La política colombiana se encuentra en un punto crucial hacia las elecciones presidenciales de 2026, con un escenario electoral altamente fragmentado y una serie de consultas interpartidistas que se perfilan como los eventos determinantes para la selección de los principales candidatos a la presidencia.
A medida que nos acercamos al 8 de marzo, fecha marcada para las consultas y las elecciones legislativas, la incertidumbre y la división en los distintos sectores políticos han dejado claro que las promesas de unidad del pasado parecen ser cada vez más inalcanzables.
A pesar de los intentos de consolidar frentes comunes, los partidos políticos, tanto en la derecha, el centro como la izquierda, se encuentran inmersos en una lucha por posicionarse como las principales opciones, lo que ha generado una serie de alianzas y rupturas que definirán el futuro del país.
En este contexto, la situación se complica aún más con la aparición de nuevos actores políticos, el retiro de algunos otros, y las dinámicas de poder que se entrelazan con los intereses personales de los políticos.
Con el cierre del plazo para la inscripción de precandidatos, Colombia enfrenta una de las campañas más reñidas de su historia reciente, en la que los distintos movimientos intentan consolidar sus fuerzas, pero también exponen sus fragilidades y divisiones.
Este artículo aborda el panorama electoral actual, centrado en las consultas interpartidistas, las luchas internas dentro de los partidos y la posible influencia de estos procesos en las elecciones presidenciales de 2026.
Desarrollo de las consultas interpartidistas
La figura de las consultas interpartidistas se ha convertido en un tema de gran relevancia dentro de la política colombiana.
Estas consultas son un mecanismo que permite a los partidos seleccionar a sus candidatos presidenciales, pero que también sirven para medir el poder de cada grupo político dentro de un espectro ideológico determinado.
Para el 8 de marzo, tres grandes consultas interpartidistas se han perfilado como las más relevantes: la consulta de la derecha, la consulta del centro y la consulta de la izquierda.
Cada una de estas consultas está rodeada de expectativas y polémicas, ya que la participación de los precandidatos ha sido un tema de discusión constante en las semanas previas.
En el caso de la derecha, figuras como Paloma Valencia, Juan Carlos Pinzón y Enrique Peñalosa lideran la gran consulta por Colombia, una consulta que busca consolidar la hegemonía de la derecha en el país.
Sin embargo, no todo es tan claro en este frente, ya que otros nombres, como Abelardo de la Espriella, han ganado terreno en las encuestas, lo que ha fragmentado aún más a la derecha.
Por su parte, en el centro político, las figuras de Sergio Fajardo y Claudia López se han posicionado como las principales alternativas, pero las divisiones dentro de este sector también son evidentes, ya que varios precandidatos han optado por irse directamente a la primera vuelta, lo que deja a la consulta del centro con menos opciones de consolidar un candidato fuerte.
En la izquierda, el panorama también está marcado por la fragmentación, ya que la unidad que se había prometido hace unos meses parece haberse desmoronado.
Iván Cepeda, quien inicialmente era considerado el líder natural de la izquierda, se ha visto obligado a presentarse directamente a la primera vuelta, ya que varios de los precandidatos de la izquierda decidieron no participar en la consulta.
Entre estos se encuentran Camilo Romero y Juan Fernando Cristo, quienes han optado por no adherirse a la consulta del Frente Amplio, dejando a la izquierda sin una figura unitaria que represente los intereses del progresismo en el país.
El impacto de las divisiones internas en la política colombiana
Una de las características más destacadas de este proceso electoral es la fragmentación de los distintos sectores políticos.
Las divisiones internas han sido una constante en los últimos meses, y esto se ha reflejado claramente en las consultas interpartidistas.
En la derecha, las luchas de poder entre Abelardo de la Espriella y los demás precandidatos han dejado en evidencia las tensiones dentro del uribismo, el principal partido de derecha en Colombia.
La falta de consenso en la elección de un candidato ha generado un clima de incertidumbre que podría beneficiar a los sectores más moderados o incluso a los que han decidido ir directamente a la primera vuelta.
En el centro, las diferencias entre Sergio Fajardo y Claudia López han sido igualmente notorias.
Mientras Fajardo se mantiene firme en su propuesta de unidad, López ha optado por jugar sus cartas dentro de una consulta que no ha logrado consolidar un solo candidato fuerte.
Las disputas internas dentro del centro político se han convertido en una de las principales preocupaciones para quienes buscan una alternativa frente a la polarización entre la derecha y la izquierda, ya que la falta de unidad en este sector podría dificultar su capacidad de competir en la primera vuelta.
En la izquierda, la situación es aún más compleja.
La retirada de Camilo Romero y Juan Fernando Cristo de la consulta del Frente Amplio ha dejado a Iván Cepeda como el único candidato con posibilidades de representar a la izquierda en las elecciones presidenciales.
Sin embargo, la ausencia de otros nombres importantes dentro de este sector ha debilitado la consulta y ha puesto en duda la capacidad de la izquierda para movilizar a sus votantes.
Además, la reciente declaración del presidente Gustavo Petro, quien ha decidido no participar en las consultas, ha generado incertidumbre sobre su apoyo a la consulta del Frente Amplio y sobre su relación con los precandidatos de la izquierda.
La influencia de las encuestas y el futuro de las alianzas políticas
Las encuestas juegan un papel fundamental en el proceso electoral colombiano, ya que sirven para medir las preferencias de los votantes y determinar qué candidatos tienen más posibilidades de llegar a la presidencia.
Sin embargo, las encuestas también pueden ser un reflejo de la polarización política en el país, ya que muchos votantes no se sienten representados por las opciones tradicionales.
En este contexto, las alianzas entre los diferentes sectores políticos serán cruciales para determinar quiénes llegarán a la segunda vuelta y, finalmente, quién se llevará la presidencia.
En la derecha, la fragmentación y la falta de consenso entre los precandidatos podría dificultar la consolidación de una oferta electoral fuerte.
Aunque la gran consulta por Colombia sigue siendo el espacio más grande de la derecha, las luchas internas podrían beneficiar a otros candidatos que logren capitalizar el descontento con las figuras tradicionales del uribismo.
En el centro, las divisiones entre Fajardo y López también podrían afectar la capacidad de este sector de competir de manera efectiva en las elecciones.
En la izquierda, la situación es aún más incierta.
Las salidas de Camilo Romero y Juan Fernando Cristo de la consulta del Frente Amplio han dejado a Iván Cepeda como el único candidato viable para representar a la izquierda en las elecciones.
Sin embargo, la falta de unidad dentro de este sector podría dificultar la movilización de los votantes progresistas, lo que haría más difícil para Cepeda ganar en la primera vuelta.
El papel de la diplomacia internacional y las expectativas de Estados Unidos
Mientras tanto, la relación entre Colombia y Estados Unidos sigue siendo un tema clave en el proceso electoral.
La visita de Gustavo Petro a Washington y su encuentro con Donald Trump fueron momentos decisivos que marcaron un nuevo capítulo en las relaciones diplomáticas entre ambos países.
Aunque la relación ha mejorado, las expectativas de Estados Unidos respecto al proceso electoral en Colombia siguen siendo altas, especialmente en lo que respecta a la transparencia y la neutralidad del gobierno durante las elecciones.
Estados Unidos ha dejado claro que está observando de cerca las elecciones presidenciales en Colombia y que la cooperación entre ambos países dependerá en gran medida de la forma en que se desarrollen las elecciones.
En particular, las autoridades estadounidenses han expresado su preocupación por el impacto de la corrupción y el narcotráfico en el proceso electoral colombiano, y han pedido garantías de que las elecciones serán libres, justas y transparentes.
Esto podría influir en las decisiones políticas y diplomáticas de Estados Unidos en los próximos meses, lo que afectaría tanto a la política interna de Colombia como a la relación bilateral entre ambos países.
La política electoral en Colombia está viviendo una de sus etapas más complejas y fragmentadas en la historia reciente.
Las divisiones internas dentro de la derecha, el centro y la izquierda han dado paso a una serie de consultas interpartidistas que, aunque en principio parecían ser una solución para la unificación de los sectores políticos, han terminado por profundizar las diferencias entre los distintos grupos.
La falta de consenso entre los precandidatos y la polarización creciente en el país auguran una primera vuelta presidencial llena de incertidumbre.
En este contexto, las alianzas políticas y la influencia de las encuestas serán cruciales para determinar qué candidatos tienen más posibilidades de llegar a la segunda vuelta.
A pesar de los obstáculos, las posibilidades de cambio siguen siendo una constante en el panorama político colombiano, y solo el tiempo dirá quién logrará consolidar el apoyo de los votantes y quién se impondrá en las elecciones presidenciales de 2026.

Las decisiones tomadas en los próximos meses serán determinantes para el futuro político de Colombia, y los ciudadanos deberán elegir entre las distintas alternativas políticas que se presentan en un escenario altamente fragmentado.