La jornada informativa de la madrugada en Blue Radio comenzó marcada por un escenario de alta tensión en materia de orden público, reflejando una realidad compleja que atraviesa simultáneamente la seguridad, la política y la emergencia climática en Colombia.
El ataque registrado contra una instalación militar en el municipio de Ocaña, en Norte de Santander, puso nuevamente en evidencia la fragilidad de algunas zonas estratégicas del país frente a acciones violentas ejecutadas con alto nivel de planeación.
Según los reportes oficiales entregados a los medios, un vehículo de gran tamaño fue utilizado como medio para transportar artefactos explosivos, los cuales fueron detonados en las inmediaciones del Batallón de Infantería General Francisco de Paula Santander.
La explosión generó daños significativos en áreas internas de la unidad militar, particularmente en espacios destinados al descanso y la convivencia del personal suboficial.
Cuatro integrantes de la fuerza pública resultaron heridos durante el ataque y debieron ser trasladados de urgencia a un centro hospitalario para recibir atención médica especializada.
Las autoridades confirmaron que una persona señalada de participar directamente en el ataque fue capturada con vida y permanece bajo custodia, mientras que otro presunto implicado perdió la vida durante la respuesta de las fuerzas de seguridad.
Las investigaciones preliminares permitieron establecer que varios artefactos explosivos no llegaron a detonar, lo que elevó el riesgo para el personal que se encontraba dentro de la unidad militar durante las horas posteriores al ataque.
El uso de un vehículo pesado adaptado con rampas de lanzamiento evidenció una planificación técnica que preocupa a los organismos de seguridad nacional.
Este hecho no se considera aislado, pues se trata del segundo ataque de características similares contra esta misma unidad militar en un periodo reciente.
Las autoridades atribuyeron la responsabilidad del atentado a estructuras armadas ilegales, señalando que podría tratarse de una represalia frente a operativos militares ejecutados días antes en zonas rurales del Catatumbo.
Como medida preventiva, la vía que comunica Ocaña con Cúcuta fue cerrada temporalmente mientras avanzaban las labores de inspección y aseguramiento del área.
Este episodio se produjo en un contexto especialmente sensible para el país, coincidiendo con un calendario electoral activo y una creciente polarización política.
Paralelo a los hechos de orden público, el panorama político nacional entró en una fase decisiva con el cierre del plazo para la inscripción de precandidaturas presidenciales a las consultas interpartidistas.
La Registraduría Nacional del Estado Civil confirmó que el proceso se realizó dentro de los tiempos establecidos, dejando definido el mapa electoral de cara a las elecciones legislativas y consultas del mes de marzo.
Sin embargo, el proceso estuvo marcado por controversias, particularmente dentro del espectro de la centroizquierda, tras decisiones adoptadas por el Consejo Nacional Electoral.
La revocatoria de la inscripción de un aspirante del Pacto Histórico generó reacciones inmediatas y reconfiguró alianzas políticas en cuestión de horas.
Algunos dirigentes optaron por retirarse de las consultas y respaldar proyectos políticos distintos, argumentando la necesidad de preservar la unidad del progresismo.
Otros precandidatos, en contraste, defendieron la participación en las consultas como un mecanismo válido para construir consensos posteriores y evitar fracturas irreversibles.
Con el cierre de las inscripciones, quedaron conformadas tres grandes consultas que competirán simultáneamente el día de las elecciones legislativas.
Cada una de estas consultas agrupa sectores ideológicos distintos, desde la derecha tradicional hasta expresiones del centro político y movimientos de izquierda.
La Registraduría explicó que el tarjetón electoral estará claramente dividido para evitar confusiones entre los votantes.
Las autoridades insistieron en la importancia de marcar una sola opción, recordando que cualquier error en la selección podría anular el voto.
Este escenario electoral se desarrolla bajo la vigilancia de organismos de control y auditorías externas.
Para garantizar la transparencia del proceso, se activaron simulacros técnicos de preconteo y escrutinio con participación de partidos políticos y entes de control.
Mientras el país avanza en medio de tensiones políticas y desafíos de seguridad, la emergencia climática se consolidó como otro eje crítico de la agenda nacional.
El presidente Gustavo Petro anunció la declaratoria de emergencia económica, social y ambiental en varios departamentos gravemente afectados por la temporada invernal.
Córdoba y Sucre figuran entre las regiones más golpeadas por las lluvias persistentes, con miles de viviendas destruidas y extensas áreas productivas bajo el agua.
De acuerdo con cifras oficiales, decenas de miles de familias han sufrido pérdidas materiales significativas, mientras se incrementa el riesgo de desabastecimiento alimentario.
El mandatario no descartó extender la emergencia a otras zonas del país si las condiciones climáticas continúan deteriorándose.
Asimismo, solicitó a la Corte Constitucional reactivar mecanismos excepcionales para agilizar la atención humanitaria y la inversión de recursos.
La IDEAM advirtió que el país enfrenta la llegada de un nuevo frente frío, el cual podría intensificar las precipitaciones en regiones del Caribe y el norte del territorio nacional.
Las autoridades meteorológicas señalaron que este fenómeno es consistente con el comportamiento del invierno en el hemisferio norte.
Además de las lluvias, se emitieron alertas por oleaje elevado en zonas costeras y en el archipiélago de San Andrés y Providencia.

Las cifras oficiales confirman un saldo humano doloroso, con personas fallecidas, comunidades desplazadas y pérdidas económicas de gran magnitud.
La magnitud de la emergencia ha obligado a activar albergues temporales y planes de evacuación en municipios donde el riesgo sigue latente.
El impacto social de esta situación se siente con fuerza en poblaciones rurales con acceso limitado a infraestructura y servicios básicos.
En el departamento de Santander, la situación alcanzó niveles críticos tras una avalancha que arrasó viviendas, vías y cultivos en varios municipios.
Localidades como Lebrija, Sabana de Torres y zonas aledañas registraron deslizamientos múltiples que dejaron incomunicadas a comunidades enteras.
Las autoridades locales declararon la calamidad pública y activaron protocolos de emergencia para atender a las familias afectadas.
Algunos centros educativos fueron acondicionados como albergues improvisados para quienes perdieron sus hogares.
Las labores de rescate se vieron dificultadas por la obstrucción de vías y la inestabilidad del terreno.
Organismos de socorro mantienen un monitoreo constante de ríos y quebradas ante el riesgo de nuevos desbordamientos.
En Antioquia, la temporada de lluvias también ha generado estragos significativos, afectando subregiones clave como Urabá, Bajo Cauca y el suroeste del departamento.
Más de nueve mil familias resultaron damnificadas y varios puentes sufrieron daños estructurales que comprometen la movilidad y el abastecimiento.
La gobernación declaró la calamidad pública como medida para acelerar la atención y reconstrucción de las zonas impactadas.
El panorama general revela un país que enfrenta simultáneamente desafíos en seguridad, gobernabilidad y adaptación climática.
Cada uno de estos frentes exige respuestas coordinadas y sostenidas por parte del Estado.
La capacidad institucional será puesta a prueba en los próximos meses, en medio de un calendario electoral exigente y una ciudadanía expectante.
El cierre de esta jornada informativa dejó claro que Colombia atraviesa un momento de alta complejidad estructural.
Los hechos de violencia, aunque focalizados, generan impactos simbólicos profundos en la percepción de seguridad nacional.
El proceso electoral avanza bajo presión, con llamados reiterados a la transparencia y la participación informada.
La emergencia climática, por su parte, recuerda la vulnerabilidad del territorio y la urgencia de políticas preventivas de largo plazo.
El país se encuentra en una encrucijada donde las decisiones institucionales tendrán efectos duraderos.

En este contexto, la información rigurosa y responsable se convierte en una herramienta esencial para la comprensión colectiva de una realidad cada vez más desafiante.