Recientemente, en una entrevista radial, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, reveló que su gobierno había destruido una instalación vinculada al narcotráfico en una operación realizada en un puerto.
Aunque el presidente no especificó si esta acción ocurrió en territorio venezolano, la prensa internacional ha especulado sobre la posibilidad de que el ataque haya sido dirigido hacia una instalación ubicada en el país vecino.
La intervención se enmarca dentro de la operación “Lanza del Sur”, una iniciativa del gobierno estadounidense para frenar el narcotráfico y las redes terroristas asociadas a la producción y distribución de drogas.
Trump no proporcionó muchos detalles sobre el ataque, pero dejó claro que fue una acción importante, destacando que había sido una gran explosión y que el gobierno sabía exactamente quiénes fueron los responsables.
Aunque no mencionó específicamente a Venezuela, la información dada durante la entrevista apuntó a que la instalación destruida era utilizada para cargar drogas que posteriormente serían transportadas en “narcolanchas”, embarcaciones utilizadas para distribuir narcóticos en el Caribe.
Este ataque podría marcar el inicio de una serie de intervenciones militares en el marco de la operación mencionada.
El presidente estadounidense, al ser cuestionado sobre la relación con Venezuela, se limitó a confirmar que hubo una gran explosión en la zona de muelles utilizada para cargar las embarcaciones con droga.
Sin embargo, no confirmó explícitamente que el ataque haya ocurrido en territorio venezolano.
Esta falta de detalles precisos dejó abierta la posibilidad de que el ataque se haya llevado a cabo en una zona cercana a la frontera de Venezuela, pero sin que se confirmara oficialmente el lugar exacto de los hechos.
Lo que sí es claro es que la destrucción de esta instalación forma parte de una campaña más amplia de Estados Unidos para desmantelar las redes de narcotráfico en la región.
El Departamento de Estado de los Estados Unidos ha intensificado su campaña contra los narcotraficantes y sus familiares, implementando medidas restrictivas como la imposición de sanciones y la prohibición de visas a ciertos individuos relacionados con estas actividades.
De acuerdo con los informes, uno de los puntos clave de esta campaña ha sido la recompensa de 50 millones de dólares ofrecida por información sobre Nicolás Maduro, el presidente de Venezuela, quien ha sido acusado de estar vinculado al narcotráfico y de permitir el tránsito de drogas a través de su país.
Este aspecto de la campaña ha generado controversia, ya que algunos países han cuestionado la legalidad y la moralidad de estas acciones.
Aunque el presidente Trump no dio detalles específicos sobre el ataque que destruyó la instalación de narcotráfico, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos ha divulgado información sobre otros bombardeos realizados en el Caribe y en el Pacífico.
Estos ataques, dirigidos a narcolanchas y embarcaciones asociadas con el narcotráfico, han sido parte de una serie de acciones militares que han llevado a la muerte de más de 100 personas en lo que va del año.
Los bombardeos, según las autoridades, son una parte integral de la estrategia para eliminar las redes de narcotráfico y desmantelar los carteles que operan en el hemisferio occidental.
El ataque número 30, que tuvo lugar en el Pacífico, fue uno de los más recientes y resultó en la destrucción de otra embarcación vinculada al narcotráfico.
En esta ocasión, el video del ataque fue publicado por el Departamento de Guerra, mostrando el impacto del bombardeo y la eliminación de la narcolancha.
Las autoridades estadounidenses han dejado claro que estos bombardeos son parte de un esfuerzo más amplio para frenar la distribución de drogas que afecta a la seguridad en la región.
La operación “Lanza del Sur”, que comenzó a tomar forma en septiembre, ha sido un componente central de la estrategia de Donald Trump para combatir el narcotráfico en América Latina.
Esta operación tiene como objetivo principal erradicar las instalaciones utilizadas para la producción y el tráfico de narcóticos, y se ha convertido en una de las prioridades de la administración estadounidense.
Desde su inicio, la operación ha sido criticada por varios sectores, tanto dentro como fuera de Estados Unidos, por su enfoque militar y su falta de un plan claro para abordar las causas subyacentes del narcotráfico.
Aunque Trump ha sido firme en su postura de que la guerra contra las drogas debe ser liderada por Estados Unidos, varios países en América Latina, especialmente Venezuela y Colombia, han expresado su preocupación por las acciones unilaterales de Washington en la región.

Estas intervenciones, que a menudo se presentan como acciones de “autodefensa”, han sido vistas como un intento de imponer la voluntad de Estados Unidos sobre los países soberanos, lo que ha generado tensiones diplomáticas y ha complicado las relaciones bilaterales.
En el caso de Venezuela, el gobierno de Nicolás Maduro ha reaccionado de manera enérgica ante las acusaciones de vinculación con el narcotráfico, calificando estas acusaciones de infundadas y parte de una campaña internacional para desestabilizar al país.
La retórica del gobierno venezolano ha sido cada vez más confrontacional, mientras que en Estados Unidos se siguen fortaleciendo las sanciones y las medidas restrictivas contra el régimen de Maduro.
Este conflicto ha añadido una capa adicional de complejidad a la lucha global contra el narcotráfico, con Venezuela en el centro de las disputas.
La campaña contra el narcotráfico también ha implicado la movilización de recursos significativos por parte del gobierno estadounidense.

En 2025, el gobierno de Trump destinó más de 692,000 millones de pesos a la lucha contra el narcotráfico, incluyendo los esfuerzos para financiar las operaciones de “Lanza del Sur”.
Sin embargo, este esfuerzo ha sido cuestionado por los críticos, quienes argumentan que la militarización de la lucha contra las drogas no está abordando las causas estructurales del narcotráfico, como la pobreza, la falta de oportunidades económicas y la corrupción en muchos de los países afectados.
A pesar de las críticas, Trump ha continuado defendiendo su enfoque, asegurando que estas medidas son necesarias para proteger la seguridad de los Estados Unidos y de sus aliados.
Sin embargo, la comunidad internacional sigue divida sobre la efectividad de esta estrategia y sobre si Estados Unidos debería centrarse más en la cooperación internacional en lugar de en acciones unilaterales.
La situación en Venezuela y en otros países de América Latina sigue siendo un tema candente en la política exterior de Trump, y es probable que esta lucha se intensifique en los próximos años.
En resumen, la lucha de Donald Trump contra el narcotráfico se ha convertido en uno de los pilares de su política exterior, con operaciones militares en el Caribe y el Pacífico como parte de su estrategia para erradicar las redes de narcotráfico.
Aunque estas acciones han sido respaldadas por algunos sectores dentro de Estados Unidos, también han generado fuertes críticas a nivel internacional.
La falta de detalles sobre los ataques y la incertidumbre en cuanto a las consecuencias de estas acciones militares han generado un clima de desconfianza y tensiones diplomáticas con varios países en América Latina.
A medida que la campaña continúa, será importante observar cómo se desarrollan las relaciones internacionales y si la estrategia de Trump logra sus objetivos a largo plazo, o si, por el contrario, genera más conflictos en la región.