esposa de Fernando Colunga, entre
lágrimas confesó lo que cayó por años.
No tienes problema con este tipo de
cosas.

Yo creo que no. No, yo creo que cada
quien tiene que vivir su vida. Imagínate
ser la esposa de un galán, una mujer que
con lágrimas en los ojos contó lo que
cargó durante años por estar al lado del

mismísimo Fernando Colunga. Ese galán
eterno de las telenovelas que nunca
envejece y que hasta parece que tiene un
pacto con el tiempo. El mismo que nos
hizo suspirar como Luis Fernando en

María la del barrio y que después nos
dejó boqueabiertos en la usurpadora.
Pero detrás de ese porte de galán y de
ese cabello que jamás se despeina ni en
un huracán había un hombre con secretos
que su esposa decidió soltar y vaya que

dio de qué hablar.
No eres gay. Pues eso no me lo van a
preguntar y si me lo preguntaron pues
les contestaría. Si fuera, diría así y
también.
Porque todos conocemos al Fernando

Actorazo. Disciplinado, trabajador,
perfeccionista al grado de volverse un
reloj suizo en los sets de grabación.
Desde joven el muchacho no la tuvo
fácil. Mientras estudiaba ingeniería
civil en la UNAM, se partía lomo en

trabajitos varios para poder pagar sus
estudios. Este hombre se ganó el pan con
sudor y lágrimas. Bueno, tal vez sin
lágrimas, esas las dejó para las
novelas. Pero la vida da muchas vueltas.
Fernando terminó de doble en dulce

desafío. Ahí, entre caídas y golpes
fingidos, descubrió que su verdadero
reto no estaba en la ingeniería, sino en
las novelas. Se metió al SEA de Televisa
y de ahí nació el Galán de Galanes.
Primero lo vimos en Plaza Sésamo, luego
en papeles Chiquitos, hasta que en 1995
expó la bomba María la del barrio con
Talía. Desde ese momento, medio planeta
supo quién era Fernando Colunga y su
vida privada. Uy, papá, ese sí es un
gran misterio nacional, porque el hombre
se volvió un verdadero mago del amor.
Nadie sabía nada, todo era un silencio
sepulcral. Pero rumores sobre su
orientación hay muchos y justo por eso,
cuando su supuesta esposa soltó la sopa,
se armó el escándalo entre lágrimas.
Dijo que estar con Fernando era como
vivir en una telenovela sin fin, dramas,
sacrificios y una montaña rusa de
mentiras que la dejó marcada. No hay
documento firmado ni acta en el Registro
Civil que confirme un matrimonio, pero
los rumores con Blanca Soto le pusieron
más leña al fuego. Y para acabarla, la
actriz dejó caer una frase que levantó
más cejas que el botox de los famosos.
Fernando pone su corazón en todo lo que
hace y me enorgullece acompañarlo.
Sopas. Con eso bastó para que los fans
empezaran a especular si de verdad eran
pareja o si era otra telenovela montada.
Y es que si algo tiene Colunga es esa
obsesión con la privacidad. Nunca lo ves
en escándalos, nunca en eventos
públicos, nunca en revistas baratas.
Vive escondido, pero la contraparte es
que ese secretismo, esa frialdad y ese
perfeccionismo le pasaron factura en lo
sentimental. Según las malas lenguas, su
pareja se cansó de vivir en la sombra
sin poder gritar su amor a los cuatro
vientos y eso terminó siendo un peso muy
fuerte.
¿No eres gay? Pues eso no me lo van a
preguntar. Y si me lo preguntaron, pues
les contestaría. Si fuera, diría sí. Y
también.
Con casi seis décadas de vida, Fernando
se mantiene regio. Ya tiene arrugas,
pero sigue vigente con proyectos
selectivos, siempre impecable y con una
legión de fans que lo defienden a capa y
espada. Pero la revelación de su
supuesta esposa dejó claro que hasta el
más perfecto de los galanes guarda
tormentas detrás de su impecable sonrisa
de telenovela. Y aunque prefiera callar,
ya sabemos que en el mundo del
espectáculo todo termina saliendo a la
luz.
No tienes problema con este tipo de
Yo creo que no, no. Yo creo que cada
quien tiene que vivir su vida como la
tiene que vivir.