El asesinato del precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay, ocurrido en junio de 2023, ha dejado una profunda huella en la sociedad colombiana.
Un atentado en plena campaña política, cuando Uribe Turbay se encontraba dando un mitin en el barrio Modelia en Bogotá, reveló una serie de fallos en la seguridad y expuso las tensiones políticas y sociales que atraviesa el país.
A través de este crimen, Colombia fue testigo de la fragilidad de la vida pública y de la violencia política que sigue siendo un grave problema.
El ataque, que comenzó con un disparo en la cabeza del político, terminó con su muerte dos meses después, tras una lucha por sobrevivir que se desarrolló en los pasillos de los hospitales más reconocidos de Bogotá.
La tarde del atentado, Miguel Uribe Turbay se encontraba en un mitin de campaña, en el que hablaba sobre temas de salud mental y otros problemas cruciales para el país.
Era un día caluroso en la capital colombiana cuando, a las 5 de la tarde, un hombre con el cabello largo y oscuro se acercó al político entre las primeras filas del público.
En un acto de violencia inesperada, el atacante sacó un arma y disparó en repetidas ocasiones mientras el senador le daba la espalda, lo que lo dejó gravemente herido.
Las escenas de caos se desataron de inmediato: las personas presentes en el mitin intentaron detener el sangrado y escoltar a Uribe Turbay hasta una ambulancia.
La rapidez con que fue trasladado a la clínica más cercana, y luego a un hospital en el norte de Bogotá, fue clave para su supervivencia inicial.

Sin embargo, las heridas fueron devastadoras.
El estado de salud de Miguel Uribe Turbay fue crítico desde el primer momento.
Los disparos en su cabeza causaron lesiones severas, y aunque fue intervenido varias veces durante las siguientes semanas, su estado se fue agravando.
En los dos meses que estuvo ingresado, las especulaciones sobre su recuperación y la angustia de sus seguidores y familiares aumentaron, hasta que finalmente falleció en el hospital tras una intervención quirúrgica el pasado sábado.
La noticia de su muerte causó una gran consternación en todo el país, ya que Uribe Turbay era considerado una figura clave de la derecha en Colombia y un aspirante presidencial para las elecciones de 2026.
Este crimen no solo acabó con una vida, sino que también terminó con las esperanzas de muchas personas que apoyaban su proyecto político.
La investigación detrás de este magnicidio ha sido extensa.
En los días posteriores al ataque, las autoridades colombianas comenzaron a detener a varias personas relacionadas con el crimen, entre ellas al autor material del atentado.
El joven de 15 años que disparó a Uribe Turbay huyó tras el ataque, pero fue rápidamente capturado por policías y ciudadanos que lo persiguieron.
Su arresto fue un alivio para muchos, pero las preguntas sobre quién estaba detrás del atentado y qué intereses políticos se escondían detrás de este crimen no tardaron en surgir.
Las primeras hipótesis apuntan a una posible conspiración vinculada a sectores políticos que no veían con buenos ojos las propuestas de Uribe Turbay.
Miguel Uribe Turbay, hijo del político conservador Miguel Uribe Londoño y nieto del expresidente Julio César Turbay, se destacó por ser un crítico abierto del gobierno de Gustavo Petro.
Su figura política era polarizante, ya que representaba a la derecha del espectro político colombiano y se perfilaba como uno de los principales contendientes en las elecciones presidenciales de 2026.
Uribe Turbay no solo era conocido por su apellido, sino por sus convicciones y su capacidad para generar debate en el país.
Este asesinato, por lo tanto, no solo fue un ataque a su vida, sino también a un proyecto político que muchos veían como una amenaza al statu quo.
La investigación sobre el magnicidio de Miguel Uribe Turbay ha avanzado significativamente desde el primer día del ataque.
La captura del joven autor material del crimen fue un paso crucial, pero los investigadores rápidamente se dieron cuenta de que el crimen no era un hecho aislado, sino que formaba parte de un entramado criminal mucho más complejo.
Las primeras pistas apuntaban a un grupo de sicarios con conexiones en las zonas más conflictivas de Bogotá, pero a medida que avanzaba la investigación, las autoridades descubrieron que la trama era mucho más profunda.
A través de la recopilación de testimonios de los detenidos, la policía pudo identificar a los involucrados en la planeación del crimen, lo que permitió a la Fiscalía General de la Nación dar un paso importante en el esclarecimiento de los hechos.
Una de las piezas clave de la investigación fue el testimonio de Catherine Martínez, una joven implicada en el asesinato, quien entregó el arma al sicario que disparó contra Miguel Uribe Turbay.
En sus declaraciones, Martínez afirmó que recibió órdenes directas de alias “El Viejo”, un criminal de alto perfil que habría jugado un papel fundamental en la planificación del atentado.
La información proporcionada por Martínez permitió a las autoridades rastrear la conexión de “El Viejo” con otras estructuras criminales en Colombia, lo que llevó a la captura de varios miembros de su banda.
Estos arrestos fueron decisivos para desmantelar una red criminal vinculada no solo al asesinato de Uribe Turbay, sino también a otros actos de violencia y narcotráfico en la capital colombiana.
La relación entre los sicarios y las estructuras criminales del país fue una de las revelaciones más impactantes en la investigación.
Se descubrió que el crimen fue llevado a cabo por un grupo de personas con vínculos con organizaciones armadas ilegales, algunas de las cuales operan en regiones controladas por bandas como la “Segunda Marquetalia”.
Estas organizaciones, que nacieron del desarme de las FARC, han continuado operando en diversas zonas del país, involucrándose en actividades ilegales como el narcotráfico y la extorsión.
A través de la captura de varios implicados, las autoridades pudieron trazar una conexión directa entre el atentado y estos grupos armados ilegales, lo que agregó un nuevo nivel de complejidad a la investigación.
Según las autoridades, el asesinato de Miguel Uribe Turbay habría sido coordinado por estas organizaciones criminales, que veían en su candidatura una amenaza a sus intereses.
Además, se descubrió que el ataque no solo estaba relacionado con intereses políticos, sino también con la lucha por el control de territorios clave en Bogotá, donde las bandas de microtráfico y sicariato tienen un fuerte poder.
La implicación de estos grupos armados resalta el grado de violencia y corrupción que afecta a Colombia, donde las fuerzas ilegales siguen teniendo un impacto directo en la política y la sociedad.
La identificación de los sicarios y sus cómplices ha sido otro aspecto fundamental en la resolución del caso.
La captura del autor material, el joven de 15 años, reveló detalles sobre cómo se planeó el atentado y quiénes estaban detrás de la ejecución del crimen.

Los informes de inteligencia muestran que el joven recibió instrucciones directas de los líderes de la banda, quienes le proporcionaron el arma y los recursos necesarios para llevar a cabo el asesinato.
El hecho de que el sicario fuera un menor de edad resalta la grave situación de los grupos criminales que reclutan jóvenes para llevar a cabo sus operaciones, un fenómeno que ha aumentado en Colombia en los últimos años.
El hecho de que el sicario fuera detenido rápidamente por la policía y los ciudadanos que lo persiguieron muestra el compromiso de la sociedad colombiana en la lucha contra la violencia y el crimen organizado.
Sin embargo, a pesar de esta captura, las autoridades saben que aún quedan muchos aspectos del caso por resolver, ya que los responsables intelectuales del crimen siguen siendo un objetivo clave en la investigación.
El asesinato de Miguel Uribe Turbay ha tenido un impacto profundo en la política colombiana.
Como precandidato presidencial, Uribe Turbay representaba una parte significativa de la derecha en el país, y su muerte ha dejado un vacío en el panorama político de cara a las elecciones de 2026.
El hecho de que el atentado estuviera vinculado a estructuras criminales que operan en el ámbito político resalta las tensiones que existen en Colombia entre los diferentes grupos de poder.

La violencia política sigue siendo un tema delicado en el país, donde la lucha por el poder y el control de los territorios a menudo se resuelve de manera violenta.
El asesinato de Uribe Turbay también ha dejado al descubierto las profundas divisiones políticas que existen en Colombia, especialmente en un contexto electoral tan polarizado.
La muerte de un precandidato presidencial es un recordatorio de las dificultades que enfrentan los políticos en Colombia, quienes a menudo se ven amenazados por las fuerzas ilegales que buscan influir en el proceso político.
En este sentido, el magnicidio ha puesto de manifiesto la necesidad urgente de reforzar las instituciones y garantizar que los actores políticos puedan ejercer sus funciones sin temor a represalias violentas.
El asesinato de Miguel Uribe Turbay es un recordatorio sombrío de la violencia política que sigue afectando a Colombia.
A pesar de los avances en la investigación, las autoridades saben que el crimen organizado sigue siendo una amenaza persistente en el país, y que los intereses políticos y económicos continúan alimentando este ciclo de violencia.
La resolución de este caso es un paso importante, pero también resalta la necesidad de un compromiso más profundo por parte de todos los sectores de la sociedad para erradicar la violencia y garantizar un proceso electoral seguro.
El asesinato de Uribe Turbay es un llamado de atención para todos los colombianos sobre la importancia de la paz, la justicia y la democracia en el país.