Lorenzo de Monteclaro: La Leyenda del Sax Norteño
Lorenzo de Monteclaro, el hombre que una vez llenó de música los rincones más alejados de México y de los Estados Unidos, es hoy una leyenda viva que ha superado los vaivenes del tiempo, la fama y la tragedia.
Originario de Cuencamé, Durango, un pueblo conocido por su autenticidad y su profunda relación con las tradiciones del norte de México, Lorenzo es sinónimo de sax norteño, un género musical que él ayudó a forjar con su inconfundible estilo y su alma tan apasionada como las canciones que interpretaba.
Desde joven, su destino parecía estar marcado por el arte y la música, pero fue la dedicación, la lucha y el amor lo que finalmente lo catapultó al estrellato.
A lo largo de los años, Lorenzo se convirtió en un ícono que no solo representaba la esencia del norteño, sino también la vida misma de aquellos que como él, luchaban por un sueño desde lo más humilde.
Pero detrás de esta leyenda había un hombre fiel a sus raíces, y aunque su música tocó los corazones de miles, su vida personal estuvo marcada por pérdidas profundas, en especial la de Rosa María, su esposa y compañera de toda la vida.
En este artículo, exploramos la vida de Lorenzo de Monteclaro, desde sus primeros días en Cuencamé, hasta su ascenso en el mundo de la música, pasando por sus batallas personales y la huella que dejó en el corazón de sus seguidores.
Lorenzo Hernández Martínez, conocido más tarde como Lorenzo de Monteclaro, nació en el pequeño pueblo de Cuencamé, Durango.
La vida de Lorenzo comenzó de una manera tan humilde como la de muchos otros artistas, trabajando en los campos y cantando mientras ayudaba a su padre con las cosechas.
Su voz fue siempre su mejor compañera, y desde joven, sentía el llamado de la música que lo rodeaba.
No obstante, su camino hacia el estrellato no fue fácil.
En sus primeros años, Lorenzo se presentó en un concurso amateur transmitido por la estación XCDN en Torreón, donde no ganó, pero su talento fue evidente.
Fue entonces cuando comenzó a presentarse en fiestas, ferias y eventos locales, llevando su voz a cada rincón de su tierra.
Su nombre artístico nació de manera casi espontánea en una de sus primeras apariciones en la radio.
Un locutor, impresionado por su voz, lo presentó diciendo: “Damas y caballeros, con ustedes, Lorenzo de Monteclaro, porque su voz es tan clara como una montaña”.
El nombre, que parecía salido de una novela ranchera, quedó marcado en la memoria de la gente y se convirtió en una leyenda del sax norteño.
Aunque su primer disco no rompió récords de ventas, fue su autenticidad y su estilo único lo que lo consolidó como una estrella en ascenso.
La combinación de acordeón, saxofón y bajo sєxto creó un sonido distintivo que pocos podían igualar.
En 1973, con la canción El Ausente, Lorenzo alcanzó el reconocimiento nacional, convirtiéndose en un himno para los migrantes que cruzaban la frontera y encontraban consuelo en sus letras.
La canción reflejaba la nostalgia y el desarraigo de aquellos que, como Lorenzo, entendían las dificultades de la vida fronteriza.
El auge de Lorenzo de Monteclaro fue indiscutible.
A medida que su música tocaba más corazones, su nombre se convirtió en un referente del norteño.
Sus canciones hablaban de la vida, el desamor y la verdad cruda, temas que conectaban profundamente con su audiencia.
Durante la década de 1980, los corridos y rancheras de Lorenzo dominaban los salones de baile, las fiestas patronales y las radios.
Canciones como Los mejores corridos de contrabando dejaron huella, y aunque muchos lo acusaban de glorificar a los forajidos, él siempre respondía con la misma honestidad: “Yo no invento, solo canto lo que la gente cuenta”.
En paralelo a su éxito musical, Lorenzo también incursionó en el cine, llevando su música y su figura a la gran pantalla.
Participó en películas de acción, que, aunque no ganaron premios, lograron un éxito comercial al conectar con la misma audiencia que escuchaba sus discos.
De esta manera, Lorenzo no solo consolidó su fama en el ámbito musical, sino que se convirtió en un ícono cultural, un hombre del pueblo que representaba los valores y las tradiciones del norte mexicano.
Pero a pesar de los éxitos, el amor de su vida, Rosa María Flores Rivera, fue siempre el pilar que sostuvo su mundo.
Juntos, construyeron una familia de cinco hijos, y Rosa María fue quien lo acompañó durante todos los altibajos de su carrera.
Ella no solo compartió su vida con él, sino que fue su confidente, su compañera de giras y su apoyo incondicional.
Lorenzo siempre habló de ella con el mayor respeto y cariño, y su amor mutuo fue el secreto detrás de su estabilidad y su éxito.
Sin embargo, la tragedia golpeó a Lorenzo en 2023, cuando Rosa María falleció, dejándolo sumido en el dolor.
El impacto de su muerte fue devastador para Lorenzo.
Durante semanas, el rey del sax norteño se retiró de la vida pública, cancelando presentaciones y evitando entrevistas.
Los rumores comenzaron a circular, y muchos pensaron que Lorenzo se había retirado definitivamente.
Sin embargo, su dolor era palpable, y cuando finalmente rompió el silencio, lo hizo con un mensaje simple pero desgarrador: “Mi compañera, mi todo”.
La pérdida de Rosa María cambió a Lorenzo para siempre, pero también lo impulsó a seguir adelante.
El regreso de Lorenzo a los escenarios fue un acto de valentía.![]()
Su voz, aunque marcada por la tristeza, seguía siendo poderosa, y su público notaba el cambio en cada canción.
En sus presentaciones, Lorenzo no solo cantaba, sino que transmitía el dolor y la melancolía que sentía en su interior.
La conexión con su audiencia se profundizó, y su música, aunque cargada de nostalgia, se mantuvo fiel a sus raíces.
En sus últimas presentaciones, se sintió la presencia de Rosa María, quien, según Lorenzo, seguía con él en espíritu.
A pesar de las dificultades personales y profesionales, Lorenzo continuó trabajando en nuevos proyectos.
Su última gira, titulada Si se puede tour, fue un homenaje a su esposa y a su legado musical.
También estaba preparando un nuevo álbum que fusionaba lo clásico con lo moderno, un tributo a su carrera y a las nuevas generaciones de artistas que lo admiraban.
Hoy, con casi 90 años, Lorenzo sigue siendo una figura respetada y querida en el mundo de la música regional mexicana.
A pesar de los obstáculos que ha enfrentado, su legado permanece intacto.

Con su música, Lorenzo de Monteclaro ha contado las historias de su gente, ha reflejado sus luchas y ha celebrado sus triunfos.
Y aunque la vida le ha traído dolor y pérdidas, Lorenzo continúa cantando, porque como él mismo dice: “La vida sigue y la música me sostiene”.