La historia detrás de la pareja dorada: Lucero y Manuel Mijares
Lucero y Manuel Mijares, conocidos como la pareja dorada del entretenimiento mexicano, han sido durante décadas una de las figuras más queridas y admiradas por el público.
Su historia de amor, que comenzó en los años 80, fue vista como un cuento de hadas que cautivó a millones de personas.
La boda que unió a estos dos grandes artistas se convirtió en un evento que paralizó al país, y sus canciones, especialmente las que compartieron juntos, son parte de la banda sonora de toda una generación.
Sin embargo, como ocurre con muchas historias públicas, detrás de los escenarios, las sonrisas perfectas escondían una verdad mucho más compleja.
A lo largo de su relación, tanto profesional como personal, la vida de Lucero y Mijares estuvo llena de altibajos.
Aunque el público idealizó su romance, la verdad es que las diferencias irreconciliables existían, y la separación de esta famosa pareja no fue una sorpresa para aquellos que conocían los detalles de su vida.
El misterio de lo que realmente ocurrió en su relación ha sido motivo de especulación y, por fin, Manuel Mijares ha decidido hablar sobre lo que ocurrió detrás de su historia de amor.
En este artículo exploramos cómo la relación entre Lucero y Mijares se desarrolló, sus momentos de gloria, las tensiones ocultas y, finalmente, cómo se separaron, pero lograron encontrar una forma de seguir adelante como amigos y padres.
La historia de Manuel Mijares comenzó con un gesto de generosidad y talento.
En 1981, durante el festival Valores Juveniles, mostró no solo su capacidad artística, sino también su nobleza, al prestar sus pistas musicales a un compañero que no podía continuar en la competencia.
Este detalle, que a muchos les podría parecer insignificante, revela mucho sobre el carácter de Mijares.
A partir de ahí, su carrera despegó rápidamente con el álbum homónimo, donde canciones como “Poco a poco” y “Siempre” lo consolidaron como una de las figuras más destacadas de la música latina.
Mijares, quien ya tenía más experiencia en la industria, comenzó a brillar, y no pasó mucho tiempo antes de que su camino se cruzara con el de Lucero.
El encuentro que lo cambió todo
Lucero, por su parte, ya era un fenómeno en la industria del entretenimiento mexicano.
Desde pequeña, su carisma y talento la llevaron a conquistar el público en programas como Alegrías de mediodía y Chiquilladas.
A los 10 años, Lucero ya era conocida en todo México, y su carrera fue imparable.
En los años 80 y 90, sus discos fueron éxitos, y las telenovelas en las que participaba arrasaban en audiencia.
A pesar de ser la “novia de México”, Lucero nunca dejó de reinventarse y de sorprender con su capacidad de adaptación a los cambios en la industria.
El destino de Lucero y Mijares se cruzó en 1987, cuando ambos fueron elegidos para protagonizar la película Escápate conmigo.
Durante el rodaje, la química entre ambos fue instantánea, y su romance floreció rápidamente.
Sin embargo, después de la filmación, cada uno siguió su propio camino sin mantener contacto.
Años después, en 1994, el reencuentro fue inevitable.
Lucero, con 24 años y ya una de las artistas más queridas de México, y Mijares, 11 años mayor y consolidado como un ícono de la música, comenzaron un noviazgo que duró cuatro años.
Este romance fue uno de los más seguidos por los medios y el público, y en 1997 se concretó con la boda de la pareja, un evento que marcó la historia del entretenimiento mexicano.
La boda del siglo fue transmitida en vivo, y más de 700 invitados celebraron lo que parecía ser el inicio de un amor eterno.
El matrimonio perfecto: ¿una ilusión?
Sin embargo, como en todas las grandes historias de amor, la relación de Lucero y Mijares no estuvo exenta de tensiones y dificultades.
A pesar de los éxitos y la admiración pública, la relación personal de la pareja comenzó a mostrar grietas.
Los rumores sobre su estabilidad marital comenzaron a circular poco después del nacimiento de su primer hijo, José Manuel, en 2001.
Las especulaciones sobre un embarazo poco visible y las tensiones dentro de la pareja alimentaron las dudas.
A pesar de todo, Televisa, consciente de la importancia mediática de la pareja, se encargó de proteger su imagen mientras ellos permanecieran leales a la cadena.
La vida de pareja de Lucero y Mijares siempre estuvo bajo la lupa pública.
Cada gesto era analizado, cada ausencia levantaba sospechas, y cada rumor se multiplicaba.
A pesar de esto, la familia se mantenía unida, y en 2007, Lucero y Mijares celebraron su décimo aniversario de matrimonio, aunque en ese momento ya se empezaban a sentir los primeros signos de desgaste.
La relación entre ellos parecía complicada, pero ambos se esforzaron por mantener la imagen de una familia feliz y estable.
En 2008, Lucero empezó a grabar la telenovela Mañana es para siempre, y los rumores sobre un posible romance con su compañero Sergio Sendel comenzaron a intensificarse.
La separación: el final de una era
El final del matrimonio de Lucero y Mijares llegó en 2010, cuando ambos anunciaron su separación oficialmente.
La noticia fue recibida con sorpresa por sus seguidores, quienes durante años habían creído en la estabilidad de su relación.
Lucero y Mijares afirmaron que su separación fue consensuada y que no había terceras personas involucradas, pero los rumores sobre infidelidades y diferencias irreconciliables persistieron.
En ese momento, Lucero y Mijares ya no solo enfrentaban una crisis personal, sino también una mediática.
Sin embargo, ambos intentaron mantener la calma y proteger a sus hijos de los rumores y las especulaciones.
Aunque la relación de pareja terminó, la relación de respeto mutuo entre ellos persistió, lo que les permitió seguir adelante como amigos y padres.
La madurez en la separación: una nueva etapa
El divorcio no fue el final de la historia entre Lucero y Mijares.
Ambos lograron encontrar un camino hacia una relación de respeto y colaboración, especialmente por el bienestar de sus hijos.
A pesar de las tensiones y los conflictos, la separación de Lucero y Mijares demostró que, incluso después de un matrimonio fallido, es posible transformar el dolor en complicidad y el distanciamiento en respeto.
En lugar de recurrir a los rencores y resentimientos, ambos decidieron reinventar su relación como amigos, lo que les permitió mantener una convivencia armónica y saludable para sus hijos.
En 2021, ambos artistas se unieron para realizar una gira conjunta, un proyecto que sorprendió tanto a sus seguidores como a los críticos.
Esta colaboración no solo fue un éxito en términos de ventas, sino que también demostró que el amor y el respeto pueden perdurar incluso después de la separación.
El legado de una historia de amor transformada
La historia de Lucero y Mijares es una prueba de que el amor no siempre sigue el mismo camino.
Aunque su matrimonio terminó, su relación de respeto y colaboración artística ha demostrado que el amor puede transformarse, pero no tiene que desaparecer.
A través de su gira conjunta, Lucero y Mijares ofrecieron a sus seguidores una nueva forma de ver la relación, en la que la música y la complicidad se convirtieron en los pilares de su nueva conexión.
El amor no tiene que ser perfecto para ser duradero, y su historia de amor se convirtió en un ejemplo de cómo las parejas pueden evolucionar y reinventarse, independientemente de las dificultades y los obstáculos que enfrenten.
Conclusión: La historia de una separación que llevó a la reconstrucción
La separación de Lucero y Mijares es un recordatorio de que, en la vida real, las historias de amor no siempre son perfectas, pero eso no significa que no puedan ser profundamente significativas.
A través de los altibajos de su relación, ambos demostraron que, incluso cuando el amor romántico se extingue, es posible construir una relación sólida basada en el respeto y el compromiso mutuo.
La gira conjunta que realizaron después de su separación es la prueba de que, al final, el amor y la colaboración pueden prevalecer por encima de las dificultades personales.

La historia de Lucero y Mijares es un testimonio de que el verdadero amor no siempre es el que permanece igual, sino el que se adapta y crece con el tiempo.