En la madrugada del 3 de enero de 2026, el mundo se despertó con la noticia de que el gobierno de Estados Unidos había llevado a cabo una operación militar de gran escala en Caracas, Venezuela, que resultó en la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.
La operación, que incluyó bombardeos en varias instalaciones clave en la capital venezolana y otros estados, fue calificada como un ataque dirigido al narcoterrorismo, liderado por el régimen de Maduro, al que Estados Unidos había identificado como un actor central en la expansión de las drogas y la violencia en la región.
El ataque, que incluyó el uso de aeronaves F-22 y F-18, así como helicópteros de combate, se realizó con el objetivo de desmantelar lo que Washington había identificado como una red de narcotráfico y terrorismo internacional dirigida por Maduro y su círculo cercano.
La operación fue ejecutada por fuerzas especiales de los Estados Unidos, y la noticia de la captura de Maduro fue confirmada por el propio presidente estadounidense, Donald Trump, quien destacó el éxito de la operación y la importancia de enfrentar a los responsables de la propagación de la violencia y el narcotráfico en el hemisferio.
A pesar de las reacciones a favor de la operación, como las expresadas por algunos países de la región, también hubo críticas por parte de gobiernos que condenaron la intervención militar como una violación de la soberanía de Venezuela.
Este artículo analiza los detalles de la operación, las reacciones políticas internas y externas, y las implicaciones para Venezuela y la región, que enfrenta una situación de alta tensión tras este acontecimiento histórico.
La operación que resultó en la captura de Nicolás Maduro comenzó de manera estratégica con una serie de explosiones en Caracas a las 2 de la mañana, hora local.
Fueron desplegadas varias unidades militares estadounidenses, incluidas aeronaves de combate y helicópteros, que llevaron a cabo bombardeos en puntos clave como la base aérea de La Carlota, el fuerte Tiuna, y otros objetivos militares.
Estos ataques fueron dirigidos a deshabilitar las defensas venezolanas, y el presidente Trump destacó que la operación fue un éxito rotundo, con Maduro siendo capturado antes de que pudiera llegar a una habitación de seguridad dentro de una fortaleza.
Según los informes, la operación estuvo en marcha durante varios meses, con la planificación comenzando en 2025, lo que permitió a las fuerzas de Estados Unidos llevar a cabo un ataque preciso y efectivo.
La captura de Maduro fue un objetivo clave para desmantelar el “cartel de los soles”, un grupo narcotraficante que, según Estados Unidos, había estado operando bajo el régimen de Maduro.
La intervención también fue vista como una respuesta a la creciente preocupación de la comunidad internacional por la violencia y el narcotráfico en Venezuela, que ha afectado no solo al país, sino a otros en la región.
El ataque no solo involucró un despliegue aéreo, sino también la colaboración de diversas agencias de inteligencia estadounidenses, lo que permitió ubicar a Maduro en una casa fortificada en Caracas antes de que fuera detenido y llevado en avión a un buque militar en el Caribe.
Desde allí, Maduro y su esposa fueron trasladados a los Estados Unidos para enfrentar cargos de narcotráfico y terrorismo.
Tras la captura de Nicolás Maduro, el gobierno venezolano reaccionó rápidamente, emitiendo una serie de comunicados oficiales que calificaban la operación como una “agresión militar” y un intento de violación de la soberanía nacional.
Delcy Rodríguez, la vicepresidenta de Venezuela, fue una de las primeras en pronunciarse, exigiendo pruebas de vida de Maduro y su esposa.

En su declaración, Rodríguez acusó a Estados Unidos de tratar de apoderarse de los recursos estratégicos de Venezuela, especialmente su petróleo y minerales, y de orquestar una operación militar sin justificación.
A lo largo de la mañana, otros altos funcionarios del régimen de Maduro, incluido el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, se unieron al rechazo de la intervención estadounidense, llamando a la población venezolana a resistir y defender el país de lo que calificaron como una “invasión”.
Sin embargo, en las calles de Caracas y otras ciudades, el ambiente fue de calma tensa, con muchas personas eligiendo no participar en las protestas convocadas por el gobierno.
La confusión sobre el paradero de Maduro y la incertidumbre sobre el futuro político del país generaron una sensación de desorientación y miedo entre la población.
La intervención militar en Venezuela ha generado una gran variedad de reacciones a nivel internacional.
En Estados Unidos, el presidente Donald Trump y su administración celebraron la operación como un triunfo en la lucha contra el narcoterrorismo y la dictadura de Maduro.
Trump subrayó que la captura de Maduro era un paso clave para proteger la seguridad de Estados Unidos y la región, y reafirmó su compromiso con la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo en América Latina.
Por otro lado, varios países latinoamericanos, entre ellos México y Colombia, expresaron su preocupación por las implicaciones de la intervención militar en Venezuela.
El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, condenó el ataque como una violación del derecho internacional, mientras que el presidente colombiano, Gustavo Petro, pidió una salida diplomática a la crisis venezolana y advirtió sobre las consecuencias de una mayor escalada de la violencia.
El gobierno ruso también se pronunció en contra de la operación, calificándola de “agresión armada” y llamando a la comunidad internacional a intervenir.
En contraste, varios países de América Latina, incluidos Brasil, Ecuador y Argentina, expresaron su apoyo a la intervención militar de Estados Unidos, destacando la necesidad de erradicar el régimen de Maduro y restaurar la democracia en Venezuela.
A pesar de la captura de Maduro, el régimen de Venezuela sigue en pie, al menos de manera oficial.
La ausencia de una respuesta clara por parte de los militares venezolanos y la falta de un liderazgo fuerte dentro del gobierno chavista han dejado a Venezuela en un estado de incertidumbre.

Aunque algunos sectores del chavismo, como Diosdado Cabello y Delcy Rodríguez, han llamado a la resistencia, la ausencia de apoyo popular y la falta de organización en las calles sugieren que el régimen podría estar cerca de su colapso definitivo.
La oposición venezolana, encabezada por figuras como María Corina Machado y Edmundo González, ha visto en la caída de Maduro una oportunidad para tomar el control del país y avanzar hacia una transición democrática.
Sin embargo, la falta de cohesión interna y el exilio de muchos de sus líderes dificultan el proceso de unificación y toma de poder.
La comunidad internacional juega un papel crucial en este proceso, pero el futuro político de Venezuela sigue siendo incierto.
El impacto de la caída de Maduro no se limita a Venezuela.
La región enfrenta una serie de desafíos derivados de la inestabilidad política en el país vecino.
Uno de los principales efectos podría ser el aumento de la migración venezolana hacia países como Colombia, que ya ha acogido a más de 2 millones de venezolanos en los últimos años.
La situación en la frontera colombo-venezolana es especialmente tensa, con el riesgo de que el éxodo masivo de personas afecte aún más la capacidad de los gobiernos para gestionar la crisis.
Además, la intervención de Estados Unidos en Venezuela podría alterar las relaciones diplomáticas en América Latina, con países como México y Colombia que podrían verse obligados a adoptar una postura más firme en relación con la situación interna de Venezuela.
La geopolítica de la región está cambiando, y el control de los recursos estratégicos de Venezuela, como el petróleo y el gas natural, juega un papel importante en el futuro de las relaciones internacionales en América Latina.
El cambio de régimen en Venezuela es un proceso complejo y lleno de incertidumbre.
Aunque la caída de Maduro es vista como una victoria para la oposición y la comunidad internacional, las dificultades económicas, sociales y políticas del país no desaparecerán de inmediato.
La reconstrucción de Venezuela, tanto a nivel institucional como económico, será un desafío monumental que requerirá la colaboración de actores internacionales y nacionales.
La transición hacia una democracia en Venezuela no será fácil.

La represión política, la corrupción y el control de las fuerzas armadas y los sectores más leales a Maduro siguen siendo obstáculos importantes.
Sin embargo, la captura de Maduro marca un hito histórico en el proceso de cambio y abre la puerta a nuevas oportunidades para el pueblo venezolano.
La captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos representa un hito importante en la lucha por la democracia en Venezuela, pero el futuro del país sigue siendo incierto.
A pesar de la caída del régimen, la transición hacia una Venezuela democrática será un proceso largo y complicado.
La comunidad internacional tiene un papel crucial en este proceso, y la situación política en la región podría verse afectada por los desarrollos en Venezuela.
La lucha por la libertad y la democracia en Venezuela continúa, y el pueblo venezolano sigue siendo el principal protagonista en esta lucha.