Gustavo Adrián Cerati nació el 11 de agosto de 1959 en Buenos Aires, siendo el primer hijo de Juan José Cerati y Lilian Clark.
Desde su nacimiento, la música estuvo presente en su vida.
Su madre era fanática del cantante chileno de boleros Antonio, y su padre trabajaba como locutor en la radio.
La música fue el lazo que unió a sus padres, quienes se conocieron en el trabajo.
Desde muy pequeño, Gustavo mostró una profunda conexión con el arte, explorando diferentes formas de creatividad para entender el mundo que lo rodeaba.
A los seis años, comenzó a descubrir los cómics, y fue en ellos donde encontró su primera pasión: el dibujo.
Los personajes de Superman, Batman y Flash fueron sus primeros referentes y usó estos superhéroes como inspiración para crear sus propias historietas.
A medida que crecía, su creatividad no se limitó solo al dibujo.
Junto a su hermana menor, se dedicó a montar musicales para su familia y amigos, siempre siendo él el protagonista.
A su padre, locutor de profesión, le pedía que lo presentara, una clara anticipación de lo que sería su futuro en el escenario.
A temprana edad, su amor por la música se profundizó, y un momento clave en su vida fue cuando compró un vinilo de una canción que había escuchado en la radio.
Por azares del destino, recibió el disco incorrecto, pero este error le presentó el sonido distorsionado y experimental de Jimi Hendrix.
Asombrado por el aullido eléctrico de la guitarra, pidió a su madre una guitarra, la cual marcó el comienzo de su camino hacia la fama.
Durante la década de los 60s y 70s, el rock argentino comenzaba a tomar fuerza, con bandas como Almendra que influyeron profundamente en Gustavo.
Se enamoró del rock y soñó con poder algún día escribir canciones como “Muchacha ojos de papel”.
Era disciplinado en sus estudios de guitarra, y en la preparatoria se unió al coro de su iglesia, donde tocaba rock alternativo para sus amigos.
A pesar de ser un adolescente rebelde que pasaba los fines de semana bailando en clubes, su pasión por la música nunca vaciló.
La influencia de su familia lo llevó a la universidad, aunque inicialmente pensaba que sus padres nunca verían la música como una verdadera profesión.
Decidió estudiar publicidad, pero para su sorpresa, encontró en la universidad un ambiente diferente al que esperaba, lleno de jóvenes creativos y despolitizados.
En la universidad, se unió a su primera banda oficial, “Vozarrón”, una agrupación que fusionaba jazz y folk.
A pesar de la corta duración de la banda, Gustavo ganó mucha experiencia tocando en fiestas.
Poco después, se unió a otra banda llamada “Existencia Terrenal” y más tarde a “Sabach”, una banda de música disco y soul.
Sin embargo, en 1982, a los 22 años, Gustavo recibió una llamada que cambiaría su vida.
Se trataba de Charlie, un baterista que estaba interesado en la hermana de Gustavo, Laura.
A través de Laura, Gustavo y Charlie se conocieron y, al descubrir que compartían el amor por las mismas bandas de post-punk, decidieron formar una banda.
A pesar de la incomodidad inicial, ese encuentro selló su destino musical.
El nombre original de la banda fue “Los Estereotipos”, pero rápidamente cambiaron el nombre a “Soda Stereo”, lo que los llevaría a la fama.
La primera vez que tocaron frente a un público fue una cuestión de suerte.
Una banda canceló su actuación en el Bar de la Plaza y Soda Stereo aceptó reemplazarlos.
Esa noche, la energía de la banda atrapó al público, y sus interpretaciones fueron tan buenas que salieron del lugar con un contrato.
Soda Stereo se convirtió en un símbolo de la modernidad y la libertad para los jóvenes de Argentina tras la dictadura militar.
A través de su música, los integrantes de la banda reflejaron el cambio que vivía el país.
Soda Stereo también marcó el inicio de una nueva era para el rock latinoamericano, incorporando nuevos elementos como los videoclips y sonidos pop pegajosos.
A pesar del éxito, Soda Stereo enfrentó varios desafíos internos, especialmente las tensiones entre los miembros de la banda.
A medida que la banda crecía en popularidad, también lo hacía la presión creativa y comercial.
Gustavo, como líder de la banda, asumió el control total de la dirección creativa en su segundo disco, “Nada Personal”.
Este álbum fue un éxito rotundo, pero también marcó el inicio de las fricciones entre los miembros de la banda.
La autoría de las canciones, que recaía principalmente sobre Gustavo, generó desacuerdos dentro del grupo, y estas tensiones crecieron con el tiempo.
En 1986, mientras trabajaba en el tercer álbum de Soda Stereo, titulado “Signos”, la banda enfrentó una crisis interna relacionada con el consumo de drogas.
El ambiente de trabajo se volvió paranoico y agobiante, y la presión constante comenzó a afectar la salud de los integrantes.
En uno de esos momentos críticos, Gustavo sufrió un episodio de angustia extrema y fue llevado de urgencia a un hospital.
Este episodio lo llevó a replantearse su vida y su estilo de vida.
Aunque este fue un punto de inflexión en su vida personal, Gustavo continuó trabajando en su música, y “Signos” se lanzó con éxito.
El álbum reflejaba el estado emocional de la banda y la alienación que sentían debido a la presión interna y externa.
A pesar de las dificultades personales y de banda, Soda Stereo continuó creciendo en popularidad.
Sin embargo, el conflicto dentro del grupo no se resolvía.
Durante la grabación del siguiente álbum, “Doble Vida”, Gustavo tomó el control absoluto de la dirección creativa, lo que provocó más tensiones.
La relación entre los miembros de la banda se volvió aún más tensa, y la situación empeoró cuando Gustavo comenzó a tomar decisiones unilaterales, lo que hizo que la dinámica grupal se volviera insostenible.
A pesar de esto, Soda Stereo siguió adelante, y el álbum fue bien recibido tanto por la crítica como por los fans.
En 1991, a pesar de los éxitos continuos de la banda, Gustavo enfrentó una crisis personal.
Su matrimonio con Belén Antonucci terminó, y comenzó una relación con Cecilia Amenábar, la novia de Charlie, lo que generó una gran fricción dentro de la banda.

Este incidente fue un golpe directo a la confianza entre los miembros de Soda Stereo.
Sin embargo, a pesar de las tensiones, Soda Stereo continuó adelante y, en 1992, lanzó uno de sus discos más emblemáticos, “Canción Animal”.
Este álbum reflejaba la pasión y la intensidad de la relación de Gustavo con Cecilia, y las canciones eran un reflejo de su vida emocionalmente agitada.
A lo largo de su carrera, Gustavo Cerati logró superar muchos obstáculos personales y profesionales.
La separación de Soda Stereo, aunque dolorosa, marcó el comienzo de una nueva etapa en su carrera como solista.
Su primer álbum en solitario, “Amor Amarillo”, fue un éxito, y Gustavo encontró en él la oportunidad de explorar su música sin las restricciones de la banda.
A pesar de las críticas que recibió por mudarse a Chile y por su estilo musical más electrónico, Gustavo continuó innovando y creando música que resonaba con sus seguidores en toda América Latina.
En 1994, después de la separación de Soda Stereo, Gustavo Cerati enfrentó una serie de tragedias personales, incluyendo la muerte de su padre.
Esta pérdida fue un golpe emocional profundo que lo inspiró a escribir la canción “Te Para Tres”, dedicada a su padre.
A lo largo de los años, Gustavo continuó luchando con las consecuencias de su vida de excesos y su carrera, pero siempre encontró refugio en la música.

Su segundo álbum en solitario, “Bocanada”, lo consolidó como un artista solista exitoso, y a pesar de la fría recepción en Argentina, el álbum fue muy bien recibido en otros países de América Latina.
En los años siguientes, Gustavo continuó su carrera en solitario y logró un gran éxito con su álbum “Siempre Es Hoy”.
La crítica y el público lo elogiaron por su capacidad para reinventarse y por su habilidad para explorar nuevos sonidos.
A pesar de las dificultades en su vida personal, como el divorcio de Cecilia, Gustavo Cerati siguió siendo una figura influyente en la música latinoamericana, demostrando que, a pesar de los tropiezos, su talento y su creatividad lo llevarían a la cima.