Bienvenido Granda, conocido por su inconfundible voz y su espeso bigote, es una de las figuras más emblemáticas de la música latinoamericana.
Su nombre resuena con fuerza en países como Cuba, Colombia, Venezuela y México, donde su legado perdura.
No obstante, detrás de su carrera exitosa y su ascenso a la fama, se esconde una historia llena de sacrificios, exilio y un silencio que marcó su vida.
El hombre que fue la voz de La Sonora Matancera en sus años dorados, un artista que enamoró con su timbre nasal, vivió una vida en la que sus éxitos fueron opacados por un declive personal, marcado por enfermedades que deterioraron su cuerpo mientras su voz permanecía intacta.
Pero ¿qué llevó a Granda a romper lazos con la orquesta que lo hizo famoso? ¿Qué ocurrió en sus últimos años que cambió el rumbo de su carrera y cómo su última aparición en televisión en 1975 reveló aspectos desconocidos de su vida y legado? Esta es la historia no contada de Bienvenido Granda, el Bigote que Canta.
Bienvenido Granda nació en Cuba, y desde joven demostró un talento precoz que lo llevó a ser reconocido en la escena musical de La Habana.
A los 12 años, ya era un habitual en varias emisoras de la capital cubana, interpretando boleros y sones con su voz de tenor nasal, característica que lo hacía destacar entre los oyentes.
Durante la década de 1930, Granda pasó de ser un cantante amateur en concursos a formar parte de orquestas profesionales, colaborando con grupos como la orquesta Riverside y el conjunto Kaney, donde fusionó ritmos afrocubanos tradicionales con estilos urbanos emergentes.
En 1941, su carrera dio un giro importante cuando grabó con el cuarteto Marcano en Puerto Rico, lo que aumentó su visibilidad en todo el Caribe.
No obstante, el verdadero punto de inflexión en su carrera ocurrió en 1944, cuando se unió a La Sonora Matancera como vocalista principal, reemplazando a Humberto Cané.
La Sonora Matancera era, en ese entonces, la orquesta más importante de Cuba, y con Granda al frente, la agrupación alcanzó niveles de popularidad que los catapultaron a la fama internacional.
Su primer gran éxito con La Sonora fue “La ola marina”, que rápidamente se convirtió en un hit en las emisoras de radio cubanas.
Durante los siguientes años, Granda grabó más de 200 canciones con la orquesta, convirtiéndose en la figura más importante del grupo.
Su voz caracterizada por su timbre nasal definió el sonido de la orquesta en su época dorada, siendo él uno de los cantantes más prolíficos de la historia de La Sonora.
Fue en este período cuando se ganó el apodo de “El Bigote que Canta”, gracias a un locutor de Radio Progreso quien lo bautizó de esta manera en una transmisión en vivo.
Sin embargo, a pesar del éxito rotundo, la relación de Granda con La Sonora Matancera no fue sencilla.
En 1955, debido a diferencias sobre regalías, contratos y la dirección artística de la orquesta, Granda abandonó el grupo y dejó Cuba definitivamente.
Este fue un golpe para la agrupación, que ya había alcanzado el ápice de su popularidad.
Granda se trasladó a Barranquilla, Colombia, donde comenzó su carrera como solista.
En Colombia, se unió a la Sonora Tropical, dirigida por Juancho Esquivel, y grabó una serie de canciones que rápidamente se hicieron populares en la costa caribeña.
Durante ese mismo año, se trasladó a Medellín para colaborar con la Sonora Antillana, donde exploró otros géneros como la cumbia, consolidando su popularidad en el mercado colombiano.

En 1956, Granda se unió a la Sonora Silver bajo la dirección de Lucho Bermúdez, quien fue un icono de la música tropical.
Con esta orquesta, Granda continuó su expansión en Colombia, donde su voz se fusionó con los nuevos ritmos del país.
A pesar del éxito que alcanzó en Colombia, Granda no dejó de sentir la necesidad de evolucionar artísticamente, y su inquietud lo llevó a continuar su carrera en Venezuela y, finalmente, a establecerse en México.
Fue en este país donde adquirió la ciudadanía y vivió el resto de su vida.
En México, colaboró con algunas de las principales orquestas y arreglistas del país, como Rafael de Paz y Pérez Prado.
Su música se adaptó a los nuevos tiempos y se mantuvo vigente, a pesar de las constantes transformaciones del mercado musical.
En 1975, ocurrió uno de los momentos más esperados y sorprendentes de su carrera: Bienvenido Granda apareció en televisión mexicana en un programa de variedades, cantando nuevamente con La Sonora Matancera, más de dos décadas después de su salida del grupo.
Esta presentación, transmitida en vivo, desmintió los rumores que durante años aseguraban que Granda nunca se había reconciliado con la orquesta.
A pesar de su apariencia envejecida y su salud deteriorada, su voz permanecía intacta.
Esta aparición televisiva fue un cierre simbólico, no solo profesional, sino también personal, que marcó la reconciliación con su legado y su historia musical.
Aunque no hubo una gira posterior ni un regreso formal a la escena musical, esa presentación fue un reconocimiento mutuo entre Granda y la orquesta que lo lanzó a la fama.
En 1977, Granda regresó a Colombia después de más de dos décadas de ausencia.
Su reaparición fue muy esperada, pero el panorama musical había cambiado drásticamente.
La salsa dura, que había ganado popularidad en América Latina, dominaba las emisoras de radio y las presentaciones en vivo.
El estilo romántico de Granda, centrado en el bolero y la guaracha, ya no era tan popular entre las nuevas generaciones.
Aunque su música aún encontraba un público fiel entre los coleccionistas de música tropical, los jóvenes preferían los ritmos más modernos.
La gira de Granda por Colombia en 1977 no logró revitalizar su carrera ni generar nuevas grabaciones, aunque sirvió como una despedida para el público que había crecido con su música.
A pesar de su retiro gradual de los escenarios, Bienvenido Granda continuó trabajando esporádicamente en México y en otros países de América Latina, participando en programas especiales y presentaciones conmemorativas.
En los años finales de su vida, su salud se deterioró rápidamente debido a varias enfermedades crónicas, y a principios de 1983, su situación se agravó aún más.
Granda fue ingresado en un hospital de Ciudad de México, donde su salud se vio comprometida por problemas respiratorios y una hemorragia intestinal.
La mañana del 9 de julio de 1983, Bienvenido Granda falleció a los 67 años.
Su muerte dejó un vacío en la música latina, especialmente en los géneros del bolero y la guaracha, que fueron su sello personal.
El legado de Granda, sin embargo, no desapareció con su partida.
A través de sus grabaciones y su influencia en generaciones de músicos, su nombre sigue siendo recordado y celebrado.
El funeral de Granda fue un evento emotivo y multitudinario.
Miles de admiradores se reunieron para rendirle homenaje en el Panteón Jardín, en Ciudad de México, donde fue enterrado junto a otras figuras importantes de la cultura mexicana.
Durante el entierro, un pequeño grupo de admiradores comenzó a cantar una de sus canciones más queridas, “Luna, dile que vuelva”, lo que reflejó el cariño y la admiración que sentían por él.
Este momento de despedida fue un reconocimiento a su legado y su impacto cultural, que perdura en la memoria de aquellos que lo escucharon cantar.
En la vida personal de Granda, pocas veces se conocieron detalles sobre su familia.
A diferencia de otros artistas de su época, se mantuvo alejado de los medios de comunicación y nunca habló públicamente sobre su vida privada.
Estuvo casado con Cruz María Acosta, con quien tuvo un hijo, Bienvenido Granda Acosta.
Su vida familiar fue tan reservada como su carrera artística, y no se conocen disputas públicas ni escándalos relacionados con su familia.
Para Granda, la música era lo más importante, y aunque su vida fuera de los escenarios estuvo marcada por la discreción, su legado musical sigue siendo uno de los más grandes de la música latina.
El final de Bienvenido Granda no fue solo la desaparición de un gran talento, sino también la culminación de una época en la música latinoamericana.
A través de su carrera, Granda demostró que las leyendas no son inmortales, pero su música puede trascender el tiempo y seguir viviendo en los corazones de los que lo escucharon.
A pesar de su retiro, su legado perdura, y su voz sigue siendo un testimonio de una era dorada de la música tropical.
Bienvenido Granda no solo fue un cantante, sino un puente entre culturas y generaciones, y su influencia en la música latina sigue siendo profunda y perdurable.