La historia de Maura Monti: Entre el glamour y la reinvención
Hablar de Maura Monti es viajar a través del cine mexicano de los años 60, un cine audaz, lleno de imágenes icónicas y de un protagonismo que marcó la historia.
Con una presencia imponente, Maura se convirtió en la primera “bad girl” del cine mexicano, una figura que, entre minifaldas, belleza y controversia, dejó una huella imborrable en la cultura popular.
Nacida en Génova, Italia, el 11 de agosto de 1942, Maura Fasi Pastorino creció entre fronteras y culturas.
Su historia no solo está marcada por su éxito en el cine, sino por las decisiones que tomó para dejar atrás los reflectores y abrazar su verdadera esencia.
A lo largo de su vida, Maura vivió en varios países, primero en Londres, luego en Caracas, hasta que, a principios de los años 60, emigró a México con su madre.
Al principio, no había grandes ambiciones cinematográficas.
Maura comenzó a trabajar como modelo, destacando por su belleza y carisma, pero lo que parecía una carrera tradicional en la moda, tomó un giro inesperado cuando, por pura casualidad, ganó el primer premio de la Lotería Nacional en México.
Este hecho, más allá de la fortuna económica, la catapultó a los reflectores.
En ese momento, Maura, que no sabía nada de la industria del cine mexicano, se vio de repente rodeada por una oportunidad que cambiaría su vida para siempre.
Maura Monti llegó al cine mexicano sin planes de convertirse en una estrella, pero el destino le tenía preparado un papel protagónico en El juicio de Cristo, lo que le otorgó fama y visibilidad.
Su entrada al cine fue rápida y, a partir de ahí, comenzó a ser reconocida por su presencia magnética y su capacidad de cautivar al público.
De inmediato, comenzó a recibir papeles secundarios en otras películas, y su talento pronto fue consolidado por los directores mexicanos más importantes de la época.
Sin embargo, lo que verdaderamente catapultó a Maura al estrellato fue su papel en Bat Woman en 1968.
Esta película, una de las primeras en México con una protagonista femenina en el género de superhéroes, le permitió destacar por su audacia y sensualidad.
Su personaje fue más allá de la figura de heroína tradicional; era una mujer fuerte, decidida y llena de misterio.
Su vestuario, marcado por minifaldas y atuendos atrevidos, generó una gran controversia, pero también le ganó un lugar en los corazones de muchos.
En ese momento, Maura Monti se convirtió en un ícono de la cultura popular mexicana.
Pero, mientras la fama le sonreía, las sombras también empezaron a acecharla.
A pesar de ser una de las estrellas más brillantes de la época, Maura enfrentó las presiones de una industria en constante transformación, especialmente con la llegada de las películas de ficheras a principios de los años 70.
El cine mexicano comenzó a volcarse hacia producciones más explícitas y de bajo presupuesto, un cambio que no coincidía con los valores de Maura.
Al final de la década, Maura decidió retirarse de la pantalla grande y apartarse de una industria que no respetaba sus principios.
Su carrera no terminó allí.
Aunque se alejó del cine, Maura continuó trabajando en televisión y en los medios, colaborando en revistas y realizando apariciones limitadas.
Su transición de actriz a comentarista reflejó una etapa más madura y reflexiva en su vida.
Fue en esta nueva etapa cuando Maura comenzó a reflexionar sobre su legado y su lugar en el mundo del entretenimiento.
Ya no se veía como la actriz de los años 60, sino como una mujer que había desafiado las normas, pero que también había aprendido a adaptarse y reinventarse.
El camino de Maura Monti no fue fácil.
A pesar de haber alcanzado la fama, tuvo que enfrentar varias adversidades personales, como su relación con el cine y las dificultades de la industria.
En sus últimos años, Maura se dedicó a la pintura, la escultura y la escritura, y fue presidenta del Centro Cultural Jaime Sabines en San Cristóbal de las Casas, donde orientó a jóvenes escritores.
En este nuevo capítulo de su vida, encontró una forma de compartir su arte de manera más íntima y profunda, alejándose del bullicio de la fama y buscando un propósito más personal.
La controversia y la huella en la cultura popular
Uno de los momentos más difíciles de la carrera de Maura Monti ocurrió durante la filmación de Bat Woman, cuando estuvo a punto de perder la vida debido a un accidente en el set.
En esa producción, Maura insistió en realizar todas sus escenas de riesgo sin dobles de acción, lo que le generó un par de situaciones extremas.
Durante una de las escenas, un paracaídas se descontroló, y Maura terminó siendo arrastrada por la corriente del mar.
Su vida estuvo en peligro, pero por fortuna fue rescatada a tiempo.
Este incidente marcó un hito en su carrera y le dio la notoriedad de ser una de las primeras actrices en realizar sus propias acrobacias en un set de filmación.
Otro momento que también dejó huella fue su participación en Santo y la invasión de los marcianos y El planeta de las mujeres invasoras, en las que interpretó a una heroína sensual y rebelde, desafiando las convenciones de la época.

Aunque la industria del cine mexicano en ese entonces ya no estaba en su mejor momento, las películas de lucha libre con El Santo como protagonista generaron una gran audiencia.
Maura fue parte de ese fenómeno, aunque siempre fue consciente de que su rol en estas películas de género no era algo que la definiera completamente.
Sin embargo, la cercanía con El Santo y la forma en que se creó ese mito alrededor de él hizo que su nombre quedara vinculado para siempre a la lucha libre y a la ciencia ficción mexicana.
Decisión de retirarse y el precio de la fama
La década de 1970 marcó el final de su carrera cinematográfica.
A medida que la industria se transformaba, Maura decidió retirarse de las pantallas y abandonar los papeles de mujer sєxy y provocadora que la habían hecho famosa.
En lugar de seguir el camino de las películas de ficheras, optó por tomar un descanso y alejarse de la fama.
Se casó con el director mexicano Gilberto Gascone y, después de un breve regreso a la televisión, se dedicó a otras actividades como la escritura y la pintura.
El retiro de Maura fue silencioso, sin escándalos ni anuncios de despedida.
En su lugar, decidió redefinir su vida lejos de los reflectores, pero sin abandonar por completo el arte.
Su legado fue transformándose, y en lugar de ser recordada solo por su figura de heroína de cine, se convirtió en una referente de la reinvención personal y la valentía de renunciar a la fama en busca de algo más significativo.
La transformación personal y la reinvención de Maura Monti

A lo largo de los años, Maura Monti se dedicó a crear una vida más centrada en su bienestar personal.
Vivió en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, donde pasó más tiempo trabajando en su arte, compartiendo su sabiduría con los demás y guiando a nuevos talentos.
Su carrera como escritora y pintora la llevó a exponer su obra en importantes galerías, demostrando que su pasión por el arte no se limitaba al cine.
En la década de 1980, Maura fue invitada por la Filmoteca UNAM a participar en una charla sobre la creación de “El Caballero de la Noche”, donde reflexionó sobre su participación en Bat Woman y cómo la percepción de la película había cambiado a lo largo del tiempo.
Maura admitió que en su momento, nunca creyó que la película tuviera algún valor, pero al ver la devoción de sus seguidores, entendió que esa obra había alcanzado un estatus de culto.
Esa reflexión le permitió entender que, aunque su participación en el cine de género fuera algo que no había planeado, ahora se había convertido en un legado.
Reflexión sobre su vida y legado
Cuando Maura Monti reflexiona sobre su vida, lo hace con una mezcla de nostalgia y gratitud.
No solo fue una de las primeras actrices en desafiar las normas del cine mexicano, sino también una mujer que, a pesar de la fama fugaz, supo reinventarse.
Su vida, marcada por las decisiones difíciles, los sacrificios personales y su amor por el arte, se convirtió en un ejemplo de fortaleza para las mujeres de su generación.
A lo largo de los años, Maura ha demostrado que no es necesario seguir el camino que otros trazan para ser exitosa, que la verdadera fuerza está en la capacidad de renunciar a lo que no encaja con uno mismo y crear una nueva realidad.
En 2025, Maura Monti sigue siendo un símbolo de reinvención.
Su legado no solo está en las películas de culto que protagonizó, sino en la forma en que ha vivido su vida.
Hoy, en su nuevo rol como escritora y artista, Maura continúa dejando huella, no solo en el cine, sino también en la vida de aquellos que han aprendido de su historia.
Y a pesar de los altibajos, su capacidad de transformar el dolor y la adversidad en arte sigue siendo su mayor legado.
El legado perdurable de Maura Monti
La vida de Maura Monti es un testimonio de que el éxito no siempre llega de la manera que uno espera, pero si se lucha por él, puede ser más grande y significativo de lo que jamás imaginamos.
Su historia demuestra que, aunque la fama pueda ser efímera, la capacidad de adaptarse, de reinventarse y de seguir adelante con dignidad y pasión es lo que realmente define a una persona.
Maura Monti, la mujer que desafió al peligro, dejó una huella que va más allá de las cámaras y el glamour, demostrando que la verdadera grandeza está en vivir una vida auténtica, sin importar los obstáculos que se presenten.
La historia de Maura Monti, lejos de ser solo la de una estrella de cine, es la de una mujer que se atrevió a ser ella misma, a desafiar las expectativas y a crear un legado propio.

En un mundo lleno de luces y sombras, Maura supo brillar con luz propia, y esa luz sigue iluminando el camino de aquellos que siguen sus pasos.