Lucha Villa: La Gran Voz del México Ranchero
Lucha Villa, conocida como “La Grandota de Camargo”, es una de las figuras más emblemáticas de la música mexicana.
Su poderosa voz y presencia en el escenario la convirtieron en una leyenda del regional mexicano, y a pesar de que su carrera tuvo altibajos, su legado sigue siendo inmenso.
A lo largo de los años, su historia ha sido marcada por la música, pero también por sus batallas personales, especialmente una que la obligó a alejarse de los escenarios.
Tras más de 25 años de silencio, Lucha Villa finalmente ha decidido hablar y compartir con el mundo lo que ocurrió detrás del mito.
La historia de Lucha no solo es la de una cantante icónica, sino también la de una mujer que luchó por encontrar su lugar en un mundo lleno de obstáculos, tanto profesionales como personales.
Lucha Villa nació como Luz Elena Ruiz Bejarano en Santa Rosalía de Camargo, Chihuahua, en 1934.
Desde joven, su belleza y energía la llevaron al mundo del modelaje, pero el destino tenía otros planes para ella.
Fue su participación en un grupo musical el que la catapultó a la fama.
Aunque inicialmente fue contratada como modelo y bailarina, el destino le tenía preparado algo mucho más grande: su voz.
En una de sus primeras presentaciones, cuando la cantante programada no se presentó, Lucha, con valentía y un vestido prestado, subió al escenario y cautivó al público con su increíble talento.
Fue entonces cuando su nombre artístico, Lucha Villa, nació.
Lucha como diminutivo de Luz Elena, y Villa, en honor a Pancho Villa, un nombre que sonaba fuerte y mexicano, perfecto para su estilo arrollador.
La consagración de Lucha Villa fue rápida.
Se unió a la XEBO como vocalista principal de un grupo dirigido por Ángel Espinoza Ferrusquilla.
Con su talento y su capacidad para interpretar canciones llenas de emoción, pronto grabó su primer LP con el sello Musart.
En paralelo, su relación con José Alfredo Jiménez, uno de los más grandes compositores de la música ranchera, fue clave para su carrera.
Jiménez no solo la apoyó personalmente, sino que le regaló algunas de sus composiciones más icónicas, como “La media vuelta” y “Amanecí en tus brazos”.
Cada tema escrito por José Alfredo para Lucha Villa era un traje a medida para su voz única, y juntos crearon una de las alianzas más poderosas de la música mexicana.
En 1964, Lucha Villa dio un paso decisivo en su carrera cuando fue elegida para protagonizar la película El Gallo de Oro, dirigida por Roberto Gabaldón.
Esta película, basada en el guion de Juan Rulfo y adaptada por Gabriel García Márquez, le permitió mostrar no solo su talento vocal, sino también una faceta actoral que sorprendió a la crítica y al público.
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Su interpretación en el papel de “La caponera” fue tan convincente que recibió el primer premio de actuación de su vida.
La banda sonora de la película, impregnada de su poderosa voz, se convirtió en un éxito, reafirmando su versatilidad artística.
Durante los años 60, Lucha Villa consolidó su lugar como una de las reinas de la música ranchera, destacándose entre las grandes figuras del género y compartiendo escenario con artistas como Javier Solís.
En los años 70, Lucha Villa no se conformó con ser solo una cantante ranchera, sino que buscó reinventarse y explorar nuevos terrenos.
En 1970 debutó en el teatro con la comedia musical Elite, una producción que arrasó en el Teatro Insurgentes.
De esa obra surgieron canciones inolvidables como “¿Qué te ha dado esa mujer?” y “El triste”, que se convirtieron en éxitos.
Al mismo tiempo, en 1971, Lucha sorprendió al público con Puro Norte, una serie que fusionaba lo mejor del mariachi con la música norteña.
En este proyecto, Lucha Villa se destacó con temas como “Te traigo estas flores” y “Los dos enamorados”, convirtiéndose en una pionera en la mezcla de géneros tradicionales.
En su carrera, Lucha Villa también se aventuró en el cine, donde su presencia fue igualmente arrolladora.
En 1972, su participación en Mecánica Nacional, dirigida por Luis Alcoriza, le permitió demostrar su capacidad para interpretar personajes con gran carga emocional.
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Su actuación en el papel de una madre y esposa sometida a las humillaciones de su marido machista fue tan impactante que la crítica la reconoció como una de las mejores actrices del cine mexicano, llevándose su primer Ariel a mejor actriz.
En 1978, consolidó su carrera en el cine con El Lugar sin Límites, una película dirigida por Arturo Ripstein en la que interpretó a “La Japonesa”, una madama fuerte y desafiante que enfrentaba al cacique del pueblo.
Su interpretación fue tan potente que le valió su segundo Ariel.
Además de su éxito en la música y el cine, Lucha Villa también tuvo una vida personal tan apasionada y turbulenta como sus interpretaciones.
A lo largo de su vida, estuvo casada en varias ocasiones, pero su relación más destacada fue con el compositor José Alfredo Jiménez.
Aunque nunca hubo un matrimonio entre ellos, la conexión emocional que compartieron fue tan profunda que muchos de los versos escritos por Jiménez parecían estar inspirados por Lucha.
Su relación, marcada por momentos de pasión y tormenta, dejó una huella imborrable en la música mexicana.
Juntos crearon algunas de las canciones más emblemáticas del repertorio ranchero, como “Si nos dejan” y “La media vuelta”, que hoy son clásicos que siguen resonando en el corazón de los mexicanos.
La vida de Lucha Villa no estuvo exenta de dificultades.
En 1974, se casó con Justiniano Rengifo, un empresario salvadoreño, y se mudó a Centroamérica, donde trató de encontrar estabilidad lejos de los reflectores.
Sin embargo, su amor por la música nunca desapareció, y su regreso a México en los años 80 marcó el comienzo de una nueva etapa en su carrera.
Aunque la música ranchera seguía siendo su pasión, Lucha también se dedicó a explorar nuevos géneros y se involucró en proyectos teatrales y musicales.
Sin embargo, su vida dio un giro inesperado en 1997, cuando se sometió a una cirugía estética que cambió su destino.
Lo que debía ser un procedimiento rutinario se convirtió en una pesadilla, ya que Lucha sufrió un paro cardiorrespiratorio durante la operación y quedó en coma durante dos semanas.
Aunque despertó, las secuelas fueron irreversibles y su carrera se truncó de forma abrupta.
A pesar de la tragedia, el legado de Lucha Villa sigue vivo.
Su voz, su presencia y su talento siguen siendo recordados por los mexicanos y por aquellos que tuvieron el privilegio de verla brillar en el escenario.
Lucha Villa no solo dejó un legado musical, sino también un legado de valentía, pasión y autenticidad.
Su historia es un recordatorio de que la vida de un artista no siempre es fácil, pero su impacto puede trascender más allá de los momentos difíciles.
La música que Lucha Villa dejó grabada sigue siendo parte del alma de México, y su nombre sigue siendo sinónimo de fuerza, emoción y determinación.
Hoy en día, aunque Lucha Villa ya no sube a los escenarios, su legado sigue siendo parte de la memoria colectiva de México.
Sus canciones, su voz profunda y su capacidad para transmitir emociones siguen siendo una fuente de inspiración para nuevas generaciones.

Lucha Villa es más que una cantante, es un símbolo de la grandeza de la música mexicana, una mujer que dejó una marca indeleble en la historia del arte y que, a pesar de los desafíos que enfrentó, nunca dejó de luchar por su pasión.