La política colombiana atraviesa un momento decisivo en el que convergen tensiones institucionales, debates ideológicos profundos y una ciudadanía cada vez más exigente frente a los resultados concretos de sus gobernantes.
En ese contexto, la reciente entrevista concedida por el médico y senador Roy Barreras en un espacio radial nocturno se convirtió en una radiografía amplia de sus aspiraciones presidenciales, de su lectura crítica del gobierno actual y de su visión sobre los desafíos estructurales que enfrenta el país.
A lo largo de la conversación, el dirigente no solo defendió su trayectoria personal, marcada por un ascenso desde orígenes humildes hasta las más altas dignidades del Congreso, sino que también delineó una propuesta que busca ubicarse en un punto intermedio entre la continuidad del proyecto progresista y la necesidad de mayor estabilidad institucional.
El escenario electoral del 8 de marzo, fecha clave para una consulta presidencial, aparece como el primer gran termómetro de su capacidad de convocatoria y como el punto de partida de una estrategia que pretende superar la polarización que ha caracterizado los últimos años.
La entrevista, extensa y cargada de definiciones, dejó ver a un político que combina la retórica de la experiencia con una narrativa de superación personal, apelando tanto a la memoria del proceso de paz como a la urgencia de reactivar la economía y recuperar la seguridad ciudadana.
En medio de un clima en el que el presidente Gustavo Petro ha generado controversia al plantear dudas sobre la transparencia electoral y al sugerir reformas estructurales profundas, Barreras expresó confianza en el sistema institucional, recordando que diferentes fuerzas han ganado y perdido elecciones bajo las mismas reglas.
Así, el diálogo no solo abordó la coyuntura inmediata de la consulta, sino que abrió un abanico de temas que van desde la salud pública y la política antidrogas hasta las relaciones internacionales y la eventual conformación de un gabinete plural.
En el desarrollo de la conversación, el aspirante insistió en que su candidatura representa una opción de centro progresista capaz de articular mayorías sin caer en extremos ideológicos que, según su visión, han dificultado la gobernabilidad reciente.
Recordó su papel en la aprobación de reformas durante el primer año del actual gobierno y contrastó ese periodo con la etapa posterior de confrontaciones entre el Ejecutivo y otros poderes del Estado, señalando que la falta de consensos ha frenado iniciativas clave.
Al referirse a la polémica sobre la transparencia electoral, sostuvo que la historia reciente demuestra que el sistema ha permitido alternancia y resultados adversos para distintos gobiernos, lo que a su juicio constituye una prueba de independencia institucional.
También abordó las tensiones internas dentro del sector progresista, reconociendo diferencias con otros dirigentes pero dejando abierta la puerta a acuerdos posteriores a la consulta.
En cuanto a su relación con el presidente Petro, describió encuentros cordiales y reiteró que, de llegar a la Casa de Nariño, garantizaría continuidad en políticas de inclusión social, aunque con mayor orden administrativo y eficiencia en la ejecución.
La entrevista incluyó además un ejercicio hipotético sobre alianzas en segunda vuelta, donde respondió con matices sobre posibles coincidencias programáticas y límites frente a discursos que, según él, fomentan confrontación o propuestas excluyentes.
Este intercambio permitió vislumbrar la arquitectura política que imagina para un eventual gobierno, basado en una combinación de experiencia técnica y representación de diversos sectores.
En materia económica, el senador reconoció la complejidad de las finanzas públicas y la existencia de un déficit significativo que obliga a decisiones responsables, alejadas de promesas inviables.
Propuso reactivar sectores como la construcción, la agroindustria y el turismo de alto valor agregado, argumentando que la generación de empleo y divisas es la base para sostener programas sociales sin recurrir excesivamente al endeudamiento externo.
Subrayó la importancia de recuperar la confianza de los mercados internacionales mediante reglas claras y estabilidad jurídica, al tiempo que planteó la necesidad de revisar el gasto ineficiente y modernizar la estructura estatal.
Sobre el sistema de salud, defendió la reforma estructural de las entidades promotoras, señalando que el modelo actual presenta fallas graves en control y calidad, aunque aclaró que su propuesta mantendría un esquema mixto con participación pública y privada.
En seguridad, fue enfático al calificar como insuficiente la estrategia de “paz total” aplicada recientemente, proponiendo un enfoque que combine oportunidades sociales con una acción firme del Estado frente a organizaciones criminales.
En ese punto, evitó detalles que pudieran resultar sensibles, pero dejó clara su intención de fortalecer la capacidad tecnológica y operativa para proteger a la ciudadanía en entornos urbanos y rurales.
Asimismo, planteó la necesidad de replantear la política internacional sobre drogas desde una perspectiva de regulación y responsabilidad compartida con los países consumidores, insistiendo en que la lucha contra las mafias debe ir acompañada de cambios en el paradigma global.

Hacia el final de la entrevista, el precandidato abordó el tema de las relaciones internacionales, defendiendo una diplomacia pragmática basada en el respeto mutuo y en la búsqueda de beneficios concretos para los colombianos.
Señaló que la soberanía y la dignidad nacional constituyen líneas rojas innegociables, pero también reconoció la relevancia estratégica de Estados Unidos como socio comercial y de otras potencias en un mundo multipolar.
Sobre la posibilidad de una Asamblea Constituyente, afirmó que no la considera necesaria para impulsar reformas sociales, pues confía en la capacidad de negociación dentro del marco constitucional vigente.
Evaluó el gobierno actual con una calificación intermedia, destacando avances en inclusión social pero criticando la falta de orden y cohesión institucional.
Finalmente, reiteró que su principal argumento para pedir el voto es la capacidad de unir a Colombia y ofrecer un gobierno estable que combine justicia social con crecimiento económico.
La entrevista cerró con un tono distendido, aunque el trasfondo fue claro: el país se aproxima a una consulta que no solo definirá candidaturas, sino que medirá el pulso de una sociedad que busca soluciones efectivas a problemas persistentes.
En ese horizonte, Roy Barreras intenta posicionarse como una figura de síntesis, convencido de que la superación de la polarización es condición indispensable para que Colombia avance hacia un futuro más equilibrado y sostenible.