La pólvora volvió a marcar de forma negativa las celebraciones de fin de año en Colombia.
Durante la noche de Navidad, distintas ciudades del país vivieron escenas que evidencian el uso irresponsable de artefactos pirotécnicos.
Las imágenes registradas en Bogotá y otras regiones muestran detonaciones constantes en zonas residenciales.
Lejos de ser una expresión de alegría, estos hechos dejaron un saldo preocupante de personas lesionadas.
La tradición de celebrar con pólvora sigue cobrando un alto precio social.
Las autoridades reiteran que se trata de una práctica peligrosa y evitable.
A pesar de las campañas preventivas, el problema persiste año tras año.
La Navidad, que debería ser una fecha de unión y cuidado, se vio empañada por estos episodios.
El balance preliminar evidencia que el riesgo continúa siendo subestimado por muchas personas.
El uso indiscriminado de pólvora sigue normalizándose en espacios familiares.
Esta situación genera consecuencias que afectan especialmente a los más vulnerables.
Niños, niñas y animales suelen ser las principales víctimas indirectas.
El llamado de las autoridades es insistente, pero no siempre atendido.
La pólvora no distingue edades ni contextos.
Sus efectos pueden ser permanentes.
La noche de Navidad dejó una alerta clara para el país.
El Instituto Nacional de Salud presentó el más reciente reporte sobre personas lesionadas por pólvora en esta temporada.
Hasta la fecha, se han registrado 792 casos en todo el territorio nacional.
Solo durante la noche del 24 de diciembre, el balance preliminar fue de 134 personas afectadas.
De ese total, 39 son menores de edad.
La cifra representa un aumento frente al mismo periodo del año anterior.
Las estadísticas muestran que el problema no disminuye.
Un dato especialmente preocupante es que gran parte de los menores lesionados estaban acompañados por adultos bajo efectos del alcohol.
Esta combinación incrementa significativamente el riesgo.
El consumo de alcohol reduce la percepción del peligro.
La supervisión adecuada de los niños se ve comprometida.
Las autoridades han señalado este factor como uno de los más recurrentes.
Los departamentos con mayor número de casos incluyen Antioquia, Bogotá y Norte de Santander.
Otras regiones como Cauca, Atlántico y Cundinamarca también reportaron cifras relevantes.
Hasta el momento no se han registrado fallecimientos asociados directamente a pólvora.
Sin embargo, las lesiones reportadas incluyen afectaciones graves.
El impacto de estas heridas puede acompañar a las víctimas de por vida.
Uno de los hechos más lamentables ocurrió en Antioquia durante la madrugada de Navidad.
En un sector del nororiente de Medellín, una familia se encontraba descansando en su vivienda.
Según el reporte oficial, un artefacto pirotécnico cayó en el interior del inmueble.
Esto provocó un incendio estructural que se propagó rápidamente.
Tres menores de edad resultaron gravemente afectados.
Los niños fueron trasladados a centros asistenciales especializados.
Actualmente reciben atención médica bajo pronóstico reservado.
La situación ha generado profunda preocupación en la comunidad.
Los padres también resultaron afectados, aunque con lesiones de menor gravedad.
Este hecho fue rechazado de manera contundente por las autoridades locales.
Se trata de uno de varios incendios registrados este mes asociados al uso de pólvora.
Además de los artefactos tradicionales, también se han señalado otros elementos peligrosos.
Las autoridades reiteraron que estos objetos representan un riesgo para viviendas y personas.
El control de la emergencia permitió evitar consecuencias aún mayores.
Sin embargo, el daño ya estaba hecho.
Este caso se convirtió en un llamado urgente a la conciencia colectiva.
En Bogotá, el panorama durante la noche de Navidad fue igualmente preocupante.
Las detonaciones se escucharon en múltiples localidades de la ciudad.
Volcanes, totes, luces de bengala y otros artefactos fueron utilizados sin control.
Las imágenes captadas evidencian la magnitud del problema.
Muchas de estas prácticas ocurrieron en espacios públicos y residenciales.
Familias completas estuvieron expuestas a los riesgos.
Los hospitales de la capital recibieron numerosos pacientes con lesiones.
La mayoría de los casos involucran manos, brazos y rostro.
Estas áreas del cuerpo son especialmente vulnerables.
Las lesiones pueden afectar funciones básicas de manera permanente.
Las autoridades recordaron que no existe pólvora segura.
Incluso los artefactos considerados “menores” pueden causar daños graves.
Un alto porcentaje de los lesionados estaba manipulando directamente los elementos.
Otro grupo significativo corresponde a personas que solo observaban.
Esto demuestra que nadie está completamente a salvo cuando hay pólvora cerca.
El espacio público se convierte en un entorno de alto riesgo.
El impacto del uso de pólvora no se limita a las personas.
Los animales también sufren las consecuencias de estas prácticas.
Durante la noche de Navidad, Bogotá reportó más de un centenar de casos relacionados con afectaciones a mascotas.
Perros y gatos fueron los más afectados.
El ruido intenso genera altos niveles de estrés y desorientación.
Muchos animales intentan huir, exponiéndose a accidentes.
Otros presentan crisis de ansiedad severas.

En algunos casos, las consecuencias pueden ser fatales.
Las autoridades distritales han reforzado campañas de sensibilización.
Sin embargo, los reportes continúan aumentando.
Desde comienzos de diciembre se han registrado cientos de casos.
Las localidades con mayor número de reportes incluyen Suba, Kennedy y Engativá.
La fauna silvestre también se ve afectada por el ruido y las explosiones.
El impacto ambiental de la pólvora suele pasar desapercibido.
La celebración termina alterando ecosistemas urbanos.
El cuidado de los animales se ha convertido en otro eje del llamado ciudadano.
Las autoridades insisten en que la prevención es la única vía efectiva para reducir estas cifras.
La pólvora no debería formar parte de celebraciones familiares.
El mensaje es especialmente enfático en la protección de los menores.
Los niños tienden a imitar el comportamiento de los adultos.
Si observan el uso de pólvora, es más probable que intenten manipularla.
Las campañas institucionales buscan romper ese patrón.
También se hace un llamado a la corresponsabilidad ciudadana.
Denunciar el uso indebido de pólvora es una medida preventiva.
La celebración sin pólvora es posible y necesaria.
Existen alternativas seguras para compartir en familia.
Las cifras presentadas reflejan una problemática estructural.
No se trata de hechos aislados.
Cada año se repite el mismo escenario.
Las consecuencias afectan a personas, animales y comunidades enteras.
La Navidad debería ser un tiempo de cuidado y respeto por la vida.
El cierre del año deja una reflexión urgente para el país.