El 3 de enero de 2026, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro, quien había gobernado el país durante más de una década.
La operación militar que culminó con su arresto fue una intervención de gran escala llevada a cabo por las fuerzas armadas de Estados Unidos, la cual incluyó bombardeos en varios puntos clave de Caracas y otras áreas del país.
Esta noticia marca un punto de inflexión en la historia reciente de Venezuela, un país que ha enfrentado años de crisis política, económica y social bajo el gobierno de Maduro.
Maduro, quien había llegado al poder en 2013 tras la muerte de Hugo Chávez, fue elegido por primera vez presidente en 2013, pero su mandato estuvo marcado por un drástico colapso económico, hiperinflación y una grave escasez de productos básicos.
Su gobierno fue ampliamente criticado por la oposición venezolana y por la comunidad internacional por acusaciones de fraude electoral, violaciones a los derechos humanos y represión a las protestas.
A pesar de las críticas y las sanciones internacionales, Maduro logró mantenerse en el poder durante años, apoyado principalmente por las fuerzas armadas y la cercanía con potencias extranjeras como Rusia y China.
Sin embargo, la situación cambió abruptamente con la intervención de Estados Unidos, que, después de meses de tensiones y presiones, logró llevar a cabo una operación que terminó con la captura de Maduro y su esposa, Cilia Flores.
Este evento no solo ha alterado el equilibrio político en Venezuela, sino que también ha tenido un impacto significativo en la geopolítica de la región.
Las reacciones ante la caída del régimen de Maduro han sido variadas, desde celebraciones por parte de la oposición y algunos países de la región hasta condenas por parte de otros gobiernos que consideran que la intervención militar de Estados Unidos es una violación de la soberanía venezolana.
Nicolás Maduro nació el 23 de noviembre de 1962 en Caracas, Venezuela, en el seno de una familia trabajadora.
Su padre fue un sindicalista, y desde joven, Maduro trabajó como conductor de autobuses.
Su incursión en la política comenzó en 1992, cuando participó activamente en la campaña para la liberación de Hugo Chávez tras su fallido intento de golpe de estado.
A partir de ese momento, Maduro se consolidó como uno de los aliados más cercanos de Chávez y fue ascendiendo en la política venezolana.
Fue electo presidente de la Asamblea Nacional en 2005 y más tarde, en 2013, asumió la presidencia tras la muerte de Chávez, después de un ajustado y controvertido proceso electoral.
A lo largo de su mandato, Maduro enfrentó una creciente crisis económica, marcada por una inflación descontrolada, una severa escasez de alimentos y medicinas, y la devaluación de la moneda.
Las protestas en contra de su gobierno fueron una constante, especialmente en 2014 y 2017, años en los que las fuerzas de seguridad respondieron con violencia a los manifestantes.
Bajo su liderazgo, Venezuela se vio atrapada en un ciclo de crisis, con millones de ciudadanos huyendo del país en busca de estabilidad y seguridad.
A pesar de las sanciones impuestas por Estados Unidos y otros países, Maduro se mantuvo en el poder, rodeado de aliados políticos y militares.
Sin embargo, su régimen fue cuestionado por organismos internacionales, que lo acusaron de ser una dictadura, y la comunidad internacional rechazó los resultados de las elecciones presidenciales de 2024, en las cuales Maduro fue reelecto de manera controvertida.
La operación militar que resultó en la captura de Nicolás Maduro fue el resultado de meses de preparación por parte de las fuerzas armadas de Estados Unidos.
Según los informes, la operación fue minuciosamente planificada y ejecutada con el objetivo de capturar al presidente venezolano y poner fin a lo que Washington consideraba un régimen narcotraficante.
Las fuerzas estadounidenses emplearon un número significativo de aeronaves y helicópteros, y realizaron bombardeos en puntos estratégicos como la base aérea de La Carlota, el fuerte Tiuna y otras instalaciones militares.
Maduro, que se encontraba en una fortaleza privada en Caracas, fue capturado antes de poder llegar a una habitación de seguridad, lo que subraya la precisión de la operación.
Después de su captura, Maduro y su esposa fueron trasladados a un buque militar estadounidense en el Caribe y luego llevados a Estados Unidos, donde enfrentarán cargos de narcotráfico y terrorismo.
La operación fue calificada por el presidente Donald Trump como un éxito rotundo, y se espera que la justicia estadounidense procese a Maduro por una serie de delitos relacionados con el narcotráfico y la conspiración.
El régimen de Maduro respondió rápidamente a la captura de su líder, calificando la operación como una agresión militar y un acto de violación de la soberanía venezolana.
La vicepresidenta Delcy Rodríguez, en una rueda de prensa transmitida por los medios oficiales, exigió pruebas de vida de Maduro y su esposa.
A lo largo de la mañana, otros altos funcionarios del régimen, incluidos Diosdado Cabello y Vladimir Padrino, también condenaron la intervención estadounidense y llamaron a la población venezolana a resistir.
Sin embargo, a pesar de los esfuerzos del gobierno por movilizar a sus seguidores, las calles de Caracas y otras ciudades permanecieron mayormente vacías, lo que refleja un clima de miedo e incertidumbre entre la población.
La falta de apoyo popular y la ausencia de una respuesta masiva por parte de las fuerzas militares del régimen generaron dudas sobre la capacidad de Maduro para mantener el control del país.
En este contexto, la oposición, que ha luchado durante años contra el régimen de Maduro, ve en su captura una oportunidad para tomar el poder y avanzar hacia una transición democrática.
Sin embargo, la situación política en Venezuela sigue siendo incierta, y la transición no será fácil ni inmediata.
La captura de Maduro ha generado reacciones encontradas en la comunidad internacional.
Mientras que Estados Unidos, encabezado por el presidente Trump, celebró la operación como un triunfo en la lucha contra el narcoterrorismo y la dictadura de Maduro, otros países han expresado su preocupación por la intervención militar en Venezuela.
El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, condenó el ataque como una violación de la soberanía del país, mientras que otros gobiernos latinoamericanos, como los de Brasil, Colombia y Argentina, han expresado su apoyo a la caída de Maduro, aunque con diferentes enfoques sobre la manera en que se debe gestionar la transición.
Las críticas a la intervención estadounidense se centran en la violación del derecho internacional y el uso desmedido de la fuerza.
Sin embargo, la comunidad internacional también está dividida sobre cómo abordar la situación en Venezuela.
Algunos gobiernos han expresado su apoyo a una transición pacífica y democrática, mientras que otros se han mantenido cautelosos, temiendo que la intervención pueda agravar aún más la crisis política y humanitaria en el país.
La caída de Maduro tiene implicaciones importantes para la geopolítica de América Latina.
El régimen de Maduro, que ha mantenido estrechas relaciones con países como Cuba, Nicaragua y Bolivia, ha sido un actor clave en la política de la región.
Sin embargo, el cambio de régimen en Venezuela podría alterar el equilibrio de poder en América Latina, ya que algunos países pueden verse obligados a revisar sus alianzas y enfoques políticos.
La intervención militar en Venezuela también plantea un desafío para la estabilidad regional.
La crisis en Venezuela ha tenido efectos negativos en países vecinos, especialmente Colombia, que ha acogido a millones de venezolanos que han huido de la violencia y la represión en su país.
Además, la intervención de Estados Unidos podría aumentar las tensiones en la región, con países como México y Colombia adoptando posturas más firmes en relación con la crisis venezolana.
El futuro de Venezuela sigue siendo incierto.
Aunque la caída del régimen de Maduro es vista como una victoria para la oposición y la comunidad internacional, la transición hacia un gobierno democrático será un proceso largo y complicado.
La reconstrucción de Venezuela, tanto en términos políticos como económicos, requerirá un esfuerzo conjunto de actores internacionales y nacionales.
La oposición, aunque dividida, tiene la oportunidad de tomar el control, pero debe enfrentarse a un país devastado por años de corrupción, represión y crisis económica.
La clave para el futuro de Venezuela radica en su capacidad para superar la división política y establecer un gobierno legítimo que represente a todos los sectores de la sociedad.
La comunidad internacional debe jugar un papel de apoyo, pero también de vigilancia, para garantizar que el proceso de transición sea pacífico y que se respeten los derechos humanos de todos los venezolanos.
La captura de Nicolás Maduro marca un hito en la historia reciente de Venezuela, pero el país enfrenta un futuro incierto.
La transición hacia un gobierno democrático será un desafío monumental, y la comunidad internacional tiene un papel crucial en este proceso.
La caída de Maduro es solo el comienzo de un largo camino hacia la reconstrucción de Venezuela, un país que ha sufrido demasiado bajo el régimen del chavismo.
El pueblo venezolano, aunque agotado por años de crisis, sigue siendo el principal protagonista en la lucha por su futuro, y el apoyo de la comunidad internacional será fundamental para lograr una transición exitosa.