Luis Aguilé, uno de los grandes artistas de la música latina, dejó una huella imborrable en el corazón de los latinoamericanos con su voz única y sus canciones eternas.
A lo largo de su carrera, fue reconocido por millones de personas, especialmente en España, donde alcanzó gran éxito y popularidad.
Su música se convirtió en un fenómeno que trascendió fronteras, llevando sus baladas, boleros y temas populares a los más diversos rincones del mundo.
Sin embargo, detrás de ese artista admirado por todos, se escondía una vida marcada por la traición, la pérdida y el olvido de aquellos que alguna vez lo celebraron.
Esta es la verdadera historia de Luis Aguilé, un hombre generoso, culto y humilde, cuya fortuna fue arrebatada y cuya existencia fue opacada por la misma industria que él ayudó a construir.
En esta crónica no solo se contará el ascenso y la gloria de Luis Aguilé, sino también la injusticia que vivió en sus últimos años, cuando su legado fue silenciado y su contribución olvidada.
Un hombre cuya vida fue más que solo música; fue la historia de un exilio, un amor no correspondido y un destino que lo llevó por caminos oscuros.
Luis María Aguilera, conocido en el mundo del espectáculo como Luis Aguilé, nació el 24 de febrero de 1936 en Buenos Aires, Argentina.
Desde pequeño mostró una notable pasión por la música y una energía contagiante que lo llevó a destacar entre los demás.
Sin embargo, su camino hacia el éxito no fue fácil.
En su juventud, Luis trabajó en el Banco Central de Buenos Aires de día, mientras que por la noche se dedicaba a cantar en fiestas privadas y pequeños clubes.

Lo que comenzó como un pasatiempo pronto reveló un talento excepcional, y a los 20 años, Luis dio el salto a la fama.
Con su primer contrato discográfico, Luis Aguilé comenzó a ganarse el cariño de la audiencia, y en poco tiempo se convirtió en una de las figuras más populares de la música latina.
El ascenso de Luis Aguilé en la música latina
Luis Aguilé no fue un artista que se conformara con un solo género musical.
Su versatilidad le permitió destacar en diversos estilos, desde el bolero hasta el pop, pasando por el tango.
Para él, la música era una fuente inagotable de alegría, y esa filosofía se convirtió en su sello personal.
No quería ser encasillado en un solo estilo; su música debía transmitir felicidad, optimismo y vida.
Así fue como, en 1956, Luis lanzó su primer sencillo y consiguió un contrato discográfico con el sello Odeón.
La canción “Prisionero número nueve”, de Roberto Cantoral, marcó el inicio de una carrera que rápidamente lo llevaría a la fama no solo en Argentina, sino también en el resto de América Latina y Europa, especialmente en España.
El talento y carisma de Luis Aguilé lo llevaron a participar en eventos internacionales como el Festival de la Juventud en Barcelona, donde se presentó junto a figuras legendarias de la música española como Dúo Dinámico y José Guardiola.
Sin embargo, fue en Cuba donde Luis encontró un hogar musical.

En la isla, su música sonaba en todas partes, y el público lo adoptó rápidamente como uno de sus artistas favoritos.
Sin embargo, la vida de Luis en Cuba no duró mucho.
La Revolución Cubana y el derrocamiento de Fulgencio Batista marcaron un giro en la vida del artista.
Cuando se enteró de que su fortuna había sido confiscada por el nuevo régimen, Luis se vio obligado a abandonar Cuba.
A pesar de su desdicha, se despidió de la isla con generosidad, regalando todo lo que poseía antes de partir.
Su corazón, sin embargo, estaba dividido, pues también se había enamorado de una mujer vinculada a Fidel Castro, lo que complicó aún más su situación.
Fue entonces cuando Luis Aguilé tomó la decisión de emigrar a España, donde continuaría su carrera y encontraría un nuevo hogar.
El regreso a España y el renacer de su carrera
En España, Luis Aguilé vivió una nueva etapa de su carrera.
A pesar de haber sufrido la pérdida de su fortuna en Cuba, logró sobreponerse a las adversidades y continuar su carrera con renovado impulso.
En 1960, lanzó el exitoso tema “Dile siempre”, que rápidamente se convirtió en un éxito en las listas de música españolas.
Este tema marcó su regreso triunfal a Europa, y desde allí, Luis comenzó a consolidarse como uno de los artistas más importantes de la música latina en España.
Su estilo personal y su manera de conectar con el público lo hicieron querido en cada país al que llegaba.
En la década de los 60, Luis Aguilé alcanzó una popularidad sin igual en España, donde sus canciones, tanto alegres como nostálgicas, se convirtieron en himnos que definieron una época.
Fue entonces cuando surgió uno de los temas más emblemáticos de su carrera: “Cuando salí de Cuba”, una canción que, más allá de ser un simple tema musical, se convirtió en un himno de los exiliados, de aquellos que, como él, habían tenido que abandonar su tierra natal en busca de un futuro mejor.
La canción no solo reflejaba el dolor de la pérdida de su país, sino también la nostalgia de un hombre que, a pesar de haber alcanzado la fama, siempre se sentía dividido entre dos mundos.
Luis continuó grabando y presentándose en España y América Latina, pero a lo largo de los años, su carrera también estuvo marcada por la traición.
En 1962, el director de cine Luis Sáncez de Heredia contrató a Luis para grabar la canción “La chica yeyé”, pero poco después de que la grabara, el director decidió que la actriz Conchita Velasco sería quien la interpretaría en la película.![]()
Luis Aguilé, a pesar de haber grabado la canción y de que ya estaba finalizada, fue desplazado por una actriz que no tenía la misma conexión con el tema.
Este fue uno de los robos más dolorosos de su carrera, una traición que, aunque superó con dignidad, le dejó una marca en su corazón.
Años de éxito, pero también de decepciones
A pesar de las injusticias que sufrió, Luis Aguilé continuó con su carrera con gran éxito.
Sus canciones siguieron siendo populares, y su estilo único lo convirtió en una figura entrañable no solo en España, sino también en toda América Latina.
Su participación en televisión y radio lo consolidó como un verdadero ícono de la música y la cultura popular.
En 1976, Luis encontró el amor en España, al casarse con Ana Rodríguez, una mujer española que lo cuidó con devoción hasta el final de sus días.
Sin embargo, a pesar de la estabilidad en su vida personal, Luis nunca dejó de enfrentarse a desafíos.
A lo largo de su carrera, fue criticado por su enfoque apolítico y por su tendencia a mantener su música alejada de las ideologías.
Esto lo colocó en una posición incómoda en ciertos momentos de su vida, especialmente cuando se vio involucrado en controversias políticas, como su enfrentamiento con el gobierno de Fidel Castro y sus críticas a algunos líderes políticos en España y América Latina.
A pesar de todo, Luis Aguilé nunca dejó que la política interfiriera en su música.
Su arte seguía siendo su refugio, y a través de sus canciones, expresaba sus sentimientos de amor, nostalgia y esperanza.
La política y su legado
Aunque Luis Aguilé nunca se consideró un activista político, su música no estuvo exenta de un fuerte componente de crítica social.
En sus últimas etapas de vida, su postura ante los gobiernos y sus críticas a figuras políticas de su tiempo reflejaron su carácter de hombre libre, dispuesto a cuestionar el poder cuando era necesario.
Su canción “Señor presidente”, lanzada en 2007, fue una de las pocas veces en que Luis utilizó su música para hacer una declaración política.
Esta canción, que fue censurada en algunos países, reflejaba la decepción de un hombre que, a pesar de su éxito, nunca dejó de sentir la necesidad de expresar su opinión sobre la situación política que lo rodeaba.
Luis Aguilé también se mostró como un defensor de los derechos de los artistas y de la libertad de expresión.![]()
A lo largo de su carrera, apoyó a la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) y luchó por el derecho de los artistas a fijar sus propios precios y recibir el respeto que merecían por su trabajo.
A través de sus declaraciones y acciones, Luis dejó en claro que la música era mucho más que un entretenimiento: era una profesión que debía ser valorada y respetada.
El final de una era y el olvido
Luis Aguilé, a pesar de ser una figura icónica de la música latina, murió en el olvido.
El 10 de octubre de 2009, a los 73 años, Luis Aguilé falleció en silencio, dejando tras de sí una carrera llena de éxitos y canciones que hicieron reír y llorar a millones de personas.
Aunque su muerte fue apenas mencionada por los medios, quienes lo conocieron y admiraron nunca lo olvidaron.
A lo largo de su vida, Luis Aguilé demostró ser un hombre generoso, humilde y sincero, un artista que siempre estuvo dispuesto a compartir su talento y su música con el mundo.
Su legado perdura, pero es una pena que el mundo nunca lo haya reconocido en vida como el gran artista que fue.

Hoy, Luis Aguilé sigue siendo recordado por su música, su sonrisa y su capacidad para transformar cada momento de su vida en una canción.
Sin lugar a dudas, su lugar en la historia de la música latina está asegurado.