La realidad era muy distinta, pues Salvo no tenía dinero y durante mucho tiempo sobrevivieron gracias a pequeños trabajos.

Él se ganaba la vida fotografiando bautizos y grados, mientras luchaba por abrirse camino en el medio artístico colombiano.

Esa etapa de carencias fortaleció su carácter y afianzó su compromiso con el país que lo había acogido.

A lo largo de su carrera ha participado en decenas de telenovelas, películas y obras de teatro.

Ha recibido numerosos premios y reconocimientos por su talento y su aporte al cine y la televisión nacional.

Sin embargo, hay una obra que ocupa un lugar especial en su corazón.

“La estrategia del caracol” es, sin duda, la producción más importante de su vida.

La película, dirigida y actuada por él, rompió récords y acumuló más de 40 premios internacionales.

No había dinero suficiente para realizarla y muchos técnicos trabajaron gratis por amor al proyecto.

A pesar de las dificultades, se convirtió en una de las mejores películas del cine colombiano.

Para Salvo, esa obra representa la esencia de su visión artística y su compromiso social.

Es una película que habla de dignidad, resistencia y solidaridad, valores que él ha defendido toda su vida.

Por eso, más allá del éxito, la considera su mayor legado cultural.

Hoy, Salvatore Basile Ferrara es considerado un colombiano de corazón.

No permite que nadie hable mal del país que lo vio renacer como artista y como ser humano.

Está profundamente enamorado de Cartagena y sufre al ver la pobreza extrema que aún persiste en muchas zonas.

Desde hace más de tres años lidera una labor social admirable a través de su fundación “Corazón Contento”.

Cada semana carga kilos de arroz y frijoles para preparar alimentos destinados a personas marginadas.

La fundación comenzó ayudando a ocho niños y hoy reparte cerca de mil almuerzos semanales.

Son alrededor de 150 kilos de arroz los que se cocinan cada semana para aliviar el hambre de muchos.

Salvo hace un llamado constante a colombianos y extranjeros que quieran aportar y sentir el dolor del prójimo.

Filántropo, activista, primer actor, director y ser humano íntegro, su vida es ejemplo de coherencia y amor.

Así es Salvatore Basile Ferrara, un italiano que eligió ser colombiano y que dejó su alma sembrada en esta tierra.

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