Durante la Época de Oro del cine mexicano, mientras el mundo adoraba a Mario Moreno “Cantinflas”, una mujer vivió su amor en secreto, sin que nadie lo supiera.
Su nombre era Rosario Granados, pero el público la conoció como “Charito”, una joven estrella en ascenso que compartió pantalla con grandes leyendas del cine, pero que, sin embargo, fue borrada de la vida del hombre que más amó.
La historia de Charito no es una de fama y glamour, sino un descenso a la oscuridad, el desamor y una verdad que se mantuvo oculta durante años.
A pesar de su carrera prometedora, su vida personal estuvo marcada por el silencio y la valentía de una mujer que, a pesar de todo, nunca pidió reconocimiento.
Charito nació en Buenos Aires, Argentina, el 12 de marzo de 1925.
Hija de César Fías, un respetado actor argentino, y Rosario Correa Granados, una soprano mexicana y actriz de teatro.
Creció en un entorno artístico, rodeada de talento y cultura.
Desde muy joven, mostró una inclinación hacia la actuación, pero su verdadera pasión por el cine se despertó en Argentina, donde comenzó a aparecer en producciones locales.
Pronto, su belleza y elegancia la convirtieron en una estrella prometedora, y en 1942, dio uno de sus papeles más recordados en la película “La Casa de los Millones”.

Sin embargo, un cambio de destino la llevó a México, donde su vida cambiaría para siempre.
La industria cinematográfica mexicana estaba en plena expansión, y Charito, al igual que muchas estrellas argentinas, encontró una nueva oportunidad en la tierra del cine dorado.
En México, se integró rápidamente a los círculos cinematográficos de élite y comenzó a trabajar con las estrellas más grandes de la época.
Pero detrás de las cámaras, un romance secreto con Mario Moreno Cantinflas cambió el rumbo de su vida.
A pesar de que Cantinflas ya estaba casado y su imagen pública era muy importante para él, la relación entre él y Charito fue intensa, pero jamás se hizo pública.
De esta relación nació un hijo, Mario Afi, cuya existencia fue mantenida en completo secreto durante muchos años.
El Romance Secreto con Cantinflas
La relación entre Charito y Cantinflas fue breve, pero profunda.
Según diversos relatos biográficos, ambos compartieron momentos de intimidad que jamás salieron a la luz.
Mientras Cantinflas disfrutaba de su apogeo como el mayor ícono cómico de México, Charito vivió en silencio, criando a su hijo sola.
A pesar de que Cantinflas nunca reconoció públicamente a su hijo, Charito decidió registrar al niño con sus propios apellidos y criarlo en solitario, enfrentando tanto el peso emocional como social del silencio impuesto por su amor no correspondido.
El periodista Miguel Ángel Morales, autor de la biografía de Cantinflas, reveló años después que el comediante tuvo al menos dos hijos fuera de su matrimonio, incluido el niño con Charito.
Aunque la familia de Cantinflas y sus seguidores siempre negaron estos rumores, la historia de Charito y Cantinflas nunca desapareció del todo.
El silencio de Charito, quien nunca demandó reconocimiento público ni utilizó su relación con el famoso actor para impulsar su carrera, añade una capa de misterio y admiración a su figura.
Charito y Su Carrera Cinematográfica
Después de su llegada a México, Charito continuó con su carrera cinematográfica, participando en películas que marcarían su nombre en la historia del cine mexicano.
A lo largo de los años 40 y 50, trabajó con algunas de las figuras más grandes de la época, como Jorge Negrete y María Félix.
La actriz se destacó en el melodrama mexicano, un género que predominó durante la Época de Oro.
Entre sus filmes más memorables se encuentra “La Diosa Arrodillada”, una película que causó gran controversia debido a su contenido erótico y a una escena en particular que fue considerada atrevida para los estándares de la época.
Sin embargo, lejos de perjudicar su carrera, la controversia consolidó la imagen de Charito como una actriz dispuesta a asumir roles complejos y desafiantes.
A pesar de los escándalos, Charito continuó trabajando y consolidó su lugar como una de las principales actrices de la época.
Participó en películas como “Canaima” y “La Huella de unos Labios”, donde interpretó a mujeres víctimas de la violencia y la explotación, roles que la posicionaron como la figura central en el melodrama mexicano.
Su capacidad para darle profundidad y dignidad a personajes complejos la convirtió en una de las actrices más respetadas de su generación.
Un Futuro Fuera del Escándalo
A finales de los años 50, Charito decidió retirarse discretamente del cine.
Se alejó de los reflectores para dedicarse a su familia y a sus negocios.
Se casó con el fotógrafo Raúl Martínez Solares, con quien tuvo cuatro hijos y construyó una vida tranquila alejada del escándalo mediático.

Aunque nunca renunció por completo a su amor por la actuación, Charito prefirió mantener un perfil bajo y priorizar su familia sobre la fama.
Su vida se centró en los pequeños placeres cotidianos, como la jardinería y la lectura de novelas históricas, y se convirtió en una matriarca respetada por sus allegados.
Durante los años 70, Charito regresó brevemente a la televisión, apareciendo en telenovelas y proyectos televisivos, donde fue recibida con cariño por una nueva generación.
Su aparición en “Quinceañera” en 1987 y en “Simplemente María” en 1989 fueron momentos destacados de su regreso al mundo del espectáculo.
Sin embargo, su enfoque seguía siendo la familia, y su carrera actoral se vio eclipsada por su deseo de llevar una vida equilibrada y serena.
La Desaparición del Legado
El 25 de marzo de 1997, Charito Granados falleció a los 72 años de edad debido a un infarto.
Aunque su legado en el cine mexicano es indiscutible, su vida fuera de las cámaras estuvo marcada por el silencio y el misterio.
Charito nunca reveló públicamente la verdad sobre su relación con Cantinflas, ni exigió un reconocimiento por su hijo.
A lo largo de su vida, prefirió la tranquilidad a la fama, y su carácter reservado y su dedicación a su familia fueron los aspectos más destacados de su personalidad.
El Legado de Charito Granados
Charito Granados dejó una huella imborrable en el cine mexicano, siendo una de las grandes actrices del melodrama.
A pesar de su retiro temprano y su vida personal marcada por el silencio, su carrera y su impacto en la industria nunca se desvanecieron.
Charito fue respetada por su disciplina y su capacidad para interpretar personajes complejos y emocionales.
Su historia, aunque marcada por la tragedia y el desamor, también está llena de resiliencia y dignidad.

Charito fue una mujer que, a pesar de todo, siempre eligió el silencio y la elegancia por encima del escándalo, y hoy es recordada como una de las figuras más queridas de la Época de Oro del cine mexicano.